romería y peregrinación a Santa Faz

 

Con las primeras luces del día, los primeros peregrinos. Un sombrero ó una gorra para protegerte del sol. Un pañuelo que proclama el día de la Santa Faz y el año en el que estamos. Una caña como soporte por si el camino se hace largo, si el cansancio se presenta antes de tiempo.

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Es el Monasterio de la Santa Faz quien da cobijo a esta reliquia. A unos nueve kilómetros del casco urbano de Alicante. La cara de Cristo marcó con su sangre un paño poco antes de ser crucificado, hace algo más de dos mil años.

La tradición cuenta que en el siglo XV … Estuvo en Alicante un Cardenal con quien se mostró obsequioso un Sacerdote llamado Pedro Mena, mientras su Eminencia esperaba buque que le condujese a Italia. Pasado algún tiempo aquél Presbítero se hallaba en Roma dedicado a la gestión de asuntos particulares; y como el Prelado que ya vivía allí recordase agradecido la deferente atención que cuando estuvo en esta Ciudad le guardó el referido clérigo, tuvo a bien hospedarle en su propia casa, considerándole como a otros de sus familiares. Cuando Mosén Pedro resolvió regresar a su país para ponerse al frente de la Iglesia del vecino lugar de San Juan, de la cual fue nombrado Rector, su Eminencia le regaló, encerrada en un cofrecillo de cedro, una gasa de hilo ó de finísimo algodón, en la que estaba estampado el Rostro de Jesús, viéndose en las megillas, frente y barba una sombra como de sangre, diciéndole que estimase este lienzo como un precioso tesoro”. Así nos cuenta el Cronista Viravens en su Crónica de Alicante de 1876 cómo llegó a Alicante este paño cuya sangre muestra la cara de Jesús de Nazaret poco antes de morir en la cruz.

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Muchos por fe, otros por tradición, algunos por pasar un día diferente al aire libre, veneramos esta imagen al que le asignan numerosos milagros y actos de caridad. Algunos de estos hechos están pintados en grandes lienzos en el Camarín donde se guarda esta reliquia. Camarín que hoy se abre al mundo para dejar marchar por unas horas este paño, dentro de su hornacina que lo protege. En la Iglesia contigua al Monasterio, para ser adorado, para ser venerado, por todo aquél que quiera acompañarlo durante unos minutos de oración, de recogimiento, de reflexión, que nunca sobran en los momentos actuales que vivimos, sea cualquiera la causa que nos aflija.

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 Alrededor del Monasterio y de la Iglesia, un mercadillo con tenderetes donde no pueden faltar estampas, llaveros, campanas con la Santa Faz, junto con cacharros de cerámica para la casa, botijos, bastones de madera para andar, caña de azúcar, almendras garrapiñadas, pan de trigo, dátiles de Marruecos, dátiles de Túnez, dátiles de Elche, … Tantas cosas para contentar a tantos, para convertir, también, una fiesta religiosa en otra popular donde todos participamos, sin distinción de credo.

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Y para los más menudos, niños y jóvenes, sobre todos, una feria de atracciones con los tradicionales coches de choque, el tren de la chicharra (como el de la bruja), una mini montaña rusa, el pulpo que sube y baja dando vueltas a gran velocidad, la jaula, …

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Y todos los años la misma Fiesta, el jueves después de la semana de Pascua (ayer). Todos los años la Romería. Todos los años más de doscientas mil personas salen de Alicante en peregrinación al Caserío de la Santa Faz. Todos los años personas conocidas de diversos ámbitos de la sociedad española, junto con personas de toda condición,  acompañan a la Santa Faz con su presencia, con su tiempo, con su dedicación. Todos los años, uno más disfrutamos de esta romería y peregrinación, de este acontecimiento popular.

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