miércoles, 27 de octubre de 2021

El Castillo de Moraira

 


Desde un lugar privilegiado, dominando la bahía a babor y a estribor como si se tratara de la proa de un barco encallado en las rocas. Divisando y controlando todo lo que se veía en el horizonte. Defendiendo a los habitantes del lugar de piratas berberiscos, de corsarios de Europa, de cualquier enemigo fiero que asolara esas costas en busca de botín.


Esta fortaleza protegía la zona de la playa de LÁmpolla y El Portet al considerar los navegantes a esta bahía como un puerto natural donde se refugiaban de los fuertes vientos y la marejada.






Se construyó a mitad del siglo XVIII. Tiene una planta peculiar en forma de “pezuña de buey”. Con una fachada semicircular orientada hacia el sur, con una única puerta en su parte norte. Encima de la puerta hay un escudo de los Borbones, la Casa Real reinante cuando se terminó la fábrica de este castillo (1742). En ese año reinaba en España el Rey Felipe V. Este acceso tiene un foso y un puente que era levadizo. Los muros, en talud, miden 10 metros de altura. Son de mampostería, con sillares de piedra de tosca de canteras de los alrededores. La parte superior tiene siete aperturas en donde se ponían los cañones.


El interior del castillo tiene una nave central y dos inferiores de menores dimensiones. Eran para dar servicio a la dotación de vigilancia y defensa en esta fortaleza. Actualmente está destinado a una instalación temática y se presenta un audiovisual a los visitantes sobre el sistema defensivo de la zona ante la incursión de piratas y demás intrusos de semejante calaña.




En temporada alta está abierto al público, con entrada gratuita. Para el resto del año, hay que consultar en los teléfonos 00 34 96 574 01 58 Ext: 1800 - 00 34 96 574 51 68 para concertar una visita.


Desde el castillo, desde la explanada que hay a sus pies, se domina una preciosa vista. Por mar destaca el peñón de Ifach al sur y al norte la torre defensiva construida en el siglo XVI en el Cap d´Or. Por el interior, la sierra de Bernia es la más destacada tierra adentro.




Frente a la puerta principal hay una ermita que daba culto a la dotación del castillo. Muy cerca, un aljibe donde se abastecían de agua potable. Sorprende que esté fuera de las murallas, pero está donde la encontraron que con los medios de entonces no sería tarea fácil.


Bien merece una visita y disfrutar de este entorno envidiable que la naturaleza ha ido puliendo a lo largo de los siglos.


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