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viernes, 23 de agosto de 2019

Las balconadas de Altea



Altea es un lugar ideal como punto de encuentro de actividades de todo tipo. Es una población hospitalaria abierta al Mediterráneo, con personalidad propia. Es una población de fachadas blancas inmaculadas, limpia, y referencia turística en el levante alicantino.

En los años 60 y 70 del siglo XX Altea fue refugio de pintores. Encontraron en esta localidad un lugar apropiado para evolucionar con su arte y desarrollarse artísticamente. Y poco a poco el casco antiguo de Altea se fue llenando de galerías y estudios de arte. Principalmente, pintura y escultura. Buena parte de los bajos comerciales de la calle Mayor se ocuparon por artistas que mostraban y vendían sus reproducciones artísticas. Oriundos de esta tierra y venidos de otras latitudes, de nacionalidades distintas, encontraron en Altea su escaparate para mostrar sus representaciones artísticas. Pintores como el belga Marc Abel, el alemán Eberhard Schlotter, el segoviano Daniel Gil Martín, la alcoyana Polín Laporta, el suecano Just Cuadrado, así como los alteanos Tachi Lloret, Alicia Hernández, Miquel Zaragoza Llorens; entre otros.





Pero la presión turística fue trasladando esas galerías y estudios a otros lugares y hoy en la calle Mayor ya no hay artistas. Los sustituyeron tiendas de todo tipo. Sólo queda un superviviente de aquella tendencia artística, la tienda de cerámica contemporánea Pau-Cámara.

Para recuperar ese espíritu artístico y emprendedor el Ayuntamiento de Altea inició a finales de los años 90 una curiosa iniciativa: sacar el arte a la calle para acercarlo a la gente. Querían recuperar aquellas manifestaciones artísticas espontáneas y al aire libre de pintores que con sus caballetes dibujaban y pintaban en sus lienzos cada rincón de Altea. Esta localidad fue la inspiración de sus marinas y de su propio estilo. 





Las balconadas, les balconades en valenciano, es el nombre que el Ayuntamiento puso a esta iniciativa. Las calles del casco antiguo de Altea: San Miguel, Mayor, Concepción, Porta Vell y Salamanca muestran - colgando de sus balcones - cuadros y murales de pintores que se han involucrado en esta acción pública y artística. 

A la vista del transeúnte llama la atención ese más de medio centenar de cuadros que llenan de arte y de color esas calles de Altea, recuperando aquel punto de encuentro que pintores de diversas nacionalidades encontraron en Altea como el lugar donde establecerse y realizar su arte.




De esta iniciativa se han contagiado otras poblaciones  Si en agosto esos cuadros ó murales cuelgan desde los balcones de Altea, también lo hacen en Alfaz del Pi en septiembre, así como en Agost y Benimantell en octubre.

domingo, 7 de abril de 2019

La despeinada




Diminuto y sensual, “la despeinada” (“la Scapigliata”, en italiano) es un retrato precioso pintado por Leonardo Da Vinci en 1508. Retratada en tierra oscura, ámbar verdoso y albayalde sobre tabla, mide 24,7 cm de alto y 21 cm de ancho.

Leonardo Da Vinci dejó escrito que a “las mujeres las hemos de representar en actitud cohibida, piernas muy juntas, brazos recogidos y cabeza baja y ladeada”.

Como en otras de sus obras, “la despeinada” tiene la cabeza ladeada. También una mirada traviesa y misteriosa, además de una media sonrisa cautivadora. Es una mujer joven que transmite serenidad. Es un verso dulce de la belleza. Ya lo decía Leonardo Da Vinci cuando manifestó que “la pintura es poesía muda; la poesía, pintura ciega”.

“La despeinada” es una obra inacabada, ó quizá el boceto para un dibujo ó una pintura posterior. Sea para lo que la pintara, es un retrato maravilloso. Da Vinci despierta la curiosidad de todos los que observamos a ese rostro, cuyo dibujo es característico de las mujeres a las que pintó, aquellas que acarició con su lápiz, después con sus pinceles, esa sonrisa templada, ese cara que mira tímida al espectador provocando la atención de quienes se dejan cautivar por su mirada. Su cabello desordenado no confunde ni distrae a quienes nos dejamos enamorar por la calidez y la expectación que nos produce su observación. Nos mira casi sin mirarnos, con los ojos medio abiertos, de abajo a arriba, quizá sentada, con la humildad de la que se siente observada y admirada.

Su casa es la pinacoteca nacional de Parma, en el Palacio de la Pilota. La guardan, casi la esconden, como si se tratara de un tesoro. Llegamos a ella al final de un largo pasillo. Este retrato se observa casi a oscuras. Así, destaca más el trazo de los detalles, nada hay que distraiga la contemplación de este cuadrito que llama la atención a todos los que nos acercamos a mirarlo.

Rodeado de tantas maravillas que hay en este museo, ahí lo ven, este cuadro es pequeño pero imprescindible en esa colección de pinturas y de esculturas.

Este museo fue ideado e impulsado por Felipe I de Borbón, Duque de Parma, en 1757, por medio de la Academia Ducal de Pintura, Escultura y Arquitectura. En este museo destacan también obras de Beato Angélico, Canaletto, Corregio, Sebastián del Piombo, Parmigianno, Tintoreto, …

La bella ciudad de Parma bien merece una visita para admirar su catedral, su baptisferio y su entorno medieval, sus palacios de colores pastel, su gastronomía con su queso y jamón parmesano, … Y, por supuesto, “la despeinada”, su mirada no te dejará indiferente y te llevarás un grato recuerdo.

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