El
pasado jueves 29 de enero vivimos una de esas veladas que recuerdan por qué
merece la pena reunirse, conversar y escuchar a quienes tienen en sus manos el
rumbo de nuestras ciudades. El Círculo Monárquico de Alicante celebró en Elche
una cena coloquio con el alcalde Pablo Ruz, y lo cierto
es que el encuentro dejó muy buenas sensaciones entre todos los asistentes.
Desde el primer momento, Ruz se mostró cercano, accesible y con ganas de compartir su visión de ciudad. No vino a dar un discurso rígido, sino a explicar —con pasión y convicción— hacia dónde quiere llevar a Elche y por qué cree que este es el momento de apostar fuerte por su futuro.
También comento desde la admiración y el respeto la visita a Elche de la Reina Sofía, contando algunas anécdotas de esa jornada.
Uno de los temas que más interés despertó fue su apuesta por crear nuevo suelo industrial. Lo explicó con claridad: si Elche quiere seguir siendo un motor económico, necesita espacio para que nuevas empresas se instalen, crezcan y generen empleo. Una idea sencilla, pero estratégica, que muchos asistentes valoraron como imprescindible para los próximos años.
También habló de algo que preocupa a todos: la vivienda para los jóvenes. Ruz insistió en que una ciudad que no ofrece oportunidades habitacionales a sus
nuevas generaciones está condenada a perder talento. Su compromiso por facilitar el acceso a vivienda asequible resonó especialmente entre quienes ven
cómo sus hijos se ven obligados a buscar futuro lejos de casa.
La conversación derivó después hacia la seguridad, un tema que el alcalde considera fundamental para garantizar la convivencia. Expuso las medidas que se están tomando y las que están por venir, siempre con la idea de que una ciudad segura es una ciudad viva.
Pero si hubo un momento especialmente emotivo, fue cuando habló de la identidad ilicitana. El Misteri, el Palmeral, la Dama de Elche… elementos que no solo forman parte del patrimonio, sino del alma de la ciudad. Ruz volvió a reivindicar que la Dama regrese, aunque sea temporalmente, para que los ilicitanos puedan reencontrarse con su símbolo más universal. Ese deseo compartido generó un murmullo de complicidad entre los presentes.
La cena transcurrió entre preguntas, reflexiones y un ambiente muy participativo. No fue un acto protocolario, sino un espacio real de diálogo donde cada intervención sumaba. Muchos asistentes comentaron al final que se habían ido con una visión más clara del proyecto de ciudad que propone el alcalde, pero también con la sensación de haber vivido una noche enriquecedora.
En definitiva, fue un encuentro que combinó ideas, identidad y futuro. Una de esas citas que recuerdan que las ciudades se construyen conversando, escuchando y compartiendo proyectos comunes. Y anoche, en Elche, eso ocurrió de verdad.





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