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domingo, 25 de diciembre de 2022

¡¡¡ Papá Noel es alicantino !!!

 


¡¡¡ Papá Noel es alicantino !!!!. Venga ya, me dirán algunos de ustedes. Me comentarán eso de que es una afirmación rotunda sobre la Navidad que viene bien en los tiempos que corren. Pero es mucho más, no es una exageración. Es así y ahora se lo cuento. Después saquen ustedes sus propias conclusiones. Verán cómo coincidimos en nuestra percepción cuando conozcan los hechos.

Decirles también que conozco personalmente a Papa Noel. Fui a visitarlo a su casa en Rovaniemi en Laponia (Finlandia), su actual residencia. Fue un encuentro mágico, entrañable e inolvidable. En un día frío de invierno, con un paisaje todo vestido de blanco por una copiosa nevada la noche anterior. Cerca de su casa estaban sus renos y su trineo. Ya adaptado este a los nuevos tiempos, con calefacción para no sufrir el frío en sus largas travesías. Luego les cuento cómo se desarrolló esa entrevista.

 
Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás,..... ¿Me siguen?. Partamos del origen de su nombre. Se le considera un hombre alto, robusto, bonachón de mirada y de modales, con bigote y barba blanca, con un don de gentes extraordinario y muy generoso. Este es el perfil de un santo, si créanlo. Me refiero a San Nicolás de Bari, que fue obispo de Myra. En su ejercicio episcopal tuvo una sensibilidad especial por los niños pobres. Nació en Turquía, en familia acomodada, de buena familia y con un mundo lleno de oportunidades a sus pies. Pero el destino se cruzó en su camino para iniciar una vida de servicio a los demás que fue el motivo solidario de su existencia. Cuenta la tradición que entre los lugares que visitó para predicar la palabra de Dios, recaló en Alicante. Llegó por mar en un bajel de alta borda y ancha manga con la bodega llena de buenas intenciones y muchos propósitos. San Nicolás es patrón de Alicante.

 

España fue un Imperio, a través de la Monarquía Hispánica, ese del que decían que en él nunca se ponía el sol, y quedaron en las tierras conquistadas muchas costumbres heredadas de nuestra estancia allí cuando dejó de serlo. De esa época es la leyenda holandesa que cuenta que San Nicolás partió del puerto de Alicante con la bodega de su barco llena de mandarinas y naranjas de la huerta alicantina, galletas y juguetes para los niños. Su destino eran los puertos de los Países Bajos. Esta travesía y su llegada a uno de sus puertos es actualmente una de las fiestas más populares en esos países. La llaman la Sinterklass y lo celebran el 5 de diciembre. Cada año San Nicolás llega a un puerto diferente. Viste de rojo, con capa, mitra y báculo. Lo reciben en el muelle y desde allí recorre las calles a lomos de un caballo blanco aclamado por el pueblo y, sobre todo, por los niños que esperan impacientes sus regalos. Esta tradición se exportó a América por los holandeses, en concreto a Nueva Amsterdam, actual ciudad de Nueva York, que fue colonia holandesa (s. XVII). La ciudad fue fundada en 1625 en la isla de Manhattan por la Compañía de la India Occidental Holandesa. En 1809 el escritor estadounidense Washington Irving convirtió el Sinterklass holandés en el Santa Claus norteamericano. Hizo su propia traducción y se implantó en aquel país con su propia evolución.


A finales del siglo XIX una empresa de frigoríficos de EEUU publicitaba sus productos manifestando que Papá Noel viene del Polo Norte. A principios del s. XX la Coca Cola hizo suyo este eslogan y se popularizó en todo el mundo.

 

La tradición de Santa Claus volvió a Europa pero se adaptó con el nombre de Papá Noel. Esta vez el origen es francés. Verán. Inicialmente usaban la mención de Santa Claus Peré Noel (Santa Claus padre de la Navidad). En España se aceptó ese uso, pero como Papá Noel y se hizo popular.

 

Ya ven las vueltas que dan las cosas. Hoy Papá Noel está consolidado como ese mago grandullón que es capaz de repartir millones de regalos durante la nochebuena y la madrugada de la Navidad. Una ardua tarea con mucho trabajo donde la magia y la imaginación se multiplican para llegar a todos los hogares.

 

De esto y de muchas más cosas hablé con Papá Noel en mi visita a su casa de Ravaniemi. De troncos de madera, con pieles de reno en las paredes y una enorme chimenea, caldeaban en el interior las temperaturas gélidas que había en el exterior y producía un clima acogedor que daba pie a la conversación. Fruto de esta charla, mis hijos recibieron una carta de Papá Noel al año siguiente. Imagínense su cara de sorpresa, y la nuestra, cuando recibieron esas cartas. Les produjo tanta ilusión que aún las conservan en casa. Y no es para menos, que gran recuerdo, que regalo tan bueno con tan poco.

 


También hablamos de esa injusta y falsa rivalidad entre Papá Noel y los Reyes Magos de Oriente, esos reyes y esos magos que fueron a adorar al niño Jesús en Belén, a Jesús de Nazaret, y que le llevaron oro, incienso y mirra. Y que en la noche del 5 al 6 de enero traen regalos a millones de niños y no tan niños. Dijo injusto porque cada uno viene de culturas distintas y de hábitos diferentes. Y que si un regalo hace sonreír a un niño (en sentido amplio), da igual de donde venga.

 

A Papá Noel le pedí muchas cosas. Además de salud para mi familia, le pedí (y le pido) que ejerciera su magia sobre nuestra querida España. “Mi querida España. Esa España mía, esa España nuestra” que dice la canción. ¿La recuerdan?. Es de Cecilia, publicada en abril de 1975. A Papá Noel le pedí que ejerciera su buena influencia sobre los políticos españoles, sobre esos que priman su interés personal sobre el general, que dan más importancia a su sola ambición que al bienestar del pueblo español, que no velan por el sentido común. Hablamos del mundo, de la hambruna y la pobreza y de lo mucho que pueden ayudar los países desarrollados a los que no lo son. Comentamos sobre el cambio climático, por lo mucho y grave que ve desde las nubes. Me habló de la paz mundial y de lo mucho que aboga por ella dirigiendo parte de su magia hacia aquellos líderes que podrían impedir las guerras. Aunque algunos no le hacen mucho caso.

 

A Papá Noel, a Santa Claus, a San Nicolás, dejaremos nuestro calcetín cerca de la chimenea, o de la ventana, para que se acuerde de traernos lo que estime conveniente que nosotros en casa le prepararemos agua para sus renos y un tazón de chocolate caliente para él. Sea bienvenido a su tierra natal. De aquí partió un día la tradición para ilusionar a todo el mundo. De esta tierra hospitalaria que le recibe todos los años con sus mejores galas. De este Alicante que también es suyo.

 

Este artículo fue publicado con anterioridad en mi columna de opinión del periódico Alicante Plaza, el 21.12.2020.

Este artículo está relacionado con otro publicado en este blog el 29 de diciembre de 2017 titulado  "SinterKlaas desde Alicante", puedes leerlo en este enlace

lunes, 31 de diciembre de 2018

Alicante y el origen de Papá Noel




El origen de Papá Noel, esa persona generosa que colma de regalos a quien se lo merece por sus hechos y/ó por sus conductas, nació en Alicante. Rotunda frase. ¿No me creen?. Pues yo se lo cuento. Lean, lean, no pierdan detalle.

Todos saben que Papá Noel es ese señor de bigote y barba blanca, vestido de rojo, gordinflón que lo está no tanto por lo mucho que come sino más por las muchas sonrisas que recibe repartiendo juguetes y otros enseres cotidianos que alegran a quienes los reciben.

Hace unos años visité a Papé Noel en su caseta de Rovaniemi, en Laponia. Todo nevado, en un ambiente frío en la calle, pero caluroso en el interior de su casa. Conocía de mi familia, como no, lo sabe todo. Le hablé de mis hijos, de sus sueños, de sus deseos, de sus ilusiones. Imaginen la cara que pusieron cuando un año después de esa entrevista recibieron en Navidad una carta de Papá Noel. No salían de su asombro. Nosotros tampoco. Aún la guardan como oro en paño por mucho que mi hija sea mayor de edad y mi hijo esté cerca de serlo. Con un gesto tan pequeño, con unas cuantas palabras, les colmó de alegría. Luego llegarían los regalos mientras dormían en la mágica madrugada de Nochebuena a Navidad después de celebrar el nacimiento del niño Jesús, llamado después Jesús de Nazaret.

Hoy a Papá Noel le pediría otras cosas mundanas, además de la salud de mi familia. Le pediría muchas cosas de otros que nos afectan a todos. Sobre todo a los gobernantes a quien les solicitaría que en sus decisiones prime siempre el interés general y no el particular, que no sean egoístas ni tan ambiciosos que sólo les importe lo propio sin mirar más allá de su ombligo, que no jueguen con la unidad de España, que cumplan con lo que prometen, que estén cerca del ciudadano para solventar lo que la sociedad les demande, que sean generosos y solidarios, que hagan todo lo posible para el bienestar social y la paz en nuestras calles y en el mundo.

¿Y que tiene todo esto que ver con Alicante y el origen de Papá Noel?. Todo. El origen de Papá Noel es San Nicolás, el patrón de Alicante. Nada menos. San Nicolás de Bari nació en un pueblo de Turquía alrededor del año 270 después de Cristo. Evangelizó tierras de Asia y estas costas del Mediterráneo. Cuando España era un Imperio, con  la Monarquía hispánica como líder, entre otros territorios dominó buena parte del centro de Europa e Italia dejando in situ muchas costumbres cuando dejó de serlo. Cuenta la tradición que San Nicolás se embarcó en un barco de vapor desde el puerto de Alicante para navegar hasta los Países Bajos con la bodega cargada de mandarinas de la huerta alicantina, galletas y regalos para entregar a los niños. Esta travesía y su llegada a puerto es una de las fiestas más populares de los Países Bajos. La Sinterklaas, que así se llama, se celebra el 5 de diciembre. Cada año reciben a Papá Noel en un puerto diferente de los Países Bajos. Esta tradición emigró a Nueva Amsterdam, antigua colonia holandesa y actual ciudad de Nueva York. El tiempo fue adaptando esta costumbre en EEUU hasta denominarse Santa Claus. Desde EEUU se divulgó primero por todo el mundo anglosajón, después por el mundo latino, tomando también el nombre de Papá Noel.

Ya ven qué pequeño es el mundo y lo mucho que aportan los ciudadanos de una ciudad como Alicante a orilla del Mediterráneo donde el puerto y el mar forman parte de nuestras señas de identidad y desde dónde se emprenden tantas cosas como este largo viaje de San Nicolás, Santa Claus ó Papá Noel.



Este artículo se ha publicado con anterioridad en mi columna de opinión del periódico Alicante Press

viernes, 29 de diciembre de 2017

SinterKlaas desde Alicante


La fiesta de Sinterklaas (San Nicolás) es una de las más populares de Los Países Bajos. Se celebra el 5 de diciembre.

Según la tradición San Nicolás se embarca en el puerto de Alicante (España), a orillas del Mediterráneo, en un barco de vapor para realizar una larga travesía no exenta de peligros por los fuertes vientos, por las altas olas, por las intensas corrientes, sobre todo del Atlántico. La bodega del barco está llena de regalos, así como de naranjas y mandarinas de la huerta alicantina, para los niños que se los entregará el día de la fiesta. Además de las galletas llamadas Pepernoten. San Nicolás irá acompañado de un paje, Pedrito el negro que así se llama, que será quien se cuele por las chimeneas de las casas para llevar los regalos a los niños, y los dejará junto a sus zapatos.


En tierra, San Nicolás montará un precioso caballo blanco para recorrer calles y caminos y conseguir la felicidad de muchos niños. Su sonrisa merecerá cualquier dificultad en el viaje, cualquier inclemencia del tiempo, cualquier contratiempo. San Nicolás irá vestido de rojo, con capa, mitra y báculo. Cada año San Nicolás llega a un puerto diferente de los Países Bajos.


San Nicolás de Bari nació en Patara de Licia ó Arsínoe (Turquía) alrededor del año 270 después de Cristo y murió un 6 de diciembre de entre los años 345 y 352. Fue Obispo de Mira, en Licia en el siglo IV. Evangelizó tierras de Asia y de la Europa Mediterránea. Sus reliquias se veneran en Bari (Italia). Es Patrón de Alicante y el 6 de diciembre se celebra su festividad en esta ciudad.


Esta tradición del SinterKlass es originaria de los territorios ocupados por los ejércitos de la Monarquía española en la actual Italia y en Flandes y se consolidó en los Países Bajos incluso después de no ser parte del Imperio español, hasta nuestros días. Esta tradición se mantiene y, también, emigró en el siglo XX a Nueva Amsterdam, actual ciudad de Nueva York y antigua colonia holandesa. El tiempo fue adaptando esta fiesta en EEUU hasta lo que ahora conocemos por el nombre de Santa Claus.

Desde EEUU se divulgó por todo el mundo anglosajón hasta establecer después su domicilio en Rovaniemi en Laponia, en un entorno apartado desde donde organizar el reparto de ilusiones por todo el mundo en forma de juguetes y regalos de todo tipo.


Mientras en los Países Bajos disfrutan de su Sinterklaas, en España, San Nicolás, Papa Noel ó Santa Claus han regresado a nuestras tradiciones populares y se ha colado sigilosamente en Nochebuena en nuestras casas mientras dormimos para colmarnos de regalos. 

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