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lunes, 11 de noviembre de 2019

La aguadora de Bañuls




Si hay una plaza acogedora en Alicante, esta es una de ellas. Lo tiene todo, o casi todo, no me tachen ustedes de exagerado. Está en el centro de la ciudad y cerca del mar, bueno más cerca está del puerto deportivo para ser más exacto. Rodeado de construcciones de poca altura con un edificio singular que dio nombre a la plaza en el argot popular. Tiene arbolado de altas copas y frondosas ramas. Pergolas para pasar el rato bajo su sombra y, en medio de la plaza, una preciosa fuente. Además de muchas terrazas de bares y restaurantes que dan vida a este emblemático lugar de encuentro de Alicante. Seguro que ya han adivinado su nombre.

Esta es la plaza de Gabriel Miró. Aunque no siempre se ha llamado así. Tuvo también el nombre de plaza de las barcas; de la reina Isabel II; y de Correos.

Ahora cuesta creer que el mar hacía orilla muy cerca de aquí. En ella, las barcas de pescadores descansaban sobre la arena de la faena cotidiana. Aunque eso fue hace mucho tiempo. Vean. Aprovechando la cercanía del mar, aquí se construyó una casa para guardar la sal. Así nos lo cuenta Viravens en su Crónica (1876): “Felipe II mandó construir una casa que se llamó Del Rey para depositar los cargamentos de sal que conducían los buques a este puerto desde las salinas de la Mata (1591). Este edificio, que costó al Real Patrimonio 2.200 ducados, fue construido sobre el borde de la playa que entonces había donde en nuestro tiempo se ha formado el jardín de la plaza de Isabel II”. Ya ven, el terreno de esta zona se ganó al mar. Con el cambio climático y el calentamiento global, el mar podría intentar recuperar este espacio que antes fue suyo, pero eso es otra historia y ya hará algo el hombre sobre la naturaleza para impedirlo. Habrá que aprender de los holandeses que sobre esto tienen mucha experiencia.

En esta plaza hay un edificio emblemático, el de Correos, en cuyo solar antes hubo un almacén de sal ó del Rey, hospital, presidio, cine y teatro de zarzuelas. Frente a él hay un pequeño busto que representa al escritor alicantino Gabriel Miró. En reunión plenaria del Ayuntamiento en 1932 se decidió hacer una escultura de este insigne escritor para colocarlo en el jardín que lleva su nombre, aunque no se inauguró hasta el 27 de mayo de 1935 en presencia de Dubois, Director General de Bellas Artes, en representación del Gobierno republicano, y de Vicente Martínez-Pinna, Teniente de Alcalde de Alicante. Este manifestó que la ciudad dedica esta escultura “que perpetúa el culto y la admiración de Alicante a su hijo esclarecido”. Se leyeron cartas de adhesión de Azorín, Altamira y Oscar Esplá, así como de la viuda e hijos de este escritor. Los niños del Grupo Escolar Gabriel Miró, de las Carolinas, depositaron un ramo de flores junto al monumento. El escultor de esta obra fue José Samper.

Un gran ficus da sombra y cobijo todo el año a esta escultura. El ficus es de la especie denominada macrophylla. En esta plaza hay varios ficus, uno de ellos es considerado el “más notable de todo el país” según el mapa forestal de España. El Ayuntamiento de Alicante los ha incluido en el Catálogo de Árboles Monumentales de interés local, para protegerlos, con los otros ficus gigantes que hay en la ciudad hasta un número de 23 ejemplares. Los más grandes suelen tener anchos troncos, algunos de 6 metros de diámetro, pueden alcanzar los 50 metros de altura y tener copas de más de 25 metros de diámetro. Sus hojas son de color verde durante todo el año. Todos ellos son un gran tesoro de la ciudad por lo que tenemos que protegerlos. Son admiración no sólo de los muchos turistas que nos visitan sino también de no pocos alicantinos que nos asombramos de su tamaño, del grosor de sus troncos, de su altura,...

En medio de la plaza hay una fuente. El correr de su agua da esa musicalidad que amansa a las bestias e inspira a los inteligentes. Algo de esto he leído por ahí, ¿saben la leyenda de Orfeo?. La frase que “la música amansa a las fieras” es originaria de la leyenda de Orfeo (s. Vi a. C.), músico y poeta griego que tenía un don especial con la forma de tocar la lira y de entonar su canto que amansaba a las fieras más salvajes.

Pero hay más. A finales del siglo XIX, concretamente el 16 de octubre de 1898, llegó agua potable a esta plaza canalizada desde Sax, nada menos. Ya entonces se las ingeniaban para traer agua a la sedienta Alicante. Posteriormente, en 1918, en el mismo lugar donde fluía esta agua a través de un surtidor, se construyó una escultura a modo de fuente. A esta se le llama desde entonces “la aguadora”. El escultor Vicente Bañuls es su autor. Tomó como modelo a una chica joven de 17 años que vivía cerca de su casa y que tenía por nombre Susana Llaneras Rico. Ella es la protagonista, esculpida en piedra, y objeto de tantas miradas. Después de observarla un rato parece que se gira y te mira presumida con esa picardía de las adolescentes.

La aguadora está sobre un pedestal junto a unos niños de piedra. De sus brazos inclina un jarro por donde cae el agua sobre un fauno. Con el 110 aniversario del trasvase de agua potable desde Sax se restauró esta fuente por Aguas Municipalizadas de Alicante cuyas obras tuvieron un coste de ciento setenta y cinco mil euros, siendo Sonia Castedo la alcaldesa de la ciudad (2008), manifestando en la inauguración de esa restauración que “la ciudad se embellece, se pone guapa con el agua, uno de los elementos que más escasea por aquí”.  Pues eso.



Este artículo lo he escrito con anterioridad en mi columna de opinión del periódico Alicante Plaza.

lunes, 22 de abril de 2019

Ficus gigante en Alicante




Uno de los muchos atractivos turísticos que tiene Alicante son sus ficus gigantes, árboles centenarios y singulares que hay en diversos parques y avenidas de la ciudad.

Son ficus de hoja grande, denominados ficus macrophylla y ficus nitida. Su origen es Australia. Los más grandes suelen tener anchos troncos, algunos con 6 metros de diámetro, pueden alcanzar los 50 metros de altura y tener copas de más de 25 metros de diámetro. Sus hojas son verde oscuro brillante durante todo el año.

De largas y enormes raíces que se aferran a la tierra, algunas al aire libre. Estas parecen serpientes, brazos, que se tuercen y retuercen, que se doblan a derecha y a izquierda, arriba y hacia abajo, modelando las líneas como si se tratara de una escultura de la naturaleza. La frondosidad de estos ficus, el grosor de sus ramas, hace que el propio árbol desarrolle unas raíces aéreas que caen de sus ramas hasta el suelo para mantener el equilibrio y evitar que se fracturen por su peso.


Según la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Alicante son árboles singulares “aquellos ejemplares arbóreos ó arbustivos de porte arborescente con unas características extraordinarias de rareza, porte, edad, significado histórico, cultural ó científico”. Estos árboles están protegidos por ley para su protección y mantenimiento. El Ayuntamiento de Alicante los ha incluido en el Catálogo de Árboles Monumentales de Interés Local con 23 ejemplares registrados. Desde dicha Concejalía se pone empeño en la divulgación de las características de estos ficus para conocimiento de la comunidad científica ó medioambiental y, también, de todos los ciudadanos porque “no se pone interés por aquello que no se conoce”.

Estos ficus centenarios están ubicados en diversos parques de la ciudad: en el Portal de Elche, Plaza Gabriel Miró, Paseo de Canalejas, Avenida Salamanca junto a la estación de Renfe, Avenida Juan Bautista Lafora, Calle San Agatangelo y Parque El Botánico.

El Portal de Elche se construyó a mediados del S. XIX después de derribar las murallas que se levantaban antes de la Rambla (esta es actualmente una de las avenidas principales de la ciudad). En medio hay un kiosko - hoy es un bar - que imita a uno de los cuatro que había en cada una de sus esquinas cuando se inauguró esta plaza. Los ficus son enormes, de los denominados ficus macrophylla.


En lo que se llamó plaza de las Barcas, de Isabel II, de Correos y hoy de Gabriel Miró (s. XIX), encontramos esta plaza cuyo terreno fue ganado al mar. Es una de las plazas más entrañables de Alicante. En ella hay unos ficus de gran porte en las esquinas y en algunos de sus lados, que rodean a una fuente, de nombre “La Aguadora” del escultor Vicente Bañuls. En esta plaza encontramos el ejemplar de ficus más notable de todo el País, según el mapa forestal de España, junto con tres ficus de la misma especie, denominada macrophylla. Tienen un diámetro de copa que supera los 25 metros.


El proyecto de jardinería del Paseo de Canalejas se inicia en 1886. Es un parque de tierra con extensiones de árboles y arbustos separados por parterres. En el hay muy bellos ejemplares de ficus, en concreto hay 6 de ficus macrophylla y 11 de ficus nitida.

Junto a la fachada principal de la estación de tren (Renfe) hay tres ficus con parterre. Bajo sus altas copas, sus anchas ramas y frondosas hojas se refugian los transeúntes en verano para refugiarse del sol y del calor sofocante. Estos árboles singulares todos los años son elegidos por los estorninos como descanso en su viaje migratorio. Son más jóvenes que los citados con anterioridad, aunque son enormes.


Salvo los de la Avenida Salamanca, la calle San Agatangelo y el parque El Botánico, los demás forman parte de la red de senderos urbanos que ha planificado el Ayuntamiento de Alicante dentro de su entorno municipal, en concreto es el sendero denominado “Paseos y árboles singulares en el Centro Tradicional de Alicante”.

lunes, 11 de febrero de 2019

Secuoyas en el Cortijo de La Losa




Algunas veces el tamaño sí que importa, ya verán muy pronto a que me refiero porque los protagonistas de nuestra excursión son los árboles más grandes del planeta. Pueden llegar a tener 100 metros de altura y 1.000 años de vida. Son las secuoyas. Las visitamos iniciando la marcha desde el hotel rural Collados de la Sagra (Puebla de Don Fabrique) en la carretera GR-100 hasta el Cortijo de la Losa por la carretera A-4301.








Las secuoyas sólo crecen de forma espontánea en el extenso Parque Natural de Yosemite en California (EEUU). Lo curioso es que no nos hemos ido a California a disfrutar de ellas. Que va, las hemos visitado en España.

Estas secuoyas son unos árboles singulares que han crecido y se han desarrollado muy lejos de su hábitat habitual. Pero ¿cómo llegaron al altiplano de la provincia de Granada, a los pies de la Sierra de La Sagra?.








A principios del siglo XIX se plantaron unas treinta secuoyas a ambos lados de la carretera y en lo que hoy se conoce como el Cortijo de la Losa que es propiedad de Alfonso de Bustos y Bustos, Barón de Bellpuig. Fue su bisabuelo, Rafael de Bustos y Castilla de Portugal, Ministro de Fomento de la reina Isabel II, quien trajo las semillas de secuoya para plantarlas en tierras de su propiedad. De las secuoyas que plantó, las mejor conservadas son las que están dentro del Cortijo al estar en un recinto privado al que sólo se puede acceder con permiso y acompañado de un guía turístico.








Al grupo de amigos que queremos saber más de este singular árbol nos acompaña Busta ó Bustamante, que es como llaman en la zona al guía turístico que nos permite el acceso y del que recibimos todo lujo de detalles de las secuoyas y de la finca en donde se encuentran estos árboles. Son 13 las secuoyas que hay dentro del Cortijo. Busta nos dice que es el ser vivo más grande, más alto y más longevo del mundo. Aquí la secuoya más alta tiene una altura de unos 50 metros y 150 años de vida. La de la base más gruesa tiene un diámetro de 7,10 metros: hace falta al menos 8 personas con los brazos extendidos para rodear el tronco al completo.





La finca del Barón donde están estas secuoyas tiene una extensión de 2.127 hectáreas que, en los últimos años,  ha reproblado de muflones, ciervos, gamos y cabras hispánicas hasta conseguir más del medio centenar de ejemplares convirtiendo a este Cortijo en uno de los mejores cotos de caza mayor de Andalucía. Busta dice que pocas veces se dejan ver los venados y que alguna vez un gran búho real ha volado desde su nido en una cota alta de una de las secuoyas ante el asombro y la sorpresa de los visitantes por el ruido que producen sus largas alas y la majestuosidad de su plumaje.

Si extraño parecía que pudiéramos ver estos árboles singulares en España, más curioso es el nombre que les ha puesto el argot popular: las mariantonias. Nadie hoy sabe descifrar desde cuando las llaman así ni quien les puso este mote, pero ahí queda dicho, caracterizando esa gracia natural del andaluz con el timbre de su acento y con la imaginación a la hora de poner los motes a las personas, a los lugares ó a las cosas. También se les llama wellingtonianas porque se cuenta que fue el Duque de Wellington quien introdujo las semillas de las secuoyas en 1839 en España.

Este bosquecillo de secuoyas y el de La Granja en Segovia son los únicos que hay en España y de los pocos que hay en Europa por lo que disfrutar de su vista es un lujo que nos ofrece la naturaleza.

miércoles, 29 de octubre de 2008

la carrasca de la tía Sofía

En la partida de la Boira, por una pista de tierra, en el camí que lleva a la font dels Espinal (ó de els Fares), por uno de los que se dirigen al Pla de Casa en la Serrera. Aquí, entre campos de secano. Entre olivos y almendros. En este silencio sólo roto por los pájaros y por el rumor de las hojas de los árboles cuando le bailan al viento. Aquí …

La carrasca de la tía Sofía. Este maravilloso ejemplar está considerado como un árbol singular y de interés local por representar a la vegetación arbórea de esta zona. Aunque por sus características no es monumental. 250 años han pasado por su tronco, su corteza, sus ramas. También es punto de referencia y de encuentro para muchos senderistas que allí se reúnen antes de subir a la Serrella.


La carrasca es una especie típicamente mediterránea. Su madera es muy dura teniendo mucha utilidad para elaborar piezas que soporten una fuerte presión. Como la utilizada en carros y arados. Su leña es excelente para quemar y para el carbón vegetal, quizá por esto muchos de las antiguas carrascas han desaparecido. Su corteza tiene gran cantidad de taninos y se utilizan para tratamientos de la piel y en farmacia se preparan con ella medicamentos astringentes. Las hojas son perennes, de forma variable y de forma dentada. La parte superior de la hoja es verde oscuro y la inferior blanquinosa con pelos. Los frutos, las bellotas, son comestibles, de un color marrón oscuro.



La tía Sofía nació en 1884 en Quatretondeta. Vivió toda su vida en el pueblo, salvo un periodo de tiempo que emigró a Oran en busca de mejores oportunidades, de mejores ingresos, de mejores condiciones de vida. En el pueblo vivió de los frutos que le daba la tierra. Almendras. Aceitunas. Uvas. En aquella época había vides por estas tierras. Su padre compró esta Partida en 1920. La tía Sofía la heredó de su padre. La actual propietaria es su hija Sofía.

la tía Sofía, su hija y su nieta
Después de disfrutar de su sombra. Después de admirar su tamaño, la frondosidad de sus ramas. Después de estar junto a su tronco largo rato, volvemos a Quatretondeta. En el Hotel Els Frares nos espera un arroz al horno, plato típico de esta comarca. Y durante la tertulia, palabras sobre estos terruños, voces sobre sus pobladores, sonidos de sus historias y sus costumbres. Y un largo etécera, que dejamos que corra para que se alargue la tarde, mientras los colores del atardecer suavizan las sombras del comedor. Mientras el día invita a la noche a tener su protagonismo, a llenar el cielo de estrellas.

¿Cuánto crees que sabes de Alicante? Pascual Rosser te sorprenderá con su nuevo libro

  Hay historias de Alicante que conocemos, otras que hemos escuchado alguna vez y muchas que permanecen escondidas en la memoria de la ciuda...

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