Hay encuentros que no solo llenan una sala:
llenan un tiempo. Así ocurrió en la última cena-coloquio organizada por el Club de Opinión del Círculo Monárquico de Alicante,
donde la historia de un pueblo —Pinoso— se convirtió en protagonista absoluta
de la velada.
La presencia de Silvia Verdú, alcaldesa de Pinoso, y de César Pérez, recién nombrado
cronista oficial de la localidad aportó al encuentro una mezcla perfecta de
visión institucional y pasión por la memoria colectiva. Ambos llegaron con un
mensaje claro: Pinoso está de celebración,
y no es para menos.
Este año se cumplen 200 años del Villazgo, aquel 12 de febrero de 1826 en el que
el rey Fernando VII concedió a
Pinoso la independencia de Monóvar y lo elevó a la categoría de Villa Real. Un gesto que, visto desde
hoy, no fue solo un trámite administrativo: fue el nacimiento de una identidad
propia, el punto de partida de un camino que los pinoseros han recorrido con
orgullo durante dos siglos.
A lo largo de la cena, la alcaldesa Verdú
compartió cómo la localidad está conmemorando esta efeméride con un programa
que dura hasta diciembre de este año que busca honrar la historia sin perder de
vista el futuro. Habló de emoción, de raíces, de comunidad. Y lo hizo con esa
cercanía que convierte los datos históricos en algo vivo.
Por su parte, César Pérez llevó a los asistentes
a un viaje por el contexto político y social de la época. Con la mirada del
cronista que empieza a custodiar un legado, desgranó documentos, anécdotas y
detalles que dieron profundidad al relato del Villazgo. Su intervención recordó
que la historia no es un conjunto de fechas, sino un hilo que nos conecta con
quienes fuimos y con quienes aspiramos a ser.
La velada transcurrió entre reflexiones,
preguntas y un ambiente de auténtico interés cultural. El Club de Opinión del
Círculo Monárquico de Alicante volvió a demostrar su vocación: crear espacios
donde la historia, la institución y el pensamiento se encuentren para generar
conversación y conocimiento.
Y así, entre viandas, palabras y memoria, la noche dejó una sensación compartida: celebrar el bicentenario del Villazgo no es solo mirar atrás, sino reconocer la fuerza de un pueblo que sigue escribiendo su propia historia.



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