viernes, 23 de mayo de 2008

Cristo Redentor. Río de Janeiro.




En lo alto de la montaña del Corcovado. El Cristo Redentor. El monumento brasileño más conocido del mundo. El tren que sube a la cima atraviesa el Parque Natural de Tijuca, un bosque en medio de la ciudad de Río de Janeiro. A los pies del Cristo, varios miradores para ver unas vistas espectaculares en días claros. El Pan de Azúcar. El mar. Las islas. Las playas. La ciudad. Este día las nubes algodonosas y la niebla enturbian el horizonte. Pero también tiene su encanto. Desde el 7 de julio de 2007 es una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno.

Benimantell y Aitana


Benimantell y la sierra de la Aitana al fondo, con sus crestas nevadas. En la provincia de Alicante. Cuando estoy en este entorno es como si estuviese en mi propia casa. Me siento a gusto. Aire puro. Verdes pinadas. Fuentes y riachuelos caudalosos. Una vida sosegada, sin prisas. Buenos fogones, en donde disfrutar de extraordinarias viandas del lugar. Y los oriundos, apacibles y amables, hospitalarios y acogedores. Uno más de la familia.

jueves, 22 de mayo de 2008

Berlín





Lo que queda del muro de Berlín se ha convertido con el tiempo en un símbolo a la libertad. Piedra a Piedra. El muro forma parte del recuerdo de unos acontecimientos que no debieron ser y fueron. Que debieron evitarse y no se evitaron. Y hoy ese muro, que fue infranqueable para muchos, es un mural de arte espontáneo y callejero. Y un símbolo para Berlin también es su Puerta de Brandemburgo que hace años dividía a Alemania en dos y ahora es una puerta abierta al futuro para todos.

castillo Santa Bárbara. Alicante.



La primera foto de este blog, el castillo Santa Bárbara. En Alicante. La ciudad que me ha visto nacer. Es nuestra seña de identidad. Una silueta que destaca desde lejos, en el horizonte. Una atalaya desde la que domina a toda la ciudad. Un lugar de encuentro en donde se divisa toda la bahía, desde donde se ven las montañas y los campos. Desde la que se disfruta de grandes vistas.

el por qué de este blog ?

En este blog quiero poner mis fotos favoritas. No las que están mejor encuadradas. Ni las que técnicamente están mejor hechas. Sino, simplemente, las que me apetece compartir contigo en ese momento. Sin un temario determinado. Viajes. Pueblos. Senderismo. Detalles urbanos. Naturaleza. En definitiva, sensaciones. Fotos que no haya publicado en alguno de mis blogs. En el de sosegaos, de mundo rural. O el cuaderno de bitácora de Paskki. Fotos que ya haya publicado. Y, quizá, alguna foto ajena - con el permiso de su dueño - que vea conveniente publicar en este blog.

Paskki es mi seudónimo en Internet. Aunque muchos amigos también me llaman así después de mis narraciones en los blogs. La propiedad de estas fotos son de su dueño. Es decir, mías. En nombre propio, de Pascual Rosser Limiñana.

Espero que os guste y compartamos, así, momentos buenos recordando cada uno en su instante sus propias sensaciones. Imaginando lo que pudo ser y no fue. Y lo que fue y no queríamos que hubiese ocurrido. Trasladándonos en el tiempo y en el espacio hacia estas estampas que me llaman la atención y que plasmo en una imagen.

martes, 20 de mayo de 2008

Vía Verde Maigmó - Agost


Por el camino que fue de hierro. Que quiso ser. Camino de hierro que nunca oyó el silbato de la locomotora. Nunca, el roce de las ruedas de hierro con las vías. Nunca se rompió el sosiego de su camino con el chu-cu-chú del tren. Este nunca le visitó. Nunca recorrió esta senda. Y nunca lo hará.

En 1926 se iniciaron las infraestructuras del ferrocarril de vía ancha entre Alcoy y Agost. De unos 66 kms de longitud. Una puerta que se abría para los pueblos de las montañas en dirección al valle y al mar. Un sueño. Una esperanza. La ruptura con años de aislamiento. El camino natural por carretera de Alcoy y su comarca con Alicante se hacía por la Carrasqueta. Carretera peligrosa con multitud de curvas. Cuyo puerto se cerraba continuamente en invierno por la niebla ó por la nieve. Esta nueva vía férrea facilitaría el tránsito de personas y de mercancías. Las industrias textiles de la comarca verían por fin cumplido una reivindicación de años. Poder transportar sus mercancías por ferrocarril al puerto de Alicante, más cercano que el de Valencia al que lo llevaban por carretera, al estar mejor comunicada. Por los problemas orográficos, las obras se retrasaron hasta 1932, cuando quedaron terminadas todas sus infraestructuras. Faltaba el tendido de las vías y la ubicación de las estaciones intermedias entre Alcoy y Agost.

La guerra civil y la postguerra frenaron la finalización de este proyecto. En los años sesenta volvió a plantearse la conveniencia de este trazado ferroviario. Pasaron los años. Las promesas no pasaban de ser meras palabras. Quizá entonces por cierto centralismo político valenciano, por los transportes de mercancías por carretera y, más tarde, por la buena comunicación a través de autovías y por falta de rentabilidad, la terminación de este proyecto se desestimó definitivamente en 1984.

Este trazado no albergó vías de tren, sino que ahora acoge personas, a pie ó en bicicleta. A partir de 1993 la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, con la colaboración de los Ministerios de Medio Ambiente y de Fomento, están habilitando estos terrenos en lo que denominan Vías Verdes. Acondicionar para uso lúdico el trazado del ferrocarril de vía ancha. En el 2001 el Area de Medio Ambiente de la Diputación de Alicante inició las obras de acondicionamiento de la Vía Verde del Maigmó. En España ya hay habilitadas más de 1.500 kms de Vías Verdes.Caminantes, senderistas, ciclistas, se benefician de una senda, sin vehículos a motor. Caminos siempre llanos, con ligeras subidas y bajadas. Una manera diferente de conocer nuestros pueblos, sus paisajes, sus gentes y sus costumbres. Una manera distinta de acercarnos un entorno natural desconocido.


El Area de Medio Ambiente de la Diputación de Alicante organizó la III Jornada Ambiental de la Vía Verde del Maigmó que se celebró el pasado 10 de mayo. 21 kms. Dificultad baja. Para los senderistas, unas cinco horas de duración como máximo, unas horas menos para los corredores. Cada cinco kms la Diputación colocó controles de avituallamiento con bebidas y frutas. Los túneles estaban iluminados.

En una mañana fría de nubes y claros llegamos a Agost. En unas carpas verdes nos dieron los dorsales, aunque no se trata de una competición. Poco después la Organización nos llevó en autobús al punto de partida, en el Maigmó. Eusebio, Paco, Arturo y Paskki nos hicimos una foto antes de empezar la Vía. Estamos a unos seiscientos metros. Llegaremos a Agost con un desnivel de unos trescientos metros.





Los primeros cinco kilómetros, nos encontraremos con varios túneles. Hace unos años pusieron placas solares para que estuviesen iluminados permanentemente. Ahora, como antaño, bandoleros del camino se apropiaron de las placas. La civilización avanza en muchas cosas, pero en esto, en apropiarse de lo ajeno, no avanzamos. Hoy la organización ha previsto su iluminación con generadores. El primer túnel, una sorpresa. Iluminado, sí. Pero hay que andar con cuidado porque en algunos tramos dominan las sombras. Vemos la boca de luz al final del túnel. Explosión de luz y de calor. ¡Esta Vía tiene 6 túneles!. Sólo falla la iluminación en el tercer túnel. Cuidado no tropiece con mi propia sombra. No tropiece con otro senderista, como le ha pasado a mi amigo Arturo. ¿Quién ha atropellado a quien?. Andando, claro.

Este primer tramo es más accidentado. Barrancos. Vaguadas. Collados. Pinadas. El suelo firme entre dos muros naturales de tierra. Mientras camino recuerdo las películas de vaqueros y el momento en que es atacada la diligencia cuando pasa por un camino estrecho como este. Las películas donde los indios emboscan al séptimo de caballería. Aquellas en las que Curro Jiménez, el Algarrobo y el Estudiante atacan al francés invasor para quitarles las riquezas que habían robado al pueblo. Hoy no nos sorprende un emboscado, salvo la vigilancia de las nubes, presentes y amenazantes.












La Vía es un río de gente. Personas de todas las edades. El camino no pregunta la fecha de nacimiento. Cada uno lleva la marcha que quiere. Algunos se han propuesto un reto ambicioso: llegar a la meta en unas tres horas. Otros no tienen prisa. “Cuando iba de pequeño al monte, mi padre me decía: sube como un viejo y llegarás como un joven”, le dice Antonio a sus hijos cuando estos le recriminan que vaya tan despacio. El camino se llena de expresiones. Es un espacio libre y libre corren las palabras. No hay barreras. Mientras caminas, piensas. Mientras caminas, hablas. Y oyes lo que cuentan con los que te cruzas. “María, siempre tan solitaria. ¿Qué haces que no estás con nosotros?”. “No me dejáis. Os habéis puesto en fila. Ocupáis todo el ancho del camino y no me dejáis meter mi trasero”. “Tiene que darse cuenta lo que cuesta ganar el dinero, para que lo derroche de esa manera. No quiero educarlo como un niño mimado que consigue todo lo que quiere”, le dice Manolo a su esposa preocupado con la educación de su hijo. “Me acosté anoche a las tres de la mañana y estoy aquí con vosotros como un zombi. Pero no quería perdérmelo por nada del mundo”, dice el marchoso de Rafa al resto de sus amigos de pandilla. Y tantas otras frases. Sin tener que ver con el camino. Y hablando del camino. Contando anécdotas de otras sendas. Proyectos para recorrer otros senderos. Otras vivencias. Otras.













Cruzamos varios puentes con vallas de madera. Con vallas de hierro. Y otros saltan por encima de nuestras cabezas. Arcos de medio punto. Arcos más abiertos. Arcos que se agarran a la tierra, a las rocas. Un viaducto a lo lejos. Caminaremos por encima de dos de ellos. El Pont del Fontanás, uno. El Pont del Vidre, el otro. Quien proyectó la Vía no se olvidó de nada. Túneles. Viaductos. Arcos. En algunos tramos, vamos paralelos a la carretera. Desde ella nos ven. Nosotros vemos a los automovilistas con su mirada curiosa ante este hormigueo de gente.





Dejamos atrás el camino montañoso. El valle está lleno de pinceladas. Pinceladas con viñedos. Pinceladas con árboles frutales, con olivos, con almendros. Bajo nuestros pies corre agua, canalizada. Oímos su susurro. Sus exclamaciones. Sus prisas. Como prisas tenemos ya por llegar cuando vemos la cúpula y la torre de la iglesia destacando sobre las casas de fachadas pardas de Agost.

Cuanto más me acerco a la meta voy más deprisa. Tendría que ser al revés. El cansancio deja huella. Pero hoy no es así. Los primeros cinco kilómetros he ido más despacio de lo que esperaba. Tantas fotos … Los primeros cinco kilómetros se han comido unos minutos que he recuperado después. Y desde el kilómetro diez he ido recuperando el tiempo y caminando más deprisa.
Los últimos tres kilómetros se me han hecho interminables. La carretera se alargaba como un chicle. Los pasos de Paskki ya no eran pasos, sino zancadas, comiéndose el camino para llegar a la meta. Amenaza lluvia. Al entrar al pueblo, chispea. Al entrar a la meta, diluvia. Justo a tiempo. He tardado unas cuatro horas. Arturo me da la bienvenida con una cerveza y unas cocas. Hay que reponerse. Hay que recuperarse. Hay que volver el año que viene. Porque tienes que vivir la Vía, que no te lo cuenten. Merece la pena.



fachada Ayuntamiento de Agost

domingo, 18 de mayo de 2008

Volar una cometa

Una cometa baila al viento en una tarde nublada del final del verano. Mis manos sujetan con fuerza el rollo de hilo. Al final de la cuerda, una comenta de madera y tela en forma de águila. Vuela entre las nubes, lejos de mi mirada. Cuando vuelve, sus alas tienen placas de hielo, presagio de una tormenta.

Siempre que veo una cometa me acuerdo de escenas de mi niñez como esta. En mis veranos en un chalet en Monforte del Cid. También, sobre las arenas doradas de la Playa de San Juan, en Alicante.


Entonces me preguntaba quién se había inventado este artilugio. Y para qué lo usaron. Un día mi abuelo me contó que las cometas eran un invento chino. Y mi curiosidad se quedó allí. Pero ahora quiero saber más y contároslo.

Efectivamente, las cometas nacieron en China, allá por el año 1.200 a.C.. Se usaban para fines militares. Una señal. Un aviso. Los movimientos y los colores formaban parte de un mensaje que se enviaba entre destacamentos militares. A Europa llegó por mar de manos de Marco Polo, en los años del s. XIII Las cometas empezaron a formar parte de los juegos infantiles. También se ha utilizado para estudios científicos. Cometas con equipos de medición atmosférica. El político e inventor estadounidense Benjamín Franklin utilizó una cometa para investigar los rayos, demostrar que había electricidad en las nubes durante una tormenta e inventar el pararrayos.



Para volar una cometa es conveniente hacerlo en un amplio espacio libre. Sin obstáculos. Sin árboles, ni tendidos eléctricos. Es ideal en una playa, lejos de las casas. Como es ideal hacerlo en compañía. La cometa se coge por detrás. Elevas el brazo que sujeta a la cometa mientras quien tiene el carrete de hilo se va alejando, dejando a sus espaldas el viento. Si este es suficiente, la cometa se elevará sola. A veces basta una ligera brisa. Deja que se eleve un poco por encima de nuestras cabezas. La controlas con los hilos, estirando y dejándola marchar para que vaya subiendo poco a poco. La cola hará que se estabilice. Colas alargadas de divertidos colores. Colas que serpentean en el aire.


Cometas de ayer y de hoy. Cometas con estructuras de madera ó de metal. Cometas que se inflan, sin armadura. Han inspirado a poetas y novelistas, a músicos y cineastas. Julio Verne hace volar a uno de sus personajes adolescentes en “Dos años de vacaciones” para explorar la isla Chairman (en realidad la isla Hanover, cercana a las costas chilenas). Marc Foster lleva al cine la aclamada novela “Cometas en el aire” del escritor afgano Khaled Hosseini. Amir y Hassan, dos niños afganos del Afganistán invadido por los rusos. Dos niños afganos jugando con unas cometas, alrededor de diferentes acontecimientos. Una gran producción de Marc Foster, con una extraordinaria música del español Alberto Iglesias y con una excelente fotografía. Y las cometas también llenan ríos de tinta en la poesía. Gerardo Diego escribe en “La Cometa”:

Descalza por el mar, la primavera
llega, racha de sal, para que vueles,
niña feliz de cañas y papeles
con la trenza ondulada y onceañera.

Alta la brisa va, alta y ligera
la cometa. Qué lindos sus cuarteles
de angélicos y exágonos broqueles
y qué airosa en el cielo y callealtera.

Cómo tira de mí, cómo me llama
a su rampa de luz, cómo me incita
y me dice en secreto que me ama

cuando mi pulso azul muerte y palpita.
Oh mi primera novia en la alta rama
de esta pasión de álamo infinita.

Hoy, forma parte de los juegos de muchos niños. Y de no tan niños. Hoy la cometa es protagonista también de Festivales. En Japón celebran el Festival del Cerezo, en primavera. Las familias se reúnen al aire libre en los campos de cerezos florecidos, comen a la sombra de sus ramas y, es tradición, los niños juegan volando cometas de muchos colores. También de Competiciones, como el XII Festival de Cometas ciudad de Alicante el pasado 3 de mayo. En un marco inigualable. En la playa del Postiguet. Las cometas se recortan sobre el mar. Las cometas acarician el azulado cielo. Las cometas se mezclan en el horizonte con las velas de unos optimist en regata. Se confunden con las velas infladas por el viento de una goleta. Las cometas nos arrancan de nuestras miradas expresiones de admiración y sorpresa. Cometas que nos trasladan a recuerdos de nuestra infancia.





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