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viernes, 29 de marzo de 2024

Entierro de Cristo

 


El entierro de Cristo, de Juan de Juni, sobrecoge. Indudablemente es una obra maestra. El escultor supo llamar la atención del observador que mira asombrado la muerte de un hombre bueno, un hombre justo que trajo al mundo su mensaje de paz y de convivencia entre los pueblos.


De origen francés, el escultor renacentista Juan de Juni se afincó en Valladolid. Esta obra la hizo entre 1541 y 1545 por encargo de Fray Guevara para el conjunto escultórico de su capilla funeraria en el desaparecido convento de San Francisco en Valladolid.



El grupo escultórico está formado por siete figuras de tamaño natural, o incluso mayor a este, independiente cada una salvo la imagen formada entre la Virgen María y San Juan. Cada personaje está situado en una puesta en escena de cara al espectador. Cristo yacente se sitúa en el centro. Hay otros personajes como José de Arimatea y Nicodemo que participan en el embalsamiento.





En esta obra Juan de Juni demuestra su habilidad y creatividad, así como su dramatismo y expresividad que llaman la atención del espectador. En los gestos de los personajes se ve la expresión de la duda, muestran muchas preguntas sin respuesta. Es muy expresivo los gestos de las manos de la Virgen. Todo cambiaría unos días después con su resurrección.



Actualmente el grupo escultórico se encuentra en el Museo Nacional de Escultura en Valladolid.


lunes, 21 de diciembre de 2020

dEMO en Alicante

 

En Alicante han aparecido unas figuras colocadas en diferentes calles y plazas que llaman mucho la atención. ¿No se ha preguntado de qué se trata?, ¿es para animar la Navidad de fechas cercanas?, ¿es un reclamo para el turismo?.



Como todo, tiene una explicación. Son esculturas del artista toledano Emilio de Mora, “dEMO”. Todas son de fibra de vidrio y de resina de poliéster. Tienen una altura máxima de 2 metros y están pintadas cada una de diferentes colores.


Con estas figuras, dEMO intenta “seducir al público con las formas, sin perder de vista que en la creación artística, la escultura no es un objeto. Sí, un interrogante – sigue diciendo – y un motor del pensamiento”. Le gusta exponer al aire libre, en la calle, “porque es donde se produce todo”.


Están colocadas en zonas estratégicas de la ciudad: en el paseo de la Explanada de España, en la Rambla de Méndez Núñez-calle Cándida Jiménez Gargallo, en la avenida Alfonso el Sabio y la de Constitución, en la plaza Calvo Sotelo-Avenida Doctor Gadea, en la plaza Séneca-con las calles Pintor Lorenzo Casanova-y Pintor Aparicio, en el paseo Canalejas, en la avenida Oscar Esplá, en el exterior de la Sala de Exposiciones Lonja de Pescado. No le digo que figura hay en cada sitio para que la descubran ustedes mismos.




Llaman la atención y se ven con claridad. Osos de hasta dos metros de altura, coches montados uno encima del otro, cerditos subidos sobre el lomo del otro hasta sumar tres, dos conos de helado, dos patitos. Bueno patitos en el mundo de Gullivert, ¿recuerdan la película “Los viajes de Gullivert”?, del escritor irlandés Jonathan Switt, llevada al cine en varias ocasiones, una de ellas por Disney.




Descubierto el misterio, ahora le toca visitarlas todas, si es su deseo, es un corto paseo mientras disfruta de la ciudad.

lunes, 27 de julio de 2020

Mi jardín secreto (My Secret Garden)



“Todos tenemos un jardín secreto”, dice el artista Arne Quinze para explicar la motivación para hacer las 6 esculturas que ahora se exponen al aire libre en el paseo del Muelle 2, cerca de las escaleras de la Reina, junto al puerto deportivo de Alicante y frente al paseo de la Explanada. Esta exposición al aire libre está hasta el 15 de septiembre.


Su imaginación es desmedida y por serlo representa en estas figuras, en esos colores, en esas curvas, lo que él ve en su jardín interior. Sus esculturas son de gran tamaño y llaman la atención del transeúnte que se acerca curioso a observar su obra. Son de aluminio, para doblar las diferentes partes de la escultura a veces usa una gran grúa porque es un material muy fuerte que se resiste a ser moldeado. Reivindica un mundo más verde, unas ciudades con más vegetación que las haga más hermosas y acogedoras. Se inspira en diversas representaciones de la naturaleza como la planta del altramuz y sus variables, de tallo recto que es típica del Mediterráneo, con colores con mucha vistosidad. Quinze manipula y transforma el metal para hacer que imiten troncos, hojas, pétalos y flores. Utiliza colores eléctricos para que interactúen la naturaleza con el urbanismo de la ciudad.



Con sus obras pretende concienciar a la gente en la necesaria protección de la naturaleza. Considera que esta está amenazada. Aboga para que la clase política se preocupe más por ella y ponga los medios para protegerla. Dice que aún estamos a tiempo de – entre todos – salvar al mundo.


Arne Quinze es belga (nació en 1971), actualmente vive cerca de Gante (Bélgica) y en los Ángeles en EEUU. Inició su carrera como un artista del grafitti. Desde entonces es partidario que las ciudades sean museos al aire libre. Su trabajo evolucionó del arte callejero al arte público. Sus esculturas se inspiran en temas como la interacción social, la urbanización y la diversidad.

Con su gigantesca construcción titulada Uchronia que levantó en el desierto de Nevada (EEUU) para el Festival Burning Man en 2006 demostró que puede coexistir cultura y naturaleza. Sus obras se exponen en París, Bruselas, Bombay, Beirut, Sao Paolo, Shanghái, Sao Paulo, Whashington D.C., …. Y ahora en Alicante.

lunes, 13 de abril de 2020

Ordoño II y la catedral de León



 La catedral de León es una de las catedrales góticas más bellas del mundo. Declarada Monumento Nacional en 1844, fue el primero que tuvo este reconocimiento en España. Es una joya por fuera y alberga bellos tesoros en su interior.

 Al entrar, impresiona ver la esbeltez de sus columnas y sus naves, su altura, su arte y sus vidrieras. Y si estas en sí son maravillosas, no lo es menos la multitud de rincones de la catedral que tienen su propia historia.

 En esta ocasión, es el trasaltar el protagonista de este artículo. Frente a la capilla de la Virgen Blanca, está el sepulcro de Ordoño II de León, y está aquí porque fue promotor de la primera catedral en el siglo X.

 Ordoño II, hijo del rey Alfonso III de Asturias, heredó el reinado de León cuando falleció su hermano Don García a finales del año 914. Ordoño II, que hasta ese momento era rey de Galicia, con su nuevo reinado trasladó la capital de su Corte de Oviedo a León. Con este rey, León que ya era una población importante con el apoyo de los reyes de Asturias, alcanzó gran esplendor teniendo murallas, monasterios, e importantes edificios civiles. Ordoño II dotó a León de sede episcopal. Además, era un punto estratégico extraordinario para las acciones de reconquista contra los moros en el resto de la península ibérica.

Con grandes éxitos militares, desbarató los planes de Abderramán III contra sus tierras, como cuando abortó la conquista del castillo de San Esteban de Gormaz, en la ribera del Duero, según se relata en el Chronicrom del historiador Sampiro. Este poderío contra el infiel se muestra en la parte baja del sepulcro de Ordoño II, por el lado derecho, en el que hay un guerrero con un gran escudo donde sólo figura el león. Los moros allí representados, y humillados, evocan los triunfos del reino de León liderados por este rey.

Al construir la catedral gótica de León en el siglo XIII se eligió un espacio singular para trasladar el enterramiento de este monarca a su nueva ubicación: el muro exterior de la capilla mayor, en la girola. 

Tallado en piedra de Boñar, como la mayoría de las esculturas de la catedral, el sepulcro representa dos épocas que se mezclan con armonía. La primera e inferior, que es la del enterramiento. La figura yacente, con un rostro bello sin barba, muestra al rey gozando de un sueño en paz, reposado y eterno. Lleva corona real, cetro, túnica y globo como símbolo imperial. Escoltado por leones, animal protector que representa la fuerza sagrada que extermina espíritus impuros. Una reja colocada en el siglo XX no permite la observación del sepulcro desde cerca. Las tres arquivoltas que lo cierran está decorado con castillos y leones, representativos de su reino, así como con hojas de parra en su parte central y laterales.

En el friso se representa el calvario y el descendimiento de la cruz. En el calvario, además de Cristo, destacan la Virgen María y San Juan, los dos ladrones, Longinos (el lancero) y Estéfanos (el portaesponja). La figura del crucificado es de tres clavos, de canon alargado, arqueado hacia el lado derecho y hacia adelante. Su tamaño resalta sobre las demás imágenes. La cabeza es bella, mantiene los ojos abiertos mirando al soldado que le clava la lanza. A su vez, destacan las figuras de la Virgen María y la de San Juan. María está con una actitud de orar, con las manos unidas. Igual que San Juan. Ambos tienen la mirada triste y compungida. En el descendimiento de la cruz aparecen la Virgen María, José de Arimatea, Jesucristo, el primer y segundo ayudante, San Juan y Nicomeno. Están todos, el escultor no ha excluido a ninguno de los personajes históricos que forman parte de esta escena en relación con la narración de los cuatro evangelistas. El crucificado ya tiene la mano derecha desclavada y flexionadas las piernas, mostrando la tensión del momento al desprenderle de la cruz. La Virgen María sostiene a su hijo muerto. Necesita la ayuda de José de Arimatea y de San Juan que abraza a Jesucristo por la cintura mientras Nicodemo desclava la mano izquierda. Y un soldado intenta desclavar el clavo de los pies. A pesar del tamaño de la escena, hay un gran realismo en las imágenes.

Encima, en el hueco del tímpano, está la escena de la Transfiguración de Cristo con dos ángeles arrodillados y dos personajes que podrían ser Moisés y Elías, ambos uno a cada lado. La figura de Cristo es frontal, con la bola del mundo en la mano izquierda y bendiciendo con la mano derecha. Esta representación representa la esperanza de la vida eterna después del dolor y de la muerte.

El resto del monumento corresponde al siglo XV con el fin de enriquecer la tumba y para decorar el muro construido para cerrar las arcadas centrales del ábside y tapar el hueco por donde se hubiera visto la parte trasera del retablo de Nicolás Francés instalado entre los años 1427 a 1434. Fueron añadidos los epitafios fúnebres, un doncel que los señalas, una cabeza de un obispo, el de una reina, de un monje y del rey de armas, además de San Pedro y San Pablo en ambos laterales. Los epitafios dicen así: “OMNIBUS EXEMPLUM SIT,..”: "Sea ejemplo para todos que el rey Ordoño dio este venerable templo, en el cual está enterrado él mismo piadoso [rey]. Hizo esta iglesia, la cual primeramente construyó para palacio real; y por amonestación de la Virgen resplandece con silla episcopal, y por ella brilla la ciudad de León. Roguemos, pues, a Dios que por su gracia le perdone. Amén”. “IS REX ALFONSI P(A)TRIS SUI VESTIGIO,..”: Este rey, siguiendo las huellas de su padre Alfonso, gobernó con prudencia y justicia el reino. Tomó Talavera, derrotó a los árabes en el campamento de San Esteban [de Gormaz], subyugó las provincias de Lusitania y Bética, hizo gran estrago en la tierra de árabes llamada Sincila [Sintilia, según Sampiro] y se apoderó de [la prefactura de] Nájera y Viguera, y a los ocho años y medio completos de reinado murió de enfermedad en Zamora. Era 932”.

 En la liturgia de la catedral se sigue recordando a Ordoño II. Actualmente, siguiendo la tradición, el Cabildo Catedralicio celebra anualmente en la misa de difuntos por el eterno descanso de este rey. Se pone en práctica lo mencionado en el Ceremonial de la Santa Iglesia Catedral de León. Esto tiene su origen en el compromiso capitular de 15 de marzo de 1299. Esta ceremonia termina con un responso delante del sepulcro al que se llega en procesión por los asistentes y celebrantes precedidos por la cruz y los cirios. Es un acto religioso de contenido histórico por lo que “todos los meses el Cabildo celebrará una misa por los benefactores (salvo durante la cuaresma y primera semana de Pascua), especialmente por el rey Ordoño II en su aniversario”.


Las fotos están hechas a principios de enero 2020 en un viaje a León con mi mujer.

domingo, 29 de diciembre de 2019

De tapeo por la plaza de las Flores, en Murcia.



Hay un sitio en Murcia que no puedes dejar de acudir si estás por su centro ciudad. A mí me produce una atracción especial: la plaza de las Flores. Ubicada junto a la plaza de San Pedro por un lado y la de Santa catalina por el otro. De siempre es un cruce de caminos dirección a Andalucía ó a Castilla, hacia al río Segura por el puente de los Peligros ó puente Viejo en dirección a Cartagena, así como hacia la catedral ó donde estuvo el Concejo en el mismo sitio donde antes se ubicaba el Alcázar Nasir ó Alcázar Mayor de la ciudad que se derribó para construir la actual Glorieta y el Ayuntamiento.



Esta plaza tuvo varios nombres antes del suyo actual. Se llamó “de las Carnicerías” porque ocupa el solar donde antes estuvo el inmueble de la Carnicería Mayor de Murcia (s. XVIII) parar vender carne en esta localidad. Posteriormente, el Ayuntamiento cambió su nombre (s. XX) por el de Pedro Díaz Cassou, abogado murciano y escritor costumbrista. Se terminó llamando “de las flores” porque estas se vendían en los alrededores del mencionado edificio de las Carnicerías y así llamaban a esta plaza las gentes del lugar aunque se denominara de otra manera. Como muchas otras veces, se impuso el sentido común y el sentir local.

Entonces como hoy se siguen vendiendo flores, aunque sólo sea desde un puesto fijo y, a veces, otros temporales. La floristería de Concha (desde 1943) da color y belleza a la plaza, por donde cada estación del año se ve reflejado en sus plantas y en sus flores.

El Ayuntamiento de Murcia instaló una fuente en medio de la plaza. El rumor del agua asemeja el de las acequias de la huerta murciana por donde corre el agua para regar los huertos de flores. En el borde del vaso en uno de los lados de la fuente, se sienta “la niña de las flores” del escultor José Fuentes Aynat. Fundición de bronce a la cera perdida, representa a una niña, a una mujer, que tiene sobre su regazo un ramo de flores y a sus pies dos palomas. Como las que hoy revolotean por toda la plaza.


Nos acercamos a esta plaza atraídos por el susurro del agua y aprovechamos para ir de tapeo, tan típico y tan cotidiano por estas calles estrechas y estas plazas peatonalizadas. Si hay una tapa que no puede faltar en Murcia y que tienes que probar, sin excusas, es la del pulpo al horno y esta tomamos en el restaurante “La tapa”, muy apropiado su nombre, claro que sí. Pero antes nuestra curiosidad nos lleva a visitar la iglesia y parroquia de San Pedro que se ve desde la plaza.


La iglesia de San Pedro tiene su origen en los primeros años de la reconquista. Se ubica sobre lo que fue una mezquita convertida en iglesia después de conquistada la ciudad por Jaime I de Aragón en febrero de 1265. La portada actual, con rasgos heredados del renacimiento adaptado al barroco, se terminó en 1612 y es de Diego de Ergueta. El templo es de una sola planta con capillas laterales. Destaca el retablo Mayor, de Nicolás de Rueda, que lo inició en 1765. Hay dos bellas imágenes de Francisco Salzillo: el Cristo de la Esperanza (1755) y otra de San Pedro arrepentido (1780), ambas procesionan por las calles de Murcia en Semana Santa. En el retablo vemos el escudo de la familia Saavedra que tenían el patronato de la capilla Mayor, además de la de Santa Elena, ambas en esta parroquia. En el retablo del lado derecho del crucero se ve a María Santísima de los Dolores (1756), también de Francisco Salzillo. En una capilla lateral hay una imagen de Santa Bárbara, de la primera etapa de este imaginero murciano. Esta iglesia es sede de la Pontificia, Real y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Esperanza, María Santísima de los Dolores y del Santo Celo por la Salvación de las almas, que desfila por la tarde noche del Domingo de Ramos murciano.



Esta plaza de las flores tiene otros encantos como alguno de sus edificios que la rodean, la miran y parece que la vigilan, como el edificio de Tejidos Abad ó del Río de la Plata, de estilo ecléptico (s. XIX) ó el edificio de la Librería Almeida.

Volveremos por estos bellos y tranquilos rincones de Murcia. Caminar conversando de esto y de aquello, y de lo más allá. No será por temas que ocupan nuestro intelecto en esta España plural a veces tan confusa y otras tan apasionada. Y buscaremos una taberna donde degustar algunas de las tapas murcianas, que son muchas.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

el héroe de Cascorro



El callejero español está lleno de reconocimientos, de situaciones, de detalles de nuestra historia cotidiana. Nombres de héroes, y quizá algún villano, escritores, militares, políticos, reyes, actrices, médicos, líderes, ….

Caminamos por la calle, por plazas y jardines, mientras descubrimos rotulados en las esquinas el nombre de aquél o de aquella que se hizo célebre por sus actos, por sus manifestaciones, por su liderazgo. En todos, mucho tiene que ver destacar sobre los demás en un momento concreto, a veces sin proponérselo, por casualidad o porque no había otro remedio.

En el callejero recordamos y reivindicamos sus quehaceres, sus hazañas, su manera de entender y compartir la vida.



Hay una plaza en Madrid que confunde por su nombre al protagonista de la estatua que está en su centro. Un soldado con fusil, una lata de gasolina y una cuerda. Sobre una peana, desde alto domina toda la plaza. Por su movimiento imaginamos a ese soldado enérgico, decidido, seguro de lo que va a hacer en ese momento, y lo era, tan trascendental que la muerte era una de sus opciones. La plaza de Cascorro es su nombre, pero no es Cascorro como se llama ese soldado. Cascorro es la batalla que lo hizo célebre. No en Madrid, sino mucho más lejos, aunque aquí es donde se le hace el reconocimiento, con esta plaza, también con una calle que lleva su nombre.

Cascorro es un pueblecito de Cuba, cerca de Puerto Príncipe, que dio nombre a una batalla. El 22 de septiembre de 1896, un destacamento español de infantería compuesto por 170 personas se encontraba sitiado por unos 3000 rebeldes cubanos que reivindican su independencia. Los españoles recibían fuego cruzado, en especial desde unas casas más elevadas que donde ellos se encontraban. Eran presa fácil y los heridos - cuando no lo muertos - aumentaban en la enfermería por momentos. Algo tenían que hacer ó morirían acribillados.

El 26 de septiembre de ese año la situación era crítica. Un soldado, hasta ese momento sin nombre y sin futuro, con una vida azarosa y presidiaria en Madrid donde conmutó una pena de insubordinación al alistarse como soldado para ir a la guerra de Cuba, se presentó voluntario para una acción muy arriesgada. Eloy Gonzalo García era su nombre, del regimiento de Infantería “María Cristina” nº 63 con base en Puerto Príncipe, en Cuba. Propuso hacer lo que podía ser una heroicidad ó una locura. Se acercaría de noche a la atalaya enemiga con una lata de gasolina para prenderle fuego. Un fusil y mucho arrojo eran sus mejores armas. Una cuerda atada en su cintura por un extremo, por el otro lo estaba a uno de sus compañeros en su trinchera, para que si moría en su acción, recuperaran su cuerpo y recibiera sepultura entre los suyos. Su hazaña fue un éxito, incluso volvió con su ejército por su propios medios sano y salvo para contarlo. Aquella atalaya quedó inservible y sus enemigos no pudieron volver a usarla contra ellos. Ganaron tiempo ante la perplejidad de sus adversarios, un tiempo determinante para salvar la vida. Fueron liberados de este cerco por el General Castellanos y su ejército venido de Puerto Príncipe.

Eloy Gonzalo consiguió más cosas que arrasar la atalaya desde donde los acribillaba el ejército rebelde, como subir la moral de la tropa y demostrar que era vencible ese ejército insurrecto.


Por su valor fue condecorado con la Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo. No pudo disfrutar mucho tiempo de su hazaña. Calló enfermo por disentería y falleció el 18 de junio de 1897 en Matanzas. Está enterrado en el cementerio de la Almudena en Madrid en el Mausoleo de héroes caídos en Cuba y Filipinas.

Eloy Gonzalo consiguió ganar esa batalla de Cascorro aunque después España perdió esa guerra después de conceder a Cuba la autonomía (5 febrero de 1897) que los cubanos no aceptaron - querían la independencia - animados por EEUU. Pero esta es otra historia.

En la plaza de Cascorro, en pleno rastro de Madrid, se honra a Eloy Gonzalo García. Esta estatua fue encargada en 1897 por el Gobierno de la Nación al escultor Aniceto Maninas. Está sobre un pedestal encargado al arquitecto José López Sallaberry. Este monumento fue inaugurado por el rey Alfonso XIII en 1902 en señal de agradecimiento y admiración por el heroismo de Eloy Gonzalo García.

viernes, 19 de abril de 2019

Descendimiento de la Cruz, en Parma



Unos trabajos arqueológicos en la catedral de Parma dieron con esta joya del románico italiano. Esta escultura fue parte del púlpito que se derribó por un cambio de criterio, de moda y de estética. Por uno de sus lados esta escultura tenía estos relieves, por otro - que es el que se veía - una estela de mármol liso de color rojo que se había reutilizado para la remodelación de la iglesia. Al quitar esta para una nueva obra se dieron cuenta que detrás estaba la escultura. ¿Se imaginan ver este relieve del púlpito derribado con todos los demás?, ¡¡ que maravilla sería admirarlos todos juntos !!.

Este “descendimiento de la Cruz”, también llamado “la deposición”, es una de las escenas más antiguas de la Pasión de Jesucristo. Se muestra el lado más humano del sufrimiento con la intención medieval de ser contenido didáctico para enseñar y formar al pueblo en los valores de la fe cristiana.


Algunos maestros canteros de entonces dejaban una letra, un dibujo, como marca de la autoría de su obra. Pero no se solía poner el nombre del autor. Este relieve es una excepción, en él hay una leyenda que dice quien fue su escultor y el año que esculpió este mármol: Benedetto Antelami, en 1178.

Antelami desborda creatividad y detallismo en esta escultura. La escena está enmarcada por una franja adamascada de ornamentos vegetales en niel. En un plano horizontal, la representación de este relieve se divide en tres grupos. En el central, Jesucristo ya fallecido es desclavado de la cruz por Nicodemo subido en una escalera y bajado de la cruz por José de Arimatea. Al lado, la Virgen María recoge la mano de su hijo fallecido, con la ayuda del arcángel Gabriel. Completa la escena de la parte central una representación de la Iglesia triunfante que sostiene el estandarte cruzado y el cáliz con la sangre de Jesús y, al otro lado, está la Sinagoga a la que el arcángel Rafael le ayuda a bajar la cabeza como gesto de derrota, humildad y reconocimiento a Jesús. 


A la derecha - vista de frente - hay dos niveles: un centurión seguido por unos soldados, quienes en un plano inferior se juegan a los dados las vestiduras de Jesús. Dos de los soldados señalan a Jesucristo manifestando que “verdaderamente es el hijo de Dios”. Sobre todos ellos, una representación humanizada de la luna haciendo referencia a las tinieblas que se produjeron después de la muerte de Jesús.

En la izquierda, se representa la visita de las tres Marías al sepulcro vacío (María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé), con San Juan, cuando Jesucristo ya ha resucitado. Encima de ellos se representa el sol en un clípeo humanizado que alude a la luz y la esperanza para los cristianos después de la resurrección.


Esta bella escultura de mármol se salvó de la piqueta de milagro, nunca mejor dicho, y gracias a esto hoy podemos admirarla en el transepto derecho de la catedral de Parma, destacado en sitio preferente. Y bien lo merece, como se puede observar en estas fotografías hechas con la cámara de mi móvil.

Claro que nada es mejor que mirarlo delante, de frente, observar los detalles, los relieves, leyendo las palabras grabadas en el mármol e imaginando la admiración de aquellos fieles del siglo XII que podían ver la vida de Jesucristo con representaciones artísticas como esta. Ellos no tenían otra forma, y nosotros teniéndola, nos quedamos prendamos como se quedarían aquellos admirando esta maravilla.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

El Tío Pep




En Muro de Alcoy hay una tradición popular muy arraigada: el reconocimiento al Tío Pep, que suponen de la Comarca de La Ribera, que fue a esta localidad a comprar una tartana y un burro. No fue a pueblos más grandes y seguramente más importantes por su número de habitantes, sus palacios ó sus negocios. Fue a Muro de Alcoy. De padres a hijos se ha ido transmitiendo esta historia y la canción popular que la cuenta. Un gesto sencillo cuyo protagonista forma parte de una de las señas de identidad de Muro de Alcoy.


Todo parece indicar que hace unos 300 años, nada menos, el Tío Pep fue a la Fireta de Sant Antoni a comprar una tartana y un burro. Esta feria era de ganado, entre otras cosas. Para recordar la visita del Tío Pep se escribió una canción de autor desconocido que se hizo popular,  con el título “el tío Pep se´n va a Muro”. Su letra en valenciano empieza diciendo “Una tartana y un burro, tío Pep (bis) / per anar a pasejar tio Pep, tío Pep, tío Pep. / El tío Pep ja té el burro, tío Pep (bis) / que molt diners li ha costat, tío Pep. / ...


El Ayuntamiento de Muro de Alcoy quiso hacer un homenaje al Tío Pep en el año 2002 por la publicidad que la melodía de la canción ha hecho de Muro de Alcoy contando la adquisición del Tío Pep. Y lo hizo con la inauguración de una escultura de bronce a tamaño natural en el Parque que lleva su nombre. Bien alto se supone era el hombre, con más de dos metros de altura. Esta escultura es diseñada por el escultor local Miguel Payá Sanchís y elaborado por el artista de Carlet jaume Espí, siendo Rafael Climent Alcalde de esta localidad por el Bloc Nacionalista.


Ahí está el Tío Pep para siempre. Para recodar que un día vino a Muro de Alcoy a comprar una tartana y un burro. Para rememorar su historia con una canción que se hizo popular en toda la Comunidad Valenciana. Para disfrute de todo aquél que se acerque a mirar a esta escultura y susurrarle al oído al Tío Pep lo famoso que le hizo una canción que se canta y que se baila en todas las fiestas populares de la zona.

domingo, 25 de febrero de 2018

"La Mariposa"




Una gran mariposa, un gran rostro, se han instalado en uno de los paseos más bellos de España, la Explanada, fachada marítima de la ciudad de Alicante junto con su paseo marítimo.

Es una gran escultura de Manolo Valdés (Valencia 1942). Desde su estilo personal, en esta obra Valdés conjuga el diálogo de la historia del arte – el rostro de la escultura está basado en la pintura de Matisse – y la apropiación de objetos de la vida cotidiana.







Esta escultura tiene el nombre de “La mariposa”. Para esculpirla Valdés dice que se fijó en una mariposa que revoloteaba sobre la cabeza de una mujer en el Central Park de Nueva York.

“La mariposa” ha participado previamente en otra exposición al aire libre en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, que conté en este blog. En esa exposición la Fundación Hortensia Herrero ofreció una escultura de las expuestas para la ciudad de Valencia que se eligió por votación popular. Ahora, dicha Fundación dona a la ciudad de Alicante a “La mariposa”.




Esta escultura está ubicada en uno de los paseos más emblemáticos de la ciudad de Alicante a instancias del Ayuntamiento, paso obligado de manifestaciones de todo tipo: procesiones de Semana Santa y desfiles de las Hogueras de San Juan, Moros y Cristianos, Gigantes y Cabezudos, etc, que ha provocado no pocas críticas por interrumpir su paso total ó parcial. Muchos otros critican que corta la perspectiva de la intersección entre la Explanada y la Rambla, una gran avenida muy transitada por personas y vehículos con emblemáticos edificios en ambos lados de sus aceras.

Ante estas quejas, desde el Ayuntamiento de Alicante se ha divulgado un comunicado diciendo que esta ubicación es temporal y que se está buscando una nueva más acorde con el tamaño, el espacio y la perspectiva que esta escultura necesita para estar felizmente instalada.

Las esculturas de Manolo Valdés se exponen en diversas partes del mundo, así en París, Singapur, en los castillos del Valle del Loira, Dusseldorf, Nueva York, Boston, San Petersburgo, Madrid, Bilbao, ….. Y ahora en Alicante.

lunes, 22 de enero de 2018

sobre la crítica



En el centro de la ciudad, junto a las oficinas municipales del Ayuntamiento de Elche. Un grupo escultórico. "Sobre la crítica", es su título. Joan Ramón García Castejón, su autor.

Caminando, observamos cómo un grupo de adultos se acercan curiosos mirando la escultura. Se preguntan su significado, no entienden que representa. Cada uno da su opinión, aunque ninguno acierta. Les acompañan sus hijos, niños y adolescentes. Los más jóvenes enseguida interpretan la escultura. Ven a cuatro personas (de bronce de tamaño natural) mirar un cuadro. Graciosos, se aturullan dando su opinión, cuál más elocuente, según lo que ve cada uno. Un paisaje, un barco en medio del mar, un grupo de niños jugando en el parque, un caballo recorrer veloz la pradera, ... Destacan la intensidad de los colores, el realismo de la imagen. Y todo, pura imaginación, con el espíritu libre de una edad temprana.


Aciertan. Y opinan. Como el crítico de arte, el entendido, el aficionado, todos quieren dar su interpretación de la obra. Quien no. Da pie entre latinos a opinar y faltará tiempo para poner término a esa conversación.

Este grupo escultórico es un homenaje al crítico, al espectador y, sobre todo, al pintor, al artista, que explora con su arte lo que quiere mostrar a la sociedad. Primero lo dibuja en un lienzo, lo colorea y se lo imagina en bronce. Después le da vida. En esta escultura el foco de atención es el cuadro donde se dirigen todas las miradas.


Se preguntan por su autor. Joan Castejón (nombre artístico). Es un escultor nacido de la naturaleza. Quien lo iba a decir… “Mi familia vivía en una masía en la montaña. Bajábamos a Elche a ver las fiestas, por Semana Santa. Cuando regresaba cogía barro de las acequias y modelaba figuras parecidas a las que había visto en la procesión. Ese fue mi comienzo”. Su madre las cocía en el horno junto al pan. Era un niño, hacía las cosas que le nacían de dentro, sin darle importancia. Lo que fue un juego, un entretenimiento, resultó ser algo más, un pasatiempo que llenaba su imaginación y plasmaba de dibujos las paredes de la casa y del corral que luego modelaba en barro.


“Me crié entre las montañas en un mundo inculto y muy agreste hasta los 9 años cuando me trasladé a Elche con mi familia. Allí pude asistir al colegio durante aproximadamente año y medio…”. Con esta edad hace su primera exposición con una figurillas de barro, “a los 12 años soy un pintor dominguero”. Su vocación le hace olvidarse de esos años difíciles de la postguerra y empeñarse en lo que le gusta. Viaja a Valencia. Asistió a clases como oyente y se fue haciendo así mismo sin empaparse de las modas del momento. A los 12 años visitó por primera vez el Museo del Prado. Le impresionaron Velázquez y Goya. Con 20 años (1966) en Valencia se siente realizado como pintor y expone en la Galería Mateu con éxito. A partir de aquí en adelante no para de crear, ni siquiera cuando estuvo entre rejas por sus ideas políticas antifranquistas (1967-69 y 1970) donde hizo más de dos mil dibujos de los que 400 eran retratos. En libertad, expone por toda España: Las Palmas, Barcelona, Alicante, …


Ahora dibuja como si moldeara… Interpreta la realidad. Y son sus figuras las que invitan al espectador a imaginar lo que ve, a dar su versión de los hechos, a opinar porque todo queda dicho en la escultura, sólo hace falta fijarse e imaginar su significado. 

jueves, 10 de agosto de 2017

Exposición de esculturas monumentales en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.



En un marco espectacular, en el lago sur del estanque principal de la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia, entre sus aguas cristalinas, se exponen 6 esculturas monumentales de valenciano Manolo Valdés.

Con títulos como “la pamela”, “la mariposa”, los aretes”, la diadema”, la doble imagen” y “mariposas”, están expuestas hasta el 10 de diciembre de 2017. Una de ellas se quedará en la ciudad elegida por voluntad popular a través de diversas urnas distribuidas por dicha Ciudad de las Artes y las Ciencias. Una vez elegida, será donada a la ciudad por la Fundación Hortensia Herrero que es quien ha impulsado esta exposición. Esta Fundación nació en el 2012 con el objetivo de recuperar, desarrollar y compartir la sensibilidad artística y cultural de la Comunidad Valenciana. Con anterioridad a esta exposición, estas esculturas han estado expuestas en la Place Vendome de París.

Manolo Valdés nació en Valencia en 1942. Es uno de los fundadores del grupo artístico Equipo Crónica en 1964. Desde 1981 realiza su carrera en solitario con un estilo propio aunque dando continuidad al diálogo con la historia del arte del Equipo Crónica. Mundialmente conocido, Manolo Valdés expone en importantes museos como el Metropolitan de Nueva York ó el Centro Pompidou de París.

La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia bien merece una visita y esta exposición al aire libre de estas esculturas monumentales es la excusa perfecta para hacerla, si una u otra necesitara esta carta de presentación porque se publicitan solas.


martes, 12 de abril de 2011

el Altar de Pérgamo


Si este altar no es un templo sino el altar de un templo, ¡cómo sería el templo!. Estamos delante del Altar de Pérgamo. Formaba parte de un monumento religioso de la época helenística, construido originariamente en la acrópolis de Pérgamo en el reinado de Eumenes II (197-159 a de C).
 
Sus grandes frisos representan una Gigantomaquia (episodio de la mitología griega que sigue a la Titanomaquia. Zeus había encerrado a los Titanes en el Tártaro. Gea, su abuela, madre de Cronos y Rea, se enfadó y le declaró la guerra a los dioses olímpicos, enviando a sus hijos, los gigantes, al combate) y la historia de Télefo ( en una batalla contra los aqueos fue herido por Aquiles. Pasaban los años y la herida no curaba. El oráculo, consultado por Télefo, le indicó que su herida sólo sanaría si se la curaba quien se la hizo. Por esto, acudió a Áulide, donde estaban reunidos los guerreros aqueos. Disfrazado de mendigo, Aquiles lo curó. A cambio, Télefo indicó a los aqueos el rumbo adecuado para llegar y conquistar Troya). Este altar es una de las obras maestras de la escultura griega antigua.

Es espectacular, una construcción colosal alzada sobre un podio. Tiene una altura de 2,30 m y 113 m de longitud. Fue descubierto por el ingeniero alemán Carl Humann en 1871. Por el acuerdo de 1879 entre Alemania y el Imperio Otomano fue transportado y reconstruido en Berlín. Podemos disfrutar de él en el Museo de Pérgamo (inaugurado en 1930) en la isla de los museos de esta ciudad, en el centro de Berlín.

viernes, 6 de agosto de 2010

Papá, quiero un pez

 

Con las primeras luces del día después del amanecer. Caminando por la orilla del mar a primera hora de la mañana cuando en la playa solo hay caminantes y escasos bañistas. Mi hijo Carlos y yo. Entre las aguas transparentes, pequeñitos pececillos. Veloces, inquietos, traviesos, corretean entre nuestros pies. Y Carlos, travieso como ellos,  me dice: “Papá, quiero un pez. Quiero coger uno de estos peces”. Mal lo tiene, incluso con una red.

Si supiera que hay un gran pez varado en el lecho del rio Segura a su paso por Murcia Capital … Si, amigos. No es un cuento. Permitirme que os lo narre desde el principio.

Caminando, esta vez por las calles tranquilas y estrechas alrededor de la Catedral de Murcia, oí un tumulto. Mi curiosidad llamó mi atención en esta hora temprana de la tarde, hora veraniega de la siesta para quien pudiera disfrutarla. Un orador entre un pequeño grupo de personas. Tantos gritos, tantos murmullos, llamaron la atención de muchos curiosos como yo. Lo que decía era poco creíble, más parecía una broma. Su cara no parecía manifestar nada serio, pero convencía a su auditorio. Les seguí a cierta distancia, mientras una mujer, policía municipal, informaba por radio de lo que estaba pasando, mas cerca de mi que de ellos. Su mirada también era de incredulidad. Cada paso, cada espacio de calle recorrida, el grupo que seguía al orador iba aumentando por momentos. Más parecía una manifestación de sindicalistas que de curiosos. Cruzando el rio, desde uno de sus puentes, junto al Parador del Rey, todos mirando por todas partes. El que llevaba la voz cantante señaló en una dirección. “Ahí está, grande  e inmóvil. “¿Donde está?”, gritaban algunos. Y efectivamente. Un enorme pez, del que le sobresalía del agua la cabeza y su larga cola, estaba inmóvil sobre el lecho del rio Segura. Y no podía ser de otra manera porque el pez es de bronce. El orador sonreía de oreja a oreja. Algunos le miraban y le gritaban insultándole porque se consideraban burlados. El conflicto no pasó a mayores por la presencia de la policía municipal. En fin, hay gente para todo.

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