lunes, 2 de junio de 2008

Caminando bajo la lluvia

Si ver llover en la ciudad suele ser un aburrimiento, en el campo es un espectáculo. La lluvia es necesaria, aunque nunca llueve a gusto de todos. El pasado mes de mayo ha sido el más lluvioso desde hace cincuenta años. Y cuando llueve los fines de semana nos cambia los planes. A veces nos obliga a renunciar a las actividades al aire libre con la familia. Hoy es uno de esos días que quiero ir a un pueblo de montaña aunque diluvie. Después de varios fines de semana con paseos urbanos, que tienen su interés pero son otra cosa, decidimos ir a Penáguila, de la Comarca del Alcoiá, en la provincia de Alicante.


Muy cerca de Alcoy y a unos cincuenta kilómetros de Alicante. Vamos por la autovía Alicante-Alcoy, pasando cerca de las poblaciones de San Vicente, Tibi, Castalla, Onil, Ibi. En el recorrido vemos como las nubes invaden las cumbres de las montañas y se deslizan por sus vaguadas. Ganan terreno a esos colosos de tierra, de rocas, y nos intimidan mientras llueve con intensidad. Antes de llegar a Alcoy, después de atravesar el Barranco de la Batalla, cogemos una carretera comarcal dirección a Benifallim y Penáguila. Desde sus inicios atravesamos un bosque de pinos. Con estampas verdes en los claros del valle. La alfalfa colorea el paisaje. Junto con el arbolado, juegan los verdes con su protagonismo. Parece que estemos en pueblos ó países de otras latitudes donde están más acostumbrados a este verdor de los campos. No es Asturias, ni Cantabria, ni los países nórdicos, pero hoy nada tienen que envidiarlos.


Penáguila

Paseo por las calles de Penáguila bajo el paraguas. Los niños se han quedado con mi mujer en un bar. Siempre me ha gustado el tintineo de las gotas sobre la tela del paraguas. Mientras camino noto la presencia de miradas desconocidas. A través de los visillos, a través de las persianas de madera de las puertas. Quien me mira debe de pensar que estoy loco. Loco no, señora mía. Pero me gusta disfrutar este momento, bajo la lluvia. Mientras otros corren a refugiarse, yo ando por estas calles solitarias. La iglesia, con su torreón. A su alrededor se acurrucan las casas del pueblo. Puertas con dinteles de piedra y escudos nobiliarios. Callejones donde los colores de sus fachadas me llenan la mirada de sensaciones. El color bermellón de la tierra. El amarillo albero de los cosos taurinos. El azul de metileno de las casas de pescadores de Villajoyosa. El marrón pardo de las tejas con las plumas de un águila. De esta ave y de una peña, el nombre de este pueblo.








Bajo un arco. Retrocedo en mis pasos. Cuando entro en el Bar Restaurante Penya del Aguila algunos lugareños me miran divertidos. Mi chubasquero está empapado. Paqui, mi mujer, mis hijos Carlos y Myriam, mi amigo Pitín y su hija Carmen, me miran con una sonrisa. Estamos en el bar casino. Bar como lugar de encuentro, como espacio de reunión de la Peña Valencianista Ché, que bó. Casino porque el dominó y los juegos de cartas son protagonistas entre estas paredes. Arriba, el restaurante. Disfrutamos tapeando platos que nos dicen típicos del lugar. Queso frito. Sangueta. Setas con magro. Marrajo frito. Y como plato fuerte, olleta alcoyana y espardeñas, merluza rebozada. En Aspe les llaman zeppelines. Vino de la tierra del Comtat, Penya Cadiella 2004. La repostería, ejemplar. Flan de coco. Flan de café.



olleta

espardeñas

flan de coco

Camino de Seguró, después de comer. Sigue lloviendo. Un mar de amapolas, sobre un lecho de hierba, nos llama la atención. Nos detenemos. Queremos entrar por un camino, que ya no es camino, sino río. Decidimos caminar por el campo. Y lo hacemos chapoteando los charcos con nuestras zapatillas. El fuerte olor a tierra mojada. El color intenso de los árboles. La huella en el monte de un bosquecillo lejano. La tranquilidad sólo rota por el rumor de la lluvia y nuestros comentarios. Una cosechadora soportando el aguacero. Una casa solariega que parece deshabitada pero que escupe humo por su chimenea. Pasamos cerca de un molino de aspas metálicas, junto a una balsa. Su chirriar constante y este ambiente sombrío recuerdan escenas de misterio de las novelas de Stephen King. El paisaje equilibra la escena, cuando … decidimos volver a los coches. Una aventura. Una excursión diferente.

campos de amapolas

amapolas

molino

caminando bajo la lluvia




4 comentarios:

Quique dijo...

Hola Paskki

La foto primera de Penáguila y la de la calle lloviendo con la gente bajo los paraguas son muy bonitas. Te pondré un enlace en mi blog con una de esas fotos.

Saludos

paskki dijo...

Hola Quique.

Te has adelantadado. Te pensaba mandar esta noche un e-mail informámdote de este artículo. También he pensado ponerte como web amiga en mi blog. ¿Qué te parece?. A nadie engaño diciendo que Penáguila me gusta mucho, tanto que volveré a escribr de este pueblo más adelante.

Y puedes coger las fotos que te gusten, con mi enlace, como dices.

Saludos.

paskki dijo...

Restaurante Penáguilaa, teléfono 965513101.-

Cristian dijo...

Hola
Veo k tienes un blogger de Panaguila
preo... ¿Kien eres?
Esk yo tengo casi 16 años y soy del pueblo y no se kien eres
contestame en cristianlove13@hotmail.com

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