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martes, 16 de febrero de 2010

el Oranesado

 

Francia conquistó Argelia en 1830 y procedió posteriormente a su colonización. Necesitaba ideas, mano de obra e inversión para activar la economía de este país. Por las similitudes con el clima y con el paisaje, por la inestabilidad económica y política en España, muchos españoles de Málaga, Almería, Murcia y Alicante emigraron a Argelia a mediados del s.XIX y principios del XX. Algunos por necesidad, otros para emprender actividades relacionadas con la agricultura y los cultivos del esparto, la vid ó el trigo, algunos para poner en práctica nuevos negocios.

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Buena parte de estos españoles eligieron Orán como su lugar de residencia, como su patria chica. A este fenómeno se le denominó el Oranesado (1830-1930), región mayoritariamente ocupada por españoles. Orán se convirtió en una ciudad española en la Argelia francesa. Fueron muchos los que se instalaron en estas tierras. Tantos que en 1885, en los distritos de Orán y Sidi-Bel-Abbás, la población española duplicó en número a la de origen francés. Esto hizo que Francia y España firmaran un Convenio en 1862 con el que se reconocía a los españoles unos privilegios que no tenían otros extranjeros en Argelia, como el derecho de conservar la nacionalidad de origen. Pero la administración francesa no quiso permitir que en sus territorios colonizados de Argelia hubiesen más españoles que franceses por lo que el 28 de junio de 1889 y el 23 de julio de 1893 legisló dos Decretos por los que se impusieron sin excepciones la ciudadanía francesa a todos los extranjeros nacidos en esta Argelia colonizada, fueran hijos de franceses ó no lo fuesen.

P1010557 antigua postal de Orán

Sin embargo, la Ley de Naturalización no provocó la desaparición del español en Argelia. En 1911 la provincia de Orán contaba con más de 95.000.- franceses ó de origen francés, 92.000.- naturalizados franceses de origen español y 93.000.- españoles nacidos en España que conservaban la nacionalidad, lo que significa un grupo hispano de 185.000.- personas, el doble que los franceses de origen.

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La relación entre la provincia de Alicante y Orán fue muy intensa en estos años con el desplazamiento de personas y mercancías, principalmente por mar. Por las costumbres que se mantuvieron de uno y otro lugar, de los lazos que preservaron con los familiares de las poblaciones de la Península, fueron muchas las ideas y muchos los negocios que se emprendieron en Orán. Originarios de Jijona, fabricaban turrón y helados; de Elche, alpargatas; de Alcoy, productos textiles; de Agost, la alfarería; de Monforte del Cid, destilerías de anís; … Por estos y por otros motivos culturales Alicante y Orán se hermanaron en 1952.

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Tan lejos de sus orígenes algunos intentaron mantener sus costumbres, pero también tuvieron que acostumbrarse a las argelinas ó francesas. En la mesa, el cous-cous ganó protagonismo, sin olvidarse del cocido español, ni del arroz y sus diversas recetas que trajeron de la Península. Fue un intercambio gastronómico sin proponérselo. Se mantuvo la costumbre española de cocinar con el aceite, en vez de la mantequilla que utilizan los franceses. Platos como el gazpacho manchego, los potajes ó la paella (du riz a l´espagnol), se tomaban una vez a la semana. Y por la tarde, café con leche ó chocolate con churros (que en Orán los llamaban tallos) para merendar. Conservaron la costumbre española de las tapas pero utilizando el vocablo árabe kémia para referirse a ellas. Por ej, la tapa de la calentica, un puré de garbanzos hecho torta, acompañado de una Paloma, anisette traído de Monforte del Cid, que se servía en un vaso con anís, hielo y agua fría,. El horario de las comidas era el francés: se comía a las doce y se cenaba alrededor de las siete. La costumbre española de la siesta, sobre todo en verano, era sagrada. En esas noches largas y estrelladas los adultos jugaban a la belotte, un juego de cartas parecido al mus y las mujeres al aux petits chevaux ó parchís. En Navidad era Papá Noel quien traía los regalos a los niños y a los no tan niños. En la mesa no podía faltar el turrón de Jijona y de Alicante, el Mazapán de Toledo, el pan de Cádiz, y también un búche de Noel, un brazo gitano relleno y cubierto de crema de mantequilla, receta francesa.

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También mantuvieron entretenimientos que se trajeron de sus tierras. El fútbol ó los toros. Estos últimos despertaron gran afición, aunque eran los españoles, junto con otros europeos, los que mayoritariamente llenaban la plaza. Esta, llamada las Arenas de Orán, dio buenas tardes taurinas con matadores como Domingo Ortega, Rafael Ortega y Dámaso Gómez (tarde de toros del 13 de marzo de 1954). Y el futbol. Historias con nombre propio de personas que hicieron de este deporte su profesión. Como Manuel Rubio Villalba. Nacido en Uixán (Melilla), inició su carrera futbolística en el Deportivo Uixán al que volverá a jugar después de fichar por diversos clubes. En la temporada de 1951-52 se proclamó con el Uixán Campeón de la Zona Oriental de Marruecos (Protectorado español). En esta época directivos del S.O.S de Orán lo ficharon, con un brillante palmarés, consiguiendo el campeonato de liga de ese año.

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Muchas son las historias y los recuerdos familiares de aquellos que emigraron a una tierra desconocida que con los años creyeron que era la suya. Muchas las anécdotas. Muchos los acontecimientos vividos.

Obras consultadas para hacer este artículo:

“La comunidad española en Argelia (1880-1930)”, Djamel Latroch

“Españoles en Argelia. Historia de una emigración”, Juan Ramón Roca

“Los Pieds-Noirs en Alicante. Las migraciones inducidas por la descolonización”, Juan David Sempere Souvannavong

“Los españoles en la Argelia francesa (1830-1914)”, Juan Bautista Vilar

Mi agradecimiento a la familia de Manuel Rubio por la información y documentación facilitada.

miércoles, 8 de abril de 2009

Españoles en Argelia, historia de una emigración

Una última mirada hacia atrás. Escaso de equipaje. Los ojos tristes. El rictus serio. Y mucha incertidumbre. No me gustaría sentir estas sensaciones que vivieron aquellos que tuvieron que dejar su tierra por obligación. Aquellos que partieron prácticamente con lo puesto porque lo habían perdido todo. Aquellos que dejaron en el camino tantos sueños y tantas esperanzas. Aquellos que tuvieron que partir con urgencia en busca de nuevas oportunidades. Y en esta historia, las podían encontrar cerca en el norte de Africa.

Debido a las crisis agrarias por fenómenos climatológicos adversos con largas sequías y, al mismo tiempo, malignas inundaciones, ocurridas en el levante español durante el segundo tercio del siglo XIX, provocaron un amplio movimiento migratorio en dirección a Argelia. A esto se sumó la conflictiva situación política española en aquellos años de 1833 y 1876. Por la proximidad con este país y las similitudes con el paisaje y el clima, agricultores alicantinos, murcianos y almerienses partieron en busca de trabajo.

Con la colonización de la tierra argelina por Francia hacía mucha falta de mano de obra para trabajar en campos de atochales, de viñedos, de cereales. También era necesaria la imaginación de emprendedores europeos, de capital que invirtiera en estas latitudes. Pequeñas y medianas empresas de productos manufactureros, alimenticios, … Empresas de automoción, de transporte de mercancías y de personas por tierra, mar y aire. Empresas de servicios.

Alfareros, de Agost (provincia de Alicante) en Argelia (1915), Puerto de Orán. (Museo de Alfarería-Ayuntamiento de Agost, Alicante).


destilería de empresario de Monforte del Cid (provincia de Alicante) en Argelia

Al principio esta colonización agraria fue de tipo “golondrina”, temporal, en fechas determinadas. Con el tiempo se asentaron en esta nueva tierra que les daba empleo y un porvenir. Y este país que, antes, les era desconocido, se convirtió en su residencia. Un lugar donde vivir, tener una familia, prosperar. Sin quererlo, pero sin evitarlo al mismo tiempo, fueron desconectando poco a poco con sus lazos familiares de la península.

Con la colonización fueron creciendo las desigualdades sociales. También con la población indígena. Y esta situación se agravó cuando en 1880 el hambre y la miseria en el desierto argelino provocó otro movimiento migratorio: el de las tribus nómadas desde el sur hacia el norte del país.

El 11 de junio de 1881 los hombres del marabut Mohamed el-Arbi, conocido como Bu-Amena, atacaron a agricultores que estaban recogiendo esparto en el atochal oranés de Khalfalia y Frendah, cerca de Saida. Provocó el pánico entre los emigrantes europeos. Muchos regresaron a sus países de origen. Entre ellos, unos nueve mil españoles que lo hicieron entre el 11 y el 22 de junio de 1881. Cartagena y Alicante fueron los puertos de acogida. Otra vez, viajaron con lo puesto, con el miedo en el semblante, con las esperanzas rotas. Otra vez la incertidumbre, aunque esta vez volvían a una tierra conocida. Esta vez se reencontrarían con la tierra de sus mayores, con los recuerdos de su infancia, con su pasado. Los medios de comunicación de entonces, como el periódico La Ilustración Española y Americana, se hicieron eco de estas dramáticas circunstancias para estos emigrantes españoles.


Portada del periódico La Ilustración Española y Americana

dibujo del periódico La Ilustración: llegada a Cartagena del barco Correo de Cartagena con repatriados de Orán (1881)

dibujo del periódico La Ilustración: desembarco en Alicante de trabajadores españoles repatriados por los vapores Besós y Correo de Cartagena (1881)

Pero el hambre, el desempleo y la falta de integración en una tierra suya, que les era desconocida, les hizo volver a Argelia a finales de 1881 cuando la inestabilidad social ya se había calmado.

Aunque el convenio hispano-marroquí de 1862 reconocía a los españoles unos privilegios que no tenían otros extranjeros, como el derecho a conservar la nacionalidad de origen, como cada vez la emigración española era más numerosa, tanto que la población española duplicaba a la de origen francés en 1885 en los distritos de Oran y Sidi-Bel-Abbés, la administración francesa cambió las normas.


Los Decretos de 28 de junio de 1889 y 23 de julio de 1893 impusieron la ciudadanía francesa a todos los extranjeros nacidos en Argelia, fuesen hijos de franceses como no lo fuesen. Los naturalizados podían recuperar la nacionalidad de sus progenitores pero las trabas administrativas eran tantas que muchos desistían. Con esto un nuevo drama se sumaba a la emigración obligada por las necesidades. Trabajar y vivir en un país extranjero donde los hijos que nacían en aquella tierra nacían con una nacionalidad distinta de la de sus padres.


Con la guerra de 1914 y la recuperación de la economía española, se estanca la emigración hacia Argelia. Pero la reconversión de la vid y los cereales en cítricos en la provincia de Alicante en los años 20 creó una nueva crisis agraria y una nueva tendencia migratoria hacia el norte de Africa, aunque en niveles muy inferiores a los años anteriores a la Primera Guerra Mundial.

Terminada la Gran Guerra siguió habiendo movimientos migratorios para actividades agrícolas. Pero también hacia otras actividades: desde la provincia de Alicante los heladeros ibenses y jijonencos, los alpargateros de Elche, los aniseros de Monforte del Cid, los ceramistas de Agost, …


el industrial español Vicente Galiana (izquierda) en su destilería de Saint-Denis-du-Sig. En la mesa una botella de anís Ideal Galiana (Colección Carlos Galiana)



La Guerra Civil española truncó esta emigración trabajadora española. Fueron otros, unos quince mil refugiados republicanos que escapaban de la detención y represión franquista. Y fue el puerto de Alicante desde donde partieron miles de personas en busca del exilio. Muchos, para no volver jamás. Desde la cubierta del Stanbrook vieron cómo la silueta del castillo Santa Bárbara se iba alejando poco a poco, cómo las nieves de ese 29 de marzo de 1939 de la sierra de la Aitana, helaba sus sentimientos. Cómo el paisaje narrado por Gabriel Miró, Azorín, Miguel Hernández, quizá nunca los volverían a ver. Mientras, el carbonero se abría paso entre las olas hacia un destino incierto.

Stanbrook
A partir de 1959 y 1962 se producen los procesos de descolonización de Túnez, Argelia y los Protectorados español y francés de Marruecos. Fue un nuevo momento dramático en el que los emigrantes españoles en Argelia tuvieron que huir de la represión por los moros argelinos. El 18 de marzo de 1962 se firman los Acuerdos de Evian en el que se concede la Independencia de Argelia. El 1 de julio del mismo año el resultado del referéndum por la autodeterminación obtuvo una amplia mayoría por parte de los independentistas.

Los buques franceses Sidi Mabrouk y Sidi Obka, que cubrían la línea Alicante-Orán, fueron los que repatriaron a residentes europeos en dirección a Alicante, durante los meses de mayo y junio. Organizados por la administración española hicieron estas travesías los buques Victoria y Virgen de Africa, de Transmediterránea, que hacían hasta entonces la travesía Barcelona-Palma de Mallorca. Estuvieron escoltados por el destructor Lepanto. La española fue la única Armada europea que participó en esta repatriación.

Victoria
Virgen de Africa


destructor Lepanto

Actualmente hay muchos franceses de Argelia, los llamados Pieds Noirs, que viven en Alicante. También muchos españoles de otras poblaciones que hicieron en aquellas tierras argelinas su vida. Ellos vieron evolucionar sus vidas, vieron crecer a sus hijos en una tierra que consideraban suya. Pero un día tuvieron que dejarlo todo para salvar esa vida, ese bienestar, que tanto les había costado conseguir. Para algunos, Alicante fue su otra nueva patria, su nuevo país de acogida. Su nueva residencia. Aquí se quedaron y hoy recuerdan estos acontecimientos con cierta nostalgia. Recuerdan la vida que en Argelia disfrutaron sus abuelos, sus padres, incluso ellos mismos.


Webs y libros consultados (las fotografías están tomadas de algunos de ellos):

“Los españoles en la Argelia francesa (1830-1914)”, de Juan Bautista Vilar.
“Españoles en Argelia. Memoria de una emigración”, de Juan Ramón Roca,
“Los Pieds-Noirs en Alicante. Las migraciones inducidas por la descolonización”, de Juan David Sempere Souvannavong,

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