Las fuentes del Algar

En la comarca de la Marina Baja, a unos dos kilómetros de Callosa d´Ensarriá, en la provincia de Alicante. ¡Las fuentes del Algar!. Declarado Zona Húmeda Protegida por acuerdo del Gobierno Valenciano el 10 de septiembre de 2002.

Desde Callosa de Ensarriá, por la carretera CV-715 que va en dirección a Bolulla y Tárbena. A unos dos kilómetros, tomamos un desvío a la derecha por la carretera CV-7531 que se dirige al paraje llamado El Algar. Podemos dejar el coche aquí en un amplio parking junto a un puente que está junto al río. También podemos dejarlo más arriba en cualquiera de los parking de los diversos restaurantes que hay junto a la carretera.


Tomamos una senda de tierra. Junto a la senda, una acequia con agua a rebosar. Nos anuncia de abundante agua más arriba. El nacimiento de las fuentes del Algar está constituido por varias surgencias situadas a los pies de la sierra de Bernia, discurriendo sus aguas por desfiladeros en busca del valle hasta encontrarse este río con el Guadalest.

Antes de ver la gran cascada oímos su canción. Oímos cómo nos invita a aventurarnos río arriba para descubrir alguno de sus secretos. Porque estas fuentes del Algar no son sólo esta bella cascada, sino mucho más. Unos escalones suben por el barranco por el que discurren las aguas de los manantiales. Aguas inquietas que corren curiosas. Aguas que son amansadas en diversas represas que hacen pequeños vasos (tolls). Aguas que provocan saltos de agua, algunos muy bellos como el Toll de la Presa ó el Toll de la Caldera.

Toll de la caldera




Toll de la presa






El represamiento permite retener y desviar el agua. Desde el curso del río surgen diversos canales y acequias por ambos márgenes del cauce para su aprovechamiento. Aunque algunos de ellos están en desuso como el canal que discurre por el margen izquierdo desde el Toll de la Presa hasta lo que era un molino, transformado hoy en servicios públicos.

Entre el Toll de la Presa y el Toll de la Caldera el agua corre ó se detiene entre una abundante vegetación. Al margen del río, bancos de madera para disfrutar del sonido, del olor, de la vista de la naturaleza que nos rodea. Myriam y Carlos juegan en la orilla. Paqui y Paskki acarician el paisaje con sus palabras de admiración.


Igual que hemos subido, ahora bajamos por el mismo lugar. Y otra vez la cascada del Toll de la Caldera, esa salto de agua que surge de la nada allí arriba y cae con fuerza ante nuestras miradas asombradas. Ahora algunos visitantes se refrescan bañándose a sus pies.


Una recomendación amigo/@ lector/@: no se te ocurra ir en verano porque estará masificado y te arrepentirás de haber ido. La primera vez que visité este bello paraje fue con mis padres y con mis hermanos hace unos treinta años. Entonces era un entorno natural virgen. Ahora está muy urbanizado, con multitud de establecimientos comerciales y de restauración. Antes y en temporada baja el acceso es libre. En verano hay que pagar por ver este salto de agua y bañarte si encuentras hueco entre los demás.

En cualquier caso, nada consigue arrebatarle su belleza. Nada ni nadie callan su canto libre. Su rumor que enamora. Su frescor que embriaga. Sus gotas de colores que brincan en la cascada.

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