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domingo, 1 de octubre de 2023

¿Se acabó el verano?


 Desde la playa de la Almadraba en Alicante


Se acabó el verano. Al menos eso dice el calendario, que así ocurre desde el 23 de septiembre, que empieza el otoño. Pero con el cambio climático, no es así. Al menos este año no lo es. Sin ir más lejos, esta mañana (1 de octubre) mi mujer y yo nos hemos bañado en la playa Muchavista en Campello, continuación de la emblemática playa de San Juan en el término municipal de Alicante. El agua estaba cristalina, transparente y fresca, pero no helada. Se agradece, que este verano pasado el mar estaba demasiado caliente. Quizá haya sido por el veranillo de San Miguel (29 de septiembre), antes de entrar de lleno a esa nueva estación.


Las playas ven pasar a los que se bañan en sus aguas, sean del lugar o turistas de paso, como ven que se despiden de ellas buena parte de las embarcaciones sin motor que surcan el mar desde su orilla. Las barcas a pedales ya se han recogido. Y las tablas de paddle surf. También la mayoría de las tumbonas y sombrillas de alquiler. Ya no pasan aquellos que venden refrescos frescos que pasean por la playa en sus neveras. Hace menos calor y cae la demanda. También casi han desaparecido los senegaleses que venden sombreros, esterillas, toallas, a los bañistas cuando estos están tostándose al sol en la arena. Ya no están los gorrillas que ayudan a aparcar en descampados cuando no encuentras aparcamiento en otro lugar, una vez estacionado pasan su gorrilla para que le des una propina. Hay mucho más aparcamiento que hace unas semanas. Todo muda, poco a poco, a la nueva estación.


Sin embrago, el tiempo se resiste a cambiar y la playa sigue con gente que van a disfrutar de un día al aire libre. Se supone que quedan pocos para poder estar en bañador cerca de la orilla, pero mientras esto ocurre, lo que va por delante va por delante, y hay que aprovechar al máximo esta oportunidad que nos da la naturaleza de disfrutar de este entorno costero tan extraordinario.


Que el verano que viene no está a la vuelta de la esquina, como quien dice. Ha de pasar casi un año hasta disfrutar de un nuevo verano cerca del mar. Pero nos consolamos. Hay otras distracciones bordeando la costa o tierra adentro, que no será por aburrirnos, ya le dio yo que no, hasta que llegue un nuevo verano.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Alicante es un paraíso, aún trabajando




Alicante es un paraíso, aún trabajando. Ya ven, no se me nota nada que soy alicantino de la cabeza a los pies, ¿a que no?. Pero es cierto, de verdad. Haga sol, llueva, caigan chuzos del cielo, callejear por Alicante ó reunirte alrededor de una mesa a disfrutar viandas de la tierra es una oportunidad que tenemos que aprovechar aunque sea en horas lectivas de trabajo. Comer hay que comer, sea en un sitio o en otro. Mejor si eliges y aciertas.

Hace unos días, no muchos, con nubes y claros, uno de esos tristones, con menos luz que de costumbre, esa luz inmaculada que caracteriza a la ciudad, con un poco más de fresco que lo habitual en los días anteriores de otoño, nos reunimos un grupo de amigos alrededor del protagonista de la ciudad en la cocina: el arroz. En el restaurante Terra, de Alicante, un arroz contundente de embutidos. El olor sólo ya es puro alimento. El sabor, espectacular. Que os voy a decir yo si nací en Alicante a orillas del Mediterráneo. Una copa de vino tinto Mo Salinas Monastrel  D.O. Alicante, de un rojo intenso, en boca es suave, se deja querer y acompaña bien a este arroz.


El café, al aire libre, mirando al mar, cerca de las olas que a esa hora acarician la costa produciendo una melodía relajante. Ha sido un acierto continuar la reunión en otro entorno fuera del restaurante.

Delante de nosotros pasan turistas que hablan idiomas distintos, andando ó en bici, ligeros de ropa, … Aunque vayan a la playa, resfriado seguro pienso yo que soy muy friolero.





Queremos arreglar el mundo pero tendremos también que arreglar nuestro entorno más cercano. Y la mejor manera de hacerlo es no descuidar nuestro trabajo cotidiano, que es lo que nos permite hacer otras cosas.

La tarde declina. La luz se está apagando poco a poco, muy poco a poco. Algunos tonos rojos en las nubes presagian una jornada ventosa para el día siguiente. Nosotros continuamos con este que aún quedan horas para sacarle jugo a la tarde. 

Repetiremos porque ratos tan buenos son los que suman y los que hacen grande estos momentos tan efímeros.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

efectos luminosos vespertinos en el segundo día de Navidad


El segundo día de Navidad nos ha regalado estos hermosos efectos luminosos previos al atardecer. Unos rayos de sol se escaparon entre las nubes vistiendo de oro e inundando de luz las montañas y las poblaciones costeras de Campello, Villajoyosa y Benidorm.



Y luego, con las últimas luces del día, ensombreciéndose el horizonte, la costa, las montañas, los pueblos, se recortan sobre el mar como un belén. Sobresaliendo las curvas de las sierras, las casitas blanquecinas de las poblaciones, el color de la tierra, unas nubes algodonosas sueltas que no quieren despedir el día, la espuma en la orilla de las últimas olas, ...


Y todo con el mar en reposo y un ligero viento de poniente que peina este Mediterráneo luminoso de finales de año desde la playa Muchavista en Campello.

domingo, 7 de septiembre de 2014

con un libro bajo el brazo allí donde te encuentres


Una de las cosas que nos diferencia a los humanos de los animales es nuestra capacidad de comunicarnos con la palabra. La comunicación pasó de ser sólo por gestos ó por sonidos a manifestaciones escritas. Desde antiguo conocemos diversas maneras de expresar por escrito la vida cotidiana. Esta expresión más gráfica quizá sea la egipcia. Mucho después, la recogida por los monjes en la soledad y el silencio de sus monasterios haciendo verdaderas obras de arte con la expresión escrita y dibujos de bellos colores. Todo esto ha ido evolucionando hasta nuestros días, desde la invención de la imprenta a la actual era digital que pone en peligro esta manera de contar la historia, la filosofía, la política, la vida cotidiana.

Nuestros antepasados nos han dejado un legado escrito de enorme importancia. Bibliotecas llenas de sabiduría que perdurarán siempre.

Esta manera de expresarnos por escrito nos ha dado grandes momentos a través de la literatura. Libros de ficción, ensayos, biografías, etc, nos han invitado a envolvernos en un mundo que seguramente no es el nuestro, a recorrer territorios ajenos, a vivir aventuras insospechadas, a empaparnos de ambientes desconocidos, a ponernos en la piel del protagonista de la historia ó de la novela que tenemos en nuestras manos, a pasar largas horas apasionantes.

Bajo un árbol, en una plaza pública, desde el sillón del salón de tu casa, cualquier lugar es bueno para disfrutar de un libro, siempre que lo narrado secuestre tu sentido y te embriague con su historia.



junto a la Capilla Real de Granada (España)

Con el rumor del viento sobre las hojas de los árboles ó del vaivén de las olas en la orilla ó desde el silencio de un rincón de tu casa ó incluso de una ciudad, coge un libro y disfruta, participa de lo escrito, forma parte de la trama y deja correr los minutos que ya habrá tiempo de volver a tu realidad lejos de la fábula, de los sueños de otros, de las desesperaciones de algunos. Pero siempre con un libro bajo el brazo allí donde te encuentres. Tu mente lo agradecerá, tu sosiego también.


viernes, 5 de marzo de 2010

¡y qué azul!

 

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Por fin, el cielo azul. Por fin la luz clara, limpia y brillante, característica de la provincia de Alicante (España). Por fin se recortan sobre el cielo azul las palmeras, las cúpulas y los campanarios de las iglesias, las chimeneas, las tejas de los tejados. Por fin los azulejos y las paredes blancas brillan a la luz. Por fin unos días sin nubes grises.

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Aunque es bueno que llueva en esta tierra sedienta, con tantas largas sequías, unos días de sosiego climatológico son de agradecer. Porque ¡ menudo invierno !. No hay tregua. Si no es la nieve en las montañas, es la lluvia, si no el viento, si no una tempestad en el mar. Y cuando el cielo se limpia de nubes, salvo algunas despistadas que pastan por el aire, al sol le sonríe la cara. Y aunque el poeta cantó que el cielo ni es cielo ni es azul. Para mí ahí está. Sí es cielo y sí es azul. ¡Y que cielo y qué azul!.

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Cielo y Azul que se confunden con el mar. Cielo y Azul que vuelven a ser inspiración de tantos cantos, de tantos cuadros, escritos, poesías. Cielo y Azul que esculpen tantas miradas, que visten tantas pasiones. Cielo y Azul que nos acompañan en estas mañanas en las que la vista se alza al son de las campanas que adornan el aire por encima de azoteas y tejados.

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lunes, 14 de septiembre de 2009

con pañales fui la primera. Moros y Cristianos en Mutxamel

 

Con pañales fui la primera vez. En brazos de mi abuelo Alarico. Muchas veces me ha contado que ese día fuimos objeto de todas las miradas. Tan orgulloso estaba de su primer nieto. Ataviados con bellos ropajes, parecíamos reyes ó príncipes. Mejor dicho, Jeques. Largas túnicas y enrevesados turbantes. Coloridas telas. Cintas y adornos brillantes. Largas lanzas con puntas afiladas. Por la calle principal, con redobles de tambores y melodías de instrumentos de viento. Llevando el paso marcialmente, según cada compás.

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Recesvinto me pusieron de nombre, aunque mis amigos me llaman Vinto. Suena un poco raro y yo digo que raro no, diferente. No es de extrañar que sea este mi nombre porque a mi bisabuelo se le ocurrió llamar a su hijo, Alarico. El llamó a mi padre, Leovigildo. Y mi padre siguió la tradición de poner a sus hijos los nombres de los reyes godos.

Con el tiempo mi abuelo, mis padres y yo participamos de estas fiestas en comparsas diferentes, según nuestro entorno de amistades. Y no por esto vamos a estar disgustados. Porque comparsas son muchas las que son. Maseros, Piratas, Contrabandistas, Templarios, Zegríes, Xodios, Abencerrajes, Cordó, Els Pacos.

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P1230785 Capitán Moro

Continúo la tradición de participar activamente en las fiestas de moros y cristianos de mi pueblo, Mutxamel, que es lo importante. Al caer la tarde, después del desfile, nos juntamos toda la familia vestidos con las ropas que representan las tres culturas monoteístas: judíos, árabes, cristianos. En un ambiente de tolerancia y respeto mutuo, como ocurría en el Toledo de la Reconquista. Como sería deseable que ocurriese para siempre en la actual Jerusalén.

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Alrededor de una mesa, con productos de la tierra y del cercano mar Mediterráneo. No pueden faltar los tomates de este pueblo, Mutxamel, reconocidos por su sabor y la textura de su piel. Con la repostería de uno de los mejores hornos, unas copas de vino Fondillón, de dulce paladar. Famoso desde antiguo, bebido por reyes, nobles y el pueblo llano. Entre bocado y bocado, las impresiones del día y de lo que será la noche. Tertulia antesala del desenfreno, del baile y de la juerga, con responsabilidad y sin excesos. Pero diversión en cualquier caso. Fiesta y alegría a raudales. Y la famosa melodía de Paquito el chocolatero, al amanecer.

Páginas relacionadas:

http://club.telepolis.com/darnil/Historia/godos.htm

http://www.mutxamel.org/

http://www.mutxamel.net/festesmutxamel/

http://www.mutxamel.org/pagina.asp?tipo=submenu&submenu=176&menu=1

lunes, 13 de julio de 2009

en busca de aventuras

 

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Unos días de mar y de aventuras. Donde el viento y las olas serán los protagonistas. Donde las estrellas y la luna, serán nuestras guías en las noches claras. Días donde las experiencias de otros marinos nos acompañarán en momentos de tertulia. Donde recalaremos en diversos puertos de este mar mediterráneo tan nuestro y tan desconocido al mismo tiempo. Días para disfrutar de costumbres, relatos y realidades. Días para compartirlo todo, para vivirlos con intensidad. Todo esto y mucho más es lo que nos ha ofrecido el Capitán Antón a cambio de nada. Y hemos aceptado ser sus tripulantes, sus cómplices, sus testigos. Hemos aceptado formar parte de su tripulación y cabalgar encima de las olas allende los mares. Empieza la odisea para algunos de nosotros que vemos el mar con pasión pero que no lo hemos vivido con tanta intensidad como quizá lo vivamos a partir de aceptar este ofrecimiento. Allá vamos en busca de aventuras.

jueves, 2 de julio de 2009

después de una larga travesía … una luminosa explosión de luces de colores

 

velero con fuerte viento

Después de una larga travesía por el mar Mediterráneo. Después de sortear tormentas, de romper la mayor, de navegar casi a la deriva durante largas horas. Después de encerrar en la cabina a sus hijos y a su mujer, mientras el casco del velero desaparecía bajo las olas en reiteradas ocasiones. Después de atarse al timón rumbo a la costa levantina. Después de interminables horas, el Capitán Antón vio los destellos de luz del Faro del Cabo La Huerta y los ojos se le llenaron de lágrimas. Su barco había resistido. También su paciencia. Y la de sus familiares, quienes habían salido corriendo de la cabina al oír sus gritos. Exclamaciones de alegría. Abrazos.

Al acercarse a la costa vieron a varias decenas de embarcaciones fondeadas frente a una playa y sus arenas inundadas de personas de todas las edades, de toda condición. Su curiosidad hizo que arribaran un bote y se acercaran a la orilla. Desembarcaron justo en el mismo instante en que oyeron una fuerte explosión. Un cohete se había abierto paso entre la oscuridad de la noche para anunciar un acontecimiento. Estaban en la Playa del Postiguet, en Alicante, al amparo del Castillo Santa Bárbara. En la noche de San Pedro, patrón de los pescadores. El 29 de junio.

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Sentados en la arena. Sus hijos, su mujer y él, abrazados unos a otros. Su calor y su cariño eran su medicina para olvidar algunos malos ratos en alta mar. Recuerdos que ya se diluían en el horizonte del pasado. Mientras eso pensaba el cielo negro se iluminaba de fuegos artificiales. Antón volvió a emocionarse con las luces de colores que iluminaban su imaginación. Esto era lo que estaba buscando entre las olas. Este rincón del Mediterráneo donde compartir sus sentimientos. No dudó en hacer unas fotografías con su pda, aún sabiendo que no sería buena la calidad de las mismas. Pero para él eran importantes. Mientras, su barco se balanceaba en un mar en calma. Mientras acariciaba a su familia. Y pensaba que ya le parecía una anécdota todo lo que habían pasado. Porque para un hombre de mar como él eso ya era agua pasada, nunca mejor dicho. Y aunque las fotos son lo que son, quiere compartirlas con nosotros, amig@ lector. Bienvenido a este puerto, Capitán Antón.

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