sábado, 31 de mayo de 2008

La Foradá de Catí

Fue por casualidad. Por un descuido. Eso al menos cuentan las crónicas entendidas. Sucedió en la época neolítica. Nuestros antepasados de entonces ya cosechaban cereales. Entre ellos, el trigo. Al triturarlo y mezclarlo con agua hacían una papilla. Esta papilla cayó en un recipiente caliente y allí quedó hasta que se dieron cuenta. Cuando esto ocurrió ya no era papilla, sino algo parecido a una torta seca. El primer pan.

¡Bendito descuido!. El pan es un alimento muy nutritivo, imprescindible en nuestra dieta mediterránea. Antes de salir esta tarde de senderismo como con unos amigos de Elda, los hermanos Indalecio y Jesús. Degustación de pan. ¡Qué pan señoras y señores!. ¡Qué pan!. Lo que acompañó al pan, mera anécdota. ¡Qué pan!. Casero. Sin sal. De la Panadería de San Blas, en la calle Rey Don Jaime, de Elda. Quien hace este pan será esta tarde nuestro guía en la montaña. Pedro, el panadero. Hijo de panadero. Hermano de panadero. Pedro, el senderista. Quien conoce los senderos de Xorret de Catí, de Rabosa, de la Sierra del Cid, del Maigmó, … como las líneas de las palmas de sus manos.

Dejamos el coche en el parquing del Hotel Xorret de Cati. Tomamos camino del sendero PR.V. 31 en dirección al Alt de Guisop, llamado también en Elda el Alto de Pedro Botella. Tomamos este sendero en dirección a la Foradá. Foradá, palabra que procede del valenciano, significa ahujero. Pero esta foradá no es un ahujero, aunque es como así le llaman.

Después de las primeras subidas dejamos el sendero por nuestra izquierda y tomamos otro sendero por la derecha que se mete bosque a través. Entre pinos. Pinos que van ganando terreno al sendero. Pero el sendero se defiende. Es uno de los más pisados de Catí. Por aquí caminaron los senderistas del campeonato nacional de veteranos. Por nuestra izquierda, entre las copas de los árboles, aparece ¡la Foradá!. Salimos del bosque. Tomamos una pista de tierra. Junto a la pista, tierras de secano. Almendros. Olivos. Pronto, de nuevo, los pinos se imponen. Inundan el monte. Al borde de la senda, varios vehículos aparcados. Son escaladores que se entrenan en las paredes rocosas de estas montañas. Dejamos la senda. Por nuestra izquierda queda lo que por aquí llaman la bajada de la Foradá.




la Foradá, al fondo de este paisaje. Entre pinos.

la bajada de la Foradá

Cogemos un sendero a la derecha. Ascendemos a la Foradá. En un corto tramo tenemos que usar las manos para superar las rocas que se interponen en nuestro camino. Desde arriba las vistas son extraordinarias. La Sierra del Cid, grande. La Sierra del Cid, chica. Así las llaman a estas dos montañas los vecinos de Elda. Dos formaciones montañosas cuyo perfil es exactamente igual. Uno grande, otro chico. Uno más lato, otro más bajo. Continuamos. Pedro nos dice que a veces se ha cruzado por aquí con muflones. Cuando empezaron a desaparecer las cabras montesas trajeron muflones de Marruecos para repoblar estos montes con estos mamíferos. Buenas pezuñas y mucha agilidad tienen estos muflones para moverse con rapidez por estos riscos, agilidad que ya quisiera yo para mí.

usamos las manos para escalar las rocas que se interponen en nuestro camino

desde arriba las vistas son extraordinarias





Bajamos. Vemos la Foradá por detrás, con su perfil, mordisco de la naturaleza. Le damos la vuelta. Un rayo de luz se abre paso entre las nubes. Vemos una casa de labranza de quien dicen que es el dueño de estas tierras que colindan con Catí. El perro, guardián, en la puerta. El anciano, bajo una olivera. Continuamos. En la pared rocosa de la Foradá, unos escaladores disfrutando de su deporte.

la Foradá por detrás, mosdisco y capricho de la naturaleza

un rayo de luz se abre paso entre las nubes

en una de las paredes rocosas de la Foradá, unos escaladores


El sol que hace un rato se colaba entre las nubes, ya no se cuela. El cielo cada vez está más negro. Oímos truenos a lo lejos. Quizá no tan lejanos. Aceleramos el paso. Pero una lluvia cada vez más intensa nos sorprende en medio del campo antes de llegar al hotel de Xorret de Catí, que es nuestro destino. Llueve con ganas. Una cortina de agua. Nos refugiamos bajo las ramas de un frondoso pino esperando que amaine. Pero no amaina. Seguimos. El camino se embarra de tal manera que en muchos momentos no andamos, patinamos. Quedando poco para llegar, la tormenta escampa. Vemos el arco iris, aún cayendo algunas gotas. Llegamos al hotel empapados. Recuperamos fuerzas en la cafetería. Chorizo y salchichón ibérico, pan y cerveza. Y empezamos a organizar la nueva salida senderista para dentro de unos días.




Paskki, a la entrada del restaurante

No hay comentarios:

entrevista a Pascual Rosser Limiñana sobre sus novelas

En su libro, Más allá del horizonte, habla del exilio forzoso al que, como vemos en televisión, se ven obligados millones ...

entradas populares