Aitana, siempre !


Aitana nevada, vista desde la playa de San Juan

árbol y casa nevados


... Beniardá ...


... Benimantell ...


... Confrides ...

Aitana, siempre !

Los pueblos primitivos veían en las montañas algo especial. Las consideraban mágicas, pensaban que era la cuna de la divinidad, les infundían respeto.

Hay una montaña que me produce una sensación parecida. Me produce una atracción especial. El primer amor. El primer beso. Me atrae como a un imán. Tantas veces que la veo, tantas veces que la visito, me parecen pocas. Se llama Sierra Aitana.

Otras sierras, otras montañas cercanas, no me producen la misma sensación. Ni la Sierra de Bernia, ni la de Mariola, ni la de Serrella, … no es lo mismo. Todas me atraen, todas me acogen, todas me entusiasman, pero los sentimientos no son los mismos.

La Aitana ha sido cuna de muchas culturas. La Aitana ha dado cobijo a muchos caminantes anónimos. La Aitana ha sido inspiración de grandes maestros. Oscar Esplá se inspiró en sus sonidos, escribiendo muchas de sus partituras en sus laderas. Emlio Valera admiró las tonalidades de sus tierras y las pintó en sus lienzos.
Hoy la Sierra de Aitana es protagonista. Un manto de nieve cubre su tierra. Su cumbre se corona de un color inmaculado. Un viento gélido nos susurra en el oído: mirar a la Aitana, qué bella se ha vestido.
En mi adolescencia, la Aitana fue tantas veces mi compañera … En los días fríos como hoy, nevados como lo está estos días, a lomos de una moto, subía a visitarla. Subíamos a visitarla. Pitín, Kike y yo. También Antomeu. El aire que la anunciaba nos helaba la nariz, nos helaba las manos. Pero persistían las ganas de verla. Antes del ascenso parábamos en Villajoyosa, en el Bar Buana, a tomarnos un chocolate bien caliente para calentarnos. Para llegar al Puerto Tudons era una odisea. Las ruedas patinaban en la nieve helada, pero no nos rendíamos. Queríamos llegar arriba y abrazar la cumbre de la Aitana.

En la cumbre, la Aitana nos da la bienvenida. Allí arriba me siento pájaro. Miro con vista de pájaro. Escucho los sonidos como un pájaro. Observo a la distancia y pienso lo afortunados que somos. Miro a mis poyuelos, Myriam y Carlos. Me devuelven la mirada con una sonrisa y todos miramos al horizonte. Las montañas se superponen unas a otras. La perspectiva es preciosa. Miro de nuevo a mis poyuelos. ¡Tenéis que cuidarlas!. Esta es vuestra herencia, este es nuestro legado. Cuidarlas del cambio climático. Cuidarlas del hombre ambicioso que quiere cambiarle el traje por un manto de cemento, cuidarlas del hombre que seca sus fuentes, cuidarlas del hombre pirómano. Tenéis que ayudar a la Aitana, a Mariola, a Bernia, a Serrella, … a tantas otras que cuentan con vosotros para preservar su futuro.

En la ladera ya soy una persona, una persona que disfruta de estos terruños. No me canso de visitar Sella ó Alcolecha. No me canso de caminar por el valle de Guadalest. No me canso de ver Benimantell, Benifato, Beniardá, Confrides, …, al mismo Guadalest tan masificado a veces.

Y a la Aitana, en el amanecer ó en el crepúsculo, por la mañana ó por la tarde. Aitana, siempre.

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