sábado, 30 de mayo de 2026

Tangerian: cuando Alicante y Tánger vuelven a encontrarse en una copa de vino

 


El pasado jueves vivimos en Casa Mediterráneo una de esas noches que dejan huella. Una nueva sesión de Historias del Mediterráneo nos reunió para recordar, sentir y celebrar los vínculos que han unido durante décadas a Alicante y Tánger, dos orillas que comparten memoria, comercio, afectos y una forma de mirar el mar.


En este ambiente de conversación y raíces compartidas, se presentó Tangerian, el vino de Denominación de Origen Alicante creado por Bodegas Ortigosa. Un vino que nace para contar una historia: la de quienes cruzaban el Mediterráneo llevando consigo sabores, acentos y vivencias que hoy siguen latiendo en ambas ciudades.



Antes de la cata y el brindis, Angel Luis Marcos Pavón, alma y propietario de la bodega, tomó la palabra con una emoción que se contagió a toda la sala. Sus palabras improvisadas fueron un regalo:


“Muchísimas gracias, Ana, madrina de este vino, porque ni en mis mejores sueños hubiera imaginado estar hoy aquí con vosotros, con una madrina de Tánger rememorando esa historia de Tánger Internacional, con el alcalde de mi pueblo Lorenzo Amat y con Francisco Alcaraz director de proyectos de Casa Mediterráneo, que para mí es como si fuera mi casa. Y muchísimas gracias a todos vosotros por venir y estar aquí para conocer ese vínculo de amor entre nuestra tierra alicantina y Tánger”.




Después, dijo que iba a hablar desde el corazón. Y lo hizo:


“Cuando yo era pequeñito escuchaba Tánger y Jardín de las Hespérides. Para la bodega había sido un lugar especial. Si os fijáis, el símbolo de la bodega es una estrella de ocho puntas que se utilizaba en el sur de España. Y el 8 es eternidad”.


A partir de ahí, nos llevó de la mano a un viaje mítico y simbólico:


  • El Jardín de las Hespérides, ese lugar mágico del Mediterráneo Occidental.
  • Las manzanas doradas, que en Tangerian se reinterpretan como mandarinas y naranjas, colores que unen a Tánger y Alicante.
  • La idea de que aquel jardín mítico pudo ser Tánger… o pudo ser Alicante, porque —como recordó con una sonrisa— ese jardín tenía un héroe y “nuestro equipo de fútbol se llama Hércules”.


Y añadió esta reflexión:


“Ese jardín mágico es un viaje de nuestras vidas, un viaje a lo sagrado y a lo eterno. Tánger representaba ese jardín último, donde terminaba el Mediterráneo y empezaba lo desconocido del Atlántico. Tánger es la puerta del Atlántico y la puerta del Mediterráneo”


Uno de los momentos más emocionantes llegó cuando habló del legado femenino de la bodega:


“Desde 1880, en nuestra bodega han mandado mujeres. Mi bisabuela, mi abuela, mi madre… Para mí son mis hespérides, las que guardan ese jardín y unen el pasado con un futuro maravilloso”.


Una declaración que conectó con la esencia del Mediterráneo: tradición, familia, raíces y continuidad.


Pavón cerró su intervención recordando que Tánger Internacional representaba libertad, la posibilidad de estar unidos sin justificar nada. Una libertad que —dijo— es la que permite progresar, crear y compartir.




Y eso fue exactamente lo que vivimos ese jueves: una celebración de la memoria compartida entre Alicante y Tánger, un puente que se reconstruye a través del vino, la cultura y la palabra.


Finalmente, como se recordó durante la velada:


“Tangerian no es solo una botella de vino; es la crónica líquida de una época en la que el sol de Alicante se bebía bajo el cielo de Marruecos”.

 

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