domingo, 3 de mayo de 2026

La Torreta de Elda que aún vigila su historia

 


Quien sube hoy a la sierra de la Torreta quizá no imagine que, hace más de seis siglos, allí arriba se jugaba algo mucho más serio que una simple vista panorámica. En lo alto de la antigua sierra del Portitxol se levantaba una torre vigía que, aunque hoy nos parezca humilde, fue durante siglos un punto clave para la seguridad del territorio.


La Torreta, declarada Bien de Interés Cultural, es una construcción de tapial calicostrado con planta cuadrada de apenas 4,7 metros por lado. Cuando los arqueólogos excavaron la zona en 2003 y 2004, comprobaron que solo quedaban en pie 2,41 metros de altura, además de cuatro estancias anexas al norte de las que no quedaba casi nada.


Aun así, la torre había sido más alta. Las fotografías tomadas entre 1958 y 1971 mostraban seis tapiales de casi un metro cada uno. Con esa referencia, en 2011 se restauró hasta los 6 metros actuales. Aunque en su época de esplendor debió ser bastante más elevada, como otras torres defensivas de dimensiones similares.




Para entender por qué esta torre era tan importante, hay que situarse en el siglo XIV. Tras la Guerra de los Dos Pedros (1356-1370), esta zona se convirtió en un espacio especialmente delicado: frontera viva entre los reinos de Aragón y Castilla, y expuesta a incursiones musulmanas procedentes del reino nazarí de Granada.


La torre de la sierra del Portitxol era un punto estratégico. Tanto, que el 15 de diciembre de 1386 el rey Pedro IV el Ceremonioso, a petición de Sibila de Fortià, señora de Elda, ordenó crear un servicio de vigilancia y aduana en la torre. Dos hombres debían custodiar el paso, financiados con un pequeño peaje que pagaban viajeros y animales de carga.


Su misión era clara: garantizar la seguridad del camino entre Elda (Aragón) y Sax (Castilla), además de controlar de forma secundaria la ruta de la Noguera hacia Petrer.


La torre siguió activa durante el final de la Edad Media y, al menos, hasta comienzos del siglo XVII. Más tarde, vuelve a aparecer mencionada durante la Guerra de Sucesión (siglo XVIII), y es muy probable que se utilizara de forma puntual en la Guerra de la Independencia y quizá también en las Guerras Carlistas del siglo XIX.


Después, como tantas otras construcciones defensivas, quedó abandonada por falta de uso. El tiempo, el clima y el olvido hicieron el resto.


La Torreta no es solo una torre. Es un recordatorio de que este territorio fue frontera, cruce de caminos, escenario de tensiones y también de convivencia. Es un vestigio de la identidad de Elda.


Subir hasta ella es, en cierto modo, mirar la historia desde el mismo punto donde la miraban quienes la defendieron. Y eso, en un mundo que va tan deprisa, tiene un valor enorme.


Desde sus muros se ve el castillo de Sax, el de Petrer y el Condal de Elda, todos comunicados por el fuego de antorchas y hogueras, y por el de la pasión por defender lo suyo.





Fuimos a visitarla mi mujer, mi hijo y yo en un día muy ventoso y frío, en una de nuestras aventuras dominicales. Después entramos en calor en el Molino de la Reja en Petrer con un arroz con conejo y caracoles típico de la zona. Felicitamos a la cocinera, estaba exquisito. Pero antes caminamos por los alrededores al restaurante cerca de su barranco colindante por donde a veces corren las aguas de un riachuelo que busca más abajo el río Vinalopó.





Cómo llegar al denominado Mirador de la Torreta de Elda

Almendros en flor en el Valle de Guadalest: la primavera que resiste

 


Cada año, cuando el invierno empieza a retirarse y la luz vuelve a ganar minutos, el Valle de Guadalest vive uno de sus momentos más mágicos. Las laderas se cubren de blanco, rosa y marfil, un mosaico delicado que anuncia la llegada de la primavera y que convierte este rincón de la Marina Baixa en un pequeño santuario natural.


Los almendros en flor es un espectáculo visual, pero también son recuerdos, cultura agrícola y una forma de entender la vida en los pueblos de interior. Y aunque hoy quedan menos que antes, siguen siendo un símbolo de resistencia.


El Valle de Guadalest siempre ha tenido un magnetismo especial. Artistas, escritores, fotógrafos, senderistas y curiosos han buscado aquí, año tras año, esa postal efímera que solo dura unas semanas. Mi mujer y yo entre ellos. Cuando los almendros despiertan, la montaña se transforma en un cuadro impresionista: pinceladas suaves, luz limpia, aire fresco y un silencio que invita a detenerse. Emilio Varela supo destacar esta magia en sus lienzos, como Gabriel Miró lo describió en su literatura o Oscar Esplá en su música.





fotos desde y en el restaurante El Trestellador en Benimantell

Muchos visitantes han encontrado en estas laderas su mejor estudio al aire libre. Y no es casualidad: la combinación de relieve, color y atmósfera crea una armonía difícil de encontrar en otros paisajes mediterráneos.


El valle ha sido históricamente territorio de minifundio, pequeñas parcelas trabajadas por familias que han mantenido el paisaje vivo durante generaciones. Los almendros eran parte del sustento, pero también parte del alma del territorio: marcaban el calendario, unían a vecinos en la cosecha y daban identidad a cada bancal.


Esa agricultura humilde, paciente y cercana a la tierra, es la que ha dibujado el paisaje que hoy admiramos.




Pero en los últimos años el valle ha sufrido un golpe duro. La llegada de la Xylella fastidiosa, una bacteria que afecta a almendros y otras especies, obligó a aplicar la normativa europea más estricta: no solo debe arrancarse el árbol infectado, sino también todos los que se encuentran en un radio determinado.


Para una zona de minifundio, donde cada árbol cuenta, esta medida ha supuesto un impacto enorme. Parcelas enteras han quedado vacías. Bancales que antes eran un mar de flores hoy muestran sus cicatrices más dramáticas. Y muchas familias han visto desaparecer en días lo que habían cuidado durante décadas.


El paisaje ha cambiado, y con él, parte de la identidad agrícola del valle.


¿Qué exige exactamente la normativa europea cuando aparece la Xylella?


La Xylella fastidiosa está catalogada como un organismo de cuarentena, lo que obliga a actuar con rapidez y contundencia para evitar su propagación. Por eso, cuando un solo almendro da positivo, la normativa europea establece medidas muy estrictas:


• Arranque del árbol infectado. El ejemplar positivo debe eliminarse y destruirse sin excepción.


• Arranque de todas las plantas hospedantes en un radio de 50 metros. Durante años el radio fue de 100 metros, lo que multiplicó el impacto en zonas de minifundio. Aunque solo un árbol estuviera enfermo, se eliminaban decenas o cientos de árboles sanos alrededor.


• Tratamientos contra los insectos vectores. Se aplican insecticidas para frenar a los insectos que transmiten la bacteria


• Zona tampón de 5 km. Alrededor del foco se establece una franja de vigilancia intensiva con prospecciones continuas.


• Restricciones al movimiento de plantas. Para evitar que la bacteria viaje de un lugar a otro, se limita el traslado de especies susceptibles.


En la práctica, esto significa que un solo positivo puede transformar por completo un paisaje agrícola, especialmente en territorios de pequeñas parcelas como ocurre en el Valle de Guadalest.




Aun así, no todo está perdido. Los almendros que quedan —los que han resistido la enfermedad y las talas preventivas— siguen floreciendo cada año con una fuerza casi simbólica. Son un recordatorio de que la naturaleza tiene una capacidad extraordinaria para renacer.


Y también son una invitación a valorar lo que permanece: los bancales que aún se trabajan, los agricultores que no se rinden, los visitantes que siguen llegando para contemplar este milagro anual, y la belleza que, pese a todo, continúa brotando entre las montañas.


Recorrer el Valle de Guadalest en febrero o marzo es una experiencia que va más allá de la fotografía. Es caminar entre aromas suaves, sentir el sol templado en la piel y descubrir cómo la primavera se abre paso incluso en los lugares que más han sufrido.


Es, en definitiva, un homenaje a la vida rural y a la naturaleza mediterránea. Los almendros en flor del Valle de Guadalest son más que un atractivo turístico. Son un símbolo de identidad, un patrimonio emocional y un paisaje que ha inspirado a generaciones.


Hoy, más que nunca, necesitan ser valorados, cuidados y defendidos. Porque cada flor que brota en estas montañas es una pequeña victoria frente a la adversidad.

 

viernes, 1 de mayo de 2026

Municipalismo, agua y cultura en voz de Antonio Pérez en el Círculo Monárquico de Alicante

 


Antonio Pérez reivindica el municipalismo, el agua y la cultura en una cena‑coloquio del Círculo Monárquico de Alicante


Un encuentro cercano que dejó reflexiones profundas


Anoche se celebró una cena‑coloquio organizada por el Círculo Monárquico de Alicante que reunió a representantes de la sociedad civil y militar en un ambiente tranquilo, de esos que invitan a escuchar sin prisas. El invitado de la noche fue Antonio Pérez, presidente de la Diputación de Alicante y alcalde de Benidorm, que compartió una conversación sincera sobre territorio, vocación y futuro.




La vocación municipal como punto de partida


Pérez comenzó hablando de su vocación por la política municipal, una idea que repitió con emoción. Explicó que la gestión local es donde realmente se siente el pulso de la ciudadanía: los problemas reales, las soluciones inmediatas, la cercanía que no se puede sustituir con grandes discursos.


Para él, el municipalismo no es solo una forma de gobernar, sino una manera de entender el servicio público.


El papel clave de las diputaciones provinciales


Uno de los momentos más intensos de la velada llegó cuando defendió el papel de las diputaciones provinciales, especialmente en provincias con tantos municipios pequeños como Alicante. Recordó que muchas localidades no pueden ofrecer por sí mismas servicios esenciales, y que la Diputación actúa como un soporte imprescindible para garantizar igualdad de oportunidades.


En este punto, destacó algunos de los grandes referentes provinciales:


  • el MARQ, un museo arqueológico reconocido internacionalmente;
  • el ADDA, un auditorio que ha transformado la vida cultural de la provincia;
  • la Orquesta Sinfónica del ADDA, con una proyección que sorprende a quienes la escuchan;
  • y Suma Gestión Tributaria, un sistema de recaudación que describió como ejemplo de eficacia y modernización.

El agua y el trasvase Tajo‑Segura: un tema que toca la identidad de la provincia


La conversación avanzó hacia uno de los asuntos más sensibles para Alicante: el agua. Pérez reivindicó la importancia del trasvase Tajo‑Segura, recordando que es un recurso vital para la agricultura, la economía y el equilibrio territorial. Habló del agua no solo como un bien escaso, sino como un elemento que condiciona el futuro de miles de familias.




Turismo, cultura e identidad alicantina


También dedicó parte de su intervención al turismo, un motor económico que, según explicó, exige planificación, calidad y una visión a largo plazo. Y no faltó la referencia a la cultura, que definió como un pilar que cohesiona, proyecta y da identidad a la provincia, destacando el Premio Azorín, el Instituto Juan Gil Albert o el MUBAG.


En este punto, volvió a mencionar el papel de la Diputación en la creación y mantenimiento de espacios culturales que han situado a Alicante en el mapa nacional.


Cómo compagina sus dos grandes responsabilidades


Uno de los momentos más personales llegó cuando explicó cómo combina su labor como presidente de la Diputación de Alicante con su responsabilidad como alcalde de Benidorm. Lo contó con naturalidad, destacando la importancia de la organización y de contar con equipos sólidos y coordinados.




Un cierre que puso en valor al Círculo Monárquico


La velada terminó con un reconocimiento al propio Círculo Monárquico de Alicante, por crear espacios donde se puede hablar con calma, compartir ideas y entender mejor cómo funcionan las instituciones y quiénes están detrás de ellas.


Fue una noche de conversación serena, de esas que dejan poso y ayudan a mirar la provincia con una perspectiva más amplia y humana en la que, además, Joe Ott tocó con su guitarra bellas melodías como píldora cultural del evento.



domingo, 29 de marzo de 2026

Cuando Pinoso volvió a nacer: celebramos 200 años de historia, cena coloquio organizado por el Círculo Monárquico de Alicante

 


Hay encuentros que no solo llenan una sala: llenan un tiempo. Así ocurrió en la última cena-coloquio organizada por el Club de Opinión del Círculo Monárquico de Alicante, donde la historia de un pueblo —Pinoso— se convirtió en protagonista absoluta de la velada.


La presencia de Silvia Verdú, alcaldesa de Pinoso, y de César Pérez, recién nombrado cronista oficial de la localidad aportó al encuentro una mezcla perfecta de visión institucional y pasión por la memoria colectiva. Ambos llegaron con un mensaje claro: Pinoso está de celebración, y no es para menos.


Este año se cumplen 200 años del Villazgo, aquel 12 de febrero de 1826 en el que el rey Fernando VII concedió a Pinoso la independencia de Monóvar y lo elevó a la categoría de Villa Real. Un gesto que, visto desde hoy, no fue solo un trámite administrativo: fue el nacimiento de una identidad propia, el punto de partida de un camino que los pinoseros han recorrido con orgullo durante dos siglos.




A lo largo de la cena, la alcaldesa Verdú compartió cómo la localidad está conmemorando esta efeméride con un programa que dura hasta diciembre de este año que busca honrar la historia sin perder de vista el futuro. Habló de emoción, de raíces, de comunidad. Y lo hizo con esa cercanía que convierte los datos históricos en algo vivo.


Por su parte, César Pérez llevó a los asistentes a un viaje por el contexto político y social de la época. Con la mirada del cronista que empieza a custodiar un legado, desgranó documentos, anécdotas y detalles que dieron profundidad al relato del Villazgo. Su intervención recordó que la historia no es un conjunto de fechas, sino un hilo que nos conecta con quienes fuimos y con quienes aspiramos a ser.




La velada transcurrió entre reflexiones, preguntas y un ambiente de auténtico interés cultural. El Club de Opinión del Círculo Monárquico de Alicante volvió a demostrar su vocación: crear espacios donde la historia, la institución y el pensamiento se encuentren para generar conversación y conocimiento.


Y así, entre viandas, palabras y memoria, la noche dejó una sensación compartida: celebrar el bicentenario del Villazgo no es solo mirar atrás, sino reconocer la fuerza de un pueblo que sigue escribiendo su propia historia.

Así vivimos la III Copa Real Liga Naval Club Náutico Santa Pola: viento, emoción y camaradería

 


La bahía de Santa Pola volvió a regalarnos una de esas jornadas que recuerdan por qué amamos la vela. El pasado sábado celebramos la III Copa Real Liga Naval Club Náutico Santa Pola una cita que reunió a la flota de crucero en un ambiente espectacular, con buen viento, mucha emoción y ese toque especial que solo Santa Pola sabe ofrecer.


La mañana empezó tranquila, con una ligera espera hasta que el viento decidió acompañarnos. Sobre las 12:15 h, por fin se dio la salida con unos 7 nudos que fueron creciendo poco a poco, animando la competición y poniendo a prueba a todas las tripulaciones.





ORC A y ORC B: competición pura desde el primer minuto


Las clases ORC A y ORC B fueron las primeras en lanzarse al agua, completando un recorrido tipo bastón dentro de la bahía. No era una regata cualquiera: la prueba era puntuable para el Campeonato de España de Cruceros, así que la intensidad se notó desde el primer cruce. También es puntuable para el III Desafío Real Liga Naval




Los resultados dejaron momentos muy celebrados:


  • ORC A: triunfo de FALAPOUCO, con MEVILLA-JUMBUCK y TABARKA completando el podio.


  • ORC B: victoria para ATICA, seguido de KAI y DAX.


La clase Promoción pone rumbo a Tabarca


Después llegó el turno de la clase Promoción, que disfrutó de un recorrido costero hacia Tabarca. Aquí el viento se animó todavía más, alcanzando los 10–11 nudos en la parte central del recorrido. Condiciones ideales para navegar rápido, disfrutar y, por qué no, sufrir un poquito del bueno.


El podio quedó así:


  • 1º – HERMES VI
  • 2º – DESCALZO
  • 3º – ANTAVIANA III



Un final de fiesta a la altura


La jornada terminó como nos gusta: con una entrega de trofeos llena de buen ambiente, con la presencia de directivos la Real Liga Naval Española, patrocinadores, tripulaciones y muchos momentos compartidos. También hubo sorteos entre los participantes, que siempre aportan ese toque de celebración colectiva.



Gracias a todos por hacerlo posible


El Club Náutico Santa Pola y la Real Liga Naval Española agradecen de corazón la participación de todas las tripulaciones, el trabajo del comité de regatas, y el apoyo de los patrocinadores y colaboradores, su aportación hace que esta regata sea posible. Estos son el Ayuntamiento de Santa Pola, Mía Cosmétcios, Gilabert_Sound, Ingeniería Civil de Levante, Banco Mediolanum, Factio Asesores, Rotary Mariners Sureste de España, Oportuno Omline, Nautilux Marine Broker Correduría de Seguros, Éxito en Acción (formación online), On Broker (Gema Morales ) Correduría de Seguros, FGC Insurance, Asociación de Periodistas de Alicante, Stellae Duce, Jose Ramón Baile S.L El Monsa,  Bodegas Marqués de Vizhoja y el periódico El Consistorio Digital.



Sin olvidarnos del buen equipo de personas implicadas que coordinan y colaboran para que todo salga de la mejor de las maneras.








La III Copa Real Liga Naval nos deja una sensación clara: Santa Pola sigue siendo un lugar de referencia para la vela de crucero y cada jornada como esta lo confirma. 

La Torreta de Elda que aún vigila su historia

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