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jueves, 3 de septiembre de 2009

Mijas, un precioso pueblo blanco de andalucía

 

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Hay varias maneras de visitar Mijas. Por supuesto, caminando. Y la pateamos, calle arriba, calle abajo, escalera arriba, escalera abajo, bajo arcos de medio punto, bajo dinteles, al aire libre. Pero hay otras maneras. A lomo de un burrito ó sentado cómodamente en una calesa. Por comodidad y porque Carlos, mi hijo, se empeña, utilizamos este segundo medio de transporte. Por callejuelas estrechas, entre fachadas blancas, la calesa recorre el pueblo. El ruido de las herraduras del caballo al golpear el suelo empedrado, el de las riendas sobre sus costados, el de las ruedas de madera, nos traslada a otra época. Cuando no había coches, cuando eran las tartanas, los carros, las calesas como esta, las que recorrían las calles.

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Y de otro tiempo son los utensilios, las herramientas, que se usaron años atrás en las labores del campo, en las faenas de la pesca, y que podemos ver en el interesante Museo Histórico-Etnológico de esta localidad (inaugurado en 1995), junto con artesanía de esparto, hilo, mimbre, cerámica, forja, y unos molinos de aceite, una bodega y el rincón de un hogar mijeño, además de fotos antiguas en blanco y negro de un Mijas que fue y ya no será.

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Mijas es un pueblecito del interior de la provincia de Málaga, muy cerca de la costera Fuengirola. Un precioso pueblo blanco, con fachadas inmaculadas, sin grafitis que manchen sus paredes. De casas que se apiñan unas a otras alrededor de su castillo y de una curiosa plaza de toros, de coso ovalado, cuyas gradas están escavadas en la roca. Muy cerca, el mar, que suaviza las temperaturas calurosas del verano. Que viste el horizonte de azul marino. Tan cerca, las montañas, con suaves ascensiones, con pinos que colorean de verde sus laderas. Junto a algarrobos, encinas y acebuches.

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Y bellos rincones donde las gentes del lugar nos cuentan sus anécdotas. Sus recuerdos de la era cuando era su único medio de vida. Ahora el turismo ha invadido su pueblo. Pero aún sido masivo, aunque muchos hablan otras lenguas, no ha perdido su encanto.

Para más información, puedes visitar:

http://es.wikipedia.org/wiki/Mijas

http://www.mijas-digital.es/mijas/extranet/

Museo Histórico-Etnográfico de Mijas: http://www.mijas-digital.es/mijas/extranet/verContenido?al_tpu_pk=null&al_tmn_pk=1&al_men_pk=1191&idPadre=1005,1044&as_ruta_men_pk=1005,1044,1191

Plaza de toros: http://www.mijas-digital.es/mijas/extranet/verContenido?al_tpu_pk=null&al_tmn_pk=1&al_men_pk=1026&idPadre=1004&as_ruta_men_pk=1004,1026

domingo, 26 de octubre de 2008

inicio temporada senderista en la Asociación de Caminantes de Aigues: Aigues - Venta La Nuza

El pasado 19 de octubre la Asociación de Caminantes de Aigues ha iniciado la temporada senderista 2008-2009 con la marcha Aigues – Venta La Nuza. Como cuando se empieza un nuevo curso. Nos volvemos a ver caras conocidas. Amigos del camino con quien no compartes senderos desde antes de los meses de verano. Volvemos a compartir las inquietudes, las ilusiones de caminar por montañas, por vaguadas, por collados, por senderos.


Y todo reencuentro tiene sus novedades. Como la noticia de la doble cara del Ayuntamiento de El Campello. Por una parte anuncia una importante reforestación el 25 de octubre en las lomas de las montañas cercanas a la autopista. Por otra, se está planificando hacer un importante desmonte para igualar el terreno desde el antiguo puente de piedra hasta cerca del restaurante La Concha para hacer un gran campo de golf y construir unas urbanizaciones.

Los habitantes de Aigues miran de reojo las obras de remodelación del Balneario. De reojo, sí, porque a los vecinos del lugar les gustaría que fuesen más rápidas. Como también les gustaría, nos gustaría, que mejorasen la carretera que les conecta con la autopista y con Campello. Mejorarla ó hacer una nueva.



Antes de salir hacia Venta La Nuza nos hacemos una foto de grupo en el jardín que hay frente a las escuelas. Nos apiñamos, nos apretamos unos con otros. Hoy casi sumamos el centenar de senderistas. Con la dificultad baja del sendero y el buen tiempo muchos nos hemos animado. Hasta algunas mascotas trotan entre nosotros con la lengua fuera por el cansancio y el calor.



Como un río de agua, un torrente de caminantes tomamos las calles de Aigues. Por la calle Mayor, por detrás de la iglesia, junto a la valla de la casa rural La Venteta. Atravesando el barranco y el río Aigues, dejando atrás la fuente del Castellet. Por el camí de Maset, por el del Pixador, hasta la cumbre, por el barranco del Carrichal, hacia el Restaurante Venta La Nuza, pasando antes por un túnel debajo de la autopista.






Volvemos a encontrarnos con este sendero que en febrero caminamos bajo la lluvia (ver post en http://sosegaos.blogspot.com/2008/03/senderismo-aigues-venta-la-nuza.html). Volvemos a ver a Villajoyosa, Benidorm, la playa de San Juan, el cabo la Huerta, … a lo lejos, entre la bruma. Y presidiendo el horizonte, el Puig Campana.








Hoy hace un sol espléndido, sus rayos se hacen notar, su calor está presente. Cuando el sendero se hace camino vemos con satisfacción que el pozo y los restos de la masía donde hubo una importante plantación de esparto, aún siguen en pie. Este secarral nos guarda una sorpresa: un bosque de pinos en una umbría. Pasamos por en medio, a través de un camino que se abre paso entre los árboles. Bosquecillo donde paramos a almorzar.









Con el ruido de los coches sabemos que detrás de una loma está la autopista. Adiós al sonido del monte, adiós a las voces de sus criaturas, adiós al olor de sus campos. Los motores de los vehículos, sus humos, sus bocinas, no impedirán que nos olvidemos tan pronto de los campos de árboles de secano que hemos dejado atrás. Ni de las matas de romero. Ni las de retama. Ni las de esparto. Ni de los pinos. Ni de nuestras conversaciones en el sendero. Ni de nuestros recuerdos en el camino.

Y antes de partir para la comida, una visita al restaurante La Taberna en Aigues, lugar de peregrinaje para el amante de la buena mesa. Jesús propone un aperitivo rápido y yo me dejo querer. Patatas bravas. Capellán con tomate trinchado bañado con aceite. Aceitunas. Un tentempié para recuperar fuerzas y hacer peña. Hasta la próxima ruta senderista.

domingo, 2 de marzo de 2008

Senderismo: Aigues-Venta La Nuza

A las siete de la mañana del pasado domingo 24 de febrero llovía en Alicante ciudad. En la avenida de la Estación. En la plaza del Mar. En la playa de la Albufera. También en Alfaz del Pi. En Aigues ... Las previsiones del hombre del tiempo se estaban cumpliendo. Un sms me comunica a las 7,30 h que la marcha de senderismo se podía suspender. Aún así fui a Aigues. Todo apuntaba a que iba a hacer el viaje en balde. Al llegar al Rancho, cafetería-restaurante argentino, junto a las Escuelas, comentamos qué hacer. Algunos opinamos que hiciésemos la marcha. Esta opinión es mayoritaria. Vamos a la Venta La Nuza a dejar los coches que nos tienen que traer a Aigues por la tarde al ser una ruta sólo de ida. En el porche de la Venta La Nuza la intensidad de la lluvia cada vez es mayor. Cuando empezamos a dudar si era conveniente hacer la ruta de senderismo, una llamada oportuna de los que esperan en Aigues nos dicen que hay un numeroso grupo en el Rancho y en las inmediaciones de las Escuelas pendientes de nuestra vuelta para iniciar la ruta.





Al llegar a Aigues sigue lloviendo. Pero las ganas de marchar se imponen. El senderismo tiene esto. Igual hace sol y calor, que el día está nublado y nos llueve mientras dura la ruta. Cuando empezamos a caminar por las calles vacías del pueblo la lluvia nos da un descanso. Sólo llovizna. Unas 57 personas. Niños y niñas. Adultos. Mayores. Si hay algunas Asociaciones que organicen las rutas de senderismo a nivel familiar esta de Aigues es una de ellas. Mochilas, bastones, chubasqueros, … Sorprende ver ¡paraguas!. Reivindico que en el senderismo no hay paraguas. Pero estas marchas son familiares. Abuelos. Hijos. Nietos.




Recorremos los primeros metros, urbanos. Por la calle La Venteta. Las últimas casas del pueblo. Unos chalet. Una anciana nos observa desde la valla de su casa. Bajo su paraguas oscuro nos mira sorprendida. Pasamos las primeras huertas. Almendros. Algarrobos.






Tomamos una pista de tierra. Descendemos hacia el río y el barranco de Aigues por el Camí del Castellet. Unos juncos nos avisan que cerca está la Font del Castellet. Cruzamos. Poco después doblamos a la derecha por el Camí del Maset. Más adelante tomamos un camino a la izquierda por el Camí del Pixador. Los primeros barros. Olor intenso a tierra mojada. Olor húmedo a hierbas aromáticas. Romero. Tomillo. Pebrella.

La lluvia es intermitente. Las rocas brillan, limpias. Resbalan. La hilera de personas se estira. Hay mucho respeto a un resbalón. Algunos, algunas, en una mano el paraguas. La otra mano dispuesta para agarrarse a una rama de un arbusto si es preciso. Mantener el equilibrio. Llegamos a la cumbre. El barranco del Figueral a nuestra derecha. A lo lejos, Campello, el Cabo la Huerta, entre la bruma. A la izquierda, Villajoyosa, los rascacielos de Benidorm, entre la lluvia. Cogemos un sendero. Bajamos hacia otra pista en dirección al barranco del Carrichal. Llegamos a un camino de tierra. Mucho barro. Las botas nos pesan un montón.





































Un antiguo aljibe. La palabra aljibe procede del árabe al-yibab, que significa pozo. La escasez de agua en estas tierras de secano obligaba a los labradores a buscar medios para recoger el agua de lluvia. Se canalizaba por acequias hasta el aljibe. Antes de llegar, las aguas pasaban por el recibidor, también llamado decantador, donde quedaban filtradas sus impurezas. Cuando las impurezas sólidas quedaban en el fondo, el agua limpia llegaba al aljibe, lista para el riego ó para el consumo de animales y personas.

Una masía en ruinas. Restos de una importante explotación agraria. Almendras. Aceitunas. Esparto. Este es una gramínea perenne con forma de mata. Muchos utensilios se han hecho, se siguen haciendo, con esparto. Cestas. Redes de pesca. Zapatos. Capachos para el prensado de la uva ó de la aceituna. Para la fabricación de la pasta de papel. La recolección de la fibra de esparto se mantuvo por estas tierras hasta la segunda mitad del s. XX. La migración de las gentes de los pueblos a las ciudades, la aparición de las fibras sintéticas y la pérdida de sus usos tradicionales, produjo que la superficie de los espartales y su producción disminuyera considerablemente. Ya no se explota esparto en estos terruños, pero por aquí, en muchas de nuestras montañas, un manto de esparto silvestre crece a su antojo.

Las laderas aprovechan el agua de lluvia disponiendo los cultivos en terrazas para que el agua no corra. Cuando la plantación se ha regado suficiente los agricultores abrían los llamados sangradores para que el agua de lluvia acumulada pasase al segundo escalón. A otra terraza. A las acequias que se dirigen al aljibe. Este sistema lo utilizaron los árabes que poblaron estas tierras. Este sistema se sigue utilizando en nuestros días.

Terrazas con almendros. Terrazas con olivos. Lorenzo cuenta que jugó de niño por estos bancales. En estos surcos hubo una prosperidad ya olvidada. Lo recuerdan los mayores del lugar. Lo recuerdan los niños que oyeron contar historias de estas fincas. Niños que jugaron entre los muros que aún se mantienen en pié de las casas de estas huertas.











En la vaguada del barranco, en la umbría, un bosque inesperado. Paramos a almorzar. La lluvia es más intensa. Tenemos que continuar la marcha cuanto antes. Otra vez la hilera de caminantes se estira. Más barro. Grandes pinos a la orilla del camino. Piedras negras que brillan a las gotas de agua. Intenso olor a tierra mojada. Primeras flores primaverales. Silencio sólo roto por la lluvia y nuestras conversaciones. Cristóbal Colón. Julio Verne. La alienación solar del próximo 8 de marzo en el Vall de Gallinera … Las primeras casas anuncian la autopista. Sorprendentemente no se oye nada del ruido del tráfico. Las paredes de las lomas lo evitan. El rumor de las hojas de los pinos, de sus ramas, lo vencen.








Estamos llegando. Pero nos queda lo peor. El camino no existe. Es un barrizal. Las subidas resbalan. Las bajadas son aún peor. Bordeamos el camino. Llevamos casi cuatro horas caminando. Y sigue lloviendo.

Pasamos la autopista por debajo de un túnel. Unos metros más. Llegamos a la Venta La Nuza, nuestra meta. El punto de reunión. Mientras otros van llegando nos ponemos ropa seca. Mis botas, un recuerdo. Los cordones de mis botas, bajo el barro.











Somos casi cien comensales. Al final de la comida oímos y coreamos “esta peña, esta peña, es, … esta peña, …” y el “cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, … “. Hoy celebramos un año de actividades de esta Asociación de Caminantes de Aigues y lo celebramos brindando con cava. ¡Felicidades!.



Felicidades!.

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