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domingo, 10 de noviembre de 2019

Los jóvenes toman las calles




Que los jóvenes de todo el mundo tomen las calles no debería ser noticia. Es normal que por su edad y por las muchas reivindicaciones que hacen busquen en manifestaciones en la calle su medio natural para hacerlas. Pero esta vez son noticia por cómo la han tomado y para qué lo han hecho. No se manifiestan por el paro, ni la precariedad laboral, ni por su temporalidad. No reivindican mejoras sociales. Lo hacen por otra cosa. Vean.

En este mundo global en el que vivimos siempre hay opiniones para todos los gustos y en todas direcciones. Aún hay gente que niega que la tierra es redonda, ¿se imaginan?, a estas alturas. También los hay que niegan el cambio climático manifestando que siempre ha habido cambios bruscos en el clima, que se ha producido por ciclos y que ahora no son peores, sólo que nos enteramos allí donde ocurran, incluso en tiempo real, a través de los medios de comunicación. Los negacionistas del cambio climático tienen a Donald Trump, Presidente de EEUU, su mejor exponente.

Sin embargo, hay una nueva voz en el mundo que ha despertado conciencias, que ha provocado voluntades, que ha llegado más lejos con su mensaje que muchos políticos que se han quedado cortos o ni siquiera han conseguido motivar a sus electores para concienciarles del problema. Esta nueva voz es la de Greta Thurberg, activista sueca de 16 años. Quizá su juventud ó cómo expresa las cosas con tanta naturalidad y sencillez, es como ha conseguido que su mensaje corra como la pólvora por todo el mundo. Comenta cosas como estas: “Soy una adolescente que dice que otras personas están robando mi futuro”, “Yo tan sólo he llegado en el momento justo. Cada vez más personas son conscientes de la situación de emergencia que vivimos”. “Somos adolescentes que protestan, no deberíamos estar haciendo esto, no deberíamos tener que hacerlo, sentir que nuestro futuro está amenazado. Es un fracaso de las generaciones anteriores que no han hecho nada”.

Inició sus reivindicaciones en redes sociales y ahí está. Se ha convertido en una referente mundial de las protestas por el clima y en la que solicita medidas urgentes contra el cambio climático. Si es clara cuando habla más lo es cuando lo dice en público, salvando su timidez y su síndrome de asperger. Es patente su emoción en sus discursos, manifestados en diferentes foros internacionales. Su rabia lo traduce en los lagrimones que - espontáneos - salen de sus ojos como piedras. Es puro sentimiento porque está convencida que si el mundo no reacciona pronto tomando medidas oportunas, entre todos nos cargamos el planeta.

Por todo esto, el pasado 27 de septiembre las principales ciudades del mundo de 150 países vieron como multitud de jóvenes tomaban las calles para reivindicar sus inquietudes en un ambiente festivo, civilizado, educado incluso. Lo recalco porque han sido ejemplo de sentido común frente a otros jóvenes que reivindican sus peticiones desde la violencia y el miedo. Supongo que saben a quienes me refiero, a esos jóvenes independentistas que llenan de barricadas algunas calles de ciudades catalanas cuando reivindican sus inquietudes.


Las manifestaciones de jóvenes de finales de septiembre citadas lo hicieron junto a los del movimiento Friday for Future (viernes para el futuro) que inició Greta Thuerberg: reivindican medidas urgentes contra el cambio climático ante la inacción de los políticos en general.

No basta que esto se convierta en el eco de lo que no hacen quien tiene que hacerlo. El movimiento de Thuerberg nace en Europa y, por tanto, Europa debería liderar acciones gubernamentales contra el cambio climático. Por su parte, la nueva Comisión Europea se ha comprometido a destinar el 25% de su presupuesto a la lucha con ese fin. En la última reunión contra el calentamiento global celebrado en Nueva York el 21 de septiembre de 2019, 70 países se comprometieron a revisar al alza sus planes de recorte de emisiones, aunque a este compromiso no se sumaron las tres grandes: EEUU, India y China, y sin ellas el resultado no será nunca el deseado.

Una nueva oportunidad para estas reivindicaciones será la nueva cumbre del clima que se celebrará en Madrid entre los días 2 y 13 de diciembre de 2019, confirmado por la ONU.

Uno de sus objetivos sería que no defrauden a los jóvenes que ven peligrar su futuro y el del planeta. Que no defrauden al mundo, que todos nos jugamos mucho en este proceso. Y que no se cumpla lo que ya dicen muchos, que el deshielo de los polos acelerará la subida del nivel del mar y que esto ya es irreversible. Estamos a tiempo de enmendar esto. Que así sea.


Este artículo ha sido publicado con anterioridad en mi columna de opinión de la revista The Journalist

sábado, 18 de mayo de 2019

Más verde, también en Alicante



Si hay una cosa que los jóvenes están de acuerdo es en la protección del medio ambiente y, por extensión, combatir las consecuencias del cambio climático. En España y en el mundo. Quizá porque les preocupa mucho su futuro y cómo les vamos a dejar el planeta a ellos y a las generaciones venideras.

Sorprende, y mucho, que en los dos debates televisados en las pasadas elecciones generales en España, entre los líderes de los partidos políticos con representación parlamentaria a nivel nacional, ninguno de ellos hiciera la más mínima mención a la protección del medio ambiente, ni en las medidas a aplicar contra la contaminación ambiental. Ninguno. Demostrando una vez más que nuestros políticos viven lejos de la realidad en determinados aspectos como este.

Me imagino y espero que ese silencio sospechoso nada tenga que ver con esa tendencia que niega el cambio climático y que tiene entre sus partidarios destacados a personas tan influyentes como Donald Trump. En relación con esta postura, EEUU abandonó las conversaciones del Acuerdo de París.

El Acuerdo de París, dentro de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, convenido por 195 países, establece medidas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a través de la mitigación, adaptación y resilencia de los ecosistemas a efectos del calentamiento global. La Unión Europea ratificó este acuerdo el 5 de octubre de 2016 y entró en vigor el 4 de noviembre del mismo año. Este Acuerdo establece un plan de acción para mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de los 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales y esforzarse en limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC, porque reduciría los riesgos y los efectos del cambio climático.

El investigador Thomas Crowther propone la plantación masiva de árboles por todo el mundo porque podría reducir el dióxido de carbono en la atmósfera, con la posibilidad de anular una década de emisiones humanas. Según Crowther los árboles son “el arma más poderosa contra el cambio climático”. La plantación de árboles mejora la calidad del aire y de los alimentos, lo puede hacer cualquier persona y mejora nuestro entorno.

¿Qué hace el mundo ante este dilema?, ¿qué hace España?, ¿y Alicante?. Si una cosa está clara, es que no podemos estar mirando que hace el vecino cuando tú no haces nada, ni estar a la espectativa a ver qué pasa. Hay que actuar. Las iniciativas son muchas. Para muestra, un botón. Vean. Australia se ha propuesto plantar mil millones de árboles contra el calentamiento global, lo ejecutará hasta 2050 y tiene como finalidad eliminar más de 16 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año. Pakistán ha plantado cientos de millones de árboles - eucaliptos entre ellos - para, también, luchar contra la deforestación. La India - en un sólo día - plantó 66 millones de árboles con un millón y medio de voluntarios en un alarde de demostrar que sí se puede combatir el cambio climático. El gobierno de la India se ha comprometido a aumentar su superficie de bosques a 95 millones de hectáreas hasta 2030.

Otro gran proyecto que, además combate la desertización, es la Gran Muralla Verde, el cultivo de acacias en una extensa área verde en África de unos 8.000 kilómetros de longitud por 15 km de ancho en la que participan más de 15 países: Argelia, Burkina Faso, Benin, Chad, Cabo Verde, Yibuti, Egipto, Etiopía, Libia, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal, Somalia, Sudán, Gambia, Túnez. Esta muralla verde se inicia en la región del Sahel, en la frontera sur del desierto del Sáhara, uno de los lugares más pobres y áridos del planeta. El Sahel es una de las zonas que peor soportan el impacto devastador de los efectos del calentamiento global afectando con el hambre y la miseria a millones de habitantes. Esta muralla verde contribuye también a mejorar la vida de estas personas convirtiendo tierras áridas en fértiles, se mejora la producción de alimentos, se restaura la productividad de los bosques, genera empleos, evita la emigración forzosa y da oportunidades a los habitantes de esta zona para enfrentarse a los desafíos del cambio climático.

China también hizo un esfuerzo titánico con su muralla verde contra el desierto de Gobi replantando 500.000 kilómetros cuadrados de árboles hasta 2009; en Filipinas se recuperaron 1.500 millones de árboles en 1.500.000 hectáreas hasta 2011; Corea del Sur ha recuperado su masa forestal en cincuenta años plantando 11.000 millones de árboles; La Mixteca en México, ha cambiado su paisaje árido plantando cuatro millones de árboles desde los años ochenta con pino y aliso; en los montes Apalaches en EEUU han repoblado la zona castigada por la minería con la reforestación de 60 millones de nuevos árboles en 35.000 hectáreas.

España, junto con otros países europeos: Francia, Bélgica, Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Portugal y Suecia, se ha puesto como plazo máximo el 2050 para alcanzar el objetivo de la llamada “neutralidad climática”, que se emita la misma cantidad de gases de efecto invernadero que las que se puedan absorber. Se proponen acciones contra el cambio climático, incluyendo medidas para descarbonizar la industria, proponiendo que el Banco Europeo de Inversiones haga de la financiación verde su primera prioridad.

Una de las leyes que se presentaron con los Presupuestos Generales del Estado rechazados en febrero pasado - que provocaron las Elecciones Generales del 28 de abril - fue la de Cambio Climático. España es uno de los países más vulnerables de Europa en este asunto. Esta ley apostaba por la descarbonización y por las fuentes renovables en el sistema eléctrico español. También planteaba la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de al menos el 90 % en relación a los niveles de 1990. El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez tendrá que afrontar de nuevo este reto.

El mundo municipal también se mueve. 200 alcaldes de ciudades europeas como París, Londres, Sevilla ó Estocolmo han firmado un manifiesto que han enviado a dirigentes de la Unión Europea para que acepten el compromiso de la Comisión Europea para que las emisiones netas de dióxido de carbono sean nulas en 2050.

Ciudades importantes como Madrid, con Carmena como alcaldesa, se han empeñado en combatir la polución y mejorar la calidad del aire de la ciudad con restricciones del tráfico.

En el ámbito local también se pueden hacer cosas como controlar la calidad del aire vigilando el tráfico rodado y haciendo de la ciudad un cinturón verde. Que Alicante sea un bosque no es un disparate. Una gran parte del agua reutilizada se vierte al mar. Se han hecho avances, así el 70 % del agua usada en parques y jardines en zonas urbanas de Alicante tiene su origen en el agua reutilizada. Pero queda mucho por hacer. La ciudad necesita de masa arbórea, árboles que resistan el subsuelo salado, que den sombra y que reduzcan el dióxido de carbono en la atmósfera. En esta necesidad de plantación de árboles podría también recuperarse la huerta alicantina con arbolado de secano o de regadío. Todo redunda en una mejor calidad del aire, la creación de puestos de trabajo y de una vida más saludable.

Cuando Gabriel Echávarri era Alcalde de Alicante propuso hacer un gran pulmón verde en Agua Amarga. Al perder el PSOE la alcaldía, ese proyecto quedó guardado en el baúl de los recuerdos. El próximo alcalde de Alicante ¿recuperará este gran proyecto verde, planteará otro?. Pronto lo sabremos, tras las elecciones municipales del próximo 26 de mayo. Ya veremos.


Este artículo fue publicado con anterioridad en mi columna de opinión del periódico Alicante Press

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