viernes, 27 de agosto de 2010

fin del camino: Santiago de Compostela

 

El camino esta lleno de sorpresas. Se abre por el valle, se cierra en las montañas hasta desaparecer en el horizonte. En verdes prados, diminutas iglesias románicas, solitarias, con bellos capiteles. Riachuelos de aguas tranquilas cruzados por puentes con pronunciados arcos. Pueblecitos desperdigados por el monte, en el valle, en la vera de los ríos. Bosques de altas copas, laderas verdes.

El camino esta lleno de caminantes.  Para ellos es, para ellos esta trazado, para ellos cruza veredas, escarpa montañas, descansa en la planicie. Muchos lo recorren como lo hacían antaño, para llegar a lo que llamaban el fin del mundo, Finis Terrae. Después, para rezar a los pies de la tumba del apóstol Santiago. Otros, ahora, para todo un poco. Paganos y Católicos; aventureros y deportistas; senderistas, a caballo, ciclistas. Todos, caminantes somos.

A lo lejos una gran ciudad. Multitud de casas señoreadas por las altas torres barrocas de su iglesia mas visitada. Cuando atraviesas sus calles empedradas y estrechas con la indumentaria del polvo del camino y miras atrás y ves las ilusiones y las esperanzas cumplidas, no puedes contener la emoción. Cuando llegas a la Plaza del Obradorio y te encuentras con la majestuosa fachada barroca de la Catedral, el jubilo desborda cualquier pronostico. Cuando entras en la Cámara Santa te recibe un acogedor silencio que abraza el esfuerzo del viaje. Cuando caminas bajo la mirada de Santiago en el Pórtico de la Gloria, esculpido por las manos del Maestro Mateo, llegas a escuchar la música triunfal de sus músicos esculpidos en piedra.

 

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Cuando entras en la iglesia de altos techos, soportado por bellos arcos y esbeltas columnas. Cuando el botafumeiro recorre la nave encima de las cabezas de tantos peregrinos. Cuando sabes que has llegado a tu destino, la satisfacción es enorme e indescriptible. Y nace un nuevo objetivo. Volver a recorrer este camino teniendo como meta esta acogedora ciudad, Santiago de Compostela, acostumbrada a recibir visitantes de muchos lugares, lenguas, deseos e ilusiones.

domingo, 15 de agosto de 2010

la nit d´albá 2010

 

Después de un fuerte aguacero que no paró hasta alrededor de las 22 horas, Gracias a la hospitalidad de la familia de Rafael Espinosa, de Elche, anoche (por el 13 de agosto) mis hijos y yo pudimos disfrutar de unas horas extraordinarias. Era la nit del A´lbá. La noche que se viste de luces, de ruido y de color. Es la noche que se venera a la Virgen, se le da culto, se le acompaña, con esta representación popular donde la pólvora es protagonista. Desde la Edad Media este día se lanzan al cielo cohetes como acción de gracias en honor de la Virgen de la Ascensión.

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Desde una terraza del chalet de Rafa y Mª José, a unos dos kilómetros del centro de Elche, a partir de las 23 horas vemos, de forma ordenada y regulada, como se disparan diferentes cohetes y palmeras desde distintas azoteas de la ciudad, fuegos artificiales que envuelven nuestros pensamientos, que me hacen recordar a quienes no están pudiendo estar, que hacen que mi imaginación vuele entre petardos y luces. Mientras cenamos Rafa nos explica la fiesta, el culto a la pólvora, el ansia de disfrutar la noche, de vivir la madrugada, en familia, con amigos.

Después de la cena, el cielo tiene una nueva indumentaria luminosa por la cohetada, espectacular y ruidosa; por los castillos de fuegos artificiales. Palmeras luminosas en la tierra de las palmeras porque el Palmeral de Elche es uno de los Patrimonio de la Humanidad que tiene esta ciudad.

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El momento esperado llega con la media noche. Se para la actividad pirotécnica, se apagan las luces de la ciudad. Desde la torre de la Basílica de Santa María se dispara una gran palmera luminosa de color blanco inmaculado que protege la ciudad con el manto de sus luces. Un momento efímero pero espectacular. Unos cortos minutos de extraordinaria belleza. Entre el humo se ve la figura protectora de la Virgen, abrazando un futuro mejor y más próspero para los habitantes de esta ciudad de la provincia de Alicante. Lo acompañamos con la tradicional sandía. Fresca, sabrosa, dulce, de la huerta de Pepe, el padre de Rafa.

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Los niños disfrutan con los truenos. Rafa les explica como se juega con ellos para disfrutar con seguridad, sin accidentes. Como desde otros chalets, los echan desde el jardín de la casa. Son pequeños petardos, algunos luminosos, con los que se divierten. Verlos reír de esta manera es el mejor regalo para pasar esta noche, para sobrellevar mejor las circunstancias especiales que estamos viviendo en mi familia. Ver a Carlos y a Myriam, disfrutar con sus nuevos amigos, Inés y Jorge, es reconfortante.

Decidimos acercarnos al centro de Elche para ver, desde lejos, la guerra de carretillas, llamados "petardos borrachos" porque se mueven con el movimiento hasta terminar su mecha. Petardos muy luminosos, luciérnagas urbanas que saltan, corren y se retuercen hasta pararse. Quienes se atreven a esta lucha lo hacen cubiertos por armaduras improvisadas con trajes militares, guantes, cascos, ... Un espectador les dice a los niños que sólo se queman los imprudentes, los que se exponen sin protección.

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Y nosotros lo vemos bastante alejados detrás de unas vallas puestas por el servicio de seguridad para esta noche, además de las dotaciones de Policía Local, Policía Nacional, Protección Civil y Cruz Roja que vigilan esta contienda para solventar cualquier contrariedad. Aunque lejos, merece la pena ver este espectáculo nocturno típico de esta noche ilicitana. Es el zoom de mi objetivo el que me permite verlo desde más cerca y pienso que hay que echarle ... ¡co...raje! para meterse dentro de ese escenario de color y de pólvora.

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beata

 

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española uno de los significados de la palabra beata es el de "Mujer que frecuenta mucho los templos y se dedica a todo tipo de devociones".  Te estarás imaginando, amig@ lector, a las beatas de siempre, las que vemos en las películas antiguas, las que leemos en las novelas donde son protagonistas, las que ayudan en la misa, ... Te imaginarás a esas como las que conozco que aun están ancladas en aquella Iglesia Católica anterior al Concilio Vaticano II. Pero también conozco otras que son todo bondad, un ejemplo en el que fijarse. Pero no, no me refiero a estas beatas, sino a una mosquita que la llaman beata en
muchos pueblos de la provincia de Alicante, según me ha dicho el medico que me atendió en Urgencias. No se por  que le han puesto este nombre, quizá por sus ordenadas picaduras en el cuerpo humano. Esa mosquita introdujo su veneno en once picotazos de mi pierna derecha y me provocó unas molestas irritaciones y unos escozores y picores insoportables. Tanto que me han dejado varias noches sin dormir. Pero todo esto no tiene ninguna importancia, salvo la picadura  de un insecto de verano. Pero sin tenerla, sí te hace reflexionar. Porque esta mosca tan pequeña me ha inquietado  tanto que me ha hecho vulnerable a las molestias mencionadas. Este hecho da que pensar y nos demuestra que somos sensibles a hechos que parecen insignificantes pero que no lo son. Somos receptores de sensaciones molestas que no les damos importancia, pero que la tienen. Somos conscientes de soluciones en las que hasta hace bien poco no pensábamos en ellas. Si en un minuto  una noticia nos puede cambiar la vida, tenemos que vivir la realidad con intensidad de la mejor manera posible.     

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viernes, 6 de agosto de 2010

encuentros y reencuentros

 

Es en verano, en las vacaciones veraniegas, cuando bien merecen los encuentros con amigos y amigas, incluso con nuevos amigos y amigas. También los reencuentros con aquellos y aquellas a quienes no veías hacia tiempo. Se renuevan recuerdos, voluntades, muchas emociones. Abrazos, besos, apretones de manos, son la bienvenida. Luego, la palabra. Palabras que se visten de tantas cosas ... Palabras que hablan de un ayer, aquel ayer cuando nació nuestra amistad. Palabras de hoy que siembran para un mañana, para un para siempre.

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Y que mejor que hacerlo alrededor de una mesa donde compartir, también, sabores mediterráneos. Como este día y estos granos de arroz con conejo y caracoles, arroz marinero, arroz con verduras, cual mejor, en el Restaurante Mi Casa, en San Juan pueblo, en Alicante. El aroma de esta cocina nos anima, nos embriaga, y nuestras realidades corren por la mesa como el vino por nuestras gargantas. Poco mas de un vaso, que hay que conducir.

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El rumor de las olas del mar nos llama, como tantas otras veces lo ha hecho antes. Junto a una peña, en el paseo marítimo de El Campello, por donde han pasado tantas personas con tantas otras historias. Historias que muchas han recalado en El Lobo Marino, lugar de copas, estancia clásica y pionera de esta costa. Con una mentireta, bebida refrescante, entre los dedos de una mano, la brisa marina de la tarde acaricia nuestras miradas, nuestros recuerdos, nuestras palabras que el viento se lleva. Y nos devuelve para hacer nuevos proyectos, para abrir nuevos caminos, para recorrer nuevas travesías.

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Papá, quiero un pez

 

Con las primeras luces del día después del amanecer. Caminando por la orilla del mar a primera hora de la mañana cuando en la playa solo hay caminantes y escasos bañistas. Mi hijo Carlos y yo. Entre las aguas transparentes, pequeñitos pececillos. Veloces, inquietos, traviesos, corretean entre nuestros pies. Y Carlos, travieso como ellos,  me dice: “Papá, quiero un pez. Quiero coger uno de estos peces”. Mal lo tiene, incluso con una red.

Si supiera que hay un gran pez varado en el lecho del rio Segura a su paso por Murcia Capital … Si, amigos. No es un cuento. Permitirme que os lo narre desde el principio.

Caminando, esta vez por las calles tranquilas y estrechas alrededor de la Catedral de Murcia, oí un tumulto. Mi curiosidad llamó mi atención en esta hora temprana de la tarde, hora veraniega de la siesta para quien pudiera disfrutarla. Un orador entre un pequeño grupo de personas. Tantos gritos, tantos murmullos, llamaron la atención de muchos curiosos como yo. Lo que decía era poco creíble, más parecía una broma. Su cara no parecía manifestar nada serio, pero convencía a su auditorio. Les seguí a cierta distancia, mientras una mujer, policía municipal, informaba por radio de lo que estaba pasando, mas cerca de mi que de ellos. Su mirada también era de incredulidad. Cada paso, cada espacio de calle recorrida, el grupo que seguía al orador iba aumentando por momentos. Más parecía una manifestación de sindicalistas que de curiosos. Cruzando el rio, desde uno de sus puentes, junto al Parador del Rey, todos mirando por todas partes. El que llevaba la voz cantante señaló en una dirección. “Ahí está, grande  e inmóvil. “¿Donde está?”, gritaban algunos. Y efectivamente. Un enorme pez, del que le sobresalía del agua la cabeza y su larga cola, estaba inmóvil sobre el lecho del rio Segura. Y no podía ser de otra manera porque el pez es de bronce. El orador sonreía de oreja a oreja. Algunos le miraban y le gritaban insultándole porque se consideraban burlados. El conflicto no pasó a mayores por la presencia de la policía municipal. En fin, hay gente para todo.

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un arrocito junto al mar

 

Para celebrar unos éxitos comerciales propuse a mi amigo Rafael Espinosa y a su hermano José Vicente celebrarlo comiendo un arrocito junto al mar bajo una palmera. Solo tenían que buscar el lugar. Y eso hicieron. No encontraron la palmera, pero si una terraza, junto a arcos de medio punto y un arroz marinero.
Muy mediterráneo. Tan cerca del mar que algunas gotas traviesas de las olas nos mojaron la cara. Sentados alrededor de una mesa en el Hostal Galicia, en la playa del Pinet. Cervezas frías, productos del mar y un arroz  bien condimentado.

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Por nuestra mesa pasaron multitud de historias e historietas de la vida marinera de ayer y de hoy. De aquellos  días en los que embarcaciones piratas asolaban estas costas, de sus tesoros apresados a viajeros indefensos, algunos escondidos por estas dunas. De aquellas artes de pesca desaparecidas y utilizadas en la cercana playa Lisa de Santapola como la red que llamaban peseta: se desplegaba mar adentro con unos plomos en su base que se depositaban sobre el lecho arenoso, acercándola hacia la orilla, haciendo una barrera y cerrando el paso a multitud de peces que recogían en capazos. La Isla de Tabarca perfilándose en el horizonte, esa isla chica con su pueblo amurallado, tan querida por mi y tan maltratada por la ambición urbanística. Aguas al sur, las costas de  Guardamar, de Torrevieja, también de ese mar que llaman Menor, ya en la provincia de Murcia. Un velero en la lejanía, con sus velas foque y mayor desplegadas. El patrón gobernándolo desde la rueda del timón.

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Mientras, nuestras palabras navegan por nuestra imaginación y se juntan y rejuntan en esas frases que escuchamos, que nos enriquecen, que hacen flexibles los minutos cuando alargan las horas. Y la tertulia  discurre libre mientras un ligero viento de lebeche peina la superficie marina con pinceladas blancas de las crestas de las olas.

domingo, 1 de agosto de 2010

¿por qué no podré torear en el pueblo que me vio nacer?

 

Lloraba. Lloraba amargamente, no conseguía consuelo de sus familiares y amigos. Sus lágrimas inundaban su cara. La tapó con sus manos. Entre sus dedos, sus lágrimas se colaban rápidas y tristes. Lágrimas sucias por la incomprensión, lágrimas rojas por la desesperación. Murmuraba, hacia preguntas sin respuesta. ¿Por qué?.

¿Por que no podré torear en mi tierra, entre los míos, junto con mi abuelo, junto con mi padre, que lo hicieron antes. Por que no puedo continuar la tradición familiar. Desde chico tenia este sueño y ahora que estoy cerca de conseguirlo, ahora se prohíbe en Cataluña. Pero ¿qué hemos hecho mal?. Mi abuelo dice que no se puede renegar de tu propia cultura, que es sorprendente que alguien se niegue a si mismo en su propio interés electoral. Yo no se de política, pero no lo entiendo.

Esto lo manifestó un muchacho, alumno de la actual escuela taurina municipal del Ayuntamiento de Barcelona, en varios mas-media, después de que el Parlamento Catalán ha prohibido las corridas de toros en Cataluña a partir del 1 de enero de 2012. Y lo manifiesta cuando ya se imagina vestido con el traje de luces como novillero, con el disgusto de no poder torear a partir de esa fecha en el pueblo catalán que le vio nacer.

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Antes de esta decisión cualquier ciudadano en Cataluña podía ejercer su libertad de acudir a una plaza de toros  para ver al torero frente al toro, la inteligencia frente a la fuerza, en un espectáculo que es arte, que es cultura, que es aplauso, que es emoción, que son muchas cosas alrededor de este noble animal. Porque el toro de lidia solo tiene su razón de ser con las corridas de toros.

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Esta decisión, queriéndolo o no, se ha convertido en un pulso entre la identidad del nacionalismo catalán con una fiesta que se identifica con España. Es cierto que con el boom turístico de los años 60 el toro y el traje de faralaes se convirtieron en señas de identidad españoles. Pero la España de hoy es mucho mas. Y sus señas de identidad también. Son las catedrales goticas de León y de Burgos. Son los Museo del Prado de Madrid y el Guggenheim de Bilbao. Es la Alhambra de Granada, el teatro romano de Cartagena y la Sagrada Familia de Barcelona. Es el Camino de Santiago, las playas de Tenerife y las costas de Ibiza. Es la Plaza Mayor de Salamanca, el Palacio de la Magdalena en Santander y el acueducto romano de Segovia. Son tantas cosas, tanta historia, que nos une. De lo que podemos estar orgullosos con esta diversidad plural entre los distintos pueblos y ciudades de España.

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Porque la cultura del toro y todo lo que le rodea es una fiesta mediterránea. Desde Cnosos, pasando por Grecia, el Imperio Romano, hasta nuestros días, ha ido evolucionando y nos ha dado inolvidables tardes de toros y toreros.

No han robado oro, han robado memoria. Que vuelva a casa el Tesoro de Villena

  Hay días en que una noticia se siente, te abre una herida en el corazón difícil de olvidar. Y la noticia del robo del Tesoro de Villena de...

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