El terremoto de 1829: destrucción en la Vega Baja del Segura
El seísmo, con
epicentro en la zona sur de la provincia de Alicante, afectó a numerosas
localidades: Guardamar, Torrevieja, Benejúzar, Almoradí, Orihuela, Rojales o
Dolores. La combinación de construcciones débiles, suelos inestables y la hora
del temblor provocó un balance trágico. Ocurrió a las 6 y cuarto de la mañana.
Algunos habían ido ya a la era a cuidar su huerta, otros estaban a punto de
hacerlo o de marchar a sus otros oficios …
En Almoradí,
el daño fue extremo:
- La mayor parte de las viviendas se
derrumbaron.
- Murieron más de 200 personas solo en el
municipio.
- La iglesia, edificios públicos y muchas casas quedaron reducidos a escombros.
- La principal causa de tantas muertes fue que
el pueblo estaba construido con un trazado estrecho y amurallado
La comarca
entera quedó sumida en el caos: miles de damnificados, epidemias derivadas de
la falta de higiene y alimentos, y un territorio que necesitaba ayuda urgente.
El obispo de
Orihuela, Félix Herrero Valverde, se convirtió en una figura clave en
los días posteriores al desastre. Visitó las poblaciones dañadas de la comarca,
Almoradí entre ellas. Consciente de la magnitud de la tragedia y de la
incapacidad de los municipios para afrontar la reconstrucción, envió un dramático
llamamiento al rey Fernando VII solicitando:
- Ayuda económica inmediata.
- Recursos para alimentar y alojar a los
supervivientes.
- Ingenieros y arquitectos capaces de
planificar una reconstrucción segura.
Su
intervención fue decisiva para que la Corona actuara con rapidez y asumiera la
dirección del proceso.
La respuesta de Fernando VII: reconstrucción ejemplar
El rey Fernando
VII no solo atendió la petición del obispo, sino que ordenó una reconstrucción
integral de las poblaciones afectadas. Lo hizo con una implicación poco
habitual:
- Su respuesta se plasmó en el Real Decreto
de 5 de abril de 1829
- Aportó fondos de su propio patrimonio
real, un millón y medio de reales
- La reina María Josefa Amalia de Sajonia
también contribuyó económicamente.
- Se movilizaron a ingenieros para diseñar nuevos núcleos urbanos más seguros.
- Se consiguió movilizar la solidaridad de
quien quisiera contribuir del pueblo español a través de donaciones y ayudar a esta
reconstrucción. Se crearon Juntas de ayuda por toda España. La calle
Donantes lo recuerda. Incluso el 11 de mayo hubo un sorteo extraordinario
de Lotería Nacional “a beneficio de la terrible catástrofe de los pueblos
arruinados”.
El objetivo era claro: que una tragedia así no volviera a producirse.
Larramendi y Fourdinier: los artífices del nuevo Almoradí
La
reconstrucción de Almoradí se convirtió en un proyecto modélico. El rey encargó planificarlo al ingeniero José Agustín de Larramendi, quien
diseñó un trazado urbano completamente nuevo:
- Calles rectas y casas con patio, para evitar el efecto dominó de los derrumbes.
- Manzanas rectangulares, siguiendo criterios racionalistas.
- Edificaciones de una sola planta, reduciendo el riesgo de atrapamientos.
- Calles anchas, espacios abiertos y plazas que funcionaran como puntos de evacuación
- Plantó árboles, también innovador en la época, para dar frescor y sombra en verano, y leña en invierno, además de una mejora estética.
La dirección
material de las obras recayó en Eugenio Fourdinier, quien supervisó la
ejecución del plan y la construcción de las nuevas viviendas y edificios
públicos.
Este modelo
urbano, adelantado a su tiempo, convirtió a Almoradí en un ejemplo de urbanismo
antisísmico, innovador en aquél mundo del siglo XIX.
Memoria viva: la Casa Museo del Terremoto
En la
actualidad, el Ayuntamiento de Almoradí ha creado una Casa Museo
dedicada a recordar el terremoto de 1829 y la posterior reconstrucción. Está
situada en el nº 33 de la calle de La Reina, la única de las 278 construidas
que se conserva. De estas, 124 fueron repartidas "por suerte" entre las viudas y propietarios pobres. Nadie se tenía que quedar sin vivienda por muy catástrofe se hubiera producido.
Durante una
visita guiada de unos 45 minutos, el museo ofrece una experiencia inmersiva que
revive el impacto del terremoto en la vida cotidiana de sus habitantes. Le sorprenderá. Doy fe, la visité en el Press Trip de 8 de
marzo pasado invitados por el Ayuntamiento de Almoradí y organizado por la
Asociación Alicantina de Periodistas y Escritores de Turismo de la que formo
parte, coincidiendo con el 11 Congreso Nacional de la Alcachofa.
Para visitarla tiene que solicitar la visita guiada de forma anticipada a través de la web de Turismo Almoradí teniendo en cuenta que el aforo es limitado.
Esta casa
museo:
- Explica el contexto social del
desastre.
- Muestra documentos, planos y objetos de la
época.
- Rinde homenaje a las víctimas y a quienes
participaron en la recuperación.
- Permite comprender cómo el urbanismo se
convirtió en herramienta de protección civil.
- Es un instrumento que incentive la prevención de riesgos naturales, tan vinculados históricamente a la comarca de la Vega Baja del Segura
Es un lugar
pensado para que las nuevas generaciones conozcan un episodio que transformó
para siempre la identidad del municipio.
Un legado que perdura
El terremoto de 1829 no solo destruyó pueblos: también impulsó una nueva forma de pensar la seguridad urbana. Almoradí, reconstruida con criterios modernos y racionales, es hoy un testimonio de cómo una comunidad puede renacer tras la tragedia.





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