martes, 20 de septiembre de 2011

el navío Santísima Trinidad en el puerto de Alicante

 

“Entre las impresiones que conservo de mi niñez está muy fija en mi memoria el placer entusiasta que me causaba la vista de los barcos de guerra cuando fondeaban frente a Cádiz ó San Fernando”, así se expresa Gabriel, con cierta nostalgia, el protagonista de la novela “Trafalgar”, primer volumen de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós (1).

maquetaST navío Santísima Trinidad

De la misma manera me impresionaría a mí siendo niño y sin serlo. Aquellos barcos de madera de altos mástiles, de larga eslora y alta borda, bien armados de cañones y con mucha valentía entre sus cuadernas, en sus puentes, en su cubierta, en sus cofas. El heroísmo era necesario en los mandos, pero también en la tripulación.

La España del siglo XVIII era dueña de los mares. España dominaba grandes extensiones de tierra, casi toda América del Sur entre ellas. Necesitaba una flota bien pertrechada para el tránsito de personas, mercancías y el ansiado oro y plata de ultramar codiciadas por las naciones rivales. Y para proteger a estos ciudadanos, a estas riquezas, necesitaba un gran poderío naval.

El navío de esta historia fue protagonista de esta Armada española. El Santísima Trinidad, navío de cuatro puentes. El mayor barco de guerra nunca visto antes, con una tremenda potencia de fuego que hizo temblar a los navíos contrincantes, sus tripulaciones y sus capitanes.

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Desde principios de este verano, hay amarrado en el puerto de Alicante una reproducción a tamaño real de este coloso del mar. Viéndolo impresiona y uno se imagina sus batallas y sus victorias. Pero su historia está bien documentada por lo que permite amig@ lector que te la cuente.

P1380721el Santísima Trinidad amarrado en el puerto de Alicante

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P1380263 el Santísima Trinidad en el puerto de Alicante

A principios de 1768 el Conde de Aranda presentó al rey Carlos III el expediente de construcción de este barco. El rey le puso el nombre de Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin, en honor de las tres divinidades católicas que estaban reproducidas en un púlpito que tenía en el Salón del Trono. Fue botado en el Arsenal de La Habana (Cuba) en 1769, después de emplear más de dos años en su construcción. Se utilizaron diversas maderas nobles como caoba, júcaro y caguarán, con un alto coste de unos 40.000.- ducados. Todo en él era desproporcionado. Tenía 63 metros de eslora, 17 metros de manga y 8 metros de puntal. Pesaba 4.950 toneladas, tenía una tripulación del 1.160 hombres y llegó a estar armado con 140 cañones.

CONDE DE ARANDA CARLOS III

     Conde de Aranda                          Carlos III

Zarpó en marzo de 1770 en su viaje inaugural. El 12 de abril del mismo año el Santísima Trinidad entraba en la ría de Vigo ante la sorpresa y la admiración de cuantos lo observaban desde las orillas. Su capitán Joaquín Maguna tenía encomendado llevar este barco al Departamento Naval de El Ferrol a cuyo Arsenal llegó el 15 de mayo. De esta travesía atlántica su capitán informó que la derrota del barco caía hacia la derecha al reducir lona, que entraba agua por las troneras de la primera batería con tiempo bravo y que costaba gran esfuerzo disponer el buque en la posición deseada. Se le hicieron unas reparaciones a estos defectos de fabricación antes de partir a Cádiz. Este navío estuvo marcado para siempre por estos problemas para maniobrar y navegar, a pesar de las diversas reparaciones que se le hicieron.

Santísima Trinidad con las velas desplegadas

Participó en numerosas batallas navales. Fue buque insignia de la flota española en julio de 1779 durante la Guerra de Independencia Norteamericana al declarar España y Francia la guerra a Gran Bretaña para apoyar a las personas de aquellas colonias. Participó en el control del Canal de la Mancha durante el mismo año. En 1780 participó en la captura de un convoy inglés de 55 barcos. En 1782 era el buque insignia de la Flota del Mediterráneo, participando en la recuperación de Menorca, arrebatándosela a los ingleses (5 febrero 1782); en la captura de un convoy inglés compuesto de 20 barcos mercantes, al mando del Almirante Cord, quien consiguió huir (agosto de 1782). Ante el fiscal de la corte marcial de su país este Almirante, en defensa de por qué había perdido este convoy, manifestó que “no había flota inglesa en condiciones de oponerse a la de Córdoba (Almirante Córdoba)”. Del Santísima Trinidad dijo que “era un demonio marino” al referirse a su artillería, añadiendo que era desigual batirse con el porque “la altura de su borda implicaba que el fuego de la última batería interesaba el aparejo, mientras que el de las otras dos afectaba al casco de su adversario”, manifestando que la única manera de combatir a un barco como este era a través de la superioridad numérica. Después de este éxito el Santísima Trinidad volvió a Cádiz para apoyar el bloqueo franco-español de Gibraltar y participar en el exitoso encuentro en el cabo Espartel con la escuadra de Howe. De 1783 a 1796 el Santísima Trinidad estuvo en dique seco aplicándole diversas modificaciones. Fue botado nuevamente en el verano de 1796 en el muelle de La Candelaria de Cádiz. El rey Carlos IV nombró al Almirante Juan Lángara y al Comandante Orozco al frente de este barco.

CARLOS IV Carlos IV

Tenían que acompañar a la Flota Francesa con dirección a Canadá, con 40 buques, entre ellos el Santísima Trinidad. Se separaron de la flota gala a la altura del Cabo de San Vicente. El Santísima Trinidad participó en octubre de 1796 en la captura de un convoy inglés de 18 transportes y varios buques de guerra en el Mediterráneo. El ocho de noviembre de 1796 el Santísima Trinidad atracó en el puerto francés de Toulon, junto con otros 50 barcos de guerra, para escoltar la flota del Contraalmirante Villaneuve (unos 20 navíos) que tenía que llegar al puerto francés de Brest. Partieron el 10 de diciembre de 1796 en dirección al Estrecho de Gibraltar. El 14 de febrero de 1797 las flotas inglesa y española se enfrentaron en el cabo luso de San Vicente. El Santísima Trinidad fue cercado y atacado constantemente por barcos ingleses durante dos horas: el Captain, de Nelson (74), el Excellent (74), el Prince George (98), el Blenheim (98), el Orion (74), el Irresistible (74) y el Culloden (74), siendo estos cuatro últimos los que más daño produjeron al Santísima Trinidad que no recibía ayuda del resto de la flota española. Desarbolado, sin poder disparar los cañones y con cuantiosos daños, finalmente vinieron en su auxilio los navíos españoles: el Infante Don Pelayo (74), el San Pablo (74), el Príncipe de Asturias (112) y el Conde de Regla (112). El Santísima Trinidad había estado al borde del desastre. Pudo regresar a Cádiz, al que llegó en un estado lamentable. Después de un corto periodo de paz, con la nueva declaración de guerra con Gran Bretaña a finales de 1804 el Santísima Trinidad estaba en el puerto de Cádiz desarmado, sin pertrechos y dotación. A pesar de esto, por su historial, por los informes de los Almirantes Gravina y Cisneros, que necesitaban de el, el Santísima Trinidad volvió a ser incluido en la Flota española. Se preparaba lo que iba a ser la Batalla de Trafalgar (que contaré otro día en este blog).

P1380853 cubierta y cañones del Santísima Trinidad en el puerto de Alicante

“Figúrense ustedes cuál sería mi estupor, ¡qué digo estupor!, mi entusiasmo, mi enajenación, cuando me vi cerca del Santísima Trinidad, el mayor barco del mundo, aquél alcázar de madera que, visto de lejos, se representaba en mi imaginación como una fábrica portentosa, sobrenatural, único motivo digno de la majestad de los mares. …/... Pero cuando subimos y me hallé en cubierta se me ensanchó el corazón. La airosa y altísima arboladura, la animación del alcázar, la vista del cielo y la bahía, el admirable orden de cuántos objetos ocupaban la cubierta, desde los coys puestos en fila sobre la obra muerta hasta los cabrestantes, bombas, mangas, escotillas, la variedad de uniformes, todo, en fin, me sorprendió de tal modo, que por un buen rato estuve absorto en la contemplación de tan hermosa máquina” (2).

Una sensación parecida a la de Gabriel la tuvimos mi hijo y yo al subir a la cubierta de la reproducción a tamaño real que hay amarrado en el puerto de Alicante. Sus altos mástiles llaman la atención si tenemos en cuenta, además, la altura de su borda. Desde las tablas de su cubierta el puerto y los barcos parecen más pequeños. Un enorme navío que hace recordar tiempos gloriosos de la historia de España cuando dominábamos los mares y llevábamos allende los mares nuestra cultura, nuestra religión, nuestra lengua.

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El Santísima Trinidad fue admirado por todos. Sus medidas exteriores, incluso su decoración interior sobre todo en la popa. Por sus rivales y enemigos. Por los españoles y nuestros aliados. Impresionaba sus proporciones, impresionaba su porte, impresionaba su capacidad de fuego. Su palmarés es inmenso, como su tamaño, hasta que terminó hundiéndose en la batalla de Trafalgar después de sufrir un duro castigo entre varios barcos ingleses que lo atacaron al mismo tiempo. Ya pronosticó el Almirante Cord que esta era la única manera de vencerle (pero esta es otra historia que quiero contar en este blog en otra ocasión).

el Santísima Trinidad y el Víctori primer encuentro del Victori (inglés) y el Santísima Trinidad (español) en la Batalla de Trafalgar

Gabriel. Cap I (1), Cap IX. (2) “Trafalgar”, Benito Pérez Galdós

Para saber más del Santísima Trinidad, visita:

http://www.armada.mde.es/ArmadaPortal/page/Portal/ArmadaEspannola/ciencia_museo/

http://www.todoababor.es/articulos/santisima-trinidad.htm

http://www.todoababor.es/articulos/sanvicente.htm

http://www.youtube.com/watch?v=QdJ45SdEDNg

Fotos del Santísima Trinidad del Museo Naval de Madrid:

http://usuarios.arsystel.com/naviost/nst/naval.htm

 

BLOG SIN ÁNIMO DE LUCRO.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Todos somos Lorca (Murcia)

 

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Parecía que iba ser una tarde como cualquier otra. Después del colegio correrían calle arriba para el ensayo en la Iglesia de Santiago. Un grupo de amigos formaban parte de su coro. El Aleluya, el Agnus Dei, el Te Deum, nacería de estas voces angelicales. Sus cánticos escalarían por las columnas de la nave de la iglesia, escaparían por las vidrieras y dibujarían el cielo con sus acordes musicales. Estos niños lorquinos dejarían correr el tiempo por sus gargantas mientras cantaban canciones religiosas. Hubiera ocurrido así, como en otras tardes, si no lo hubiese interrumpido la tierra. En un instante, en un suspiro, sin aviso previo, la tierra tembló. Hubo un terremoto durante la tarde del pasado 11 de mayo. Algunas feligresas que rezaban sentadas en sus bancos se levantaron alteradas. De la calle entraba un murmullo de la gente que se estaba agolpando en las aceras. D. Eduardo Sánchez, párroco de la Iglesia de Santiago, manifestó a sus alumnos que no se preocuparan y que siguiesen cantando. Y es lo que hicieron. Pero a D. Eduardo le pasó por la cabeza que podía haber una réplica y les dijo a los niños que continuarían la lección de canto al aire libre. Fue una acertada decisión. El techo de la iglesia de Santiago, a la altura del altar, se quebró, no soportó el segundo terremoto y cayó estrepitosamente contra el suelo. Una hora antes allí cantaban los niños del coro. La decisión de D. Eduardo Sánchez les salvó la vida. Una vida que para muchos se les ha llenado de incertidumbres.

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El primer terremoto fue a las 17,15 h. El segundo, alrededor de las 19 h, fue mucho más intenso, más superficial, más devastador. Derrumbó campanarios, iglesias, marquesinas y algunos edificios. Agrietó fachadas, tambaleó altas torres, dejó sin hogar a muchos lorquinos. Segó la vida de varias personas.

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Todas las Administraciones Públicas del Reino de España, entre ellas la del Gobierno Central, de la Comunidad Autónoma de Murcia, del Ayuntamiento de Lorca, junto con el ejército de intervención rápida, se movilizaron con rapidez para solucionar los tantísimos problemas generados por el terremoto. Lo peor, las personas que lo han perdido todo, las que se han quedado sin un futuro inmediato, los que ven lejano resolver sus problemas. Ante tanta desolación, los rotarios de la Región de Murcia han decidido movilizarse en beneficio de los más necesitados de Lorca. Todos a una, como si se tratara de un sólo Club, todos unidos por una causa solidaria. Incluso canalizando ayudas de otros Clubes Rotarios del resto de España. Porque Todos Somos Lorca. Encabezados por personas con nombre propio como D. José Vidal, Presidente 2010-2011 del RC Murcia, D. Antonio Navarro, ADG Zona 6 Distrito 2203, del RC Murcia ó D. Juan Antonio García, Presidente Comité Distrital y Servicio al Club 2010-2011, del RC Cartagena Teatro Romano, quienes representan todas estas iniciativas en colaboración con vecinos de Lorca que, en su día, tuvieron responsabilidades rotarias en esa localidad.

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Muchos son los perjudicados por este terremoto. Para muestra unos datos dados por el Consorcio de Compensación de Siniestros: a primeros de junio había recibido 20.894 solicitudes de indemnización. De estas, 347 ya estaban peritadas y concluida la tramitación, habiendo abonado a los asegurados 1.079.965,86.- eu. De estos corresponden 955.002,25.-€ a inmuebles, 63.480,77.- € a comercios y 61.482,84.- € a vehículos. Con estos primeros datos se estima que la Indemnización total de los daños serán mucho mayores, teniendo que derribar otros edificios, reformar pisos y comercios. Reanudar una vida rota para empezar de nuevo. Porque los lorquinos son un pueblo emprendedor que saldrá adelante con la ayuda de todos.

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Este artículo ha sido publicado con anterioridad en la revista España Rotaria Julio-Agosto 2011

viernes, 19 de agosto de 2011

¡Vive tu castilo!. Mercado Artesano. Visitas teatralizadas. Castillo Santa Bárbara de Alicante.

 

Alicante Vive tu Castillo 

Entre nobles muros del castillo Santa Bárbara de Alicante. En su patio de armas, un mercado artesano. Comestibles, objetos de adorno, indumentarias de verano. Frutos secos, miel, horchata artesana, granizados naturales diversos, … Sortijas, pulseras, collares, caretas, … Abanicos, sombreros, pareos, blusas, alpargatas,  … Artesanos que han trasladado su taller y sus manualidades a estas paredes por donde antaño otros pasaron antes refugiados de los ataques piratas ó de Armadas de otros países que ambicionaban esta atalaya y las riquezas de esta población.

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Visitas teatralizadas. Hombres y mujeres con ropajes de otros tiempos que ambientan la historia con un lenguaje fácil y casi infantil que hace reir a los más pequeños, sonreir a los más adultos. Alfonso X el Sabio, Jaime I, reyes que expulsaron a los moros de estas murallas. Batallas de otros tiempos, luchas por salvar la vida y sembrar un porvenir.

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En un marco extraordinario como es este castillo. Que no rivaliza porque no quiere con el otro castillo de la ciudad, el de San Fernando. Y no rivaliza porque este es el castillo de Alicante, el más visitado, el más querido, el que se recorta sobre el mar, el que tiene más hazañas que contar desde sus almenas, el que nació con la ciudad, el que la defendió desde sus orígenes.

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Bien merece caminar por sus empinadas cuestas, por sus murallas, bajo sus arcos, junto a sus torres, garitas y cañones que otean el horizonte ahuyentando al enemigo, si lo hubiera. Bien merece una visita en familia, admirando los vestigios del pasado y el MUSA, el Museo de la Ciudad de Alicante. Con un refresco tomado en uno de sus dos chiringuitos ó desde la cubierta de madera de su cafetería, como si estuvieses en un barco mirando al mar ó a las cercanas montañas. Bien merece ver el declinar el día y las primeras lucecitas de la ciudad con la puesta de sol, desde este castillo.

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Para más información, visita: http://elviajerovirtual.blogspot.com/2011/07/alicante-vive-tu-castillo-2011-mercado.html

martes, 9 de agosto de 2011

anfiteatro romano en Tarragona

 

Aplausos, gritos, emociones. Lo que poco antes era el rumor de las olas al acariciar la playa, ahora era el rugir del pueblo llano el que aclamaba la presencia de sus líderes en la arena. Los gladiadores. Esos que luchaban con las fieras traídas de África. Leones, tigres, búfalos, … Para medir sus fuerzas contra ellas, para demostrar su valor, para defender su vida. También luchaban entre ellos. Para demostrar quien era el más fuerte, el más audaz, el más rápido, el más ágil, ...

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Esto es lo que les cuento a mis hijos. Estamos sentados en una de las gradas del anfiteatro romano de Tarragona. Imaginando qué se hacía en el anfiteatro entienden mejor lo que tenemos delante. Las gradas desnudas de personas, la arena vacía, restos de columnas del escenario, … En nuestra imaginación oímos el griterío, sentimos la emoción del momento, aplaudimos la destreza del hombre sobre la bestia. Con la ventaja que hoy no hay sangre porque tan sólo son imaginaciones nuestras que nos hacen vivir un acontecimiento de hace miles de años.

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Este anfiteatro se construyó durante la segunda mitad del siglo I. De forma elíptica se aprovechó la pendiente del terreno, excavando en la roca parte de sus gradas (cávea). Con capacidad de casi 14.000 espectadores. Tiene dos partes: la arena y las gradas. La cávea se organizaba en tres niveles según la categoría social del espectador: las tres gradas del nivel inferior estaban destinadas a las clases más privilegiadas, el segundo nivel (10 gradas) para la clase media y las 11 gradas superiores para ser ocupadas por el pueblo llano.  Se construyó a las afueras de la ciudad junto a la Vía Augusta, muy cerca del mar. Fue uno de los edificios dedicados al espectáculo, junto con el teatro y el circo, lo que demuestra la importancia de esta ciudad romana.

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Además de los espectáculos con gladiadores, el anfiteatro se utilizó para las ejecuciones de las sentencias a muerte. Como la que ocurrió el 21 de enero de 259 cuando fue quemado vivo San Fructuoso, primer Obispo cristiano de Tarragona. Por esto, una vez desaparecido el Imperio Romano, se construyó en la arena del anfiteatro una basílica visigótica, transformada en el s. XII en la iglesia románica de Santa María del Miracle, actualmente en restauración.

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Para saber más, visita: http://www.tarragona.cat/som-patrimoni/monuments

(1) Recreación lucha de gladiadores Roma-Terra Mítica.

lunes, 8 de agosto de 2011

Cuando salgo a navegar quisiera …

 

Cuando salgo a navegar quisiera que la brisa marina se llevara para siempre todos los problemas, a todos los especuladores, a los sin razón, egoístas y vengativos. Pero como por desgracia esto no puede ser, al menos volveremos con la mente más clara. Porque el mar tanto nos dio y tanto nos da. Disfrutándolo hoy como tripulantes invitados del Cuscanelles, gracias a la hospitalidad de su Capitán.

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Si desde tierra muchos rincones de la costa son bellos parajes, desde el mar aún lo son más. El tiempo y las inclemencias climatológicas los han ido moldeando, dibujándole calas y bellos rincones donde disfrutar de un baño relajante lejos de las aglomeraciones de las playas.

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Desde cubierta nuestros hijos, nosotros mismos, nos dejamos zambullir en las aguas cristalinas. Pequeños pececillos de colores se deslizan entre las algas del fondo. Con gafas de buceo todo parece más cerca, al alcance de nuestras manos. Y sin embargo, esos pececillos, tan diminutos, nadan tan deprisa que son inalcanzables por los niños y por nosotros. No todo es lo que parece.

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Sobre nuestras cabezas vuelan unas gaviotas que parecen más traviesas que hambrientas. Juegan con el viento, giran, revolotean y gritan. Finalmente, se dejan caer en picado sobre las olas. Poco después las vemos salir del mar con su presa en el pico. Certeras, con un asombrosa puntería. A lo lejos la luna, señorea el cielo azul con su presencia.

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De regreso, las olas parece que acunan el casco del barco. Tumbados en la proa mi mujer y yo, acurrucados, adormilados, vemos a lo lejos las primeras lucecitas de las casas de la ciudad. El día declina. La costa se ha ido dorando con la puesta de sol.

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¿Cuánto crees que sabes de Alicante? Pascual Rosser te sorprenderá con su nuevo libro

  Hay historias de Alicante que conocemos, otras que hemos escuchado alguna vez y muchas que permanecen escondidas en la memoria de la ciuda...

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