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miércoles, 1 de enero de 2025

El mirador-pasarela de Beniardá

 


Para visitar uno de los pueblos del Valle de Guadalest no hace falta una excusa, pero nos ha despertado el interés conocer el nuevo mirador de Beniardá, instalado a las afueras del pueblo en dirección al embalse, y allí nos vamos.


Este nuevo mirador es una pasarela metálica parcialmente suspendida en el aire, inaugurada a finales del año pasado. Es un nuevo punto de interés y una de las nuevas atracciones turísticas en la provincia de Alicante. Situada en el municipio de Beniardá, en la comarca de la Marina Alta, ofrece unas impresionantes vistas al embalse de Guadalest que es parte del sistema de riego de la zona y tiene un gran valor paisajístico. Que, por cierto, da lástima ver la escasa agua embalsada que tiene por la falta de lluvias.




La pasarela se ha diseñado para conectar a los visitantes con la naturaleza de una forma distinta, permitiéndoles disfrutar de vistas espectaculares del embalse y de las montañas circundantes, todo ello de una manera segura y accesible para todos los púbicos accediendo desde la carretera. Está diseñada para facilitar el acceso a personas con movilidad reducida, lo que la convierte en una atracción inclusiva para todos.


Forma parte de un esfuerzo mayor para fomentar el turismo de naturaleza en la zona, y se ha convertido en una de las principales atracciones del valle.


Además, la pasarela ofrece una excelente oportunidad para los amantes de la fotografía, ya que la combinación del embalse con las montañas de los alrededores crea imágenes espectaculares.





El municipio de Beniardá, que históricamente ha sido más conocido por su tranquilidad y belleza natural, ha visto un aumento en el número de visitantes que buscan disfrutar del senderismo, el ecoturismo y las actividades al aire libre. La pasarela es ahora uno de los principales puntos de referencia en la ruta del Embalse de Guadalest y se ha convertido en una parada obligatoria para quienes visitan la comarca.






Y ya de paso, estando allí aproveche para pasear por sus calles; visitar sus lavaderos que tiene dos, el que está cerca del arco de San Juan y el que lo está junto a la Font Vella a las afueras del pueblo; para después comer en uno de sus restaurantes una de sus recetas típicas como la olleta de blat o el arroz al horno. Nosotros nos hemos decantado por el segundo en el Bar L´Era.




La zona ofrece rutas de senderismo y paseos por la naturaleza, lo que permite explorar más a fondo el entorno montañoso y el embalse. También se pueden realizar actividades acuáticas, como el kayak, lo que permite una experiencia más inmersiva en el paisaje.


En fin, Beniardá le espera con los brazos abiertos ampliando en su oferta rural este nuevo mirador con esta pasarela que recuerda un poco a la del faro de Santa Pola que ya les conté en este blog.

domingo, 14 de enero de 2024

Con día nublado, olleta de blat en Benifato

 


Con día nublado, plato de cuchara. Con esta idea vamos hacia el valle de Guadalest a tomar una olleta de blat (trigo). Para mi familia y para mí, el mejor sitio para disfrutarla es en La Venta de Benifato. Y hacia allí vamos. 


Pero antes viajamos en nuestro automóvil con el necesario sosiego dominical. Cada uno sabe lo suyo, pero a nosotros nos hace falta. El tráfico es intenso en lo que fue autopista, que ya no lo es ni tiene peaje.


Subiendo hacia La Nucía, este pueblecito que ha dejado de serlo por su cercanía a Benidorm con todo lo que les llega de rebote, además de por ser la Ciudad del Deporte y desarrollar con esto una buena fuente de riqueza, visitamos la Font de la Favara, un pequeño paraje natural. Recordamos la leyenda de Roxana mientras escuchamos su lamento con el susurro del agua de su cascada por no dejarle casar con quien quisiera, y en concreto con ese muchacho que le había robado el corazón y del que estaba completamente enamorada.


Pasamos por Polop. Se nos queda a la derecha de la carretera. La torre de la iglesia resalta en el centro de la población rodeado de casitas de tejados a dos aguas, y más arriba el calvario que fue castillo y cementerio. Por aquí venía Gabriel Miró a pasar el verano. Sus experiencias quedaron plasmadas en algunas de sus novelas.


Muchos campos junto a la carretera han mudado de color y de arbolado. Ya no son almendros como antes por la dichosa xilella, que ha hecho estragos por estos lugares. Unos los arrancaron siguiendo una directiva europea que era injusta con el entorno. Otros lo han hecho los agricultores de estas tierras para sustituirlos por naranjos, por cierto, hoy repletos de naranjas. Y por olivos. Vaya acierto, cómo está ahora en las tiendas el aceite de oliva, ¡casi 10 eu el litro!


En los bancales se nota la falta de lluvia. Los matojos de esparto languidecen por la falta de agua, y eso que son de secano. Los pinos van ganado terreno, lo que les dejan los incendios y la presión urbanística. A veces unos van con el otro o eso dicen los más ancianos del lugar.


Dejamos Guadalest a la derecha, siempre tan concurrido de visitantes. Por su belleza y singularidad. La torre de la iglesia de Benimantell también destaca entre las casitas del pueblo. Por la carretera general que lo cruza vemos a nuestra izquierda La Venta de la Montaña. Recordamos jugosas anécdotas de cuanto Paqui y yo éramos novios …. Ca Rafael en donde antes estaba el restaurante Aitana. Han pasado años. Pero lo importante es que pasen y podamos contarlos.


Seguimos. Beniardá queda a la derecha de la carretera, más abajo, en la parte trasera del embalse de Guadalets. Hacia adelante Benifato está en la falda de la sierra Aitana. A ambos los queremos, tenemos buenos recuerdos en ellos. Tanto pasado en sus caminos y veredas, por las calles de este pueblo, en La Venta Benifato. 






Le pregunto a Oscar, su dueño, por la vida en Benifato. Dice que es tranquila y que no lo cambiaría por otro lugar, no les falta de nada. Tiene consultorio médico, iglesia y cura, piscina municipal para el verano, …. Se lamenta que no haya escuela. Al parecer la administración la dejó perder. Sin niños, los pueblos no tienen futuro, le digo yo. Tampoco hay colmado, tienen que comprar fuera del pueblo lo que les haga falta por lo que es imprescindible el coche. Tienen despacho de pan, lo traen todos los días. Tiene muy buen sabor, ya se lo digo yo. Después de la pandemia el Ayuntamiento abrió un bar en sus bajos comerciales. Da vida al pueblo y sus gentes. Ya no hay hostal, pero lo sustituyeron por apartamentos turísticos, y hay varias casas rurales que se alquilan enteras. Tienen mucho trasiego de visitantes, es un buen lugar para pasar unos días de asueto. Rutas de senderismo, la propia montaña, ciclismo de carretera, gastronomía de la tierra, son su carta de presentación.  Además de otras viandas, degustamos una olleta de blat memorable, he repetido tres veces. Nos vamos bien servidos y con la barriga llena después de una mistela de la tierra para endulzarnos los pensamientos. Volveremos.


Nota: en la etiqueta de Valle de Guadalest encontrarás artículos de otras experiencias por los pueblos citados en este artículo. 

sábado, 18 de febrero de 2023

Xylella vs Almendros en flor en el valle de Guadalest

 

Por Beniardá

Como otros muchos años, cuando llega el mes de febrero recorremos caminos y carreteras en la montaña alicantina para disfrutar de los almendros en flor. Y lo solemos hacer por los pueblecitos del valle de Guadalest, en concreto por Benimantell, Beniardá, Benifato, … El año pasado cambiamos y fuimos a Alcalalí, en el valle de Pop, atraídos por su Feslalí, su festival para celebrar la llegada de la primavera con esa explosión de júbilo cuando florecen los almendros. Grandes extensiones de huertos, de bancales, en las laderas de las montañas, en el valle, eran una explosión de vida, de color, donde el blanco, el rosa o el marfil solían ser los protagonistas.


Me expreso en pasado, ya lo habrá notado. Porque lo vivido con mis padres hace muchos años, después con mi mujer y con mis hijos cuando eran pequeños, no tiene nada que ver con lo que hoy vemos en los campos. Un enemigo implacable se ha cebado con los almendros hasta conseguir - para combatirlo - que se arranquen grandes extensiones de plantaciones de este árbol. Un aliado inesperado parece que le ha seguido el juego, aunque no sea así, pero lo aparenta. Ahora se lo cuento, y saque usted sus propias conclusiones.


El enemigo es la xylella fastidiosa, una bacteria que se “come” los almendros. Su presunto aliado inesperado es el legislador de la Unión Europea que lo combate, pero de qué manera. Ahora verá a qué me refiero.


Consulto la web del Ministerio de Agricultura para ver que cuenta de todo esto. Y encuentro una explicación, aunque no me gustan sus consecuencias. Cuando se detecta la xilella fastidiosa, la autoridad competente en ese lugar delimita una “zona demarcada”. Esta está compuesta por “una zona infectada” + “una zona tampón”. “La “zona infectada” (a erradicar) tendrá un radio mínimo de 50 m alrededor del vegetal en el que se haya detectado la infección por xilella fastidiosa y su anchura mínima será de 2,5 km si el objetivo establecido es la erradicación de la bacteria, o de 5 km si el objetivo es la contención de la bacteria en una determinada zona del territorio, una vez que se ha establecido que no es factible la erradicación". Puede haber excepciones a esta norma si el estado miembro cumple los requisitos para eso recogidos en el Reglamento. A su vez, "las zonas demarcadas se podrán levantar una vez que se hayan cumplido 4 años sin detectar la plaga en base a las prospecciones realizadas”.   


Por Benimantell, desde el parking de El Trestellador

Todo esto está cambiando el paisaje. Y no sólo eso, también las plantaciones de almendros están desapareciendo y se están sustituyendo por olivos, incluso por vides, cambiando también el medio de vida de los agricultores de la zona. Esto ocurre en la gran masa arbórea de almendros que había en Beniardá y Benimantell, que los echamos de menos. Sólo algunos sobreviven en los bancales más altos de la umbría de la Aitana y alrededor del restaurante El Trestellador quizá porque saben lo importante que es para ellos que el “turismo de interior” siga visitando esta zona en febrero en busca de almendros en flor y de un buen arroz al horno.


Muchas son las asociaciones que se han creado alrededor de este asunto. Como Stop Xylella, una plataforma en defensa de los afectados por la xylella en la provincia de Alicante. Es conmovedor ver en su página en Instagram como un agricultor de Benimassot se pone a llorar cuando relata el desastre que provocó el incendio del Vall de Ebo del verano pasado. En esa misma noticia, destacan lo que César dice - entre lágrimas - al afirmar que “en vez de gastarse el dinero arrancando almendros sanos, podrían gastarlo limpiando la montaña”.


Entre bancales de Benimantell. En frente, el castillo de Guadalest y la Serrella





Consolémonos con lo que hay, que sigue siendo precioso, pero reivindiquemos mayor comprensión y soluciones para estos agricultores que les han destrozado su medio de vida, que hará que - irremediablemente - abandonen esos pueblos pequeños. 


Esta rabia, esta desolación, esta defensa de su terruño, es fiel reflejo de la lucha titánica de estos labradores del lugar que no se rinden ante la adversidad, sino todo lo contrario. Heredaron una tierra dura, pero agradecida en dar frutos, y eso quieren que siga ocurriendo. Que así sea.

martes, 14 de febrero de 2023

El tesoro de la Font de Partegat

 


Siempre me han llamado la atención las fuentes de la sierra Aitana. Sale de sus entrañas con un agua cristalina, fresca y de buen sabor. Natural, nace de las profundidades de la montaña y le da tiempo de salir pura al exterior mientras recorre su profundo camino.


Y aunque así sea más o menos, todo tiene una explicación más científica. Y esta es la siguiente. Verá. Las abruptas formaciones calcáreas de la cara norte de la Aitana son escenario de numerosas surgencias de agua. Esto ocurre en esta fuente, que es de las más populares. Y más si la sierra está vestida con un manto de nieve como así ocurre en nuestra visita de hoy (por el pasado domingo 12 de febrero). Es un desfile de coches, de senderistas, de curiosos que suben con sus familias. La nieve queda lejos, imposible llegar en coche, pero es preciosa verla entre los árboles, reposada sobre las rocas, haciendo ríos helados que no llevan agua hasta que deshiele. Sendero arriba te la encuentras a la vera del camino.





El origen de las surgencias de agua hay que buscarla en la parte alta de la fuente. La acumulación caótica de cascotes de diversos tamaños permite el drenaje del agua de lluvia entre sus vacíos. Estos se han ido depositando a lo largo del tiempo geológico produciendo un acuífero confinado por un lecho impermeable de margas, que impide su infiltración hacia capas más profundas. Así, el agua se desliza aprovechando la pendiente hasta que sale por los caños de esta fuente.


Antes de llegar, escuchas el agua correr por acequias naturales o hechas por el hombre situadas a los lados de la carretera. La primera vez que lo vi hace muchos años, me llamó la atención. Cómo fluía tanta agua de las entrañas de la tierra rodeados de campos de cultivo de secano donde el almendro y el olivo eran protagonistas. Y no ocurría así por no tener agua.


La Font del Partegat, con las fuentes de L´Abre, El Molí o de la Forata, tienen agua de forma continua, y han abastecido durante siglos las poblaciones del valle, además de llegar a amansarse si alcanzaban el embalse de Guadalest. Cuando su caudal llegaba a Benifato a través de acequias se almacenaban en diferentes balsas. Su agua se administraba para su reparto siguiendo tradiciones árabes de antaño dividendo su contenido en horas mientras había luz solar. Se usaba para regar pequeños bancales de hortalizas además de para dar de beber a los animales.




Muchas son las historias y leyendas relacionadas con esta agua de manantial. La que más se contaba entre los mayores del lugar y ha quedado en el recuerdo de quienes la escucharon y la contaron después, es la que habla de un tesoro. Y vaya si lo es. Este se refiere a esa agua por su abundancia, sabor y propiedades saludables. A su vez, era muy valorada por el mantenimiento de la ganadería y la trashumancia de corto recorrido. Una vez las ovejas recorrían los pastos de verano de la zona, los pastores podían abrevar a los animales en esta fuente.


La herencia cultural del uso y reparto de esta agua también es su tesoro, contribuyendo durante siglos a asentamientos de población y al desarrollo relacionado con la agricultura y la ganadería. Y ahora también por los amantes de la naturaleza, el senderismo y las costumbres del lugar, que muchas veces terminan alrededor de una mesa para disfrutar de una olleta de blat, un arroz al horno o una pierna de cordero, que para gustos no hay nada escrito. Y todo acompañado de un buen vino que anime la tertulia de los comensales.






El entorno de esta fuente tampoco tiene desperdicio. El más cercano, le rodea un área recreativa donde comer al aire libre, con unas barbacoas, mesas y asientos de piedra, además de un caserío donde se tiene previsto hacer un aula de interpretación de la naturaleza. A su vez, observamos grandes masas de rocas de diversos relieves que el viento y el frío han ido moldeando con el paso del tiempo, algunas de ellas con cuevas que hace miles de años se usaban como refugio. Y senderos de pequeño recorrido que recorren la sierra y pasan al otro lado de la umbría a la solana para llegar a Sella. Pero eso es otra historia que quizá le cuente otro día.




miércoles, 9 de diciembre de 2020

Abdet

 


En el valle de Guadalets, hay un pueblecito que tiene mucho que contar de las que algunas de ellas le descubriré en un momento. Le invito a que siga leyendo estas líneas.


Abdet, es el pueblo, perteneciente al término municipal de Confrides, en la provincia de Alicante. Tiene unos 60 habitantes, una pequeña iglesia y cinco calles: la de Arriba, la de En medio, la de Abajo, la Costereta y la de la Granja. Cuando entras con el coche no sabes si pasará por la calle de Arriba, muy estrecha, que atraviesa el pueblo de entrada y de salida. Desde hace unos años, un camino asfaltado de huerta sirve de aliviadero para salir o entrar a esta población.



Tiene varias señas de identidad, además de su propia fisonomía urbanística. Entre ellas, una está relacionada con el agua. Otra con una cruz. Su iglesia, pequeña y sencilla, es también una de ellas. El juego de la pelota les identifica desde antaño, ya verán por qué. Sus fiestas, que ha de haberlas en todas partes, también son imprescindibles en este pueblecito. Y su gastronomía.


Desde Abdet se ve el embalse del Guadalets que se alimenta de multitud de manantiales, fuentes y riachuelos de agua que recorren la sierra de Aitana o de la Serrella y desembocan en el embalse. Abdet tiene 8 fuentes de agua fresca y cristalina que abastecen de agua pura a su gente. En sus alrededores hay diversos barrancos por los que se descuelga el agua. En algunos de ellos se puede hacer barranquismo o escalada. Después de las lluvias, se origina una bella cascada en el barranco de Fanalic.



Antes de entrar en el pueblo, se ve sobre una peña una cruz esbelta y solitaria. La llaman la “creuceta del penyó”, Desde su atalaya se domina el caserío y se puede ver unas vistas extraordinarias de todo el valle.


La iglesia es muy pequeña. Está dedicada al santo Vicente Ferrer (1350-1419) y no por casualidad ni por capricho. Iba para teólogo de la iglesia pero después de un sueño que tuvo en Aviñón en 1398 supo que su vida tenía que dedicarla a convertir y a predicar, recorriendo parte de España y media Europa. Este dominico visitó Abdet en 1410, en los últimos años de su vida. Nacido en Valencia, su madre era de Jijona, población que visitó en reiteradas ocasiones. En tierras alicantinas recorrió Alicante, San Vicente del Raspeig, Jijona, Elche, Orihuela, … También pueblos de la montaña como Abdet. En la fachada de su iglesia hay una cerámica que hace mención del último Año Jubilar en recuerdo de Vicente Ferrer, siendo jubilar esta iglesia junto con otras de la diócesis.



Junto a la plaza de San Vicente Ferrer, otra vez está presente el santo, está el trinquete desde 1772, es uno de los más antiguos de la Comunidad Valenciana. En Abdet se practica la pelota valenciana “grossa” . Las pelotas, más grandes que una pelota de tenis, son de piel de cabra y se cosen a mano.


Tienen una fiesta dedicada a los jóvenes, en honor de San Vicente Ferrer, la última semana de Pascua; y otra dedicada a los casados, en honor de la Virgen de los Dolores, durante el tercer fin de semana de agosto.



En todo este valle, y en Abdet también, es plato típico es la olleta de blat (trigo). Y en esta población, además, pelotas de maíz, conejo al ajillo a la espalda, carne de caza menor y los productos de los árboles de secano de olivo o almendro que se plantan em sus alrededores.


Ya ven que Abdet es una caja de sorpresas, una visita obligada de este valle de Guadalets donde cada uno de sus pueblos tienen su propia entidad y razón de ser. No se lo pierdan, merece su interés. Y el nuestro,


viernes, 16 de agosto de 2019

La font vella, en Beniardá




En dirección de la font vella, por calles desiertas, limpias, silenciosas. En un pueblecito del valle de Guadalest: Beniardá es su nombre.

Beniardá es un pueblo pequeño, de montaña. Una antigua alquería árabe que fue evolucionando - ya cristiana - con el paso del tiempo en un núcleo rural cuyos habitantes viven mayoritariamente de la explotación agrícola y del turismo. Se encuentra en un entorno privilegiado lindando con Abdet, Benimantell y el pueblo, castillo y embalse de Guadalest. 

A pesar de ser medio día de agosto, el viento de Levante, que trae el litoral Mediterráneo, es fresco y provoca una agradable temperatura exenta de calor. 





Callejeando sólo coincidimos con una anciana que camina por cuestas empinadas ayudada por su bastón. Encorvada sobre sí misma, mantiene el equilibrio como puede. Nos saluda. Se detiene mientras nos mira de arriba a bajo. Se adelanta a nuestros pensamientos y nos dice que le ha salido chepa por estar todo el día con el móvil entre sus manos y su cabeza inclinada. Se ríe, de sí misma, o de nosotros que la miramos con incredulidad. "¿Dónde está la gente?", le preguntamos. Nos da conversación y nos habla de su pueblo, de los fríos inviernos,  de los frescos veranos, de la calidad de vida que proporciona su huerta, de la tranquilidad de vivir en un pueblo tan pequeño. "¿Y la gente, los niños, dónde están hoy?". "¿No se lo imaginan?", nos dice sonriendo. Está claro que no tiene prisa y que somos su distracción. De repente señala enérgica hacia el frente con su mano derecha y nos comenta: "sigan mi flecha para allá y encontrarán la respuesta". Sigue el misterio. Cuando iniciamos la marcha nos dice ya de espaldas "¿dónde van a estar?, pues en la piscina municipal, ¿es que un pueblo de 200 habitantes no puede tener una?. Y es olímpica, ya verán. El agua es de manantial y está helada. Al bañarse, calla el llanto del niño y muda en un grito ahogado las risas de los adolescentes...". 



Seguimos su flecha, nos pica la curiosidad. Nos cruzamos con un adulto y dos niños que vuelven del baño, perpetrados con flotadores. Pasamos bajo un arco. Encina un santo, San Juan. Calle abajo, tres chicos de diferentes edades juegan a la pelota. "¿Y la piscina?, les preguntamos. "Para allá", nos contestan al unísono señalando con una mano en la misma dirección que la anciana. La calle se estrecha hasta ampliarse después en un mirador sobre el embalse. Parece un paisaje de tierras más nórdicas, aunque tenga poca agua embalsada. Y llegamos a la piscina, por fin. No es una balsa de riego transformada en piscina. Es grande, pero no olímpica. Se llena con agua de manantial y el agua está fría, muy fría. 


Buscando otro manantial, nos dirigimos a la font vella (fuente vieja) en el lado opuesto del pueblo, junto a un parque para niños y altos chopos que en otoño mudan la hoja previo a una indumentaria dorada que inunda la vista. Varios caños tiran agua transparente y fresca que después corre por un canal en dirección del antiguo lavadero donde antaño lavaban la ropa las mujeres del pueblo. Con tejado a dos aguas, en su interior unas piedras pulidas por el tiempo y por el agua era el soporte donde ponían la ropa para lavarla con jabón, remojarla con el agua y escurrirla después. A los alrededores campos de cultivo. 


De vuelta al caserío, cerca del Ayuntamiento de Beniardá hay otra fuente - ésta más moderna, de 2005 - con agua de otro manantial. Sólo tira agua de uno de sus cuatro caños. Sobre ellos, el escudo de Beniardá. Es un escudo cuadrilongo de punta redonda, cortado. Al primer cuartel, en campo de gules, un Agnus Dei pasante de plata, mimbrado de oro, con una banderola de plata cargada de una cruz plena de gules y con el asta de oro. En el segundo cuartel, en campo de oro, cuatro palos de gules, resaltado una banda de azur sembrado de flores de lis de oro. Al timbre, corona real abierta (1).


Frente a la fuente, la iglesia. Destaca por tener una torre con cúpula de tejas verdes. En el balcón del Ayuntamiento una pancarta  reivindica que “no se arranquen los árboles sanos”. La xilella está haciendo estragos en los campos de almendros. En el plan de erradicación que está aplicando la Consellería de Agricultura, amparada en una directiva europea, se arrancan los árboles afectados por esta bacteria y todos los de su parcela. Se estima que se arrancarán más de cincuenta mil almendros en toda la Comarca. Los agricultores solicitan que se actúe como se hizo en Baleares ó en Italia con un plan de contención en el que se arrancan sólo los árboles infectados. 


Cuesta arriba nos dirigimos al restaurante La Mezquita. Lleva el nombre de la fuente de la Mesquita, ubicada en los alrededores de donde estuvo instalada una Mezquita que, al parecer, fue la segunda más grande del Al-Ándalus. Entre las especialidades de este restaurante está la olleta de trigo (olleta de blat) ó el conejo despatarrado (conill despatarrat). Nos decantamos por este último, además de embutido de montaña, sobrasada con miel, conejo al ajillo, licor de hierbas de la montaña, … Este restaurante es uno de los que recorremos en invierno por el valle de Guadalest para disfrutar de los colores de otoño y de la olleta de blat. 


Después de la comida caminamos hacia el coche. Vemos cómo en muchas casas cuelga una pancarta de la fiesta de la Virgen de los Dolores que celebran el primer fin de semana de agosto y aún cuelgan de sus ventanas. Tienen otras fiestas, la que llaman de los Jóvenes, el último fin de semana de julio; y la feria artesanal que se celebra a finales de junio. Pero esto, es otra historia.

  1. Fuente: Resolución Consellería de Justicia y Administraciones Públicas. DOCV nº 3638.  (1999). Escudos y banderas de la Comunidad Valenciana (2003). 

martes, 13 de agosto de 2019

plaza de San Gregorio, en Guadalest



Guadalest es uno de los pueblos más visitados de España. Por su encanto; por tratarse de una población construida intramuros entre peñascos; por su ubicación a medio camino del valle, río y embalse de su mismo nombre.









Dos son los núcleos urbanos de Guadalest, totalmente diferenciados (o tres, si en el tercero incluimos los edificios modernos que lo enfrentan). Extramuros, fuera del recinto amurallado, compuesto por un lavadero antiguo - donde antaño se lavaba la ropa - y de un laberinto de casas con tejado a dos aguas, planta baja y piso, donde antes vivían los poco más de doscientos habitantes de esta población y que ahora se han transformado, la mayoría de ellas, en bares y tiendas de productos de la tierra, artesanía, y recuerdos de la visita a este singular pueblo.







Intramuros, se entra por el portal y arco de San José, un pasadizo excavado en la roca. En la fachada de esta entrada vemos el "escudo del Castell de Guadalest: en campo de azur, un castillo de oro, mazonado y aclarado de sable, acostado de dos llaves de plata puestas en palo; el castillo emerge de una montaña que descansa sobre olas de plata y azur; al timbre, una corona real abierta". Sobre el arco hay un balcón donde se encontraba el cuerpo de guardia de la tropa que guardaba esta fortaleza hasta la marcha de la guarnición militar en 1848.









En el interior del conjunto amurallado las casas son humildes, como las que le han precedido, pero bien cuidadas. Sólo algunas destacan sobre las demás, de noble fábrica, como la casa-museo de Orduña, por donde se accede al castillo, calvario y cementerio, desde donde hay unas bellas vistas de Guadalest, del valle, del embalse y del circo de montañas que lo rodean. En la calle principal hay una casa típica del siglo XVIII - que llaman museo etnológico - en el que se muestra cómo se vivía en estas casas, así como el uso de aperos de labranza y cómo se elaboraba el pan, el vino y el aceite.




Guadalest es el pueblo con más museos por habitante de España. Tiene 9 museos por 225 habitantes. Son museos diferentes que buscan la curiosidad del visitante. Además de los mencionados, encontramos el museo de las micro-miniaturas y el museo micro-gigante en donde el escultor Manuel Ussá ha ido recopilando sus creaciones a lo largo del tiempo en función de su tamaño y originalidad; museo del artista Ribera Girona en el jardín mágico; museo de belenes y casitas de muñecas del artista Antonio Marco; museo de saleros y pimenteros con más de 20.000 piezas; museo medieval de instrumentos de tortura; museo de vehículos antiguos (en la carretera a Callosa de Ensarriá).

Camino de un amplio mirador sobre el embalse de Guadalest frente a la sierra de Serrella, un estatua preside la plaza de su nombre, donde antes hubo un frondoso nogal: San Gregorio, patrón de Guadalest, que lo celebra el fin de semana más cercano al 9 de mayo. Comparte patrón con la Virgen de la Asunción del 15 de agosto. La festividad de San Gregorio se llama "Fiestas de la Juventud" porque son los jóvenes quienes se encargan de la organización de los festejos.


San Gregorio (540-604) fue el primer monje que llegó a Papa. Fue el sexagésimo cuarto Papa de la iglesia católica. Se le considera uno de los padres de la iglesia latina, junto a Jerónimo de Estridón Agustín de Hipona y Ambrosio de Milán.  San Gregorio fue muy místico, con él la iglesia católica adquirió un gran prestigio en todo Occidente Se denominaba así mismo como "siervo de los siervos de Dios".


Detrás de la estatua de San Gregorio está la casa consistorial y detrás  de esta la salida de la bajada del calvario, junto a bares y tiendas de todo tipo.


Desde el mirador destaca el color esmeralda de las aguas del embalse de Guadalet. Tiene una capacidad de 13 hm3 y una superficie de lámina de agua de 86 hectáreas. Recibe agua del rió Guadalest y de los diferentes manantiales de las fuentes de la sierra Aitana que bajan veloces por riachuelos y acequias a su encuentro.















Guadalet bien vale una visita para apreciar lo mucho que enseñan sus rincones, su caserío, su castillo y recinto amurallado y su entorno  paisajístico.

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