miércoles 8 de julio de 2009

las Chorreras del río Cabriel

 

Cuando el agua es la protagonista. La que riega las altas arboledas a la vera del camino del río que serpentea, que corre y recorre por el valle. La que se abre paso entre gargantas y barrancos, entre veredas y laderas de las montañas. Cuando el agua es la que juega, la que brinca, la que acaricia. La que cubre con su manto limpio y transparente. La que moldea, la que esculpe formas caprichosas en las rocas, en la tierra.

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El Orón. Las Chorreras del río Cabriel. Un capricho de la naturaleza. Uno de los parajes más espectaculares de la ribera de este río que le da nombre. Desde el salto eléctrico de Villora (en la Serranía Baja de Cuenca), el cauce del río desciende por un terreno pedregoso que la fuerza del agua va labrando a su antojo. Con cascadas, donde el agua peina el aire en su curva caída. Con oquedades en la roca por donde se escurre la imaginación de cada uno con su formas escultóricas. Con balsas naturales de agua de poca profundidad en donde poderte dar un baño.

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En esta mañana soleada de junio, mientras el sol cae a plomo, oímos un fuerte rumor entre los árboles. Mientras nos acercamos, el rumor se convierte en murmullo. El murmullo en canción. Cuando el agua salta, baila y se deja llevar por la corriente. En la orilla, vemos como el río se aleja valle abajo. Antes, se ha abierto paso entre las rocas de toba. Y nosotros, curiosos, queremos saber cómo lo ha hecho. Mi mujer, mis hijos y yo ascendemos por un sendero de tierra para poder alcanzar después un sendero de roca. Y vemos admirados los roces, las caricias del agua. Vemos sorprendidos cómo brinca el río. Vemos encantados semejante paisaje. Las chorreras del río Cabriel.

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Nos bañamos en sus aguas limpias, cristalinas y frías. El calor nos invita al chapuzón. Con permiso de la corriente, nos bañamos en lugares donde el agua se relaja, se amansa, antes de continuar su camino. Primero con respeto, después con confianza al comprobar que no está tan fría como parece. Y nos dejamos acariciar por el río, mientras grandes libélulas merodean junto a unos juncos.

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Unos niños vestidos con neopreno y cascos en sus cabezas, y no tan niños, suben por el sendero del río. Para luego bajarlo. No hacen barranquismo, por aquí no. Es senderismo de agua. Escalan pequeñas alturas, bajan escarpadas cascadas por sus bordes. Por la ribera del río. Un deporte apropiado a estos lugares.

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Con tan buenas impresiones nos entra el apetito. Buscamos el cobijo de las cúpulas de altas arboledas que nos den sombra. Alamos, olmos, pinos, que caminan por el cielo queriendo alcanzar las estrellas. Del Hotel rural El Lagar del Cabriel, al que me refiero en el artículo anterior, nos han preparado el almuerzo. Con una mochila que nos han regalado con todo lo necesario para comer al aire libre. Platos, vasos, cubiertos, servilletas, mantel. Y exquisitos alimentos que nos hacen olvidar el calor, antesala de la siesta bajo los árboles, mientras la inquietud de mi hijo Carlos le distrae dando patadas a un balón, con su hermana. Relajados mi mujer y yo dejamos correr el tiempo con el rumor del río, que no se detiene, continúa. Con el roce de las hojas de estos chopos que buscan su protagonismo entre la arboleda. Una tarde que empieza adormeciéndonos, relajados y termina a remojo, esta vez en la piscina del hotel. Un día inolvidable que mi familia y yo recordaremos con agrado.

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sábado 4 de julio de 2009

El lagar del Cabriel

 

En Villora, uno de los pueblos de la Serranía Baja de Cuenca que componen el Valle del Cabriel,  junto con Mira, Enguidanos, La Pesquera, Minglanilla, Iniesta y Villalpardo. En un entorno natural envidiable, por donde el río Cabriel ha moldeado la tierra y la roca a su paso por barrancos, por veredas.

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En las afueras de Villora, un edificio independiente, de tejados a dos aguas. Un hotel rural de encanto. El lagar del Cabriel.  Donde refugiarte de las prisas de los días cotidianos. Donde curarte del estrés. Donde los minutos se ralentizan. Donde el descanso es el eslogan de la casa.

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Un hotel con nueve habitaciones, una de ellas para minusválidos. Con cafetería, terraza, restaurante (llamado “Las esencias”), spa, piscina climatizada, salón con chimenea para el disfrute de los clientes, con juegos de mesa y dos mecedoras, ideal para la lectura ó la tertulia. Con una exquisita carta de viandas para comer ó cenar. Sorprende al paladar degustar aquí un extraordinario bacalao con un toque de ajo, las truchas con beicon, el pastel de calabacín, … y la repostería con sabrosos postres caseros como el flan de queso ó el puding de manzana.  Y el vino de la casa. De la tierra, recio, de oscuro color rojo, con mucho grado y cierto sabor dulce. Una sorpresa encontrar tan buen sabor de estos fogones por estos lares. Un valor añadido a este encantador rincón en un pueblo conquense.

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Si la Real Academia de la Lengua tuviese que redefinir la palabra amabilidad tendría que conocer a Inma y a Felisa, las dueñas de este hotel rural. Sus atenciones, sus detalles, el cariño con el que realizan su trabajo, sus recomendaciones para aprovechar al máximo nuestra estancia en este hotel y las excursiones a los alrededores. Sus explicaciones. Nos ha hecho disfrutar al máximo de estos días.

Ríos, cascadas, embalses, presas, senderos de pequeño ó largo recorrido. Pueblos pequeños que nacieron al amparo de su castillo ó de su iglesia. Improvisadas playas en la vega del río Cabriel, con frescas y limpias aguas que serpentean el valle. Multitud de lugares a donde ir desde este lugar, desde el Lagar del Cabriel, para recogerse después en sus acogedoras instalaciones, con la hospitalidad y las buenas maneras de sus dueñas.

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Si te interesa, puedes visitar su página web en http://www.lagarcabriel.es,  visitar http://www.toprural.com/casa-rural-habitaciones/el-lagar-del-cabriel_f-es-16-31187.htm  ó llamar a los teléfonos 969.343.515 ó 639.605.058. Sugiero que preguntes por promociones. Con mi mujer y mis hijos, estuvimos a pensión completa, en una habitación para toda la familia, con dos camas de 150 cm cada una, durante varios días. Y nos sorprendieron con las diferentes y acogedoras estancias del hotel, el trato recibido, su cocina y el buen precio. ¡Seguro que volvemos!.

jueves 2 de julio de 2009

geografía de la memoria

 

En la Plaza del Palau, frente al castillo palacio de Altamira, en Elche (provincia de Alicante). Una bola de 1,80 metros de diámetro, fundida en bronce, que asemeja a la del mundo, con palabras narradas en la totalidad de su superficie. Una cortina de agua les da vida, las acaricia, las limpia, las protege. Una mujer que emerge de la circunferencia. A tamaño natural. Que lucha por su protagonismo. Que defiende su posición. Que se aferra a sus éxitos. Un homenaje a las mujeres y a su creatividad.

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Palabras y frases de mujeres que han dejado huella en la historia de la humanidad. Expresiones de 19 escritoras, pintoras, investigadoras ó artistas recorren los renglones de esta escultura circular. Una poesía en árabe de la poetisa cordobesa Wallada Bint Al-Mustakfi, junto con otra de Safo, enlaza con palabras en catalán de María Mercé Marçal, el misticismo de Teresa de Jesús, la imaginación de Virginia Wolf, Simone de Beauvoir, ó de Concepción Arenal, la pasión de Ninon de Lenclos, el evolucionismo de Lynn Margulis, el frentismo de la sindicalista, escritora y cristiana rechazada por los teóricos de la Iglesia, de Simona Weill, el sarcasmo literario de Dorothy Parker, la poetisa Alaíde Foppa, la de Rose Auslander, la pintora Frida Kahlo, la escritora Natalia Ginzburg, la poetisa y dramaturga Alfonsina Storni, la poesía surrealista de Alejandra Pizarnik, la novelista y ensayista Mercedes Cabello, finalizando con una frase en japonés de Akiko Yosano, feminista, pacifista y reformista social. 

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Para su autor, el escultor Eutiquio Estirado, oriundo de Hellín, nacido en 1956, pero afincado en Elche desde los 12 años, manifiesta que “ esta obra refleja una mujer que se está construyendo sobre las ideas y los conceptos de otras mujeres anteriores, que pelearon y crearon desde su condición. La figura no está terminada. Es como una mujer que se encuentra en un estudio, en el taller de un artista en el que se está haciendo y reproduciendo sobre las ideas, los conceptos de mujeres que ya han fallecido pero que han dejado su obra”. Para la elección de las frases le ayudó su entorno femenino: su mujer, su hija, unas amigas. “ Me han dado la autora que más les ha motivado. Lo que yo he hecho es dar reflejo a esas ideas. Son mujeres contemporáneas, por eso no he querido hacer una mujer terminada que reflejase excesivamente una figura exquisita, todo lo contrario. Los brazos, las piernas, están por construir. Es una mujer moderna que está por construir, que pelea por su condición”.

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Contratado por Pimesa, Promociones e Iniciativas Municipales de Elche, S.A.  (Sociedad Anónima Municipal). La inversión total de esta empresa en la adquisición e instalación de esta obra escultórica asciende a 118.000.- euros.

 

Fuentes: nota informativa de Pimesa, del 20 de febrero 2008 y http://www.laverdad.es/alicante/20080214/elche/tributo-mujeres-20080214.html

después de una larga travesía … una luminosa explosión de luces de colores

 

velero con fuerte viento

Después de una larga travesía por el mar Mediterráneo. Después de sortear tormentas, de romper la mayor, de navegar casi a la deriva durante largas horas. Después de encerrar en la cabina a sus hijos y a su mujer, mientras el casco del velero desaparecía bajo las olas en reiteradas ocasiones. Después de atarse al timón rumbo a la costa levantina. Después de interminables horas, el Capitán Antón vio los destellos de luz del Faro del Cabo La Huerta y los ojos se le llenaron de lágrimas. Su barco había resistido. También su paciencia. Y la de sus familiares, quienes habían salido corriendo de la cabina al oír sus gritos. Exclamaciones de alegría. Abrazos.

Al acercarse a la costa vieron a varias decenas de embarcaciones fondeadas frente a una playa y sus arenas inundadas de personas de todas las edades, de toda condición. Su curiosidad hizo que arribaran un bote y se acercaran a la orilla. Desembarcaron justo en el mismo instante en que oyeron una fuerte explosión. Un cohete se había abierto paso entre la oscuridad de la noche para anunciar un acontecimiento. Estaban en la Playa del Postiguet, en Alicante, al amparo del Castillo Santa Bárbara. En la noche de San Pedro, patrón de los pescadores. El 29 de junio.

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Sentados en la arena. Sus hijos, su mujer y él, abrazados unos a otros. Su calor y su cariño eran su medicina para olvidar algunos malos ratos en alta mar. Recuerdos que ya se diluían en el horizonte del pasado. Mientras eso pensaba el cielo negro se iluminaba de fuegos artificiales. Antón volvió a emocionarse con las luces de colores que iluminaban su imaginación. Esto era lo que estaba buscando entre las olas. Este rincón del Mediterráneo donde compartir sus sentimientos. No dudó en hacer unas fotografías con su pda, aún sabiendo que no sería buena la calidad de las mismas. Pero para él eran importantes. Mientras, su barco se balanceaba en un mar en calma. Mientras acariciaba a su familia. Y pensaba que ya le parecía una anécdota todo lo que habían pasado. Porque para un hombre de mar como él eso ya era agua pasada, nunca mejor dicho. Y aunque las fotos son lo que son, quiere compartirlas con nosotros, amig@ lector. Bienvenido a este puerto, Capitán Antón.

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jueves 25 de junio de 2009

la noche del fuego

 

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Un año más llegó este momento tan esperado. La noche del fuego. Casi doscientos monumentos fogueriles se han consumido por las llamas esta noche en la ciudad de Alicante. El trabajo y las ilusiones de un año se han quemado en minutos. Pero mientras se consume la Hoguera van germinando nuevas sensaciones para la que ha de venir. Cuando se ha quemado la Hoguera, las belleas de la barraca de Séneca Autobuses de este año dan la bienvenida con una traca a las que lo serán el año que viene. Nada se acaba. Continúa. Con las cenizas, las nuevas ilusiones, los nuevos proyectos, la nueva Hoguera.

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Fotos que he tomado de la Cremá desde la barraca de la Hoguera de Séneca Autobuses. Gracias a los amigos de esta Hoguera que lo han hecho posible.

miércoles 24 de junio de 2009

la historia de un ninot de las hogueras de San Juan 2009

 

Es sorprendente que ahora me vengan a la memoria algunos recuerdos, ahora que me queda tan poco tiempo, ahora que voy a ser pasto de las llamas. Es sorprendente que sea ahora cuando recuerdo como Gabriel me susurró al oído, un día frío en el taller, para contarme como me creó. Mis primeras extremidades, mi cara sonriente, mi mirada simpática, las dibujó con un carboncillo en una servilleta de un bar. Fijaros cómo empecé a ser algo. ¡En una servilleta!. Claro que sin ella, no hubiese sido nada. Siempre hay que ver el lado positivo de las cosas. Gabriel estaba entre amigos disfrutando de buenos momentos y le vino la inspiración. Más tarde, en su taller, me dibujó en su cuaderno de bocetos. Iba tomando cuerpo, nunca mejor dicho.

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Me contó que empecé a gustarle antes de ser algo tangible. Le gusté tanto que le imagino acariciando con suavidad el dibujo con el carboncillo, haciendo los contornos, las líneas, mis ojos. Imagino que conmigo empezó a nacer la idea de la Hoguera. Posteriormente, de un molde nació mi figura. No estaba muy agraciado y cuando empezó a colorearme, empecé a sentir algo especial. Un cosquilleo que corría por mis brazos, por mis piernas, por mi sonrisa. Esta sonrisa que os mira, que enseña lo mejor de mi mismo a tantos visitantes que miran esta Hoguera.

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Pero llega el momento de la Cremá, ese momento que una cerilla enciende una mecha que se convierte en una gran Hoguera en la noche de San Juan. Pero no lo digo con tristeza. He nacido con este fin, con este fin anunciado desde el principio. Pero perdonarme mi vanidad … ¿vais a dejar que mi sonrisa sea pasto de las llamas?. Disculparme otra vez, disculpar que me vengan las dudas en el último momento, que me invada el miedo. Aunque viéndoos se que hay algo que me llevo como un regalo especial. Se que permaneceré en vuestra memoria. Y vuestras miradas, vuestros sentimientos, me los llevo, son míos, son mi tesoro. Ya han llegado los bomberos. Ya me llega el calor … con la música de la banda, con vuestros cánticos, con vuestras sonrisas, con la bañá. Ya ha llegado el momento …

 

Para hacer este post me he inspirado en la Hoguera Infantil de Séneca Autobuses (Alicante).

martes 23 de junio de 2009

el faro de Punta Negra

 

Desde el mar, desde tierra. Desde las playas, desde las casas de este entrañable pueblo de Murcia. Una esbelta torre cilíndrica escala el cielo. Se alarga por el aire rozando a las  nubes más atrevidas. Mira por encima de las olas el horizonte del mar. A los barcos de vela latina, de vela cuadra, de velas deportivas, a motor. A los pescadores. Es el faro de Punta Negra, aunque bien podría hablar de los faros de Punta Negra. Sí, amigos, no me equivoco. Cuando leáis la historia que voy a contaros me comprenderéis.

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Caminando por los muelles del puerto, mirando las barcas. Las menudas que se aferran a un muerto ó a una boya. Las más grandes, amarradas a un estay.  Cuantas millas recorridas, cuantas aventuras, cuantas travesías sorteando las olas, cuantas ilusiones. Mi imaginación recorre con ellas el litoral costero, los mares, los océanos.

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“Oiga, ¿le gustaría navegar en una de ellas?”, me pregunta una voz quebrada. No adivino a descubrir de dónde viene. Desde el contraluz se mueve una silueta. Desde las sombras se me aparece un hombre menudo, la piel tostada color café, con ojos claros hundidos en su mirada, arrugada la piel de su cara y de sus manos. Aparenta más edad de la que debe tener. Insiste. “¿Le gustaría?”." ¡Claro que me gustaría!”, le contesto. “A mí también”, dice mi hijo Carlos, que se apuntaría a un bombardeo si hiciese falta. Seguimos caminando en silencio. Y este hombrecito nos acompaña. Nos refugiamos del sol bajo un toldo cerca del faro. “Bonito faro”, nos dice, mientras coge un cajón de madera y se sienta en él. “Este faro ha salvado muchas vidas, ¿queréis que os cuente su historia?”. Mis hijos hacen corro para escucharlo, junto con otros niños que se han acercado a Ramón, que es como nos ha dicho que se llama. Y empieza a contar historias de la mar, algunas incluso graciosas. Mantiene a los niños, y a los no tan niños, embobados. Porque su voz acompaña. Juega con las palabras. Les da una entonación que parece que canta en vez de hablar.  Y nos embriaga con sus historias.

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“Este faro …, bueno, el que había antes”, empieza a contarnos Ramón, es el tercero que se construyó en la costa de Murcia, después del de Podadera y el de cabo Tiñoso. Lo proyectó el ingeniero Jose María de Borregón en 1856. A ver, ¿quien sabe de qué siglo es este año?”. La pregunta de queda en el aire sin respuesta hasta que un niño grandullón levanta la mano como si estuviesen en la escuela. “¡En el siglo XIX"!”. “Muy bien, Eufrasio”, le dice Ramón. “Lo inauguraron, prosigue, el 30 de agosto de 1859, con un coste de ejecución de 15.935,73 Pts. El edificio anterior también era muy bonito. Tenía adornos de sillería en las esquinas, jambas, zócalos y dinteles. En la fachada que daba al mar había una pequeña torre, junto a un edifico rectangular donde vivía el farero con su familia. ¿Quien quiere saber cómo era la casa del farero?.”. Un mar de brazos se alzan y gritan al unísono “Yo, yo, yo, …”. “Pues la casa del farero, que es quien trabajaba en el faro, tenía dos dormitorios, cocina, sala de estar, recibidor, cuarto de baño y escritorio”.”El faro ¿iluminaba mucho?”, interrumpe un niño con acento inglés. “Empezó a funcionar con una luz fija blanca que se veía a 5 millas. Se compró a la casa francesa Lepaute por 6.100,75 pts. ¿Para qué es esta luz, quién lo sabe?”. “Para que los barcos no choquen con la costa por la noche”, gritan los niños. “Esta luz que os he dicho antes fue sustituida en 1876 por una lámpara Maris de mecha a base de parafina de Escocia y petróleo. Posteriormente, se cambió la luz fija por una en grupos de 3+1 ocultaciones cada 20 segundos y adaptarla a la Real Orden de 11 de diciembre de 1917, instalando un juego de pantallas giratorias con un mecanismo de relojería que puso la empresa Maquinista Valenciana. El 19 de abril de 1922 fue electrificado … “. “Electri qué …”, pregunta una niña pequeña que había estado callada hasta ese momento. “Electrificado, que le pusieron electricidad”, le dice su hermana mayor que está sentada junto a ella. “Fue electrificado con una lámpara de 60W (100 bujías) que le dio un alcance de 15 millas. La luz se veía más lejos desde alta mar. ¿Lo entendéis, verdad?. Pues, entonces sigo. ¿Sabéis cómo iban al pueblo el farero y su familia?”. “Pues andando”, contesta rápidamente un niño de mirada traviesa. “Pues no, amigo, dijo Ramón con una larga sonrisa. En barca. Si. No me miréis así. Antes, el faro estaba separado de tierra, no estaba como ahora. Debido a varias tormentas en  1927, 1949 y 1953, produciendo daños en el faro, se decide hacer uno nuevo, más alto, con una altura de 30 metros, con un proyecto de mejoras de señales marítimas de 1957. Fue construido e inaugurado en 1973. Y es este, el que veis a mis espaldas. Es precioso, ¿a que sí?”.

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Algunos seguro que lo habréis adivinado ya. Por su silueta. Por su elegancia. Por sus franjas negra y blanca. Por su historia. Se trata del faro de Aguilas. En un pueblo costero del sur de la Región de Murcia.

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Fuentes:

Blanco y Negro Magazine febrero 2006

http://www.aguilas.tv/aguilas/monumentos/faro/faro.html