sábado, 20 de diciembre de 2008

otra con gato


Una tarde fría y soleada. Nos miramos … de reojo. Está quieta, inmóvil. Parece una figura de porcelana. Acurrucada sobre sí misma. Se abraza con sus extremidades. Mientras, espero el autobús escolar de mis hijos. Más tieso que ella. Mis manos buscan el consuelo de los guantes para calentarse. Mi garganta, la caricia de mi bufanda. Y ella me sigue observando. Vigilante, desconfiada. Cuando llega el autobús escolar cambia el gesto y se mueve. En posición de dar un brinco y ponerse a la defensiva ó salir corriendo. No se fía. No quiere que los niños la confundan con un ovillo de lana y quieran jugar con ella. Cuando me pongo a andar y nos vamos, la miro de reojo. Vuelve a estar quieta. Como una estatua.

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