domingo, 27 de marzo de 2022

El Salt de Alcoy

 


Ubicado en el monte El Castellar, buscamos el salto natural del río Barxell. Este se lanza al vacío en una caída libre de unos 70 metros cuando su cauce no encuentra lecho por el que recorrer con su agua. Es la cascada más impresionante y alta de la provincia de Alicante, un alarde de la naturaleza.


Vamos en su busca por la Vía Verde de Alcoy, esa que recorre el trazado del tren que desde esta localidad quiso llegar a Alicante (y a la inversa) y que por intereses de unos y el desinterés de otros se quedó en nada. En vez de vías del tren, ahora queda el camino por donde debieran haberlas instalado, convirtiéndose en una ruta de senderismo de gran belleza que recorre túneles, viaductos, en un paraje montañoso de singular belleza.




Pero hoy nuestro destino no es la Vía Verde. Nos valemos de ella para visitar el Salt de Alcoy. Nos habían hablado muchas veces de él, llamándonos la atención que hay que ir después de cuantiosas lluvias, sean estas torrenciales o continuadas, como lo son la de las últimas semanas.


Iniciamos la Vía Verde, chispeando. Pronto nos encontramos con un túnel. Este y los siguientes suelen estar iluminados. Después del túnel encontramos un viaducto. Ya escuchamos el agua del Salt, pero no lo vemos porque lo tapa la niebla. Y del riachuelo, que está abajo al pasar por uno de los ojos del puente. Antes de atravesarlo hay un sendero a la derecha junto a una fuente. Unos senderistas nos advierten que hay mucho barro, peligroso y deslizante. Caminamos hacia dentro camino del salto de agua. Nos vuelven a advertir de la dificultad de las subidas, son pistas deslizantes. Nos acercamos al Salt por bancales. Se abre la niebla. Es impresionante.






Nos hablan de otro camino que lleva a los pies donde rompe la cascada contra las rocas. Volvemos hasta la fuente y desde allí buscamos ese nuevo sendero. Lo encontramos después de atravesar el viaducto y antes de caminar por el segundo túnel. Nos adentramos por el bosque por un sendero a la derecha. También hay mucho barro, con tramos incluso peligrosos y con desprendimiento de piedras. El ruido de la cascada cada vez está más cerca. La vemos entre las copas de los pinos. Es espectacular, como también lo es estar a los pies de donde rompe el agua al chocar con las rocas del nuevo cauce del río que se forma al caer el agua desde arriba.





Es un espectáculo de la naturaleza, una demostración de fuerza y de libertad, de hacer lo que quiere sin que nadie pueda impedírselo, ¿Y por qué iban a hacerlo? Es precioso y por serlo merece la pena ir a verlo de lejos o de cerca, como quiera, siempre siendo prudente y responsable, para disfrutar de la ruta.





Se preguntará como llegar. Seguidamente se lo indico. Tiene que ir al barrio de Batoi en Alcoy cerca de la carretera que lleva a Bañeres de Mariola. Un sitio donde podría aparcar el coche es cerca del parque de la calle Montduber. Desde allí empieza la Vía Parque que lleva al Salt de Alcoy. Verá unos paneles explicativos y una pequeña área de descanso con mesas y una fuente donde comer al aire libre. Desde aquí empezamos a caminar El recorrido completo accediendo al Salt por el de la fuente mencionada son unos 3 kms ida y vuelta.


Le dejó aquí un recorrido de esta ruta en wikiloc , en este enlace

Castillo de Penella

 


Entre Alcoy y Benilloba, por la carretera CV-70 atravesamos la Partida de Penella. En medio de bancales de almendros y olivos, se alza un castillo en un peñón calizo de paredes verticales por su cara norte. En un alarde de ingeniería y equilibrio. Tiene el mismo nombre que donde se ubica: Penella.


Se construyó en el siglo XIII, nada menos. En 1272 el Rey Jaime I concedió a Guillem Ponç de Villafranca las alquerías de Penella y Forminyán y le autorizó a construir un castillo. Eligió un sitio singular. Su origen fue defensivo y un símbolo del poder feudal.



Se ve desde otras fortificaciones de la zona y se asoma al campo de Concentaina, población que está a unos siete kilómetros. Pequeño, de planta irregular, está formado por una torre alargada y esbelta con edificios a su alrededor y un aljibe. La torre es de planta cuadrada, de cuatro metros de lado y doce de altura.


Fue restaurado para consolidar sus muros (2003-2006), pero no reconstruido lo que es de agradecer porque podrían haberle quitado ese encanto que aún le queda de castillo alto y altivo que con su torre parece que escala el cielo para tener más protagonismo y visibilidad desde su parte más alta.




Todo su entorno se ha vallado. Para acceder a él hay que hacerlo por una puerta metálica cerrada por un candado. La llave de este hay que pedirla a la Policía Local del Ayuntamiento de Concentaina, presentando el DNI. Numerosos escalones metálicos nos acercan a las murallas y nos llevan a la entrada de la torre.




Es arquitectura defensiva medieval y como tal se le nombró Bien de Interés Cultural (BIC).

 

Datos de contacto para acceder al castillo: teléfono nº 965590159 o mandando un correo electrónico a concentaina@tourisinfo.net

domingo, 20 de marzo de 2022

El Salt de Benilloba

 


Nuestro destino de la ruta senderista de hoy es el Salt de Benilloba, no tanto por caminar al aire libre sino por visitar una de las rutas del agua más espectaculares del interior montañoso de la provincia de Alicante.


El agua busca su camino y lo encuentra. Ya sea por escarpados barrancos o por rectas llanuras. Su ímpetu, su fuerza y su destino se unen para abrirse paso entre la maleza o entre las rocas.


En este caso, el agua del río Penáguila se abre paso por un desfiladero modelando las rocas a su antojo durante siglos. Enclavado en un entorno natural extraordinario la ruta se complementa con un enorme caserón donde había un molino que aprovechaba la fuerza del agua del río para moler trigo (por esto se llama también la ruta de els Molins del Salt de Benilloba). Posteriormente, lo sustituyó y se instaló allí una pequeña central eléctrica para elaborar electricidad.


El espectáculo que veremos con el Salt es gracias a las continuas lluvias de los últimos días. Por ellas, el río va con mucha agua y salta de arriba abajo unos 20 metros formando una catarata ruidosa y espectacular cuya agua continua después por un riachuelo.


Nos dirigimos al Salt desde el pueblo de Benilloba. Al llegar a este por la carretera CV-70 cogemos la avenida de Alcoi que nos llevará a la plaça LÒmet, el carrer Sant Josep, carrer Les Forgest, el camino a Concentaina y a la derecha un camino rural asfaltado precedido por un poste y flecha que indica el Salt de Benilloba.




En un corto periodo de tiempo nos encontraremos a la derecha con un parquing donde dejar el coche.  Un panel nos anuncia el inicio de la ruta. Nos adentramos por un paraje montañoso y un sendero con barandillas de madera. Un puente de piedra cruza el barranco donde en su base corre el río veloz y ruidoso.




Entre campos de almendros y de olivos nos encontramos a la izquierda con unos escalones hechos por el hombre junto a una valla de maderos redondos. Hay poco más de medio centenar de escalones. Después de estos, un sendero de tierra nos acerca al río. Al iniciarlo vemos otros escalones más deteriorados que bajaban al molino. Antes se podía entrar a sus instalaciones, pero como está en ruinas ese acceso está cortado con señales de prohibido pasar.




El ruido del río nos anuncia el salto de agua. Por su sonido tiene que estar echando mucha cantidad. Y así es. Cuando llegamos a la vera del río y miramos a nuestra derecha, el salto de agua es espectacular por su abundancia. Nos quedamos observando sin palabras ante esta manifestación de la naturaleza. El salto se lleva todas las miradas. Y hacia él miramos lo que queda del molino y de la central eléctrica que, efectivamente, está muy cerca de la orilla del río para recibir toda su fuerza cuando aquí se molía el trigo o se producía electricidad.




Unos datos de ellos. El molino de trigo es de 1760. Posteriormente, en 1889 fue reconvertido en central hidroeléctrica – conocida como la Fábrica de la Llum -para abastecer de luz a Benilloba.


Es una ruta sencilla a la que puedes ir con toda la familia. Y si el tiempo lo permite, comer al aire libre en el merendero de ocho mesas que hay junto al río, muy cerca del aparcamiento de coches.




Nosotros comemos en el bar cafetería El Casino, en la plaza de la Fuente, unas tapas sabrosas y bien servidas. Entre semana sirven platos de cuchara, entre ellas la famosa olleta de blat. Durante la comida comentamos lo mucho y bueno que nos ha impresionado el Salt de Benilloba que es como lo llaman por esta tierra valenciano parlante.

 




Cómo llegar al parquing del Salt de Benilloba, en este enlace Si el río va con mucha agua, no podrás acceder desde la carretera Benilloba-Concentaina porque es peligroso y tendrás que hacerlo desde el pueblo que es lo que hemos hecho nosotros.

sábado, 19 de marzo de 2022

El Christian Radich en el puerto de Alicante

 


El Christian Radich destaca por su elegancia, se le mire por donde se le mire. En el mar. En el muelle. En esta ocasión visita el puerto de Alicante por una parada técnica.


Este velero es propiedad de la Fundación de nombre The Christian Radich Sail Training Foundation. Fue construido por el mecenazgo de la persona que lleva su nombre en la popa. Es un buque escuela noruego en crucero de instrucción con personal civil. Sus cadetes serán los futuros oficiales de la Marina Mercante de su país.


Desde que se puso en servicio en 1937 más de quince mil jóvenes han navegado a bordo de este velero. Tiene 18 tripulantes y puede alojar a 88 alumnos cadetes o pasajeros, según los casos.




Tiene 62,50 metros de eslora, 73 metros incluido el bauprés, 9,70 metros de manga y 4,7 metros de calado máximo, con un desplazamiento de 1.050 toneladas a plena carga y con 1.234 metros cuadrados de superficie velica. Con todo el aparejo desplegado y viento favorable puede alcanzar una velocidad de 14 nudos, aunque su récord lo tiene en 41 nudos durante tres horas en su primer viaje de regreso de EEUU en 1939.




Es un velero con muchas vicisitudes. Su cuaderno de bitácoras está lleno de acontecimientos. Fue intervenido por la Marina de Guerra Noruega cuando estalló la II Guerra Mundial para usarlo como alojamiento de oficiales. Cuando Hitler invadió Noruega (1940) este velero fue requisado y usado como depósito flotante para avituallamiento y suministro de submarinos. Después fue llevado a Alemania y usado como buque de entrenamiento. Cuando los aliados bombardearon Frensburgo (1945) fue alcanzado por una bomba por lo que se hundió parcialmente sobresaliendo del agua sólo su arboladura. Fue reflotado en 1947 y devuelto a Noruega. Después de su reconstrucción volvió a la mar con todo su esplendor.


Este velero fue protagonista en la película “El martillo del viento” en 1958. A su vez, participó en los actos del 4 de julio de 1976, que celebraban el Bicentenario de la Fundación de EEUU, junto a otros veleros y embarcaciones a motor en una parada naval en la bahía de Nueva YorK. En 1992 fue uno de los grandes veleros que compitió en la regata del Quinto Centenario del Descubrimiento de América. Es un velero muy rápido y pudo demostrarlo en la Regata de 1992 citada en la que llegó el primero, con el mejor tiempo medio, de un total de 67 embarcaciones.




Estos veleros de altos mástiles rememoran aquellos años cuando eran los únicos buques de pasajeros y/o mercancías que recorrían los mares. Posteriormente llegaron los barcos a motor y el mar se llenó de buques con otro perfil. Se perdió esa magia de los legendarios bergantines y goletas que navegaban sólo por la fuerza del viento.

La Torre de la Horadada

 


En uno de esos pocos días en los que el sol se oculta en la costa mediterránea y da protagonismo a las nubes, visitamos la Torre de la Horadada. Un día que además hay polvo suspendido del Sáhara que da un color marrón a la luz. Frente a la Torre, el mar es un espectáculo. El mar revoltoso y travieso juega con el viento y las olas cuando se acerca a la costa.


La Torre se distingue por su ubicación para dar sentido a su destino originario: ser vigía ante de la llegada de embarcaciones enemigas que asolaran estas tierras para desgracia de sus habitantes. Y por serlo, destaca por su tamaño, por su redondez, por su altura, por su capacidad de albergar tropa.


Las torres vigía se construyeron en la costa mediterránea española a partir del siglo XVI. Eran construcciones militares para vigilar el horizonte del mar y dar aviso de la existencia de barcos de los piratas berberiscos que asolaban estas tierras. Alertaban de su presencia para que los pobladores de esta costa se preparasen para la guerra y protegiesen sus bienes. El peligro era que desembarcaran en la costa para asolar y saquear las poblaciones que encontraran a su paso, fueran asentamientos urbanos o rurales. No tenía freno con nada ni con nadie, esa era su avaricia.




Fue el Rey Carlos I quien ideó este sistema defensivo a través de torres vigía en la costa mediterránea, aunque fue su hijo el Rey Felipe II quien construyó la mayor parte de ellas durante su reinado.


En 1568 Felipe II encargó a su consejero Vespasiano Gonzaga que inspeccionara la costa y elaborara un proyecto para la construcción de las fortificaciones del Reino de Valencia. Para esta tarea le acompañó Juan Bautista Antonelli, prestigioso ingeniero militar. Fue el que proyectó esta Torre. De planta circular, gruesos muros, con alzado de forma de talud de tal manera que los muros son más anchos en su base y van disminuyendo progresivamente hacia arriba hasta la parte superior.


En 1591 comenzó la construcción de esta Torre cuyos trabajos fueron dirigidos por Cristóbal Antonelli. Tenía dos pisos para servir como alojamiento de la tropa, para almacén del armamento y munición, así como para los víveres. Una escalera de piedra comunicaba los pisos y daba acceso a la azotea donde estaba la garita desde donde se vigilaba la costa. Se entraba a la Torre por una puerta situada a mucha altura desde el suelo a la que se le añadía desde dentro una escalera para acceder a ella.



Desde la torre se vigilaba la costa por varios soldados. Si avistaban naves enemigas en el horizonte, se comunicaban con las torres vigía más cercanas mediante fuego, columnas de humo, toques de campana o a cañonazos. A su vez, había un oficial a caballo que recorría la costa para vigilar aquellas zonas que no se podían ver desde la torre. Cuando este comunicaba a la Torre que no había desembarcado el enemigo aprovechando la oscuridad de la noche, se indicaba con una señal desde lo alto de la misma a labradores, pescadores y demás habitantes de la zona para que continuaran con sus labores cotidianas.


Con el reinado de Carlos III se restauraron algunas de estas torres vigía utilizando como comunicación el telégrafo de banderas, sistema que se usó hasta mediados del siglo XIX.


A finales de ese siglo la Reina Isabel II vendió esta Torre en pública subasta. La compró Enrique Fulgencio Fuster y López, Conde de Roche. Fue quien construyó en 1884 la casa adosada como residencia de verano.




A partir de 1995, la Torre Vigía de la Horadada está inscrita en el Registro General de Bienes de Interés Cultural del Patrimonio Histórico Español.

Por la titularidad de su propietario la playa que está a los pies de la Torre se llama de la del Conde. Esta ya no se usa como vigía, pero sigue estando en un lugar privilegiado, con el puerto deportivo a su estribor y la playa a su babor mirando al mar de frente. Ese mar que le dio sentido y al que acompaña todos los días desde su atalaya.


Para saber dónde está la Torre de la Horadada, pincha este enlace

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