sábado, 13 de junio de 2026

Sabores de Alicante: tradición y buena mesa con el Círculo Monárquico de Alicante

 


La gastronomía alicantina no solo se come: sino que también se vive, se comparte y se recuerda. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el último encuentro organizado por el Círculo Monárquico de Alicante, donde socios y amigos disfrutaron de una velada dedicada a Sabores de Alicante, una experiencia gastronómica que unió tradición, cultura y buena mesa en un ambiente cercano y lleno de identidad.


La cita estuvo presentada por Elena Vidal, periodista y divulgadora digital, cuya pasión por la comunicación aportó ritmo, calidez y contexto a cada plato. El recorrido gastronómico fue elaborado por el equipo del restaurante Alicante Tasting Club, un espacio que se ha convertido en referencia para quienes buscan descubrir —o redescubrir— la esencia culinaria de la provincia.


Alicante y su tradición de la buena mesa


Hablar de Alicante es hablar de una cultura gastronómica profundamente arraigada. Aquí, la mesa es punto de encuentro, lugar de celebración y símbolo de identidad. Por eso, esta velada fue mucho más que una degustación: fue un homenaje a esa tradición que ha pasado de generación en generación.


Durante la noche, los asistentes pudieron disfrutar de algunos de los productos más emblemáticos de la gastronomía alicantina, entre ellos:


  • el arroz, auténtico emblema de la provincia y protagonista de recetas que forman parte del ADN local,
  • el salazón, herencia mediterránea que sigue ocupando un lugar privilegiado en la mesa,
  • los productos de la huerta alicantina, con el tomate como estrella absoluta,
  • frutos del mar, que recuerdan la estrecha relación de Alicante con su costa y su tradición marinera.
  • Un final dulce con sabores inconfundibles


Cada elaboración fue presentada con explicaciones sobre su origen, su evolución y su papel en su cocina, reforzando la importancia de preservar y difundir la tradición culinaria alicantina.




Una experiencia que une gastronomía y sociedad


El encuentro se enmarca dentro de las actividades del Círculo Monárquico de Alicante, que impulsa espacios de diálogo, convivencia y reflexión con protagonistas de la sociedad civil alicantina. Estos encuentros buscan fortalecer la comunidad, fomentar el intercambio cultural y poner en valor aquello que nos une como territorio.


La noche de “Sabores de Alicante” fue un ejemplo perfecto de esta misión: una combinación de gastronomía, conversación y tradición que permitió a los asistentes conectar con su tierra desde un lugar emocional y auténtico.


Alicante, una tierra que se saborea


Si algo quedó claro durante la velada es que Alicante es una provincia que se disfruta con los cinco sentidos. Su cocina es historia, es paisaje, es mar y es huerta. Es memoria y es futuro. Y encuentros como este ayudan a mantener viva esa esencia que hace de la gastronomía alicantina una de las más ricas y diversas del Mediterráneo.

domingo, 31 de mayo de 2026

José Luis Menéndez Fueyo deslumbra al Círculo Monárquico de Alicante y cuenta hallazgos sorprendentes


Hay encuentros que empiezan como una cena‑coloquio y terminan convirtiéndose en un viaje inesperado por la historia. Eso fue exactamente lo que ocurrió en la última reunión del Club de Opinión del Círculo Monárquico de Alicante, donde el invitado, José Luis Menéndez Fueyo, técnico de exposiciones del MARQ, logró algo muy difícil: mantener a todo el mundo escuchando, sonriendo y sorprendiéndose durante más de una hora.


Su forma de contar las cosas —cercana, apasionada, llena de anécdotas reales— hizo que la velada se transformara en una experiencia que muchos asistentes describieron como “inolvidable”.




Menéndez Fueyo abrió una puerta que pocas veces se abre: la del trabajo interno del MARQ, uno de los museos arqueológicos más reconocidos de Europa. Y lo hizo sin tecnicismos, sin frialdad, sin distancia. Lo hizo como quien comparte recuerdos con amigos.


Habló de exposiciones que marcaron época:


  • El Discóbolo y la emoción de recibir una pieza tan icónica.
  • Los Etruscos y los retos de mostrar una cultura tan compleja.
  • Los Guerreros de Xi’an y las historias detrás del montaje de una exposición que atrajo a miles de visitantes.


Cada anécdota tenía ese toque humano que solo puede contar quien ha vivido cada exposición desde dentro.


Y, por supuesto, dejó caer un adelanto que despertó murmullos de expectación: la inminente exposición “El Oro y el Universo. Saberes Indígenas de Colombia”, que promete ser uno de los grandes acontecimientos culturales del año en Alicante.


Otro de los momentos más intensos de la charla llegó cuando habló de las excavaciones arqueológicas que impulsa la Diputación. Muchos asistentes no imaginaban la magnitud del trabajo que se realiza en la provincia.


Aparecieron nombres que todos conocemos, pero que esconden historias que casi nadie sabe:


  • Lucentum, la antigua ciudad romana que sigue revelando secretos.
  • Calpe, donde cada campaña aporta nuevas piezas del pasado.
  • El Campello, un punto clave para entender la vida en la costa alicantina.


Menéndez Fueyo transmitió algo muy claro: Alicante es un territorio arqueológico vivo, y aún queda muchísimo por descubrir.




Si hubo un momento que dejó a todos en silencio, fue este. Menéndez Fueyo explicó que Alicante tiene la denominación de origen más antigua del mundo. Sí, del mundo.


Un dato que casi nadie conoce y que él ha podido documentar gracias a los manuscritos del vino conservados en el Archivo Municipal de Alicante. Documentos que hablan de normas, controles y prácticas que se remontan siglos atrás.


Para quienes aman la historia local, fue un auténtico descubrimiento. Para quienes aman el vino, una revelación.


La noche terminó con una sensación compartida: habíamos aprendido algo importante sobre nuestra ciudad.




Y eso es mérito doble:


  • De José Luis Menéndez Fueyo, por su capacidad para emocionar y enseñar al mismo tiempo.
  • Y del Club de Opinión del Círculo Monárquico de Alicante, que sigue consolidándose como un espacio donde la ciudadanía puede descubrir temas apasionantes, conocer a expertos y acercarse a la historia de una forma cercana, humana y accesible.


En tiempos donde la información pasa rápido, encuentros así recuerdan que la cultura también se vive alrededor de una mesa, escuchando a quienes tienen algo valioso que contar.

sábado, 30 de mayo de 2026

Tangerian: cuando Alicante y Tánger vuelven a encontrarse en una copa de vino

 


El pasado jueves vivimos en Casa Mediterráneo una de esas noches que dejan huella. Una nueva sesión de Historias del Mediterráneo nos reunió para recordar, sentir y celebrar los vínculos que han unido durante décadas a Alicante y Tánger, dos orillas que comparten memoria, comercio, afectos y una forma de mirar el mar.


En este ambiente de conversación y raíces compartidas, se presentó Tangerian, el vino de Denominación de Origen Alicante creado por Bodegas Ortigosa. Un vino que nace para contar una historia: la de quienes cruzaban el Mediterráneo llevando consigo sabores, acentos y vivencias que hoy siguen latiendo en ambas ciudades.



Antes de la cata y el brindis, Angel Luis Marcos Pavón, alma y propietario de la bodega, tomó la palabra con una emoción que se contagió a toda la sala. Sus palabras improvisadas fueron un regalo:


“Muchísimas gracias, Ana, madrina de este vino, porque ni en mis mejores sueños hubiera imaginado estar hoy aquí con vosotros, con una madrina de Tánger rememorando esa historia de Tánger Internacional, con el alcalde de mi pueblo Lorenzo Amat y con Francisco Alcaraz director de proyectos de Casa Mediterráneo, que para mí es como si fuera mi casa. Y muchísimas gracias a todos vosotros por venir y estar aquí para conocer ese vínculo de amor entre nuestra tierra alicantina y Tánger”.




Después, dijo que iba a hablar desde el corazón. Y lo hizo:


“Cuando yo era pequeñito escuchaba Tánger y Jardín de las Hespérides. Para la bodega había sido un lugar especial. Si os fijáis, el símbolo de la bodega es una estrella de ocho puntas que se utilizaba en el sur de España. Y el 8 es eternidad”.


A partir de ahí, nos llevó de la mano a un viaje mítico y simbólico:


  • El Jardín de las Hespérides, ese lugar mágico del Mediterráneo Occidental.
  • Las manzanas doradas, que en Tangerian se reinterpretan como mandarinas y naranjas, colores que unen a Tánger y Alicante.
  • La idea de que aquel jardín mítico pudo ser Tánger… o pudo ser Alicante, porque —como recordó con una sonrisa— ese jardín tenía un héroe y “nuestro equipo de fútbol se llama Hércules”.


Y añadió esta reflexión:


“Ese jardín mágico es un viaje de nuestras vidas, un viaje a lo sagrado y a lo eterno. Tánger representaba ese jardín último, donde terminaba el Mediterráneo y empezaba lo desconocido del Atlántico. Tánger es la puerta del Atlántico y la puerta del Mediterráneo”


Uno de los momentos más emocionantes llegó cuando habló del legado femenino de la bodega:


“Desde 1880, en nuestra bodega han mandado mujeres. Mi bisabuela, mi abuela, mi madre… Para mí son mis hespérides, las que guardan ese jardín y unen el pasado con un futuro maravilloso”.


Una declaración que conectó con la esencia del Mediterráneo: tradición, familia, raíces y continuidad.


Pavón cerró su intervención recordando que Tánger Internacional representaba libertad, la posibilidad de estar unidos sin justificar nada. Una libertad que —dijo— es la que permite progresar, crear y compartir.




Y eso fue exactamente lo que vivimos ese jueves: una celebración de la memoria compartida entre Alicante y Tánger, un puente que se reconstruye a través del vino, la cultura y la palabra.


Finalmente, como se recordó durante la velada:


“Tangerian no es solo una botella de vino; es la crónica líquida de una época en la que el sol de Alicante se bebía bajo el cielo de Marruecos”.

 

domingo, 3 de mayo de 2026

La Torreta de Elda que aún vigila su historia

 


Quien sube hoy a la sierra de la Torreta quizá no imagine que, hace más de seis siglos, allí arriba se jugaba algo mucho más serio que una simple vista panorámica. En lo alto de la antigua sierra del Portitxol se levantaba una torre vigía que, aunque hoy nos parezca humilde, fue durante siglos un punto clave para la seguridad del territorio.


La Torreta, declarada Bien de Interés Cultural, es una construcción de tapial calicostrado con planta cuadrada de apenas 4,7 metros por lado. Cuando los arqueólogos excavaron la zona en 2003 y 2004, comprobaron que solo quedaban en pie 2,41 metros de altura, además de cuatro estancias anexas al norte de las que no quedaba casi nada.


Aun así, la torre había sido más alta. Las fotografías tomadas entre 1958 y 1971 mostraban seis tapiales de casi un metro cada uno. Con esa referencia, en 2011 se restauró hasta los 6 metros actuales. Aunque en su época de esplendor debió ser bastante más elevada, como otras torres defensivas de dimensiones similares.




Para entender por qué esta torre era tan importante, hay que situarse en el siglo XIV. Tras la Guerra de los Dos Pedros (1356-1370), esta zona se convirtió en un espacio especialmente delicado: frontera viva entre los reinos de Aragón y Castilla, y expuesta a incursiones musulmanas procedentes del reino nazarí de Granada.


La torre de la sierra del Portitxol era un punto estratégico. Tanto, que el 15 de diciembre de 1386 el rey Pedro IV el Ceremonioso, a petición de Sibila de Fortià, señora de Elda, ordenó crear un servicio de vigilancia y aduana en la torre. Dos hombres debían custodiar el paso, financiados con un pequeño peaje que pagaban viajeros y animales de carga.


Su misión era clara: garantizar la seguridad del camino entre Elda (Aragón) y Sax (Castilla), además de controlar de forma secundaria la ruta de la Noguera hacia Petrer.


La torre siguió activa durante el final de la Edad Media y, al menos, hasta comienzos del siglo XVII. Más tarde, vuelve a aparecer mencionada durante la Guerra de Sucesión (siglo XVIII), y es muy probable que se utilizara de forma puntual en la Guerra de la Independencia y quizá también en las Guerras Carlistas del siglo XIX.


Después, como tantas otras construcciones defensivas, quedó abandonada por falta de uso. El tiempo, el clima y el olvido hicieron el resto.


La Torreta no es solo una torre. Es un recordatorio de que este territorio fue frontera, cruce de caminos, escenario de tensiones y también de convivencia. Es un vestigio de la identidad de Elda.


Subir hasta ella es, en cierto modo, mirar la historia desde el mismo punto donde la miraban quienes la defendieron. Y eso, en un mundo que va tan deprisa, tiene un valor enorme.


Desde sus muros se ve el castillo de Sax, el de Petrer y el Condal de Elda, todos comunicados por el fuego de antorchas y hogueras, y por el de la pasión por defender lo suyo.





Fuimos a visitarla mi mujer, mi hijo y yo en un día muy ventoso y frío, en una de nuestras aventuras dominicales. Después entramos en calor en el Molino de la Reja en Petrer con un arroz con conejo y caracoles típico de la zona. Felicitamos a la cocinera, estaba exquisito. Pero antes caminamos por los alrededores al restaurante cerca de su barranco colindante por donde a veces corren las aguas de un riachuelo que busca más abajo el río Vinalopó.





Cómo llegar al denominado Mirador de la Torreta de Elda

Almendros en flor en el Valle de Guadalest: la primavera que resiste

 


Cada año, cuando el invierno empieza a retirarse y la luz vuelve a ganar minutos, el Valle de Guadalest vive uno de sus momentos más mágicos. Las laderas se cubren de blanco, rosa y marfil, un mosaico delicado que anuncia la llegada de la primavera y que convierte este rincón de la Marina Baixa en un pequeño santuario natural.


Los almendros en flor es un espectáculo visual, pero también son recuerdos, cultura agrícola y una forma de entender la vida en los pueblos de interior. Y aunque hoy quedan menos que antes, siguen siendo un símbolo de resistencia.


El Valle de Guadalest siempre ha tenido un magnetismo especial. Artistas, escritores, fotógrafos, senderistas y curiosos han buscado aquí, año tras año, esa postal efímera que solo dura unas semanas. Mi mujer y yo entre ellos. Cuando los almendros despiertan, la montaña se transforma en un cuadro impresionista: pinceladas suaves, luz limpia, aire fresco y un silencio que invita a detenerse. Emilio Varela supo destacar esta magia en sus lienzos, como Gabriel Miró lo describió en su literatura o Oscar Esplá en su música.





fotos desde y en el restaurante El Trestellador en Benimantell

Muchos visitantes han encontrado en estas laderas su mejor estudio al aire libre. Y no es casualidad: la combinación de relieve, color y atmósfera crea una armonía difícil de encontrar en otros paisajes mediterráneos.


El valle ha sido históricamente territorio de minifundio, pequeñas parcelas trabajadas por familias que han mantenido el paisaje vivo durante generaciones. Los almendros eran parte del sustento, pero también parte del alma del territorio: marcaban el calendario, unían a vecinos en la cosecha y daban identidad a cada bancal.


Esa agricultura humilde, paciente y cercana a la tierra, es la que ha dibujado el paisaje que hoy admiramos.




Pero en los últimos años el valle ha sufrido un golpe duro. La llegada de la Xylella fastidiosa, una bacteria que afecta a almendros y otras especies, obligó a aplicar la normativa europea más estricta: no solo debe arrancarse el árbol infectado, sino también todos los que se encuentran en un radio determinado.


Para una zona de minifundio, donde cada árbol cuenta, esta medida ha supuesto un impacto enorme. Parcelas enteras han quedado vacías. Bancales que antes eran un mar de flores hoy muestran sus cicatrices más dramáticas. Y muchas familias han visto desaparecer en días lo que habían cuidado durante décadas.


El paisaje ha cambiado, y con él, parte de la identidad agrícola del valle.


¿Qué exige exactamente la normativa europea cuando aparece la Xylella?


La Xylella fastidiosa está catalogada como un organismo de cuarentena, lo que obliga a actuar con rapidez y contundencia para evitar su propagación. Por eso, cuando un solo almendro da positivo, la normativa europea establece medidas muy estrictas:


• Arranque del árbol infectado. El ejemplar positivo debe eliminarse y destruirse sin excepción.


• Arranque de todas las plantas hospedantes en un radio de 50 metros. Durante años el radio fue de 100 metros, lo que multiplicó el impacto en zonas de minifundio. Aunque solo un árbol estuviera enfermo, se eliminaban decenas o cientos de árboles sanos alrededor.


• Tratamientos contra los insectos vectores. Se aplican insecticidas para frenar a los insectos que transmiten la bacteria


• Zona tampón de 5 km. Alrededor del foco se establece una franja de vigilancia intensiva con prospecciones continuas.


• Restricciones al movimiento de plantas. Para evitar que la bacteria viaje de un lugar a otro, se limita el traslado de especies susceptibles.


En la práctica, esto significa que un solo positivo puede transformar por completo un paisaje agrícola, especialmente en territorios de pequeñas parcelas como ocurre en el Valle de Guadalest.




Aun así, no todo está perdido. Los almendros que quedan —los que han resistido la enfermedad y las talas preventivas— siguen floreciendo cada año con una fuerza casi simbólica. Son un recordatorio de que la naturaleza tiene una capacidad extraordinaria para renacer.


Y también son una invitación a valorar lo que permanece: los bancales que aún se trabajan, los agricultores que no se rinden, los visitantes que siguen llegando para contemplar este milagro anual, y la belleza que, pese a todo, continúa brotando entre las montañas.


Recorrer el Valle de Guadalest en febrero o marzo es una experiencia que va más allá de la fotografía. Es caminar entre aromas suaves, sentir el sol templado en la piel y descubrir cómo la primavera se abre paso incluso en los lugares que más han sufrido.


Es, en definitiva, un homenaje a la vida rural y a la naturaleza mediterránea. Los almendros en flor del Valle de Guadalest son más que un atractivo turístico. Son un símbolo de identidad, un patrimonio emocional y un paisaje que ha inspirado a generaciones.


Hoy, más que nunca, necesitan ser valorados, cuidados y defendidos. Porque cada flor que brota en estas montañas es una pequeña victoria frente a la adversidad.

 

Sabores de Alicante: tradición y buena mesa con el Círculo Monárquico de Alicante

  La gastronomía alicantina no solo se come: sino que también se vive, se comparte y se recuerda. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el...

entradas populares