El viernes
pasado firmé un nuevo contrato con la Editorial ECU. Es el comienzo
de una nueva aventura literaria. Un viaje animado por mi entusiasmo. Una brisa
que anuncia movimiento. Un horizonte que se abre despacio, como si la palabra
misma levantara el telón de lo que está por venir.
Me entrego de
nuevo al placer de escribir, es una de las cosas que más me gusta, a ese
impulso que nace cuando una frase despierta y pide ser contada. Escribir es mi
manera de respirar más profundamente, de escuchar lo que la vida murmura cuando
uno se detiene a mirar con atención.
Acepto la alegría
de compartir lo que descubro después de años de investigación y de lectura,
también plasmando lo que me contaron mis mayores que me hizo reflexionar, y lo
que pienso, lo que me sorprende. La escritura es un puente: uno lanza palabras
al otro lado y espera que alguien las recoja, que alguien las convierta en
compañía, en chispa, en pregunta, en placer.
Prometo contar
con la serenidad de quien conversa, elija usted el lugar, dejando que las
historias se desplieguen sin prisa. Contar por puro gusto, por la música
secreta que late en cada relato, por la magia de ver cómo una idea se
transforma en un lugar donde otros pueden quedarse un momento.
Este contrato
es solo el primer trazo. El libro vendrá después, cuando su forma se revele,
cuando la portada nos hable y diga “ya estoy aquí”. Por ahora, nace de una
mirada cariñosa hacia Alicante, una ciudad que merece ser contada con
palabras que la honren.
Agradezco a ECU la confianza renovada, la complicidad editorial, el espacio donde mis textos encuentran su lugar. Con ellos, cada proyecto se convierte en un viaje compartido, en un diálogo donde la creación es cuidada y respetada.


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