Huete (Cuenca).

 

Muchas veces los avatares de la vida te demandan un poco de sosiego. Muchas, es la necesidad de darle la espalda a las prisas y al estrés lo que anima a cambiar de aires por unos días. Otras, es necesario un intermedio, un descanso. Algunas, es la palabra distendida la que busca cobijo lejos de casa. Comentar con nuestros hijos, de forma sosegada, sus asuntos y los nuestros, dejando atrás móviles, internet, chat, que les absorbe tanto tiempo que poco les queda para la convivencia familiar.

En una España tan diversa, decidir que camino tomamos no ha sido tarea fácil. Cada uno quería ir en una dirección. Al final ha sido un pueblo de la provincia de Cuenca y sus alrededores al que le pedimos asilo momentáneo.

Huete, pueblo de Castilla de la Alcarria Conquense. En estos parajes siempre me encuentro a gusto. Las olas del mar que bañan mi ciudad natal se confunden hoy con los surcos ondulados de los campos de cereales. Los barcos, lentos tractores. El viento, más seco, pero igualmente inquieto y travieso.

Huete. Por esta tierra guerrearon los musulmanes. Después también los cristianos. Los primeros construyeron una gran alcazaba en un cerro que preside la población. Y esos muros tomaron el protagonismo y la importancia de los moradores del momento y con ellos el pueblo crecía a sus pies.

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Por las muchas iglesias y conventos que tuvo y que tiene Huete, la sotana y la oración tuvieron gran importancia. Entre ellas destaca la bella fábrica gótico-primitivo de la iglesia de Nuestra Señora de Atienza, situada en la ladera camino del castillo. Llaman nuestra atención los interesantes capiteles de las columnas adosadas que soportaban los nervios de la bóveda. En unos hay unas cabecillas, en otros se distingue el castillo y el león, heráldicos del reino.

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Iglesia Real de San Nicolás de Medina (Colegio Jesuitas)                        La Merced

2006 027 Iglesia Santa María de Atienza

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También  tuvieron mucha importancia las familias de rancio abolengo que dejaron en muchas fachadas sus blasones y escudos nobiliarios. Y con ellos, se fue escribiendo la historia de este lugar. Alfonso XI le otorgó su fuero y su escudo. Juan II le concedió el título de Ciudad (s.XV) por la intermediación de Pedro Carrillo, su Cronista y halconero. Fueron los Reyes Católicos quienes le dieron la distinción de Noble y Leal el 28 de febrero de 1477. Tantas distinciones fue debido a la importancia e influencia de algunos de sus habitantes como Alfonso Díaz de Montalvo (recopiló las Ordenanzas Reales de Castilla imprimiéndolas en 1483 en Huete con una de las primeras imprentas españolas), el ya nombrado Cronista Pedro Carrillo, así como Fray Ambrosio Montesinos (confesor de la reina Isabel La Católica), que dieron prosperidad a la ciudad al servicio de sus reyes.

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Callejear por estas calles es trasladarse a otros tiempos remotos. La torre del reloj, la Merced, la Iglesia Real de San Nicolás de Medina, la iglesia de Nuestra Señora de Atienza, las fachadas blasonadas, … Pero volvemos a los actuales en los que muchos pueblos como este recuperan su historia para venerarla y siembran con nuevas simientes la de los años venideros.

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Nuestro cobijo es la Casa Palacio Conde de Garcinarro, una casa noble del siglo XVI. Una gran puerta de madera nos da la bienvenida y nos invita a pasar a un patio rectangular con balaustrada de madera sostenida en columnas de piedra. Las vigas de madera a la vista, la decoración, los utensilios de otra época, huelen a historia, pero se acomodan con gusto por rincones y repisas. Las habitaciones son amplias y espaciosas. Un gran salón común donde algunos lienzos de pared están forrados con libros. Estancia cuyas paredes invitan a la tertulia, necesaria a personas que hemos dejado atrás los caminos al caer la tarde. Es el propio propietario quien participa y propone el acercamiento, donde triunfa la palabra ordenada y discreta. No hay una voz malsonante, no hay un tono alto. Hay convivencia, aunque no nos conociéramos antes de alojarnos entre estos muros.

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En los alrededores, la bodega del hermano de un amigo mío. De los Uribe-Madero. Fundada en lo que fue la “Casa Carlitos”. Rodeada por distintas laderas de suelos altamente calizos con distintas pendientes y orientación solar. En algunas de ellas, antes del viñedo, hubo plantas aromáticas como Lavanda que da personalidad a algunos de sus caldos. Los sistemas de viticultura, vendimia, elaboración y crianza son artesanales con equipos exclusivos para esta bodega que permiten eliminar bombeos, filtrados y cualquier práctica ó mecanización agresiva en sus frutos, mostos y vinos. La crianza de los caldos se hace en barricas y tinos de roble, separando viñedos y varietales, según las características de cada variedad. Se completa su crianza con largos periodos de estancia en botelleros. Nos enseñaron las instalaciones con precisa información y amabilidad, soportando las constantes preguntas y por qué de mis hijos. Con la degustación de sus mejores caldos: Calzadilla (Tempranillo 60 %, Carbenet-Sauvignon 30 %, Garnacha 10 % ), Gran Calzadilla (Tempranillo 50 % y Carbenet-Sauvignon 50 %) y Syrah (100 % Syrah) y algunas anécdotas de otros visitantes y de las nuestras, nos llevamos a casa algunas cajas de vino para compartir con familiares y amigos.

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Estos vinos y unos quesos manchegos de la Cooperativa de Huete son nuestros trofeos que vienen con nosotros a casa con las ideas y las fuerzas renovadas. 

Para más información, visita la página siguiente:

http://www.huete.org/

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Gracias por compartir con nosotros estas rutas. Que suerte tienen tus hijos. Atte.

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