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jueves, 6 de abril de 2023

El tesoro de la catedral de Córdoba

 


Entre las maravillas del tesoro de la catedral de Córdoba, hay una que me gusta más sobre las demás: el crucifico de marfil de mediados del siglo XVII de la escuela granadina, de autor desconocido. Esta es la más espectacular. Sin embargo, la Custodia Procesional del Corpus es la más famosa, realizada con plata, plata dorada y oro, obra de Enrique de Arle entre 1514 y 1518.


El crucifijo mencionado lo tiene todo, arte y espiritualidad. De pequeño tamaño, el trabajo sobre el marfil es extraordinario. Acérquese a través de una buena foto para disfrutar de los detalles, o en directo, aunque se expone detrás de un cristal blindado. Verá lo espléndido que está esculpido todo: las venas de las manos, la musculatura de las piernas y brazos, el cuello, el pecho, el cabello o la barba. Parece que son de verdad. Además, fíjese en la cuerda que sujeta el paño que cubre sus partes menores, parece que es real, no que forma parte de esta escultura.


Vea la composición del Cristo crucificado en la que los pies están clavados en la cruz uno al lado del otro con las piernas semiflexionadas, no uno clavado sobre el otro; a su vez tiene un brazo extendido en toda su extensión y clavado en el madero, el otro flexionado ligeramente; con la cabeza mirando hacia arriba, hacia el cielo, y no como la mayoría de los crucifijos que está ladeada o caída hacia abajo.




Tiene la boca abierta, parece que habla, que da un nuevo mensaje antes del último suspiro. Y así fue. Dijo a Dios: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Al buen ladrón: “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. A María, su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Y a Juan: “Ahí tienes a tu madre”. A Dios, su padre: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. A todos: “Tengo sed”. Al mundo: “Todo está cumplido”. A Dios: “padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.




Este crucifijo es el vivo retrato de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Después de más de dos siglos seguimos conmemorando este misterio que conduce a la vida eterna.


La catedral de Córdoba es una de las maravillas de la cristiandad. Para llegar a ella hay que atravesar buena parte del bosque de columnas de la mezquita de esta mágica ciudad andaluza. La segunda sobrevivió gracias a ser tan hermosa su fábrica y porque la primera ocupó buena parte de su espacio en medio de todo.

viernes, 19 de abril de 2019

Descendimiento de la Cruz, en Parma



Unos trabajos arqueológicos en la catedral de Parma dieron con esta joya del románico italiano. Esta escultura fue parte del púlpito que se derribó por un cambio de criterio, de moda y de estética. Por uno de sus lados esta escultura tenía estos relieves, por otro - que es el que se veía - una estela de mármol liso de color rojo que se había reutilizado para la remodelación de la iglesia. Al quitar esta para una nueva obra se dieron cuenta que detrás estaba la escultura. ¿Se imaginan ver este relieve del púlpito derribado con todos los demás?, ¡¡ que maravilla sería admirarlos todos juntos !!.

Este “descendimiento de la Cruz”, también llamado “la deposición”, es una de las escenas más antiguas de la Pasión de Jesucristo. Se muestra el lado más humano del sufrimiento con la intención medieval de ser contenido didáctico para enseñar y formar al pueblo en los valores de la fe cristiana.


Algunos maestros canteros de entonces dejaban una letra, un dibujo, como marca de la autoría de su obra. Pero no se solía poner el nombre del autor. Este relieve es una excepción, en él hay una leyenda que dice quien fue su escultor y el año que esculpió este mármol: Benedetto Antelami, en 1178.

Antelami desborda creatividad y detallismo en esta escultura. La escena está enmarcada por una franja adamascada de ornamentos vegetales en niel. En un plano horizontal, la representación de este relieve se divide en tres grupos. En el central, Jesucristo ya fallecido es desclavado de la cruz por Nicodemo subido en una escalera y bajado de la cruz por José de Arimatea. Al lado, la Virgen María recoge la mano de su hijo fallecido, con la ayuda del arcángel Gabriel. Completa la escena de la parte central una representación de la Iglesia triunfante que sostiene el estandarte cruzado y el cáliz con la sangre de Jesús y, al otro lado, está la Sinagoga a la que el arcángel Rafael le ayuda a bajar la cabeza como gesto de derrota, humildad y reconocimiento a Jesús. 


A la derecha - vista de frente - hay dos niveles: un centurión seguido por unos soldados, quienes en un plano inferior se juegan a los dados las vestiduras de Jesús. Dos de los soldados señalan a Jesucristo manifestando que “verdaderamente es el hijo de Dios”. Sobre todos ellos, una representación humanizada de la luna haciendo referencia a las tinieblas que se produjeron después de la muerte de Jesús.

En la izquierda, se representa la visita de las tres Marías al sepulcro vacío (María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé), con San Juan, cuando Jesucristo ya ha resucitado. Encima de ellos se representa el sol en un clípeo humanizado que alude a la luz y la esperanza para los cristianos después de la resurrección.


Esta bella escultura de mármol se salvó de la piqueta de milagro, nunca mejor dicho, y gracias a esto hoy podemos admirarla en el transepto derecho de la catedral de Parma, destacado en sitio preferente. Y bien lo merece, como se puede observar en estas fotografías hechas con la cámara de mi móvil.

Claro que nada es mejor que mirarlo delante, de frente, observar los detalles, los relieves, leyendo las palabras grabadas en el mármol e imaginando la admiración de aquellos fieles del siglo XII que podían ver la vida de Jesucristo con representaciones artísticas como esta. Ellos no tenían otra forma, y nosotros teniéndola, nos quedamos prendamos como se quedarían aquellos admirando esta maravilla.

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