martes, 22 de octubre de 2019

callejeando por Liubliana



Liubliana está de moda o eso nos pareció en nuestro viaje. Callejeando por Liubliana - buena parte del centro histórico está peatonalizado - nos encontramos con muchos españoles de diversas ciudades de la geografía española. Parecía que estábamos en casa o muy cerca. Y que va, Liubiana está a más de dos mil kilómetros de Madrid. Hay motivos para que Liubliana sea deseada, ya su nombre significa amada.

Coincidimos con muchas personas venidas de España curiosas de saber - como nosotros -más de la cultura y la historia de esta pequeña ciudad universitaria. Y por serlo, tiene un permanente trasiego de estudiantes de uno a otro lado de la ciudad fuera de su horario de clase. Las ciudades universitarias tienen mucha vida social y Liubliana no es una excepción.


Por casualidad, compartimos breves momentos con españoles de reconocido prestigio internacional como Plácido Domingo a quien le agradó cruzarse con tantos españoles lejos de casa. Plácido Domingo acababa de salir de un ensayo de la ópera Aida de Verdi que iba a estrenar ese día en la capital de Eslovenia actuando él como Director de la Orquesta.

Si hay un sitio que no puedes perderte si vas a Liubliana es la plaza de Preseren. Lleva el nombre del poeta que es el autor del himno nacional. Su estatua domina la plaza. Si diriges tu mirada en la misma dirección que la del poeta verás a su amor platónico, Julija Primic, en una de las fachadas de la calle Wolfova. En frente de la estatua de Preseren hay un curioso puente porque el primero (1842) era muy estrecho para toda la gente que pasaba por el por lo que se hicieron dos más, uno junto al otro. Muy cerca está la fachada roja de la iglesia de los Franciscanos. Todo este conjunto forman parte de la imagen más vista y fotografiada de Liubliana.


Si es curioso el puente triple, nada tiene que envidiarle el puente de los dragones. No por ser más viejo porque es más moderno (1901), pero tiene cuatro dragones en cada uno en uno de sus lados. El dragón es el emblema de Liubliana.


Bajo estos y otros puentes corre el río Liubliana. Se puede recorrer en barcos miradores con bar a bordo durante un corto trayecto de tiempo.

En la parte más alta de la ciudad está el castillo de Liubliana desde el que hay unas vistas extraordinarias. Se puede subir en funicular, tren turístico ó andando. Originario del s. XIII, en su interior destaca la iglesia de San Jorge y la prisión.


La catedral de San Nicolás destaca desde lejos por su cúpula de color verde y sus torres, y de cerca por sus puertas de bronce lateral y frontal: en la primera se representa los Papas eslovenos; en la segunda, la historia del cristianismo en Eslovenia. La iglesia es de estilo barroco construida en el siglo XVIII. En su interior llama la atención el techo policromado y el órgano del coro. Muy cerca está el mercado central donde puedes encontrar de todo. 

Por todas estas calles vimos algo que nos llamó mucho la atención: unas máquinas expendedoras de leche fresca en sus propios recipientes ó en los que lleva cada uno para rellenarlos. Nos dijo la guía que estas máquinas son típicas y comunes en esta ciudad.


A las afueras de la ciudad está el Parque Tívoli con una extensión de unos 5 kms2. Es enorme, con gran arbolado y extensas praderas de hierba. Multitud de caminos se abren en varias direcciones. Uno de ellos lleva a un restaurante típico, el Swiss Cotage, una casa de madera construida en 1835. Originariamente fue una casa de invitados llamada Svicarija, siendo después el Hotel Tívoli. Frecuentado por políticos y artistas, se convirtió en lugar de baile hasta la madrugada. En su parte delantera actualmente se sirven platos típicos de la tierra mientras escuchas a un grupo musical con canciones de la zona, provocando un ambiente muy agradable.

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