domingo, 8 de junio de 2008

El Celler y Javea

Entre escritores de blog. Entre amigos. Kiko, de La cocina de antaño. Paskki, de mundo rural - sosegaos. Por tierras de la Marina Alta, en el norte de la provincia de Alicante. Bañada por el Mediterráneo. Entre el cabo de San Antonio y el cabo de la Nao. Rodeada de campos de cultivo de secano. Vides. Olivos. Almendros. En un entorno natural privilegiado. ¡Jávea! (Xabia, en valenciano).


Debido al constante ataque a estas tierras por parte de los piratas allá por los años del siglo XVI, el núcleo urbano de esta población se construyó tierra adentro, a unos dos kilómetros de la costa, entre lienzos de murallas. Lo que hoy conocemos como el casco histórico. Desde entonces, en la actualidad, hay dos Javeas. La del interior y la del puerto y la de la playa (de la que narraré en otro post).


En el casco histórico destaca la iglesia gótica de San Bartolomé y su torre, del s. XVI. Torre y campanario, se ven desde cualquier punto de la población. Junto a esta iglesia fortificada, el mercado de abastos y el ayuntamiento. Frente al ayuntamiento, una fuente de piedra con dos asientos. En torno a la iglesia, calles estrechas recorren la población en todas las direcciones. Casas con fábrica de piedra, enrejados de hierro, paredes encaladas, dinteles con tosca (una piedra dorada característica de la zona). Balcones señoriales. Escudos nobiliarios. Un entramado de calles ideal para perderse durante el medio día cuando unos descansan, otros comen y algunos duermen la siesta. Calles peatonales por donde no circulan los vehículos a motor. Calles tranquilas. Calles por donde merece la pena no perder sino alargar los minutos. Calles donde vivir de una forma más sosegada. Donde parece que las prisas no existen. Donde el tiempo no corre, se pasea.








Por estas calles nos atrae un aroma. No son efluvios marineros. Son olores de tierras adentro. Ternera. Buey. Cerdo. Olores de unos fogones con buenos alimentos. Olores de tierras donde se pisa la uva y se embotellan buenos caldos. Mientras nos acercamos, se nos hace la boca agua.

En la calle de San Bartolomé, muy cerca de la iglesia. La Parrilla El Celler. José Bellés y su parrilla son famosos en el lugar. En un ambiente tranquilo y acogedor. Las paredes, repletas de recuerdos, de aperos de labranza, de fotografías antiguas con escenas de una Jávea que ya no existe. Mesas de madera y mantel nos reclaman. Hoy, degustación de carnes de Castilla y del norte de la Comunidad Valenciana.







Degustación es decir poco. Un verdadero banquete de carnes acompañado de detalles que provienen de la imaginación y la experiencia de José. Todo casero. Un verdadero regalo al paladar.

Setas con salsa de queso. ¡Con salsa de queso!. Boniato a la plancha. Salchicha catalana. Ternera a la plancha. Nos cuenta José que esta carne de ternera, tierna y sabrosa, es poco conocida. Procede de la barriga del animal, cerca del intestino. Mostaza ¡con pepinillos!. Rosbit, según receta inglesa. Y como colofón final, entrecot de buey. Nos lo sirve a trocitos sobre una plancha muy caliente que coloca sobre la mesa. Extraordinario. Todo regado con Corcovo, vino de crianza de Valdepeñas.

El último lunes de cada mes, a medio día, José organiza una cata a la que invita a una bodega para que presente sus vinos. Bilingüe, casi siempre en inglés ya que los clientes de esta suelen ser de esta nacionalidad y las explicaciones de los vinos se hacen en esa lengua. Hay que reservar mesa. La cata se hace con la degustación gastronómica más apropiada a esos vinos.

El Celler, un lugar de culto de la buena mesa en Jávea, lejos de la cocina marinera y en la cúspide del buen gusto y las buenas maneras en los fogones y en el trato personal con los clientes. Lugar de culto al que tendré que volver y confesarme … de mi nueva afición por saborear sus recetas.

Javea, pueblo de visita obligada para los inquietos del camino, para los amigos de nuevas sensaciones, para los que quieren descubrir nuevos horizontes, para los que desean enriquecerse con los conocimientos de otros, sus historias, sus experiencias. Javea, un destino necesario.




jueves, 5 de junio de 2008

Día Mundial del Medio Ambiente


Desde 1972, a iniciativa de las Asamblea General de las Naciones Unidas, hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente. Un día para llamarnos la atención a todos sobre las consecuencias de la degradación ambiental, del cambio climático, de la mala utilización de los recursos. Es un día para concienciarnos de lo que hay que hacer a nivel colectivo, también de lo que podemos hacer a nivel individual.

Los gobiernos tienen la tarea de poner los medios para preservar y mejorar nuestro entorno natural. Pero cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de aportar nuestra gota de agua a esta tarea. No es un problema ideológico, es sentido común.

Reducir el consumo de aire acondicionado. Reducir la velocidad en la carretera. Reducir el consumo de agua en las casas duchándote en vez de bañarte, no utilizando el friega-platos salvo en cargas completas, utilizar sólo medio depósito de descarga en los inodoros, no dejar abierto el grifo mientras te afeitas, ... Fomentar el reciclaje del papel que tiras a la basura en contenedores especiales para esto, … Son acciones sencillas que podemos hacer cada uno de nosotros sin grandes esfuerzos.



Y plantar un árbol. Recientemente la Generalitat Valenciana está realizando la iniciativa de “tu puedes cambiar el cambio climático”, cuyo eslogan es cambia para que no cambie, a través de la web http://www.cambiaparaquenocambie.com/

Es tarea de todos y todos podemos aportar nuestra gota de agua para preservar el mundo natural en el que vivimos. Leguemos a nuestros hijos, para que ellos puedan hacerlo con los suyos y, así sucesivamente, un entorno natural con futuro.

miércoles, 4 de junio de 2008

Las Cruces de Mayo en Alicante


Ocurrió en mayo. En el barrio de Santa Cruz, en Alicante. A los pies del castillo Santa Bárbara. El primer fin de semana. Una gran fiesta de un pueblo dentro de una ciudad.




El “barrio”, como popularmente se conoce en Alicante al barrio de Santa Cruz, se viste de fiesta. Se viste con sus mejores galas. Desde sus ventanas, rojos geranios en flor. Desde sus viviendas, las mujeres cantan canciones apasionadas. Desde sus cocinas, efluvios de aromas marineros.

Las Cruces de Mayo. Tradición y devoción. Desde 1843 consta su existencia en los archivos municipales. Este año participaron diez calles engalanadas y diez cruces. Por las calles de San Rafael, de San Antonio, de Diputado Auset, ...





Fiesta de Primavera. Fiesta religiosa. Fiesta pagana. Si las fiestas religiosas no conviven con el fervor popular, con la participación ciudadana, corren el peligro de desaparecer poco a poco. No se entiende el Rocío sin la participación del pueblo. No se viviría igual la devoción a la Santa Faz sin la romería y las actividades lúdicas alrededor del caserío, para la que contribuyó mucho el gobierno municipal del Alcalde Lassaleta. No participarían igual los vecinos del barrio de Santa Cruz engalanando sus calles si se tratase sólo de una fiesta religiosa. Todo contribuye a que cada año las fiestas de este barrio tengan mayor repercusión.

Casi un centenar de docenas de claveles son necesarias para hacer una cruz floreada. Primero, una idea que se plasma en un boceto. Después, el trabajo desinteresado de un grupo de personas que le dedican unas cinco horas de imaginación y de cariño para hacer una cruz que llame la atención del jurado que calificará su ingenio.

Con las Cruces, también engalanan las calles. Exhibición al aire libre, en estas callejuelas empinadas y estrechas. Banderitas. Cintas de colores. Bailan al viento al son de la música, produciendo un susurro embriagador.





Desde la puerta de la Ermita, la ciudad a sus pies y el Mediterráneo en el horizonte. Desde aquí, los rascacielos del Gran Sol y del Riscal parecen más pequeños. Desde aquí se domina el presente. Desde aquí se oye cómo los festeros viven con pasión estos días tan entrañables. Días que pasarán deprisa, aunque son ya la antesala de las Cruces de Mayo del año que viene. ¡No te lo pierdas!.



lunes, 2 de junio de 2008

Caminando bajo la lluvia

Si ver llover en la ciudad suele ser un aburrimiento, en el campo es un espectáculo. La lluvia es necesaria, aunque nunca llueve a gusto de todos. El pasado mes de mayo ha sido el más lluvioso desde hace cincuenta años. Y cuando llueve los fines de semana nos cambia los planes. A veces nos obliga a renunciar a las actividades al aire libre con la familia. Hoy es uno de esos días que quiero ir a un pueblo de montaña aunque diluvie. Después de varios fines de semana con paseos urbanos, que tienen su interés pero son otra cosa, decidimos ir a Penáguila, de la Comarca del Alcoiá, en la provincia de Alicante.


Muy cerca de Alcoy y a unos cincuenta kilómetros de Alicante. Vamos por la autovía Alicante-Alcoy, pasando cerca de las poblaciones de San Vicente, Tibi, Castalla, Onil, Ibi. En el recorrido vemos como las nubes invaden las cumbres de las montañas y se deslizan por sus vaguadas. Ganan terreno a esos colosos de tierra, de rocas, y nos intimidan mientras llueve con intensidad. Antes de llegar a Alcoy, después de atravesar el Barranco de la Batalla, cogemos una carretera comarcal dirección a Benifallim y Penáguila. Desde sus inicios atravesamos un bosque de pinos. Con estampas verdes en los claros del valle. La alfalfa colorea el paisaje. Junto con el arbolado, juegan los verdes con su protagonismo. Parece que estemos en pueblos ó países de otras latitudes donde están más acostumbrados a este verdor de los campos. No es Asturias, ni Cantabria, ni los países nórdicos, pero hoy nada tienen que envidiarlos.


Penáguila

Paseo por las calles de Penáguila bajo el paraguas. Los niños se han quedado con mi mujer en un bar. Siempre me ha gustado el tintineo de las gotas sobre la tela del paraguas. Mientras camino noto la presencia de miradas desconocidas. A través de los visillos, a través de las persianas de madera de las puertas. Quien me mira debe de pensar que estoy loco. Loco no, señora mía. Pero me gusta disfrutar este momento, bajo la lluvia. Mientras otros corren a refugiarse, yo ando por estas calles solitarias. La iglesia, con su torreón. A su alrededor se acurrucan las casas del pueblo. Puertas con dinteles de piedra y escudos nobiliarios. Callejones donde los colores de sus fachadas me llenan la mirada de sensaciones. El color bermellón de la tierra. El amarillo albero de los cosos taurinos. El azul de metileno de las casas de pescadores de Villajoyosa. El marrón pardo de las tejas con las plumas de un águila. De esta ave y de una peña, el nombre de este pueblo.








Bajo un arco. Retrocedo en mis pasos. Cuando entro en el Bar Restaurante Penya del Aguila algunos lugareños me miran divertidos. Mi chubasquero está empapado. Paqui, mi mujer, mis hijos Carlos y Myriam, mi amigo Pitín y su hija Carmen, me miran con una sonrisa. Estamos en el bar casino. Bar como lugar de encuentro, como espacio de reunión de la Peña Valencianista Ché, que bó. Casino porque el dominó y los juegos de cartas son protagonistas entre estas paredes. Arriba, el restaurante. Disfrutamos tapeando platos que nos dicen típicos del lugar. Queso frito. Sangueta. Setas con magro. Marrajo frito. Y como plato fuerte, olleta alcoyana y espardeñas, merluza rebozada. En Aspe les llaman zeppelines. Vino de la tierra del Comtat, Penya Cadiella 2004. La repostería, ejemplar. Flan de coco. Flan de café.



olleta

espardeñas

flan de coco

Camino de Seguró, después de comer. Sigue lloviendo. Un mar de amapolas, sobre un lecho de hierba, nos llama la atención. Nos detenemos. Queremos entrar por un camino, que ya no es camino, sino río. Decidimos caminar por el campo. Y lo hacemos chapoteando los charcos con nuestras zapatillas. El fuerte olor a tierra mojada. El color intenso de los árboles. La huella en el monte de un bosquecillo lejano. La tranquilidad sólo rota por el rumor de la lluvia y nuestros comentarios. Una cosechadora soportando el aguacero. Una casa solariega que parece deshabitada pero que escupe humo por su chimenea. Pasamos cerca de un molino de aspas metálicas, junto a una balsa. Su chirriar constante y este ambiente sombrío recuerdan escenas de misterio de las novelas de Stephen King. El paisaje equilibra la escena, cuando … decidimos volver a los coches. Una aventura. Una excursión diferente.

campos de amapolas

amapolas

molino

caminando bajo la lluvia




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