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viernes, 17 de agosto de 2018

Bandera azul





Que un alicantino diga que Alicante tiene las mejores playas del mundo no tiene ningún valor. Pero que voy a hacer si es verdad. Cuando uno viaja, compara. Y ya saben, “unos tienen la fama, y otros cardan la lana”. Me explico, cuando estuve en Río de Janeiro visité, entre otras cosas, la famosa playa de Copacabana. Si la conocen, seguro que la recuerdan. La enseñan como una joya, y lo es, pero nada tiene que envidiar la playa de San Juan de Alicante. Incluso en nuestra playa a diferencia de aquella entras en el mar desde la misma altura que la arena y no pierdes fondo enseguida.

La costa alicantina se caracteriza por tener playas arenosas, pequeñas calas donde los pinos buscan bañar sus raíces con el mar y recovecos dispares accesibles no sólo desde el mar sino también desde tierra, que hacen de la provincia de Alicante un destino ideal para disfrutar del mar y del baño. Y de sus aguas transparentes, de las que disfrutar de sus fondos arenosos o rocosos.

Hace unos días mi hijo Carlos me dijo que quería ir con sus amigos a la isla de Tabarca, otra joya de la costa alicantina, para - entre otras cosas - tirarse de uno de sus acantilados. Acantilados pocos, la isla es plana, le dije. Tabarca tiene muchos otros alicientes, pero ese no es uno de ellos. A pesar de esto, ahí está haciendo planes con su pandilla para ir a Tabarca. “Juventud, divino tesoro”, que escribió el poeta Rubén Darío pero por otros derroteros. Carlos sabe que he ido mucho - e iré - a la isla de Tabarca y que a su edad fuimos varias veces de acampada junto a la Torre de San José, extramuros del pueblecito amurallado, cuando aún se podía, aunque nunca pudimos clavar las piquetas de la tienda de campaña porque el suelo estaba muy duro ó era rocoso y dormíamos al raso en la orilla del mar sobre “colchones” de algas debajo del saco de dormir, hasta que la marea subía y teníamos que buscar acomodo en tierra firme. A esa edad, todo es posible.

Pero sí hay acantilados altos y orgullosos a lo largo de todo el litoral alicantino. Por ejemplo, en las calas de la Granadella ó en la de Ambolo en Jávea; en el cabo La Nao; ó el gran salto de Benitatxell; ó en el Cabo Portet, en Moraira; en la cala del Mascarat, en Altea; … Siempre le digo una obviedad, me dirán ustedes, que si ha de saltar de gran altura que compruebe que cae en el mar y no sobre roca, las consecuencias sobre su integridad física podrían ser dramáticas. La seguridad es lo primero. Los que tienen ó han tenido hijos jóvenes me entenderán más. Veo a Carlos en la piscina con sus amigos, con su hermana Myriam, haciendo “saltos mortales”, piruetas y otros brincos cada vez más difíciles, que toda precaución es poca.

Bandera Azul es el título de este artículo y ahora verán por qué. Todo está relacionado. Los municipios que tienen banderas azules reciben con ellas un reconocimiento y un galardón que - desde 1987 - otorga anualmente la Fundación Europea de Educación Ambiental a playas y puertos si cumplen determinadas instalaciones y condiciones ambientales sobre la calidad del agua, la seguridad, la prestación de servicios generales y la ordenación del medio ambiente.

España está a la cabeza del ranquing mundial con Banderas Azules en sus playas, seguida a mucha distancia de Francia con sus territorios de ultramar y de Turquía en tercer lugar. España también está a la cabeza en el número de puertos y de barcos con banderas azules.

La Comunidad Valenciana es la comunidad autónoma de España que tiene más banderas azules. Y en concreto, en Alicante capital las tienen las playas del Postiguet, de San Juan, de la Albufera y del Saladar Urbanova.

En el Jurado participan además las Agencias de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y para el Turismo, la Federación Internacional de Salvamento y Socorrismo, la Agencia Europea de Medio Ambiente de la UE, la Unión Europea para la conservación de las costas, la Unión Internacional para la conservación de la naturaleza, un experto en Educación Ambiental, la Unión Internacional para la conservación de la naturaleza y el Consejo Internacional de asociaciones de la industria portuaria. La condición de Bandera Azul es concedida a las playas de más de 20 países de Europa, 4 de Oriente Próximo, 1 de Asia Oriental, 3 de África, 8 de América y 1 de Oceanía. Casi na, como diría aquel. Ahora toca mantenerlas y ampliarlas. Que así sea.


Este artículo lo publiqué con anterioridad en mi columna de opinión del periódico Alicante Press


domingo, 5 de agosto de 2018

Alicante es una ciudad para disfrutarla


Nacer en una ciudad como Alicante es un privilegio. Por su clima, por su luminosidad, por su entorno natural, por la hospitalidad de sus vecinos, por lo emprendedores que son sus habitantes, por sus museos, por su bahía,  por sus fiestas, incluso por su tamaño, por su gastronomía, por su historia, ...

Alicante  tiene una cosa que nadie puede copiar ni quitar: su luminosidad. Una luz Inmaculada y clara que hace brillar incluso las tierras áridas de los montes cercanos que antaño fueron de pinos y ahora mayoritarios de arbustos, sobre todo matas de varilla y de esparto.

Su tachada marítima se ve desde lejos mar a dentro con el castillo Santa Bárbara como protagonista. La casa Carbonell, con su singular historia. El paseo de la Explanada. La plaza del Mar con su fuente, presidida por una gran bandera de España. El paseo Canalejas. El puerto deportivo, de mercancías y de cruceros.

Sus playas. La urbana, del Postiguet: su nombre viene del Postigo, una puerta pequeña que estaba junto a la grande y principal puerta de las murallas que se abría al espigón del pequeño puerto de entonces. La de la Albufera por haber una con una lengua de mar tierra adentro, que se desecó después de unas epidemias en la ciudad al culparla por sus aguas estancadas. La de San Juan, larga y de arena fina, la que más fama le da a Alicante. Comparte litoral con la playa Muchavista de Campello. Todas de aguas cristalinas y bandera azul.

Alicante se desarrolló urbanísticamente a la vera del Monte Benacantil y alrededor de sus dos castillos: el de Santa Bárbara y el de San Fernando. Pocas ciudades tienen dos castillos y muchas cosas que contar para defender la ciudad.

La fiesta del fuego en el solsticio de verano: las Hogueras de San Juan. Pero hay más: los Moros y Cristianos, el Carnaval, la Semana Santa, las Cruces de Mayo, San Nicolás, Patrón de la ciudad,... Parece que la ciudad siempre esté de fiesta.  La realidad es que se festeja mucho después del duro trabajo cotidiano.

Los arroces de Alicante son los mejores del mundo. La paella se hace en Valencia. En Alicante el arroz se cocina diferente, por ejemplo aquí se sonríe el arroz, en Valencia no. Arroz a banda; arroz del señoret, arroz con bogavante, arroz con magro y verduras, arroz con conejo y caracoles, arroz al horno, arroz con costra, ... La lista de arroces es interminable. Por todo esto, Alicante tiene marca propia como "Alicante, ciudad del arroz".

Alicante es una ciudad pequeña y mediterránea que nunca le ha hecho ascos al mar, al contrario. Un ejemplo claro, el puerto está integrado en la ciudad y forma parte del centro urbano.

Desde el Principe Alfonso X el sabio atendiendo las instrucciones de su padre el rey Fernando III el santo, Alicante fue cristiana, paso a formar parte de la Corona de Castilla. Disputada y conquistada también por la Corona de Aragón. Esta tierra prometía ya desde antaño para pasar a ser ambicionada por muchos.

Tanto si la conoce como sino, Alicante es para disfrutarla.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

efectos luminosos vespertinos en el segundo día de Navidad


El segundo día de Navidad nos ha regalado estos hermosos efectos luminosos previos al atardecer. Unos rayos de sol se escaparon entre las nubes vistiendo de oro e inundando de luz las montañas y las poblaciones costeras de Campello, Villajoyosa y Benidorm.



Y luego, con las últimas luces del día, ensombreciéndose el horizonte, la costa, las montañas, los pueblos, se recortan sobre el mar como un belén. Sobresaliendo las curvas de las sierras, las casitas blanquecinas de las poblaciones, el color de la tierra, unas nubes algodonosas sueltas que no quieren despedir el día, la espuma en la orilla de las últimas olas, ...


Y todo con el mar en reposo y un ligero viento de poniente que peina este Mediterráneo luminoso de finales de año desde la playa Muchavista en Campello.

viernes, 15 de diciembre de 2017

la cala Granadella


La cala Granadella es uno de los tesoros de Jávea, desde tierra ó desde el mar. Situada en la zona más meridional del municipio se llega a ella desde una estrecha carretera asfaltada que se va desde la carretera del Cabo La Nao, con curvas en sus inmediaciones.


Los pinos se acercan al mar desde sus acantilados, junto sus montes, desde la rambla que desemboca en el mar por donde corre el agua de tierra adentro cuando hay lluvias torrenciales y arrastra todo lo que encuentra a su paso.



Un pequeño grupo de casas adosadas a modo de pedanía, de colores vivos como un barrio de pescadores: unos restaurantes (Rosita, El Sur, Llebeig, …), son la antesala de la cala. Caminando hacia el mar se escucha su rumor, se huele su olor salado.


La cala es pequeña, de cantos rodados y graba hasta su misma orilla. De agua cristalina y de un azul turquesa precioso. Dos escalinatas en ambos de sus lados con vayas de madera y escalones escavados en la roca permite ir por tierra a rincones escondidos desde la playa.


Es un lugar ideal para el relajo, sobre todo en otoño o invierno donde el sosiego es espectacular. Mirando al mar, mirando al monte que se acerca al mar. A ese monte que quemó supuestamente un hombre hace un año, dejando que el fuego devorara sin piedad una amplia zona de bosque que ya empieza a reverdecer con matas de monte bajo.

Es también un lugar adecuado para deportes náuticos como el piragüismo ó el submarinismo.



Y sobre todo, si estás en Jávea no puedes irte sin conocer la cala Granadella. Su belleza merece la visita.


martes, 5 de septiembre de 2017

la playa de Poniente de Benidorm

Benidorm tiene dos playas, la de Levante y la de Poniente. La de Levante es la que hace de escaparate de esta importante localidad turística por todo el mundo. Es la que está flanqueada por altos rascacielos, es la más comercial, la más multitudianaria, la que tiene más hoteles y restaurantes, en la que se pueden disfrutar de más actividades acuáticas, … Es, la más, como dicen los adolescentes de hoy.



Sin embargo, la playa de Poniente es más tranquila, más residencial, con menos restaurantes y pub pero de más calidad, con muchos menos hoteles, con edificios más bajos que hacen de Benidorm otra fachada marítima diferente a la de Levante.

Ambas playas tiene las aguas transparentes, de finas arenas, con pequeñas plantaciones de palmeras que dan sombra y personalidad a estas playas.



Las dos playas tienen enfrente a la isla de Benidorm, más lejos de lo que parece realmente si se mira desde la costa. Se sitúa a 1,85 millas náuticas (3.426 metros) del pequeño puerto de Benidorm. Desde esta isla las proporciones por la distancia se ven con más claridad hasta tal punto que los que se bañan en sus playas parecen diminutas hormigas, prueba de la mucha distancia que hay entre esta isla y Benidorm.

Aunque la playa de Levante es más famosa, la de Poniente no tiene nada que envidiarle. Ya saben, el dicho popular que “unos cardan la lana y otros tiene la fama”. 



Las fotos de este post son del autor de este blog

miércoles, 8 de junio de 2011

en la Cala La Barraca (Jávea)

 

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La costa del norte de la provincia de Alicante se ha moldeado durante siglos por mareas, corrientes y el azote del mar. Con ellos la costa se ha quebrado en bellas calas y pequeñas playas de cantos rodados. Por más que crea que conozco bien esta costa, aún puedo encontrarme con sorpresas. Como esta Cala La Barraca. Bella, tranquila, acogedora. En un sábado soleado, con un despejado cielo azul y un tranquilo mar. Con nuestras familias, un buen amigo de Jávea nos ha enseñado este rincón mediterráneo.

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Mientras los niños corren, mientras los adultos dejamos libres muchas palabras que se escapan de nuestras bocas, mientras algunas gaviotas vuelan cerca por encima de nuestras cabezas, mientras unos pescadores echan al mar sus anzuelos desde unas rocas cercanas, mientras los minutos parece que se detienen y las horas se alargan hacia el horizonte, es el aroma de nuestros manjares los que nos llaman para agruparnos. Productos del mar y de nuestra tierra nos despiertan el apetito, donde no falta el pan casero bañado por un aceite de oliva extraordinario, unos tomates raf con huevas de atún y un arroz caldoso del señoret en el que el pescado y las gambas están ya peladas, de ahí su nombre, y nos lo comemos sin esfuerzo y mucho gusto. Un día inolvidable que disfrutamos de la buena mesa y de la mejor compañía.

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Escuchando el rumor de las olas cuando acarician la orilla, cuando vienen y van, cuando refrescan el aire con las gotas de su espuma. Y mientras el tiempo corre, vivimos un nuevo atardecer con el naranja, el amarillo, el malva, que tapizan el cielo y lo van apagando poco a poco hasta despertar pequeñas lucecitas de faroles y bombillas que adornan con puntitos luminosos la oscuridad de la noche.

miércoles, 7 de julio de 2010

tertulia en Sancti Petri

 

Su susurro nos acompaña, nos embriaga, nos envuelve con su música. Es su agua la que corre por su chorro, por su concha, por canalillos que recorren el patio de lado a lado. Es esta fuente discreta en medio de todo, en total simetría, la que nos acompaña en esta mañana dominical.

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En este sosiego merecido nuestras palabras se divierten de boca en boca, jugando con esa brisa oceánica de un mar cercano. Y son muchos los temas que protagonizan este momento. De literatura, la que escriben otros, de la que leemos en horas nocturnas cuando la ciudad duerme. De la economía, que tanto nos preocupa. La nuestra, la de España y la del Mundo, que en los últimos años nos ha marcado tanto. De política, de esa política parlamentaria, de la otra de corrillos y escaramuzas, la que nos gustaría tener y no tenemos, de los líderes que no llegan, de nuestros propios anhelos, de nuestras esperanzas. Y cómo no, un tema permanente en nuestras vidas en las últimas semanas, incluso para los que no somos aficionados. De la roja, de ese equipo de valientes y de héroes que nos hacen olvidar tantos sinsabores cuando ganan. Más en en este país donde la Selección Española de Fútbol es de las pocas cosas que nos unen, que nos sentimos todos identificados. Ya juegue un vasco, un catalán, un madrileño, un valenciano, un andaluz, da igual, juega la Selección Española. Así lo entienden todos sus jugadores, así lo entendemos todos. Por esto, son tan importantes sus victorias que trascienden de lo deportivo. Pasa en otros países europeos, africanos ó americanos. Pero pasa especialmente en España. Y esta semana España juega contra Alemania en las Semifinales del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. La emoción de ganar, de hacer historia, de hacer deportivamente algo grande, de ilusionar a tantos españoles, de tantas cosas, despiertan muchos buenos sentimientos.

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Lo que no pasa aquí es el tiempo. Es las instalaciones de este hotel singular. Hotel Meliá Sancti Petri, en Chiclana de la Frontera (Cádiz). Entre arcos, junto a torres y cipreses que escalan el cielo. Construido como un palacio nazarí y como una hacienda andaluza. Sentados sobre sillas metálicas, tumbados en las tumbonas junto a la piscina.

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Con el Atlántico tan cerca, ese océano siempre feroz, beligerante, inquieto, que ruge, que se encabrita, que ataca, que moldea el mar con sus olas y sus mareas, con su fuerza. Nos acercamos a él desde la playa de La Barrosa, a través de unas rampas de madera de acceso directo desde el hotel. Playa en la que aún quedan dunas, en la que aún pervive cierta vegetación. Playa amplia, larga, ancha, de arena. Playa que nos recuerda a las nuestras, las de Alicante, que pronto volveremos a ver de regreso a casa.

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miércoles, 24 de febrero de 2010

el viejo y el mar. Monumento al pescador en Los Alcázares (Murcia)

 

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Su cara arrastra la expresión del esfuerzo. Sus brazos, tensos. Sus manos, fuertes. Su mirada, cansada. Sus piernas soportan los años que han pasado, la experiencia que enseña, la travesía que pasa la vida. La brisa del mar que acaricia sus mejillas y peina sus cabellos. El pescador. Sus redes, llenas de peces. Su barca varada. Sus pies, dejan huella en la arena.

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Bien podría ser el anciano del Viejo y el Mar, de Hemingway; ó Manolo, de Capitanes Intrépidos, de Kipling. Bien, el marinero de Alberti que carga sobre sus espaldas los vaivenes de la marea. Bien podrían ser tantos pescadores anónimos que llenan la cesta de la compra con sus capturas. Bien podrían ser esos héroes desconocidos que llevan a su casa el jornal después de faenar toda la noche. Bien podrían ser aquellos que salen a pescar con las primeras luces del amanecer. Bien podrían, tantos otros que se ven reflejados en este esfuerzo.

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Obra de Manuel Nicolás Almansa (1998). Moldeó el bronce con su imaginación para crear este conjunto escultórico instalado en la orilla de la playa. Se recorta sobre el mar en una unión entre el hombre, el mito y la pasión de ser parte de la vida marinera de muchos. Monumento al pescador. En Los Alcázares (provincia de Murcia).

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miércoles, 5 de agosto de 2009

capitán de los vientos y de las golondrinas

 

Con el mar a nuestros pies, en esta tarde tranquila, donde la conversación ha sido la protagonista y la palabra ha sido nuestra compañera. En estas horas de sosiego, hemos recordado y leído aquellos versos de Alberti que han jugado con nuestra memoria. Que han recorrido con nosotros nuestros recuerdos. Que nos han llevado de la mano a la orilla del mar a oír sus canciones de sirenas.

Te invito, amigo lector/a, a que nos acompañes al paseo por  unos rincones de la isla de Tabarca, con algunos de estos versos marineros y fotografías que he tomado en la isla, en mis caminatas con el Capitán Antón y unos amigos:

CON ÉL

  Zarparé, al alba, del Puerto,
hacia Palos de Moguer,
sobre una barca sin remos.
  De noche, solo, ¡a la mar!
y con el viento y contigo!
  Con tu barba negra tú,
yo barbilampiño.

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A UN CAPITÁN DE NAVÍO

Sobre tu nave —un plinto verde de algas marinas,
de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar,
capitán de los vientos y de las golondrinas,
fuiste condecorado por un golpe de mar.

Por ti los litorales de frentes serpentinas
desenrollan, al paso de tu arado, un cantar:
—Marinero, hombre libre que los mares declinas,
dinos los radiogramas de tu estrella Polar.

Buen marinero, hijo de los llantos del norte,
limón del mediodía, bandera de la corte
espumosa del agua, cazador de sirenas;

todos los litorales amarrados del mundo
pedimos que nos lleves en el surco profundo
de tu nave, a la mar, rotas nuestras cadenas.

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EL FAROLERO Y SU NOVIA

   —Bien puedes amarme aquí,
que la luna yo encendí,
tú, por ti, sí, tú, por ti.
   —Sí, por mí.
   —Bien puedes besarme aquí,
faro, farol farolera,
la más álgida que vi.
   —Bueno, sí.
   —Bien puedes matarme aquí,
gélida novia lunera
del faro farolerí.
   —Ten. ¿Te di?

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Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

   Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.

   ¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!

 

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El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

   ¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

   ¿Por qué me desenterraste
del mar?

   En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.

   Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

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jueves, 31 de julio de 2008

un día de playa


En la playa de Poniente. La brisa marina borra nuestras huellas que dejamos en la fina arena de la playa. La brisa borra nuestro pasado. Ayer, presente. Hoy ... historia. La brisa nos refresca las mejillas en este día caluroso de verano. Frente a la isla de Benidorm. En un día de playa.

lunes, 28 de julio de 2008

La ermita de la Playa de Poniente, en Benidorm

Alejada del bullicio. Del ir y del venir continuo de los paseantes. Lejos de la aglomeración de tiendas y establecimientos de restauración. Con una playa de arena fina y aguas cristalinas. Con la isla como testigo. Con el mar como mensajero. Historias nuevas, historias viejas, que se narran desde esta tranquila playa. La Playa de Poniente.

Menos visitada que la Playa de Levante, la de Poniente es más tranquila. Sin desmerecer una de la otra. Su costa y su litoral. Su paisaje. Su geografía. Las gentes que la visitan. El mar que baña sus orillas. Su entorno, que aún se salva del urbanismo salvaje. En su extremo occidental, el Tossal de la Cala, una Ermita y un Mirador, se recortan sobre el Mediterráneo.




Mi amigo Javier Fiol me enseña este poco conocido rincón de Benidorm. Tossal donde vivieron los íberos en los años de los siglos III-I a. C. Este asentamiento íbero fue declarado Bien de Interés Cultural en 1984 para preservar lo que quedaba de la presión urbanística. Lugar que comparte espacio con una pequeña ermita. De la Virgen del Mar. Virgen y niño Jesús, velan por los navegantes. Mirador desde el que se domina toda la costa de Benidorm. Desde el que se tiene más cerca su isla. Desde el que se disfruta de extraordinarias vistas del litoral, de la ciudad, de las montañas. Las sierra Helada. La de Bernia. El Puig Campana. Proa al horizonte, donde bailan al viento las gaviotas.







Para recuperarnos de los calores de hoy, Javier me lleva a Barranco Playa. Yo me dejo guiar por mano experta porque donde hay patrón no manda marinero. Un extraordinario restaurante entre apartamentos. Su entorno no desmerece su cocina. Probablemente, de sus fogones se cocine el mejor pescado que se come en Benidorm. En su terraza, bajo una sombra milagrosa. Con la playa y la isla de Benidorm frente a nosotros. Unas palmeras nos abanican la escasa brisa del mediodía. Sobre la mesa, unas gambas hervidas. Poco hechas. Licinio García, propietario y jefe de cocina de su restaurante, nos comenta su secreto. Cómo las cocina poco para que salgan tan buenas, sin estar crudas. Porque el marisco tiene que saber a mar. Porque tiene que estar sabroso. Un producto vivo, fresco como este hay que saberlo cocinar. No sólo con cariño. También con la sabiduría adquirida por la experiencia de años junto a sus ollas. El plato de los sepionets parece un cuadro. Afortunadamente no lo es. Están buenísimos. El mero a la espalda … ¡qué os digo, amigos!. No recuerdo un mero como este en mis visitas gastronómicas. Impresionante. Todo, regado con Marina Alta, vino conocido y premiado, que acaricia nuestro estómago con su sabor. De postre, sorbete de limón y tarta de chocolate, con un orujo de hierbas.







Playa. Isla. Ermita. Mirador. La luz del Mediterráneo. Las gaviotas. El mar. Y los fogones de Licinio. Este mediodía, regalo a la vista, a los oídos, … al paladar.



¿Cuánto crees que sabes de Alicante? Pascual Rosser te sorprenderá con su nuevo libro

  Hay historias de Alicante que conocemos, otras que hemos escuchado alguna vez y muchas que permanecen escondidas en la memoria de la ciuda...

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