viernes, 17 de agosto de 2018
Bandera azul
domingo, 5 de agosto de 2018
Alicante es una ciudad para disfrutarla
miércoles, 27 de diciembre de 2017
efectos luminosos vespertinos en el segundo día de Navidad
viernes, 15 de diciembre de 2017
la cala Granadella
La cala Granadella es uno de los tesoros de Jávea, desde tierra ó desde el mar. Situada en la zona más meridional del municipio se llega a ella desde una estrecha carretera asfaltada que se va desde la carretera del Cabo La Nao, con curvas en sus inmediaciones.
martes, 5 de septiembre de 2017
la playa de Poniente de Benidorm
miércoles, 8 de junio de 2011
en la Cala La Barraca (Jávea)
La costa del norte de la provincia de Alicante se ha moldeado durante siglos por mareas, corrientes y el azote del mar. Con ellos la costa se ha quebrado en bellas calas y pequeñas playas de cantos rodados. Por más que crea que conozco bien esta costa, aún puedo encontrarme con sorpresas. Como esta Cala La Barraca. Bella, tranquila, acogedora. En un sábado soleado, con un despejado cielo azul y un tranquilo mar. Con nuestras familias, un buen amigo de Jávea nos ha enseñado este rincón mediterráneo.
Mientras los niños corren, mientras los adultos dejamos libres muchas palabras que se escapan de nuestras bocas, mientras algunas gaviotas vuelan cerca por encima de nuestras cabezas, mientras unos pescadores echan al mar sus anzuelos desde unas rocas cercanas, mientras los minutos parece que se detienen y las horas se alargan hacia el horizonte, es el aroma de nuestros manjares los que nos llaman para agruparnos. Productos del mar y de nuestra tierra nos despiertan el apetito, donde no falta el pan casero bañado por un aceite de oliva extraordinario, unos tomates raf con huevas de atún y un arroz caldoso del señoret en el que el pescado y las gambas están ya peladas, de ahí su nombre, y nos lo comemos sin esfuerzo y mucho gusto. Un día inolvidable que disfrutamos de la buena mesa y de la mejor compañía.
Escuchando el rumor de las olas cuando acarician la orilla, cuando vienen y van, cuando refrescan el aire con las gotas de su espuma. Y mientras el tiempo corre, vivimos un nuevo atardecer con el naranja, el amarillo, el malva, que tapizan el cielo y lo van apagando poco a poco hasta despertar pequeñas lucecitas de faroles y bombillas que adornan con puntitos luminosos la oscuridad de la noche.
miércoles, 7 de julio de 2010
tertulia en Sancti Petri
Su susurro nos acompaña, nos embriaga, nos envuelve con su música. Es su agua la que corre por su chorro, por su concha, por canalillos que recorren el patio de lado a lado. Es esta fuente discreta en medio de todo, en total simetría, la que nos acompaña en esta mañana dominical.
En este sosiego merecido nuestras palabras se divierten de boca en boca, jugando con esa brisa oceánica de un mar cercano. Y son muchos los temas que protagonizan este momento. De literatura, la que escriben otros, de la que leemos en horas nocturnas cuando la ciudad duerme. De la economía, que tanto nos preocupa. La nuestra, la de España y la del Mundo, que en los últimos años nos ha marcado tanto. De política, de esa política parlamentaria, de la otra de corrillos y escaramuzas, la que nos gustaría tener y no tenemos, de los líderes que no llegan, de nuestros propios anhelos, de nuestras esperanzas. Y cómo no, un tema permanente en nuestras vidas en las últimas semanas, incluso para los que no somos aficionados. De la roja, de ese equipo de valientes y de héroes que nos hacen olvidar tantos sinsabores cuando ganan. Más en en este país donde la Selección Española de Fútbol es de las pocas cosas que nos unen, que nos sentimos todos identificados. Ya juegue un vasco, un catalán, un madrileño, un valenciano, un andaluz, da igual, juega la Selección Española. Así lo entienden todos sus jugadores, así lo entendemos todos. Por esto, son tan importantes sus victorias que trascienden de lo deportivo. Pasa en otros países europeos, africanos ó americanos. Pero pasa especialmente en España. Y esta semana España juega contra Alemania en las Semifinales del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. La emoción de ganar, de hacer historia, de hacer deportivamente algo grande, de ilusionar a tantos españoles, de tantas cosas, despiertan muchos buenos sentimientos.
Lo que no pasa aquí es el tiempo. Es las instalaciones de este hotel singular. Hotel Meliá Sancti Petri, en Chiclana de la Frontera (Cádiz). Entre arcos, junto a torres y cipreses que escalan el cielo. Construido como un palacio nazarí y como una hacienda andaluza. Sentados sobre sillas metálicas, tumbados en las tumbonas junto a la piscina.
Con el Atlántico tan cerca, ese océano siempre feroz, beligerante, inquieto, que ruge, que se encabrita, que ataca, que moldea el mar con sus olas y sus mareas, con su fuerza. Nos acercamos a él desde la playa de La Barrosa, a través de unas rampas de madera de acceso directo desde el hotel. Playa en la que aún quedan dunas, en la que aún pervive cierta vegetación. Playa amplia, larga, ancha, de arena. Playa que nos recuerda a las nuestras, las de Alicante, que pronto volveremos a ver de regreso a casa.
miércoles, 24 de febrero de 2010
el viejo y el mar. Monumento al pescador en Los Alcázares (Murcia)
Su cara arrastra la expresión del esfuerzo. Sus brazos, tensos. Sus manos, fuertes. Su mirada, cansada. Sus piernas soportan los años que han pasado, la experiencia que enseña, la travesía que pasa la vida. La brisa del mar que acaricia sus mejillas y peina sus cabellos. El pescador. Sus redes, llenas de peces. Su barca varada. Sus pies, dejan huella en la arena.
Bien podría ser el anciano del Viejo y el Mar, de Hemingway; ó Manolo, de Capitanes Intrépidos, de Kipling. Bien, el marinero de Alberti que carga sobre sus espaldas los vaivenes de la marea. Bien podrían ser tantos pescadores anónimos que llenan la cesta de la compra con sus capturas. Bien podrían ser esos héroes desconocidos que llevan a su casa el jornal después de faenar toda la noche. Bien podrían ser aquellos que salen a pescar con las primeras luces del amanecer. Bien podrían, tantos otros que se ven reflejados en este esfuerzo.
Obra de Manuel Nicolás Almansa (1998). Moldeó el bronce con su imaginación para crear este conjunto escultórico instalado en la orilla de la playa. Se recorta sobre el mar en una unión entre el hombre, el mito y la pasión de ser parte de la vida marinera de muchos. Monumento al pescador. En Los Alcázares (provincia de Murcia).
miércoles, 5 de agosto de 2009
capitán de los vientos y de las golondrinas
Con el mar a nuestros pies, en esta tarde tranquila, donde la conversación ha sido la protagonista y la palabra ha sido nuestra compañera. En estas horas de sosiego, hemos recordado y leído aquellos versos de Alberti que han jugado con nuestra memoria. Que han recorrido con nosotros nuestros recuerdos. Que nos han llevado de la mano a la orilla del mar a oír sus canciones de sirenas.
Te invito, amigo lector/a, a que nos acompañes al paseo por unos rincones de la isla de Tabarca, con algunos de estos versos marineros y fotografías que he tomado en la isla, en mis caminatas con el Capitán Antón y unos amigos:
CON ÉL
Zarparé, al alba, del Puerto,
hacia Palos de Moguer,
sobre una barca sin remos.
De noche, solo, ¡a la mar!
y con el viento y contigo!
Con tu barba negra tú,
yo barbilampiño.
A UN CAPITÁN DE NAVÍO
Sobre tu nave —un plinto verde de algas marinas,
de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar,
capitán de los vientos y de las golondrinas,
fuiste condecorado por un golpe de mar.
Por ti los litorales de frentes serpentinas
desenrollan, al paso de tu arado, un cantar:
—Marinero, hombre libre que los mares declinas,
dinos los radiogramas de tu estrella Polar.
Buen marinero, hijo de los llantos del norte,
limón del mediodía, bandera de la corte
espumosa del agua, cazador de sirenas;
todos los litorales amarrados del mundo
pedimos que nos lleves en el surco profundo
de tu nave, a la mar, rotas nuestras cadenas.
EL FAROLERO Y SU NOVIA
—Bien puedes amarme aquí,
que la luna yo encendí,
tú, por ti, sí, tú, por ti.
—Sí, por mí.
—Bien puedes besarme aquí,
faro, farol farolera,
la más álgida que vi.
—Bueno, sí.
—Bien puedes matarme aquí,
gélida novia lunera
del faro farolerí.
—Ten. ¿Te di?
Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!
El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?
jueves, 31 de julio de 2008
un día de playa
lunes, 28 de julio de 2008
La ermita de la Playa de Poniente, en Benidorm
Menos visitada que la Playa de Levante, la de Poniente es más tranquila. Sin desmerecer una de la otra. Su costa y su litoral. Su paisaje. Su geografía. Las gentes que la visitan. El mar que baña sus orillas. Su entorno, que aún se salva del urbanismo salvaje. En su extremo occidental, el Tossal de la Cala, una Ermita y un Mirador, se recortan sobre el Mediterráneo.
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