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martes, 14 de febrero de 2023

El tesoro de la Font de Partegat

 


Siempre me han llamado la atención las fuentes de la sierra Aitana. Sale de sus entrañas con un agua cristalina, fresca y de buen sabor. Natural, nace de las profundidades de la montaña y le da tiempo de salir pura al exterior mientras recorre su profundo camino.


Y aunque así sea más o menos, todo tiene una explicación más científica. Y esta es la siguiente. Verá. Las abruptas formaciones calcáreas de la cara norte de la Aitana son escenario de numerosas surgencias de agua. Esto ocurre en esta fuente, que es de las más populares. Y más si la sierra está vestida con un manto de nieve como así ocurre en nuestra visita de hoy (por el pasado domingo 12 de febrero). Es un desfile de coches, de senderistas, de curiosos que suben con sus familias. La nieve queda lejos, imposible llegar en coche, pero es preciosa verla entre los árboles, reposada sobre las rocas, haciendo ríos helados que no llevan agua hasta que deshiele. Sendero arriba te la encuentras a la vera del camino.





El origen de las surgencias de agua hay que buscarla en la parte alta de la fuente. La acumulación caótica de cascotes de diversos tamaños permite el drenaje del agua de lluvia entre sus vacíos. Estos se han ido depositando a lo largo del tiempo geológico produciendo un acuífero confinado por un lecho impermeable de margas, que impide su infiltración hacia capas más profundas. Así, el agua se desliza aprovechando la pendiente hasta que sale por los caños de esta fuente.


Antes de llegar, escuchas el agua correr por acequias naturales o hechas por el hombre situadas a los lados de la carretera. La primera vez que lo vi hace muchos años, me llamó la atención. Cómo fluía tanta agua de las entrañas de la tierra rodeados de campos de cultivo de secano donde el almendro y el olivo eran protagonistas. Y no ocurría así por no tener agua.


La Font del Partegat, con las fuentes de L´Abre, El Molí o de la Forata, tienen agua de forma continua, y han abastecido durante siglos las poblaciones del valle, además de llegar a amansarse si alcanzaban el embalse de Guadalest. Cuando su caudal llegaba a Benifato a través de acequias se almacenaban en diferentes balsas. Su agua se administraba para su reparto siguiendo tradiciones árabes de antaño dividendo su contenido en horas mientras había luz solar. Se usaba para regar pequeños bancales de hortalizas además de para dar de beber a los animales.




Muchas son las historias y leyendas relacionadas con esta agua de manantial. La que más se contaba entre los mayores del lugar y ha quedado en el recuerdo de quienes la escucharon y la contaron después, es la que habla de un tesoro. Y vaya si lo es. Este se refiere a esa agua por su abundancia, sabor y propiedades saludables. A su vez, era muy valorada por el mantenimiento de la ganadería y la trashumancia de corto recorrido. Una vez las ovejas recorrían los pastos de verano de la zona, los pastores podían abrevar a los animales en esta fuente.


La herencia cultural del uso y reparto de esta agua también es su tesoro, contribuyendo durante siglos a asentamientos de población y al desarrollo relacionado con la agricultura y la ganadería. Y ahora también por los amantes de la naturaleza, el senderismo y las costumbres del lugar, que muchas veces terminan alrededor de una mesa para disfrutar de una olleta de blat, un arroz al horno o una pierna de cordero, que para gustos no hay nada escrito. Y todo acompañado de un buen vino que anime la tertulia de los comensales.






El entorno de esta fuente tampoco tiene desperdicio. El más cercano, le rodea un área recreativa donde comer al aire libre, con unas barbacoas, mesas y asientos de piedra, además de un caserío donde se tiene previsto hacer un aula de interpretación de la naturaleza. A su vez, observamos grandes masas de rocas de diversos relieves que el viento y el frío han ido moldeando con el paso del tiempo, algunas de ellas con cuevas que hace miles de años se usaban como refugio. Y senderos de pequeño recorrido que recorren la sierra y pasan al otro lado de la umbría a la solana para llegar a Sella. Pero eso es otra historia que quizá le cuente otro día.




lunes, 11 de noviembre de 2019

La aguadora de Bañuls




Si hay una plaza acogedora en Alicante, esta es una de ellas. Lo tiene todo, o casi todo, no me tachen ustedes de exagerado. Está en el centro de la ciudad y cerca del mar, bueno más cerca está del puerto deportivo para ser más exacto. Rodeado de construcciones de poca altura con un edificio singular que dio nombre a la plaza en el argot popular. Tiene arbolado de altas copas y frondosas ramas. Pergolas para pasar el rato bajo su sombra y, en medio de la plaza, una preciosa fuente. Además de muchas terrazas de bares y restaurantes que dan vida a este emblemático lugar de encuentro de Alicante. Seguro que ya han adivinado su nombre.

Esta es la plaza de Gabriel Miró. Aunque no siempre se ha llamado así. Tuvo también el nombre de plaza de las barcas; de la reina Isabel II; y de Correos.

Ahora cuesta creer que el mar hacía orilla muy cerca de aquí. En ella, las barcas de pescadores descansaban sobre la arena de la faena cotidiana. Aunque eso fue hace mucho tiempo. Vean. Aprovechando la cercanía del mar, aquí se construyó una casa para guardar la sal. Así nos lo cuenta Viravens en su Crónica (1876): “Felipe II mandó construir una casa que se llamó Del Rey para depositar los cargamentos de sal que conducían los buques a este puerto desde las salinas de la Mata (1591). Este edificio, que costó al Real Patrimonio 2.200 ducados, fue construido sobre el borde de la playa que entonces había donde en nuestro tiempo se ha formado el jardín de la plaza de Isabel II”. Ya ven, el terreno de esta zona se ganó al mar. Con el cambio climático y el calentamiento global, el mar podría intentar recuperar este espacio que antes fue suyo, pero eso es otra historia y ya hará algo el hombre sobre la naturaleza para impedirlo. Habrá que aprender de los holandeses que sobre esto tienen mucha experiencia.

En esta plaza hay un edificio emblemático, el de Correos, en cuyo solar antes hubo un almacén de sal ó del Rey, hospital, presidio, cine y teatro de zarzuelas. Frente a él hay un pequeño busto que representa al escritor alicantino Gabriel Miró. En reunión plenaria del Ayuntamiento en 1932 se decidió hacer una escultura de este insigne escritor para colocarlo en el jardín que lleva su nombre, aunque no se inauguró hasta el 27 de mayo de 1935 en presencia de Dubois, Director General de Bellas Artes, en representación del Gobierno republicano, y de Vicente Martínez-Pinna, Teniente de Alcalde de Alicante. Este manifestó que la ciudad dedica esta escultura “que perpetúa el culto y la admiración de Alicante a su hijo esclarecido”. Se leyeron cartas de adhesión de Azorín, Altamira y Oscar Esplá, así como de la viuda e hijos de este escritor. Los niños del Grupo Escolar Gabriel Miró, de las Carolinas, depositaron un ramo de flores junto al monumento. El escultor de esta obra fue José Samper.

Un gran ficus da sombra y cobijo todo el año a esta escultura. El ficus es de la especie denominada macrophylla. En esta plaza hay varios ficus, uno de ellos es considerado el “más notable de todo el país” según el mapa forestal de España. El Ayuntamiento de Alicante los ha incluido en el Catálogo de Árboles Monumentales de interés local, para protegerlos, con los otros ficus gigantes que hay en la ciudad hasta un número de 23 ejemplares. Los más grandes suelen tener anchos troncos, algunos de 6 metros de diámetro, pueden alcanzar los 50 metros de altura y tener copas de más de 25 metros de diámetro. Sus hojas son de color verde durante todo el año. Todos ellos son un gran tesoro de la ciudad por lo que tenemos que protegerlos. Son admiración no sólo de los muchos turistas que nos visitan sino también de no pocos alicantinos que nos asombramos de su tamaño, del grosor de sus troncos, de su altura,...

En medio de la plaza hay una fuente. El correr de su agua da esa musicalidad que amansa a las bestias e inspira a los inteligentes. Algo de esto he leído por ahí, ¿saben la leyenda de Orfeo?. La frase que “la música amansa a las fieras” es originaria de la leyenda de Orfeo (s. Vi a. C.), músico y poeta griego que tenía un don especial con la forma de tocar la lira y de entonar su canto que amansaba a las fieras más salvajes.

Pero hay más. A finales del siglo XIX, concretamente el 16 de octubre de 1898, llegó agua potable a esta plaza canalizada desde Sax, nada menos. Ya entonces se las ingeniaban para traer agua a la sedienta Alicante. Posteriormente, en 1918, en el mismo lugar donde fluía esta agua a través de un surtidor, se construyó una escultura a modo de fuente. A esta se le llama desde entonces “la aguadora”. El escultor Vicente Bañuls es su autor. Tomó como modelo a una chica joven de 17 años que vivía cerca de su casa y que tenía por nombre Susana Llaneras Rico. Ella es la protagonista, esculpida en piedra, y objeto de tantas miradas. Después de observarla un rato parece que se gira y te mira presumida con esa picardía de las adolescentes.

La aguadora está sobre un pedestal junto a unos niños de piedra. De sus brazos inclina un jarro por donde cae el agua sobre un fauno. Con el 110 aniversario del trasvase de agua potable desde Sax se restauró esta fuente por Aguas Municipalizadas de Alicante cuyas obras tuvieron un coste de ciento setenta y cinco mil euros, siendo Sonia Castedo la alcaldesa de la ciudad (2008), manifestando en la inauguración de esa restauración que “la ciudad se embellece, se pone guapa con el agua, uno de los elementos que más escasea por aquí”.  Pues eso.



Este artículo lo he escrito con anterioridad en mi columna de opinión del periódico Alicante Plaza.

viernes, 16 de agosto de 2019

La font vella, en Beniardá




En dirección de la font vella, por calles desiertas, limpias, silenciosas. En un pueblecito del valle de Guadalest: Beniardá es su nombre.

Beniardá es un pueblo pequeño, de montaña. Una antigua alquería árabe que fue evolucionando - ya cristiana - con el paso del tiempo en un núcleo rural cuyos habitantes viven mayoritariamente de la explotación agrícola y del turismo. Se encuentra en un entorno privilegiado lindando con Abdet, Benimantell y el pueblo, castillo y embalse de Guadalest. 

A pesar de ser medio día de agosto, el viento de Levante, que trae el litoral Mediterráneo, es fresco y provoca una agradable temperatura exenta de calor. 





Callejeando sólo coincidimos con una anciana que camina por cuestas empinadas ayudada por su bastón. Encorvada sobre sí misma, mantiene el equilibrio como puede. Nos saluda. Se detiene mientras nos mira de arriba a bajo. Se adelanta a nuestros pensamientos y nos dice que le ha salido chepa por estar todo el día con el móvil entre sus manos y su cabeza inclinada. Se ríe, de sí misma, o de nosotros que la miramos con incredulidad. "¿Dónde está la gente?", le preguntamos. Nos da conversación y nos habla de su pueblo, de los fríos inviernos,  de los frescos veranos, de la calidad de vida que proporciona su huerta, de la tranquilidad de vivir en un pueblo tan pequeño. "¿Y la gente, los niños, dónde están hoy?". "¿No se lo imaginan?", nos dice sonriendo. Está claro que no tiene prisa y que somos su distracción. De repente señala enérgica hacia el frente con su mano derecha y nos comenta: "sigan mi flecha para allá y encontrarán la respuesta". Sigue el misterio. Cuando iniciamos la marcha nos dice ya de espaldas "¿dónde van a estar?, pues en la piscina municipal, ¿es que un pueblo de 200 habitantes no puede tener una?. Y es olímpica, ya verán. El agua es de manantial y está helada. Al bañarse, calla el llanto del niño y muda en un grito ahogado las risas de los adolescentes...". 



Seguimos su flecha, nos pica la curiosidad. Nos cruzamos con un adulto y dos niños que vuelven del baño, perpetrados con flotadores. Pasamos bajo un arco. Encina un santo, San Juan. Calle abajo, tres chicos de diferentes edades juegan a la pelota. "¿Y la piscina?, les preguntamos. "Para allá", nos contestan al unísono señalando con una mano en la misma dirección que la anciana. La calle se estrecha hasta ampliarse después en un mirador sobre el embalse. Parece un paisaje de tierras más nórdicas, aunque tenga poca agua embalsada. Y llegamos a la piscina, por fin. No es una balsa de riego transformada en piscina. Es grande, pero no olímpica. Se llena con agua de manantial y el agua está fría, muy fría. 


Buscando otro manantial, nos dirigimos a la font vella (fuente vieja) en el lado opuesto del pueblo, junto a un parque para niños y altos chopos que en otoño mudan la hoja previo a una indumentaria dorada que inunda la vista. Varios caños tiran agua transparente y fresca que después corre por un canal en dirección del antiguo lavadero donde antaño lavaban la ropa las mujeres del pueblo. Con tejado a dos aguas, en su interior unas piedras pulidas por el tiempo y por el agua era el soporte donde ponían la ropa para lavarla con jabón, remojarla con el agua y escurrirla después. A los alrededores campos de cultivo. 


De vuelta al caserío, cerca del Ayuntamiento de Beniardá hay otra fuente - ésta más moderna, de 2005 - con agua de otro manantial. Sólo tira agua de uno de sus cuatro caños. Sobre ellos, el escudo de Beniardá. Es un escudo cuadrilongo de punta redonda, cortado. Al primer cuartel, en campo de gules, un Agnus Dei pasante de plata, mimbrado de oro, con una banderola de plata cargada de una cruz plena de gules y con el asta de oro. En el segundo cuartel, en campo de oro, cuatro palos de gules, resaltado una banda de azur sembrado de flores de lis de oro. Al timbre, corona real abierta (1).


Frente a la fuente, la iglesia. Destaca por tener una torre con cúpula de tejas verdes. En el balcón del Ayuntamiento una pancarta  reivindica que “no se arranquen los árboles sanos”. La xilella está haciendo estragos en los campos de almendros. En el plan de erradicación que está aplicando la Consellería de Agricultura, amparada en una directiva europea, se arrancan los árboles afectados por esta bacteria y todos los de su parcela. Se estima que se arrancarán más de cincuenta mil almendros en toda la Comarca. Los agricultores solicitan que se actúe como se hizo en Baleares ó en Italia con un plan de contención en el que se arrancan sólo los árboles infectados. 


Cuesta arriba nos dirigimos al restaurante La Mezquita. Lleva el nombre de la fuente de la Mesquita, ubicada en los alrededores de donde estuvo instalada una Mezquita que, al parecer, fue la segunda más grande del Al-Ándalus. Entre las especialidades de este restaurante está la olleta de trigo (olleta de blat) ó el conejo despatarrado (conill despatarrat). Nos decantamos por este último, además de embutido de montaña, sobrasada con miel, conejo al ajillo, licor de hierbas de la montaña, … Este restaurante es uno de los que recorremos en invierno por el valle de Guadalest para disfrutar de los colores de otoño y de la olleta de blat. 


Después de la comida caminamos hacia el coche. Vemos cómo en muchas casas cuelga una pancarta de la fiesta de la Virgen de los Dolores que celebran el primer fin de semana de agosto y aún cuelgan de sus ventanas. Tienen otras fiestas, la que llaman de los Jóvenes, el último fin de semana de julio; y la feria artesanal que se celebra a finales de junio. Pero esto, es otra historia.

  1. Fuente: Resolución Consellería de Justicia y Administraciones Públicas. DOCV nº 3638.  (1999). Escudos y banderas de la Comunidad Valenciana (2003). 

viernes, 15 de diciembre de 2017

plaza y fuente de los Luceros en Alicante


En un lugar singular de la ciudad de Alicante, que lo es y que fue así proyectado para que lo fuera, se encuentra la plaza y fuente de Los Luceros. Quien proyectó la ordenación urbanística de Alicante a principios del siglo XX ya dispuso que esta plaza iba a ser el nexo de unión de las avenidas que crecerían con ella después del ensanche y un lugar emblemático de la ciudad. 



Así el Ayuntamiento de Alicante de entonces convocó un concurso público para construir una fuente en medio de esta plaza. Lo ganó el ya conocido Daniel Bañuls (1905-1947), hijo de Vicente, ambos escultores de renombre y fama nacional.

Daniel Bañuls, gran observador de la naturaleza, se inspiró en sus representaciones naturales para sus obras. Le gustó recorrer caminos y veredas de la sierra Aitana, así como le relajaba mirar al mar y las palmeras, el baile de sus hojas al son del viento, desde una mesa de una cafetería de la Explanada con su alumno y amigo el pintor Emilio Varela con quien compartía tertulia y café.


Desde pequeño ya se familiarizó con dibujos y esculturas en el taller de su padre y desde los cinco años ya demostró sus dotes artísticas. Para Daniel el martillo y el cincel eran herramientas cotidianas de trabajo. Desde el primer boceto, el primer molde y la figura final, sentía cada detalle como la representación perfecta de la realidad que quería plasmar en su obra.


La fuente de los Luceros es su obra más emblemática, también se inspiró para ella en la naturaleza. Y en las estrellas errantes del cielo.


Sobre una gran tina se levanta la fuente. Cuatro caballos son protagonistas en la parte baja. Simbolizan la conexión del mundo celeste con el terrestre. Representan las cuatro estaciones. A los pies de los caballos hay la figura de un elfo, a los que se les consideraba poseedores de grandes tesoros. Los caballos fueron esculpidos en barro por Daniel Bañuls que posteriormente se hicieron en moldes y, a través de estos, con hormigón blanco en las figuras que conocemos del conjunto escultórico.


En la parte central de la fuente hay cuatro figuras femeninas. La que da al sur, representa al planeta Venus; la orientada al oeste, Júpiter; al este, Minerva, hija de Júpiter, protectora del comercio y la industria y guardiana de las ciudades; y la que da al norte, Saturno. En la cabeza de cada una de estas figuras hay una estrella de ocho puntas de color rojo relacionándolas con los luceros. Estos son estrellas que se mueven por el cielo en un movimiento cíclico.



En lo alto de la fuente hay una representación del árbol de las Hespérides que se eleva al cielo. Las hespérides, como las estrellas, son las protagonistas de la noche.

Los leones de cada lado representan a Hércules. El león lo representaba en las primeras leyendas de este héroe mitológico.

Esta es una bella fuente por su escultura. Es un lugar para el sosiego y la reflexión escuchando el susurro del agua de cada caño en su deslizar por la piedra, por el aire, en la tina. Y es punto de encuentro para celebraciones: las mascletás de las Hogueras de San Juan se lanzan desde su base; la cabalgata de los Reyes Magos y otros desfiles o procesiones parten desde uno de sus lados; las celebraciones deportivas cuando gana el Hércules, el Real Madrid ó el Barcelona tenían su tina para celebrarlo, ahora su entorno para preservar la seguridad de la fuente.



Por unas u otras cosas, esta fuente es una de las señas de identidad de la ciudad de Alicante.


domingo, 30 de diciembre de 2007

La Font de L´Abre


Olleta de blat, en La Venta de Benifato.


Confrides.

Una señal de madera indica Puerto Tudons.

... sus apiñadas casas, alrededor de la iglesia, se empequeñecen.

La Base Militar nos observa, tan cerca.

Un poste de cruce de senderos ...


Area Recreativa Font de L´Abre.


Un caño, casi a ras del suelo ...


... agua helada, agua tiesa ...


... riachuelos inesperados ...


... el agua se abre paso entre los bancales.


Los álamos desnudos, de invierno.


Los pinos tiesos de frío.


... bosquecillo de pinos.


Volvemos.


La luz declina.


El sol se pone ...


Esta es nuestra ruta desde Confrides.


Esta, desde La Font de L´Abre hasta Puerto Tudons

Ayer sábado hemos hecho la última excursión del año 2007. ¡La Font de L´Abre!, en Confrides, pueblo alicantino de la sombría de la Aitana. ¡La Aitana otra vez!. ¡La Aitana siempre!. Aunque el día está muy soleado hace un frío que pela. No hay nieve en las cumbres, pero el frío corta el aire.

Pero antes del ascenso hemos cargado las pilas en la Venta de Benifato. Tan bien tratados por Oscar, se nos olvida pronto el frío. Sus fogones nos dan la bienvenida. Se nos hace la boca agua. Embutido a la brasa. Cocas. Unas albóndigas impresionantes. Patatas asadas con ajo. Carlos, su sopa de cocido, que no perdona. Pitín, a quien ya cité en mi crónica de Aitana Siempre del 21 de diciembre pasado, conejo a la brasa, su hija Carmen, Paqui – mi mujer – y yo, olleta de blat. Myriam, huevos con patas, no es muy original. Extraordinarias recetas. Las verduras de la olleta son de cosecha propia, seleccionadas con cariño, antes de alimentar la cazuela. El toque personal, secreto de familia.

Iniciamos el ascenso rodado. Son las 15 h. En la periferia de Confrides, por su lado sur, una señal de madera indica Puerto Tudons a 11 kms, P.R.V. 22. Camino asfaltado que se aferra a la tierra. Pronunciadas cuestas. Cerradas curvas. Dejamos atrás Confrides. Se aleja. Sus apiñadas casas, alrededor de la iglesia, empequeñecen. Subimos. En los bordes del camino, agua helada, agua tiesa. Muy blanca, casi nieve. La Base Miltar nos observa, tan cerca. Un poste de cruce de senderos. P.R.V. 20-21-22 Font de L´Abre., P.R.V. 20 Cumbre Aitana 5 kms. P.R.V.21 Benifato 11 kms. P.R.V. 22 Confrides 7 kms, de donde venimos. Bancos y mesas de madera. Area Recreativa de la Font de L´Abre. Un caño, casi a ras del suelo. Un acequia. El agua abundante, cristalina, muy fría. Riachuelos inesperados. Baja el agua por los caminos. Se abre paso entre los bancales.

Los álamos desnudos, de invierno. Los pinos tiesos de frío. Nos cuesta caminar subiendo a la Cumbre. Los niños se cansan. Manos heladas. Andamos un par de Kms. Casi alcanzamos la gloria, pero tenemos que volver. No llegamos a la meta, pero hay otras metas. Lo compensan las risas de Carlos, de seis años, las exclamaciones de Carmen, de cuatro, para que la esperemos. Se compensa viendo cómo disfrutan recorriendo el bosquecillo de pinos. La sonrisa de Carlos. Sus blanquecinos dientes de leche asoman entre sus labios, sus primeras mellas. Los ojos negros de Myriam, penetrantes. Su belleza derrite el hielo.

Los olores a tomillo, a romero, a lavanda, acarician nuestros olfaltos. Silencio. Roto por las exclamaciones de los niños. ¡Benditas exclamaciones!. El susurro de los riachuelos ponen el ritmo. La directora de la orquesta, la Aitana.

Volvemos, pero por Puerto Tudons. Mucho agua por la pista de tierra. Mucho barro. Cero grados. Agua helada en los márgenes. Los niños se duermen por el cansancio. La luz declina. El sol se pone y se despide hasta el año que viene. ¡Mañana!.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Font de Partagas y Benifato



... un pueblo a la sombría de la Aitana ...



... ¡ la Font de Partagas ! ...

... agua abundante, que corre traviesa ...


... por una acequia a rebosar ...


... agua que sale de tres caños ...


... esbeltos árboles escalan el cielo. Casi desnudos ...

... colores de otoño.


... Puerto Tudons a 11 Kms, ...


... al passet de la Rabosa ...


Nos encontramos con un refugio ...


Regresamos camino de ...


Encontramos refugio en La Venta de Benifato ...



Su esbelta torre esculpe el cielo.


Calles tranquilas, ...

... el gato no interrumpe su siesta cuando nos oye pasar.


... el correr del agua nos conduce al lavadero municipal.


7 de diciembre de 2007

Llegamos a Benifato, un pueblo pequeño en la sombría de la Aitana. Al acceder a él nos cruzamos con un camino asfaltado, a la derecha. En una pared de piedra, haciendo esquina, hay una placa de cerámica con la inscripción Font de Partagas. Es donde nos dirigimos. Está a unos 5 km.

Por el camino asfaltado cruzamos campos de árboles de secano: olivos, almendros, … Arboles plantados en terrazas, como ya lo hacían los árabes hace siglos. Como ellos, al camino lo acompañan las acequias por donde se canaliza el agua. ¿El agua?.

Aún no sabemos que el paisaje nos engaña. Que el arbolado es cultivo de secano, pero no por falta de agua. Después de escarpadas subidas llegamos a la Font del Partagas. Nos llevamos una sorpresa. O dos. Un viento tremendo nos obliga a abrigarnos en este día soleado de diciembre. El rumor del viento nos da la bienvenida. Pero hay otro rumor. Es del agua que sale de tres caños. Agua abundante que corre traviesa por una acequia a rebosar. Agua abundante que atraviesa los campos de olivos y de almendros. Agua que busca la compañía de otras aguas, quizá camino del embalse de Guadalest.

Alrededor de la fuente y junto a un refugio hay un merendero. Junto a este y la fuente, esbeltos árboles escalan el cielo. Casi desnudos, aún caen de sus copas colores de otoño. Hojas secas que hacen del duro suelo una blanda alfombra.

Desde este punto se abren en el monte diversos senderos. Sella está a 17 km, Benifato a cuatro, uno más arriba va camino del Puerto Tudons que dista a 11 km, otro escarba la montaña por el Sender Botánic del Passet de Rabosa.

Nos encontramos con un refugio. Aquí el silencio es total. Sólo lo rompe un susurro. Un riachuelo aparece y desaparece bajo nuestros pies, corre cuesta abajo, jugueteando con la tierra. Tomillo, romero, … son olores que nos acompañan. Y una sensación de sosiego, una sensación de tranquilidad, una sensación de haber alcanzado la meta, un destino deseado, lejos del mundanal ruido.

Regresamos. Carlos dice si estamos cerca del restaurante porque tiene hambre. Encontramos refugio en La Venta de Benifato. Myriam quiere cocas, que tanto le gustaron hace tiempo, cocas con morcilla, cocas con cebolla y tomate. Carlos, sopa de cocido. Paqui y yo, olleta de blat, probablemente la mejor olleta del valle de Guadalets. Compite con la olleta de La Mezquita, en Beniarda, pero esto es otra crónica.

Después de comer paseamos por las calles de Benifato. Una pequeña iglesia es el corazón de la población. Su esbelta torre esculpe el cielo. Las calles la rodean. Calles tranquilas, tanto que el gato no interrumpe su siesta cuando nos oye pasar. Calles silenciosas donde el correr del agua nos conduce al lavadero municipal.

Cae la tarde. El sol se despide despacio. Llegan las sombras de la noche. Llega el momento de regresar.

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