El pasado jueves
vivimos en Casa Mediterráneo una de esas noches que dejan huella. Una
nueva sesión de Historias del Mediterráneo nos reunió para recordar,
sentir y celebrar los vínculos que han unido durante décadas a Alicante y
Tánger, dos orillas que comparten memoria, comercio, afectos y una forma de
mirar el mar.
En este
ambiente de conversación y raíces compartidas, se presentó Tangerian, el
vino de Denominación de Origen Alicante creado por Bodegas Ortigosa.
Un vino que nace para contar una historia: la de quienes cruzaban el
Mediterráneo llevando consigo sabores, acentos y vivencias que hoy siguen
latiendo en ambas ciudades.
Antes de la
cata y el brindis, Angel Luis Marcos Pavón, alma y propietario de la
bodega, tomó la palabra con una emoción que se contagió a toda la sala. Sus
palabras improvisadas fueron un regalo:
“Muchísimas
gracias, Ana, madrina de este vino, porque ni en mis mejores sueños hubiera
imaginado estar hoy aquí con vosotros, con una madrina de Tánger rememorando
esa historia de Tánger Internacional, con el alcalde de mi pueblo Lorenzo Amat y
con Francisco Alcaraz director de proyectos de Casa Mediterráneo, que para mí
es como si fuera mi casa. Y muchísimas gracias a todos vosotros por venir y
estar aquí para conocer ese vínculo de amor entre nuestra tierra alicantina y
Tánger”.
Después, dijo que iba a hablar desde el corazón. Y lo hizo:
“Cuando yo era
pequeñito escuchaba Tánger y Jardín de las Hespérides. Para la bodega había
sido un lugar especial. Si os fijáis, el símbolo de la bodega es una estrella
de ocho puntas que se utilizaba en el sur de España. Y el 8 es eternidad”.
A partir de
ahí, nos llevó de la mano a un viaje mítico y simbólico:
- El Jardín de las Hespérides, ese
lugar mágico del Mediterráneo Occidental.
- Las manzanas doradas, que en
Tangerian se reinterpretan como mandarinas y naranjas, colores que
unen a Tánger y Alicante.
- La idea de que aquel jardín mítico pudo ser
Tánger… o pudo ser Alicante, porque —como recordó con una sonrisa— ese
jardín tenía un héroe y “nuestro equipo de fútbol se llama Hércules”.
Y añadió esta
reflexión:
“Ese jardín mágico es un viaje de nuestras vidas, un viaje a lo sagrado y a lo eterno. Tánger representaba ese jardín último, donde terminaba el Mediterráneo y empezaba lo desconocido del Atlántico. Tánger es la puerta del Atlántico y la puerta del Mediterráneo”
Uno de los
momentos más emocionantes llegó cuando habló del legado femenino de la bodega:
“Desde 1880,
en nuestra bodega han mandado mujeres. Mi bisabuela, mi abuela, mi madre… Para
mí son mis hespérides, las que guardan ese jardín y unen el pasado con un
futuro maravilloso”.
Una
declaración que conectó con la esencia del Mediterráneo: tradición, familia,
raíces y continuidad.
Pavón cerró su
intervención recordando que Tánger Internacional representaba libertad,
la posibilidad de estar unidos sin justificar nada. Una libertad que —dijo— es
la que permite progresar, crear y compartir.
Y eso fue
exactamente lo que vivimos ese jueves: una celebración de la memoria compartida
entre Alicante y Tánger, un puente que se reconstruye a través del vino, la
cultura y la palabra.
Finalmente, como
se recordó durante la velada:
“Tangerian no
es solo una botella de vino; es la crónica líquida de una época en la que el
sol de Alicante se bebía bajo el cielo de Marruecos”.




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