lunes, 14 de septiembre de 2026

Llega el Desafío

 



Esta competición reúne los resultados de tres grandes regatas celebradas en Campello, Santa Pola y el próximo 26 de septiembre la que se celebre en Alicante, en una edición marcada por la alta competitividad.


El próximo 26 de septiembre, Alicante será escenario de la resolución del III Desafío Real Liga Naval, una competición que llega a su desenlace después de haber recorrido tres de los grandes campos de regatas de la provincia de Alicante: Campello, Santa Pola y Alicante.


El vencedor de la edición 2026 será el regatista o equipo que haya obtenido los mejores resultados en el conjunto de las tres pruebas que integran este desafío: el II Torneo Real Liga Naval – Club Náutico El Campello, la III Copa Real Liga Naval – Club Náutico Santa Pola y el VIII Trofeo Real Liga Naval – Real Club de Regatas de Alicante.


Tres regatas, tres escenarios diferentes y un mismo espíritu competitivo que ha permitido a las tripulaciones demostrar su preparación, estrategia y capacidad para afrontar las distintas condiciones de navegación. Todas las pruebas cuentan con la autorización de la Real Federación de Vela de la Comunidad Valenciana, lo que garantiza su integración en el marco deportivo federativo de la vela.




Tres regatas, un solo campeón


El Desafío Real Liga Naval nació con la vocación de poner en valor la competición náutica y, al mismo tiempo, estrechar los vínculos entre los clubes y los deportistas que hacen de la vela una forma de entender el mar.


A lo largo de la temporada, las tripulaciones han tenido que enfrentarse a diferentes recorridos y condiciones de viento y mar, haciendo que cada punto conseguido sea determinante de cara a la clasificación final.


Campello, Santa Pola y Alicante son las tres escalas de una competición que alcanza ahora su momento decisivo. El próximo 26 de septiembre, en Alicante, se conocerá finalmente el nombre del vencedor del III Desafío Real Liga Naval 2026 después de celebrarse el VIII Trofeo Real Liga Naval Real Club de Regatas de Alicante.


Más allá del resultado deportivo, el Desafío pretende reconocer unos valores que forman parte de la esencia de la navegación: esfuerzo, preparación, estrategia, capacidad de superación, respeto al adversario y trabajo en equipo.


Porque en el mar la rivalidad deportiva no está reñida con la camaradería. Cada salida pone a prueba a los regatistas, pero también refuerza los lazos entre quienes comparten una misma pasión. Hombres y mujeres de la mar que compiten por ganar, pero que saben que al finalizar la regata siguen formando parte de una misma comunidad marinera.


El espíritu de la competición


El III Desafío Real Liga Naval representa una competición que va más allá de una clasificación. Es el encuentro de clubes, armadores, patrones, y tripulaciones en torno a una pasión común: la vela y el mar.


La Real Liga Naval Española quiere contribuir con esta iniciativa a la promoción de la cultura marítima y de los valores asociados al deporte náutico, poniendo en contacto a diferentes clubes náuticos y dando continuidad a una competición que cada año adquiere mayor protagonismo.


El 26 de septiembre Alicante pondrá el punto final a esta edición. Tres regatas, tres campos de regatas y una última pregunta por resolver: quién será el campeón del III Desafío Real Liga Naval 2026


El mar ya ha hablado en Campello, Santa Pola y el 26 de septiembre lo hará en Alicante. Muy pronto llegará el momento de conocer al vencedor 2026.

 

Aquí tienes toda la información del VIII Trofeo Real Liga Naval Real Club de Regatas de Alicante y buzón para inscribirte en el VIII Real Liga Naval 2026

 

Todos somos Ceuta

 



Todos somos Ceuta y así lo reivindicó el pueblo español en las plazas de los Ayuntamientos de toda España el pasado 3 de septiembre. En Alicante fue una multitudinaria manifestación cívica y pacífica donde dimos apoyo a una ciudad española que lo está pasando mal por una espectacular invasión migratoria y una mala gestión del Gobierno en esta crisis.






Ceuta pide que España esté presente

Lo ocurrido los pasados días 30 y 31 de julio en Ceuta no puede volver a ocurrir y no puede ser tratado como una simple crisis migratoria animada por las mafias y redes sociales. Lo que ocurrió fue mucho más grave: una frontera española fue atravesada masivamente por miles de personas, unas 70.000 según el ministerio de Interior español.


¿Cómo pudo suceder?: Esta es la pregunta. Un mes después de este hecho tan trascendental seguimos sin los detalles de la respuesta correspondiente.


Ceuta no es una ciudad cualquiera. Ceuta es España. Es frontera exterior de la Unión Europea. Por esto resulta incomprensible que semejante avalancha pudiera producirse sin que el Gobierno español fuera capaz de impedirlo y reaccionar con la contundencia que esta situación exigía.


Sobre todo, porque se sabía que se iba a producir. Lo ha dicho la ministra de Defensa Margarita Robles. Y lo ha dicho Marlaska, ministro del interior, aunque este matiza que nadie dijo que iba a tener esa envergadura. Los servicios de inteligencia (CNI) hicieron su trabajo, según reitera Robles. La Delegación del Gobierno de Ceuta dice que no recibieron esa información. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién evitó tomar decisiones para no actuar? dejando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a su merced, sin medios y sin órdenes claras para actuar.


Hay más preguntas. ¿Por qué no se actuó antes?, el Gobierno de España empieza a moverse ahora pasado casi un mes de esa entrada masiva.  No son preguntas partidistas. Todos tenemos derecho a formularlas. Y todos esperamos respuestas.


También me pregunto por la actuación de Marruecos. No es aceptable que vieran como normal desde su territorio que miles de personas se concentraran por tierra y por mar en dirección a la frontera española para pasar a territorio español. Y que lo permitieran.


Precisamente por la relación estratégica que España mantiene con Marruecos, la explicación de lo sucedido debe ser rigurosa. No basta hablar de cooperación, que es un socio fiable, cuando reivindican además recuperar Ceuta y Melilla cuando ambas ciudades tienen relación con España siglos antes de que Marruecos existiera. Si la frontera española pudo estar expuesta a una operación de esta magnitud, España necesita saber por qué ocurrió. No se trata de buscar un enemigo exterior, se trata de defender la soberanía y seguridad española.


Puedo comprender que una situación inesperada desborde inicialmente los dispositivos previstos, pero mientras tanto Ceuta soporta una situación extraordinaria y los ceutíes tiene derecho a vivir tranquilos como lo hacían antes de las fechas mencionadas.


El Gobierno de España citan que son unas 5.000 personas las que se han quedado en Ceuta de forma irregular y no han vuelto a Marruecos.


La situación genera mucha tensión, miedo y mucha inseguridad entre unos y otros.


Me produce gran indignación contemplar cómo una ciudad española pueda sentirse abandonada por el Gobierno de España por una situación como esta.


Ceuta no está pidiendo un trato de favor. Pide algo mucho mas sencillo: que España esté presente. No podemos pretender que una ciudad de unas 80.000 personas resuelva sola una crisis que afecta a la frontera exterior de España y de Europa.


Me cuesta creer que haya tenido que pasar un mes para que España solicite formalmente a la Unión Europea el apoyo de Frontex para el proceso de identificación y triaje de quienes permanecen de forma ilegal en la ciudad.


Hay otra cuestión que no quiero pasar por alto. La imagen del Rey de España visitando Ceuta después de una crisis de esta magnitud tendría un enorme significado institucional y emocional.


Felipe VI ha hablado con Pedro Sánchez y con Juan José Vivas sobre esto, y ha manifestado su intención de ir a Ceuta. Una ciudad española que acaba de vivir uno de los episodios más graves de su historia reciente necesita sentir que las Instituciones están de su lado. Además, si hay una competencia propia del mandato del Rey como Jefe del Estado descrita expresamente en la Constitución española esta es la unidad y permanencia del Estado español.


¿Por qué no acudido aún? El Gobierno español argumenta que ahora no es apropiado para no calentar los ánimos al otro lado de la frontera. Otra vez favoreciendo a Marruecos. Sin embargo, la ausencia de la visita del Rey resulta difícil de entender para la mayoría.


A su vez, me niego a pensar que la entrada masiva irregular de miles de personas en territorio español puede terminar convertida en una noticia más. Me niego a pensar que las fronteras se conviertan en algo segundario. Me niego a aceptar que una ciudad española tenga que preguntarse si España va a acudir en su ayuda.


Y me niego también a que defender la frontera, reclamar seguridad o exigir una política migratoria ordenada sea presentado automáticamente por algunos como falta de solidaridad.


Se puede ser solidario y defender la frontera. Se puede ayudar a quien lo necesite y exigir que la entrada en España sea conforme a la Ley. Se puede respetar los derechos humanos y exigir que el Estado controle su territorio. Se puede rechazar el racismo y al mismo tiempo defender seguridad para todos.


Y termino. Ceuta es España. Cuando una frontera es desbordada, cuando miles de personas permanecen ilegalmente durante semanas en sus calles y cuando sus ciudadanos sienten que sus instituciones no llegan a tiempo, el problema no es solamente de Ceuta, el problema es de todos.


Las fronteras no se defienden sólo con vallas. Se defienden con decisión política, con medios, con presencia institucional y con certeza de que detrás de ellas hay un Estado dispuesta a protegerlas. Ceuta no pide más que lo que merece cualquier territorio español: no ser olvidada cuanto más necesita a España.

 


Este artículo de opinión lo publiqué con anterioridad el pasado 3 de septiembre en mi columna de opinión en el periódico El Consistorio Digital con el título "Ceuta pide que España esté presente".

Reivindico lealtad institucional al Rey y a la Jefatura del Estado

 


La lealtad es un vínculo y un valor humano que consiste en el compromiso, la fidelidad y el respeto incondicional hacia una persona, grupo, comunidad, causa o hacia los propios principios.


No me refiero a la obediencia ciega. Tampoco a renunciar a tus propias ideas, a la crítica e incluso a la discrepancia. Afirmo algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más importante: saber respetar a quienes representan aquello que está por encima de nosotros mismos.


Me refiero la lealtad hacia una Institución. Y sobre todo lealtad hacia las reglas de convivencia que todos nos hemos dado.


España es una Monarquía Parlamentaria. Esto no es una opinión ni una cuestión de simpatía personal. Lo dice nuestra Constitución. Y la Constitución establece que el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia. También le concede la función de arbitrar y mediar el funcionamiento regular de las instituciones. Con esta Constitución, aprobada por el pueblo español, hay algo que es elemental para cualquier dirigente político: respeto institucional a quien ocupa la Jefatura del Estado.


Y es aquí que la polémica de hoy nos lleva a reivindicar la lealtad. Pedro Sánchez ha cuestionado públicamente que Felipe VI no ha visitado Ceuta y Melilla durante su reinado. En una entrevista hoy a la Cadena Ser (por el pasado 1 de septiembre) ha llegado a afirmar “durante sus 20 años de reinado”, una cifra que no se corresponde con la realidad: Felipe VI fue proclamado Rey de España el 19 de junio de 2014.


Pero más allá del error de cálculo, hay una cuestión mucho más importante. ¿Quién decide cuando y en qué circunstancias se producen las visitas oficiales, o de fuerte calado político, del Jefe del Estado?


Porque no estamos hablando de un ciudadano particular que decide espontáneamente coger un avión y desplazarse a una ciudad determinada. Estamos hablando del Rey de España. Y el propio Orden Constitucional establece que los actos del Rey están sujetos al refrendo del Presidente del Gobierno o de los ministros competentes.  Por esto resulta llamativo escuchar ahora críticas de Pedro Sánchez hacia el Rey por una ausencia cuya solución requiere precisamente un acuerdo y coordinación institucional entre la Jefatura del Estado y el Gobierno.  Más aún cuando el Presidente del Gobierno sí ha viajado a Ceuta.


Entonces hay que hacer una pregunta que quizá sea incómoda. Si el Presidente del Gobierno puede viajar a Ceuta, ¿por qué no lo ha hecho aún el Rey Felipe VI, por qué no se ha encontrado el momento institucional adecuado para que haga ese viaje el Jefe del Estado español?


Cuando hablamos del Rey no deberíamos hacerlo pensando únicamente en Felipe VI como persona, lo tenemos que hacer pensando que representa a la Institución de la Corona. Es la Jefatura del Estado. Quien constitucionalmente representa la unidad y permanencia de España. Y precisamente por esto, un Presidente de Gobierno debería ser especialmente respetuoso cuando se refiere públicamente al Rey.


La crítica política forma parte de la democracia. También la discrepancia. Pero la lealtad institucional debe de estar por encima de la estrategia política del momento. Máxime cuando el Rey no entra en el juego político, no es su cometido.


Y ahí está la grandeza de una Institución que, por definición constitucional, está por encima de la batalla partidista.


Un país en el que la lealtad se sustituye por la conveniencia, el respeto por el cálculo político y los principios por la oportunidad, corre el riesgo de quedarse sin aquello que realmente mantiene unida a una nación. Una sociedad que pierde el respeto por sus instituciones termina también perdiendo el respeto por sí misma.


Lealtad no significa renunciar a tus propias ideas, sino no traicionar aquello que está por encima de nuestras propias ambiciones. Y en España respetar al Rey como Jefe del Estado debería ser una cuestión de lealtad institucional.


No se puede reclamar respeto a las instituciones cuando interesa, y cuestionarlas cuando dejan de servir al político de turno para su relato.


No se puede exigir al Rey que represente a todos los españoles y, al mismo tiempo, convertir su ausencia en determinados territorios en un arma de confrontación política. Y menos aun cuando hablamos de Ceuta y Melilla. Dos ciudades españolas que necesitan, especialmente en momentos de dificultad, algo más importante que una discusión partidista: necesitan sentirse respaldados por España.


Felipe VI no tiene poder ejecutivo, no corresponde al Rey gestionar una crisis migratoria, ordenar un dispositivo policial o negociar con Marruecos. Pero sí tiene una función constitucional de representación, cohesión y unidad.


Y quizá por eso su presencia en Ceuta y Melilla tiene un valor superior a lo que trasciende una fotografía.  Porque el Rey está, acompaña, manifiesta con su presencia que no están solos e insta a los distintos ministerios a poner las bases para resolver los problemas. Y precisamente por esto sorprende que no haya ido a Ceuta y Melilla desde que fue proclamado Rey.  


En estos 12 años, 8 han sido durante la presidencia de Pedro Sánchez, por lo que su afirmación reprochando la no visita del Rey a esas dos ciudades autónomas resulta muy curiosa. ¿Lo entiende, quizá quiere tapar con esta polémica la presunta mala gestión de su Gobierno en Ceuta?


Ahora, ante el clamor popular, el Presidente Sánchez anuncia que el Rey irá a Ceuta “cuando se den las condiciones”.


Ojalá sea pronto. Y ojalá nadie convierta esta visita en una victoria política. Porque el Rey no representa a ningún partido político, el Rey representa a todos los españoles.



Con este mismo titulo y un texto muy parecido publiqué el pasado 1 de septiembre un artículo en mi columna de opinión del periódico El Consistorio Digital,

Llega el Desafío

  Esta competición reúne los resultados de tres grandes regatas celebradas en Campello, Santa Pola y el próximo 26 de septiembre la que se c...

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