Hoy ha sido
uno de esos días en los que Almoradí te recuerda por qué es un lugar tan
especial. Los miembros de la Asociación Alicantina de Periodistas y
Escritores de Turismo (AAPET) hemos disfrutado de un press trip organizado
por el Ayuntamiento, coincidiendo con el 11º Congreso Nacional de la
Alcachofa, y la experiencia no ha podido ser más completa.
La mañana arrancó con una visita al Museo del Terremoto, un espacio imprescindible para entender la identidad del municipio. Allí revivimos el gran seísmo del 21 de marzo de 1829, que derribó la mayoría de las casas del pueblo. A partir de aquella tragedia, el ingeniero Larramendi, siguiendo las órdenes del rey Fernando VII, diseñó un nuevo trazado urbano rectangular que todavía hoy define el corazón de Almoradí. Una lección de historia que pone en contexto todo lo que vendría después.
El museo está situado en una de aquellas casas que
se construyeron nuevas, de planta baja y con patio con idea de que aquella catástrofe
no volviera a producirse. Abrió sus puertas en junio de 2025. Al pasar sus
puertas, el visitante se encuentra durante cuarenta minutos con una experiencia
inmersiva única, un viaje en el tiempo que te hace sentir ese acontecimiento
tan dramático.
Con esa mirada
al pasado aún fresca, nos adentramos en la feria gastronómica del Congreso,
un auténtico festival para los amantes de la alcachofa. Puestos, aromas y
degustaciones que demostraban, una tras otra, que este producto de la Vega Baja
no tiene límites. Desde recetas tradicionales hasta propuestas más atrevidas,
la alcachofa brillaba en cada bocado.
Pero si hubo
un momento especialmente mágico, fue el desfile en honor a la diosa Cynara,
la figura mitológica asociada al origen de la alcachofa. Un homenaje precioso a
la agricultura y a quienes trabajan la tierra, presidido por la Reina de las
Fiestas y sus Damas, destacando el color y un ambiente festivo que
contagiaba a todos.
La jornada terminó como solo puede terminar un día dedicado a la alcachofa: con un arroz con alcachofas y boquerones que nos dejó sin palabras. Sencillo, local, auténtico y delicioso.
Un día redondo para conocer mejor Almoradí, su historia, su gente y, por supuesto, su producto estrella. Y una muestra más de cómo la gastronomía puede ser una puerta maravillosa para descubrir un destino.



















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