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domingo, 27 de octubre de 2024

¿Hay un mono comiéndose un helado en la catedral de Salamanca?

 


Cuando uno viaja con hijos pequeños tiene que ingeniárselas para que cuando visitas un monumento, muestren interés y – al menos – te dejen disfrutar de lo mucho y bueno que hay en el patrimonio artístico español. Pues bien, les voy a contar lo que nos pasó a mi familia y a mí en un viaje a Salamanca que directamente tiene que ver con el título y lo que le acabo de mencionar.

 

Callejeando por la monumental Salamanca, admiramos sus edificios de noble fábrica, Patrimonio de la Humanidad con el resto de su casco antiguo. No es para menos. Sus muros enseñan maravillas y guardan mucha historia. La piedra esculpida de sus fachadas, de sus claustros, tienen voz propia en imágenes que llaman nuestra atención. Muchas están llenas de sorpresas y de misterios.

 

Frente a la puerta de la entrada norte de la catedral nueva de Salamanca una mujer mayor, bien entrada en años, medio encorvada, con una amplia sonrisa, se acercó a mis hijos, mirándonos de reojo a mi mujer y a mí para no crear desconfianza, y nos invitó a buscar a un astronauta en esta puerta de la catedral.



Imaginamos que podía ser un truco para observar con más detalle la piedra esculpida. O quizá quiso que nuestros hijos mostraran más interés que el que consideraba estaban teniendo. Lo cierto es que les despertó ese espíritu aventurero infantil y se pusieron a buscar al supuesto astronauta como si no hubiera un mañana.  Y lo encontraron entre exclamaciones de júbilo mientras la anciana aplaudía con entusiasmo. Pero vimos más cosas. El astronauta está cerca de un dragón que está comiendo dos bolas de helado en un cucurucho, casi nada. Nos fijamos con detalle en lo que teníamos delante. Quien se podía imaginar nada semejante en monumento tan antiguo.

 

Al ver al astronauta mirándonos de frente imaginamos que lo de los extraterrestres no sólo es fruto de las películas de Hollywood. Y nos preguntamos qué debieron pensar aquellos ciudadanos de hace más de cinco siglos al ver a semejante ser con esa indumentaria tan rara, vestido con ese sombrero tan especial que envolvía toda la cabeza y se veía sólo la cara del desconocido a través de un cristal. Debió de producirles una gran impresión. ¿Se imagina? Y la reproducción que habían hecho tenía gran realismo.



La catedral nueva de Salamanca es del siglo XV. Esculpiendo la piedra los canteros de antaño solían dejar su firma con las letras iniciales de su nombre y apellido o una figura que los definiera y los situara en el tiempo de cuando se había hecho esa figura. Con motivo de la Exposición “Las edades del hombre” en 1992 esta puerta, que estaba muy deteriorada, recibió una gran restauración, recuperando la grandeza de sus pliegues, el detalle de sus figuras. Y algunas cosas más que no se entienden en la mentalidad de ahora. En pleno siglo XXI a nadie se le hubiera ocurrido añadir una escultura, un relieve, una nueva imagen en la puerta de un monumento tan venerado por su excelencia.

 


Y es lo que pasó. El cantero del siglo XX, Miguel Romero es su nombre, dejó su huella y esculpió dos figuras para tapar un hueco que había quedado huérfano sin saber lo que había con anterioridad. Y puso un astronauta y, cerca, a un dragón (o un mono) que se está comiendo un helado.  Alucinante. Lo justificó con que puso dos figuras que tuvieran que ver con el momento actual. Y ahí están. Son muy populares, no lo niego, pero a mí particularmente no me gusta mezclar las cosas ni vulnerar un monumento tan antiguo con un añadido que nada tiene que ver con su origen.

 

Este texto se publicó con anterioridad en mi atril del periódico El Consistorio Digital el 23 de septiembre de 2024 con el título "Un astronauta en la catedral de Salamanca".

domingo, 14 de octubre de 2018

Un astronauta en la catedral de Salamanca



Callejeando por la monumental Salamanca, admiramos sus edificios de noble fábrica, Patrimonio de la Humanidad con el resto de su casco antiguo. No es para menos. Sus muros enseñan maravillas y guardan mucha historia. La piedra esculpida de sus fachadas, de sus claustros, tienen voz propia en imágenes que llaman nuestra atención.

Los salmantinos que nos acompañan nos animan a buscar al astronauta de la catedral. Sin embargo, ese día la calle bullía de rumores y se comentaba por todos lados una inminente dimisión de otro astronauta, el ministro del Gobierno, que aún no se había producido.

En política no sólo hay que ser honrado sino también hay que parecerlo. Parece obvio. El astronauta del Gobierno montó una sociedad instrumental con el que compró un chalet de lujo en Jávea y con ella presuntamente se libró de la aplicación de varios impuestos. Esto es lo que parece, aún más después de sus declaraciones y de la posterior rectificación de estas. La ingenuidad del astronauta llena de dudas sus manifestaciones y hacen pensar que sigue en la luna. Y su jefe también pone en duda su propia palabra. Vean. Tirando de hemeroteca sabemos que Sánchez dijo que “si yo tengo en la ejecutiva federal de mi partido a un responsable político que crea una sociedad interpuesta para pagar la mitad de los impuestos que le toca pagar, al día siguiente estaría fuera de mi ejecutiva”. Opinen ustedes mismos. Cuando el PSOE puso el listón de la ética tan alto, es para cumplirlo. Cuando una medida es ejemplar en su inicio, luego se viene en contra si no se cumple. En este caso, no se puede dar la callada por respuesta porque el efecto es tan negativo que se pierde toda credibilidad. Los políticos suelen decir medias verdades para adornar sus manifestaciones con ilusiones. Pero no se puede afirmar con rotundidad una cosa y después hacer lo contrario.

Si los sillares hablaran … Las piedras de las iglesias y catedrales de España y del mundo hablan por sí solas, narran la obra de Dios, cuentan los hechos de los apóstoles, las enseñanzas de Jesús, muestran consejos, avisan de peligros, .... Y todas están llenas de sorpresas y de misterios.

Frente a la puerta de la entrada norte de la catedral nueva de Salamanca nos invitan a buscar al astronauta. Imaginamos que es un truco para observar con detalle la piedra esculpida, este bello conjunto de imágenes. Y si lo fuera aciertan, porque buscando al astronauta que está cerca de un dragón que está comiendo un helado, casi nada, nos fijamos con detalle de la maravilla que tenemos delante.

Al ver al astronauta mirándonos de frente imaginamos que lo de los extraterrestres no sólo es fruto de las películas de Hollywood. Y nos preguntamos qué debieron pensar aquellos ciudadanos de hace más de cinco siglos al ver a semejante ser con esa indumentaria tan rara, vestido con ese sombrero tan especial que envolvía toda la cabeza y se veía la cara del desconocido a través de un cristal. Debió de producirse una gran impresión. ¿Se imaginan?.

La catedral nueva de Salamanca es del siglo XV. Esculpiendo la piedra los canteros de antaño solían dejar su firma con las letras iniciales de su nombre y apellido ó una figura que los definiera y los situara en el tiempo de cuando se había hecho esa figura. En 1992 esta puerta, que estaba muy deteriorada, recibió una gran restauración, recuperando la grandeza de sus pliegues, el detalle de sus figuras. Y algunas cosas más que no se entienden en la mentalidad de ahora. En pleno siglo XXI a nadie se le ocurriría añadir una escultura, un relieve, una nueva imagen en la puerta de un monumento antiguo tan venerado por su excelencia. Y es lo que pasó. El cantero de entonces dejó su huella y esculpió una figura para tapar un hueco que había quedado huérfano sin saber lo que había con anterioridad. Y puso un astronauta y, cerca, a un dragón que se está comiendo un helado.

Ya ven cómo las gastan unos y cómo las callan otros.




Este artículo ha sido escrito con anterioridad en mi columna de opinión del periódico Alicante Press

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