miércoles, 6 de agosto de 2008

El Mercadillo de Artesanía y Antiguedades de Aigues

A diez minutos del pueblo costero de El Campello, subiendo en dirección a la sierra del Cabeçó de O´r, un pueblo acogedor. Aigues. En la comarca del Alicantí. A 342 m sobre el nivel del mar. Con su frondosa pinada. Su torre medieval. Su iglesia. Sus calles tranquilas. Sus hospitalarios habitantes. Donde los veranos son más frescos que en la costa. Donde los inviernos son más generosos que pueblos más arriba.

Aigues, término que en valenciano significa Aguas. Nombre debido a un acuífero que se encuentra en las faldas de la Sierra del Cabeçó. En su vertiente oriental se sitúa el pueblo, junto con el Barranco del Peregrino, donde nace el río Aigues. Este fue frontera entre las Coronas de Aragón y la de Castilla, establecido así por el Tratado de Almizra en 1244, firmado por Jaime I de Aragón y el Infante D. Alfonso de Castilla.


vista de la iglesia entre las casas del pueblo
El primer domingo de cada mes, salvo los meses de julio y agosto que se realiza los sábados por la noche, Aigues tiene un mercadillo propio. De artesanía y antigüedades. Un mercadillo que vamos a visitar. Pero antes callejeamos por este pueblo. Casas bajas, sin más alturas que un primer piso. Donde la torre medieval y la torre de la iglesia compiten por acariciar más alto el cielo. Un olivo. Unos bancos de madera. Nuestra respiración es el sonido más fuerte. Los latidos de nuestro corazón, lo que más retumba en este bello rincón. Junto al antiguo lavadero donde antaño se lavaba la ropa.

calle Practicante Savall

calle Mayor

Se hace de noche. Nos refugiamos bajo la hospitalidad del Bar Restaurante La Taberna. Arturo, su propietario, nos recibe con una sonrisa. Este establecimiento, antiguo colmado, tiene un sabor especial. Como las tabernas de entonces, con personalidad. Y de sus fogones: saltarín: huevo, jamón, patatas y pimientos de padrón; capellán, con tomate trinchado, todo bañado de aceite de oliva; embutido; pollo al ajillo, con patatas fritas; con tinto Valdubón del 2006 de Ribera del Duero. La guinda de la cena, infusiones caseras para cada uno según nuestras necesidades y licor herbero casero cuya base es anís. ¡Qué licor! Y ¡Qué cena!. Seguro que volveremos.


Beatriz, Jose, Myriam, Paqui y Paskki

saltarín

capellán

pollo al ajillo, con patatas fritas

la botella del herbero y Paskki

El mercadillo arranca y cierra la calle Mayor. Cada puesto, su especialidad. Artesanía y Antigüedades. Empieza con un puesto de flores y plantas del entorno, algunas aromáticas como la pebrella, el tomillo, la salvia, … que llevamos a casa para plantarlas en tierra. Un puesto de antigüedades junto a un establecimiento permanente en el nº 5 de esta calle. Cerámica, cuadros, cámaras fotográficas, muebles, tapices, … Otros puestos. De pulseras, de colgantes, de muñecas, de libros antiguos, de caretas, de artículos de mimbre y esparto, de perfumería, … Y la vida que genera el mercadillo. Como antaño lo hacían las ferias de muestras y los mercados al aire libre. Como hoy lo hacen estos acontecimientos sociales. Cerca del mercadillo, las mesas y las sillas en la calle de los bares y los restaurantes. De las peñas de moros y cristianos. De viviendas particulares. La calle se convierte en un foro. Un foro de tertulias, palabras que recorren la noche y la visten de fiesta.





Las Torres de la huerta de Alicante

En toda la costa mediterránea hay, en cerros y montañas, pequeñas torres vigía. Desde sus almenas, soldados atentos al horizonte. Eran tiempos en los que las costas alicantinas eran continuamente atacadas por piratas berberiscos. Cuando eran avistadas las primeras velas de sus embarcaciones los soldados encendían hogueras para avisar a los aldeanos. Para refugiarse. Para ocultar sus riquezas. Para presentar batalla, en su caso.

La huerta, por aquellos años, tenía importantes plantaciones de vides. Los caldos de sus uvas tenían fama mundial en todo el mundo conocido de entonces. Junto a las huertas, las casas solariegas de los agricultores. En las huertas, las torres de sus Señores. Cuando se daba la voz de alarma por el avistamiento de los piratas en alta mar acercándose a tierra, los agricultores se refugiaban en estas torres.

mapa de situación de las Torres de la Huerta sacado de un libro de F. Seijó

Estas torres de defensa de la huerta tienen características comunes. La puerta de acceso no está a nivel del suelo sino al nivel de la primera planta. Se llegaba a la puerta por una escalera de madera. Una vez dentro la quitaban y se encerraban. Desde las almenas y troneras se defendían. Cuando los piratas se marchaban, volvía la normalidad en la huerta.



Torre Aguilas

Estas torres suelen ser cuadradas ó rectangulares. Todas tienen una zapata, peana ó base, de algo más de un metro de altitud, desde donde arrancan. Sus muros, aplomados ó en forma de talud. Hay ventanas en las cuatro caras de la torre y en cada planta. Pueden estar toda ella construida por sillares ó solo tener sillares en sus ángulos y mampostería en el resto de la fábrica. Las puertas de acceso suelen ser de poca altura, con sillería y arco de medio punto. En la mayoría de las torres se encuentra a la altura de la primera planta. Muchas de las torres se coronan con almenas, algunas con tejado a dos aguas. Junto a estas, la campana que anunciaba la cercanía de los piratas. Algunas torres poseen escudo nobiliario en su frente.

Torre Boter

Con el tiempo, junto a la mayoría de estas torres se construyeron viviendas. En unos casos, simples caserones. En otros, verdaderos palacios. Y de su origen agricultor se convirtieron en lugar de reposo y vacaciones de la burguesía del lugar. Entonces, a la torre se accedía desde la casa a la altura de la primera planta. Una escalera de caracol bajaba ó subía a las demás, en total tres, además de a la terraza.

Torre Rejas

A muchos les ha importado estos acontecimientos. Entre otros, el Dean Bendicho nos narra estas incursiones sarracenas de mediados del s. XVI en su obra “Crónica de la Muy Ilustre, Noble y Leal Ciudad de Alicante”. Junto a otros hechos ocurridos en estas costas, Figueras Pacheco nos lo cuenta en su "Compendio Histórico de Alicante". Otros estudios como el de Francisco Seijo: “Los piratas de la Condomina”. Conferencias. Exposiciones, como la recientemente realizada en el Castillo Santa Bárbara de Alicante titulada “Las Torres de las tierras planas”. A muchos les preocupa, nos preocupa, el estado y conservación de estas torres. Por eso siguen realizándose muchos otros estudios, web y blogs. Compartimos esta inquietud por un legado histórico que ha de perdurar. Hay torres bien conservadas. Otros en proceso de abandono. De ellas narraré con detalle en otros post. Este es el inicio de las historias de estas piedras. Historias ajenas. Historias propias de mi infancia por estos lares, junto a estos muros.

viernes, 1 de agosto de 2008

vacaciones de verano


Las vacaciones de verano se llenan de colorido. Fiestas. Amigos. Espectáculos al aire libre. Representaciones teatrales y musicales. Estar más tiempo con la familia. Disfrutar de los tuyos de estos días en los que has de desconectar del trabajo y vivir de otra manera. Más relajado, en cualquier caso. Donde la risa y la sonrisa sean nuestro equipaje del viaje.

Isla de Tabarca (II)

Una sombra en el horizonte. Una alargada silueta. Desde las profundidades emerge una lengua de tierra firme. Un terruño ambicionado por todos. Por piratas. Por tramposos, valientes y heroínas. Por ambiciosos. Por nobles y reyes. Por humildes aldeanos. Pescadores. Viajeros. Navegantes de ribera. Curiosos.


Desde su punta de Levante, con el peñón llamado Nave, hasta el extremo de Poniente, con el peñón de La Cantera, unos 1.800 metros de longitud de noroeste a sureste y unos cuatrocientos metros en su parte más ancha. A tan sólo 15 metros sobre el nivel del mar. 38 grados 10 minutos de latitud norte y 0 grados 28 minutos Oeste. La isla de Tabarca. En su parte central se estrecha. A un lado, la playa. A otro, el puerto, llamado el puerto viejo por los aldeanos. Viendolo desde el mar, tiene a la derecha el pueblo fortificado. A la izquierda, el campo extramuros.


el puerto viejo

En el campo, tierras baldías. Espino mediterráneo, matorral y chumberas. La torre de San José. Un torreón de base cuadrada de altos muros, que algunos del lugar llaman el castillo. Espacio defensivo fuera de las murallas, que le servían de apoyo. El faro, ilumina la noche para avisar a navegantes de la presencia de la isla. Un pequeño cementerio, en el mismo lugar donde se enterraron a los primeros pobladores. Russo, Parodi, Luchoro, Manzanaro, … Donde se siguen enterrando a sus descendientes. El mar baña esta parte de la isla a través de diminutas calas de cantos rodados y pequeños acantilados, junto a los islotes de la Galera y la Nao. Y los escollos Negre, Roig, Cap del Moro. Sabata. Naveta, ...

la torre de San José y el Faro

islotes cerca de la isla

Las murallas, mandadas construir por Carlos III en 1769 para defender a la población del ataque de los piratas berberiscos. Entramos al pueblo por la puerta de Levante ó de San Rafael. En esta puerta, la Virgen Inmaculada, en una hornacina de cristal entrando a mano derecha. Una placa reza el hermanamiento de la isla de San Pietro y la de Nueva Tabarca, a mano izquierda. Desde la puerta, una calle que sube y que baja. La de En medio que atraviesa el paso de una pequeña plaza y todo el pueblo. Casas unifamiliares. Por la izquierda, un edificio alto de noble fábrica, la casa del Gobernador (hoy hotel), por la derecha, la iglesia (en restauración), una enorme mole de estilo barroco, con dos torres en su fachada y una única nave. Otra puerta de la muralla se abre a la bahía de Alicante, llamada así ó de San Miguel, al norte del recinto. Al oeste, la puerta Trancada ó de San Gabriel. Tuvo puente elevadizo, hoy de piedra. En su fachada exterior dos cruces de la flor de lis.

puerta de Levante ó de San Rafael

murallas y puerta de Alicante ó de San Miguel

puerta de la Trancada ó de San Gabriel

iglesia, en restauración

la casa del Gobernador, hoy hotel

Y el pueblo, dentro de las murallas. Un caserío de casas bajas. No más de planta baja y piso. Algunas fachadas con colores mediterráneos. Amarillo albero del amanecer. Azul y blanco de la bandera de Alicante. Colores que se mezcla con otras banderas, como la griega. Colores que apellidan una identidad. Como las casas ibizencas. Como las de la isla de Mikonos, a la que bien podría parecerse. Blanco ó azul en sus fachadas. Blanco ó azul en el marco de sus puertas y ventanas. El cielo o el mar en sus marquesinas. Bien podría, sí señor.

calle de Enmedio

fachadas azul y blanco, colores del Mediterráneo

Y sus gentes. Hospitalarias y sencillas. Estas que conocen la dureza de vivir en una isla. La dureza de vivir del mar y con el mar. No es sólo poesía. No es sólo cantos de sirenas. No solo el mar regala atardeces. Ni sólo es la que acaricia las playas y los pequeños acantilados de la isla. Personas conocedoras que al mar hay que guardarle respeto. Que el mar se traga vidas. Aunque el mar también da muchas buenas satisfacciones. El fruto de su huerto submarino. Sus olas, con su espuma bailarina. Algunos visitantes que trae la marea. El olor y el sabor a salado de la brisa marina en este pueblecito de pescadores.

mar en calma

mar embravecido

jueves, 31 de julio de 2008

reflesjos en el mar (II)



Líneas. Curvas. Ondulaciones. En reposo. Mientras el sol se pasea por el cielo. Triunfante de su poder. Su luz. Su calor. Mientras el mar acaricia el casco de la embarcación. Cuando el mar se amansa una mañana de sábado. Cuando el marinero se baña y vive. Mientras navega la mañana. En la Isla de Tabarca.

un día de playa


En la playa de Poniente. La brisa marina borra nuestras huellas que dejamos en la fina arena de la playa. La brisa borra nuestro pasado. Ayer, presente. Hoy ... historia. La brisa nos refresca las mejillas en este día caluroso de verano. Frente a la isla de Benidorm. En un día de playa.

explosión multicolor


Un disparo. Un aviso. Unas explosiones. El cielo oscuro de la noche se llena de colores. Doran la oscuridad provocando sensaciones de júbilo. Aplausos. Sonrisas de satisfacción. Lágrimas de emoción. Por unos instantes el cielo oscuro se viste de fiesta. Se ilumina en una noche de verano.

¿Cuánto crees que sabes de Alicante? Pascual Rosser te sorprenderá con su nuevo libro

  Hay historias de Alicante que conocemos, otras que hemos escuchado alguna vez y muchas que permanecen escondidas en la memoria de la ciuda...

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