domingo, 16 de agosto de 2020

El Gran Café de Papillon

 


Hay en Caracas un sitio que es lugar de culto para los que les gusta el buen café. Y con él, los amantes de las largas tertulias, del tiempo compartido, del encuentro. Es el Gran Café. Hay una interesante historia relacionado con este lugar.


Su dueño fue Henri Charriére, apodado Papillon, luego les diré por qué. Permitan que antes les cuente la historia de este personaje porque es curiosa. Nadie, ni él mismo, pudo nunca imaginar su coraje y su empeño para tener una buena vida en Venezuela.


Nació en Ardéche el 16 de noviembre de 1906. A los 17 años se alistó en la Armada francesa. Se licenció a los dos años. A falta de un trabajo estable se estableció en los barrios marginales como proxeneta. Fue acusado de asesinar a otro proxeneta por un delito que no había cometido. No fue escuchado y lo condenaron a 10 años de trabajos forzados en la cárcel de la Isla del Diablo frente a la Guayana Francesa.


Su nombre ya indica lo peligroso de su costa. Imaginen, en el Océano Atlántico, a 40 metros sobre el nivel del mar, con un clima sofocante con mucho calor y mucha humedad, manglares de cocodrilos, vegetación espesa de insectos y reptiles venenosos, …. Esta cárcel fue creada en 1851 por Napoleón III para personas con delitos de sangre, financieros corruptos y presos políticos. Ochenta mil reclusos pasaron por sus celdas hasta su cierre en 1938, la mitad de ellos morían durante el primer año de estancia en la prisión por sus duras condiciones de vida. Nadie nunca se había podido escapar de esta cárcel, sin embargo Papillon lo tuvo en su mente desde el primer día que pisó la isla.


Después de varios intentos de fuga y de haber recibido castigo, seguía con el propósito de escapar. Se dio cuenta del vaivén de las olas en un recodo de uno de los acantilados, observando que después de seis olas flojas la séptima era más fuerte y que al chocar contra las rocas un cuerpo flotante podría ser expulsado a mar abierto. Hizo varias pruebas con cocos y decidió probarlo haciendo una balsa con un gran saco de cocos. Consiguió escapar de la isla flotando en esa balsa arrastrado por las corrientes y llegando a tierra firme en la Guayana Británica lejos de sus captores. Después se fue a Venezuela donde no había acuerdo de extradición con Francia. Consigue el perdón de las autoridades francesas el 18 de octubre de 1945.


En Caracas encuentra trabajo y se casa con Rita Alcover. Después de varios avatares, compró bares, restaurantes y clubes nocturnos. En Caracas compró la Quinta Cristal en la calle Real de Sabana Grande y puso su Le Gran Café (1958). En una de sus mesas escribió sus memorias. Se publicaron en París en mayo de 1969, vendiendo un millón de libros. Fue traducido a 23 idiomas.


Hoy la isla del Diablo, junto con las otras tres de la Guayana francesa: La Salvación, Royale y Saint-Joseph, son un centro espacial. Desde allí lanza sus cohetes Ariane la Agencia Estatal Europea. Y la cárcel de la isla del Diablo es un lugar turístico donde acuden los turistas para imaginarse las calamidades que sufrían los presos en este establecimiento penitenciario.


La aventura de Henri fue llevada al cine en 1973 con el título Papillon. ¿Por qué Papillon?. Tenía una gran mariposa tatuada en su pecho. Papillon en francés significa mariposa.  La película termina con su fuga de la isla del Diablo en esa balsa de cocos. Su empeño y su originalidad le abrió un nuevo horizonte en su vida. La película fue dirigida por Franklin J. Schaffner, escrita por Dalton Trumbo y Lorenzo Semple Jr, y protagonizada por Steve McQueen (hizo el papel de Papillon) y Dustin Hofman (hizo el papel del financiero Louis Dega).


En una de estas noches de verano vimos esta película en casa, en una cadena de televisión, y nos recordó que un amigo venezolano, alicantino de adopción, nos habló con nostalgia de Papillon y de su Gran Café como sitio de culto para degustar el mejor café de Latinoamérica por lo más granado de la sociedad caraqueña. También fue lugar de “peregrinación” de artistas, políticos, periodistas, poetas, …. Lo fue. Si antes era un sito agradable donde dejar pasar el tiempo, ahora te expones a ser víctima de un robo o de un secuestro por la gran inestabilidad política y social que hay en la zona coincidiendo con la dictadura de Nicolás Maduro.


Es un deseo de los caraqueños que el Gran café vuelva a ser lo que fue, un lugar de culto donde la libertad de expresión y de reunión no sea un problema sino una necesidad para compartir los momentos cotidianos de la vida. Como lo hicieron en El Gran Café personajes ilustres como Juan Domingo Perón, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Miguel Otero Silva, Augusto Roa Bastos,….. ¿Le apetece un negrito, con leche o marrón?.

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