La ciudad encantada

A unos 1.417 metros de altitud, en la Meseta de la Muela de Valdecabras. A 26 km de Cuenca capital. Después de unos días lluviosos y desapacibles. Con un cielo azul en un día soleado y frío, visitamos la Ciudad Encantada para que la conozcan nuestros hijos.

panorámica de Cuenca capital

Unos veinte kilómetros cuadrados de espacio tiene este parque que la naturaleza ha moldeado en donde el tiempo, la composición de las rocas, el viento, la lluvia, la nieve, el hielo y el frío, han labrado formas caprichosas. Con un poco de imaginación vemos calles, plazas, puentes, un teatro, animales, caras y un paisaje misterioso que lo envuelve todo.

Para la explicación de cómo las rocas se han ido formado hay que remontarse a los tiempos cretácicos de la Era Segundaria cuando un océano cubría toda esta zona. En su fondo había cantidades de carbonato cálcico. Cuando el mar retrocedió emergieron estos bancos calizos formando un material idóneo para que la naturaleza los haya ido moldeando a su antojo.

Varios escultores han moldeado las rocas durante siglos. Uno, la acción disolvente de anhídrido carbónico del agua procedente de las lluvias y de la fusión de las nieves. Otro, los bruscos cambios térmicos. También, la erosión de las aguas subterráneas ó la acción geológica de pequeños seres vivos como hongos, líquenes, algas, … Todo ha contribuido a este amplio escenario de esculturas al aire libre, esculturas de formas curiosas.

El recorrido que vamos a visitar tiene unos 3 kilómetros. Flechas blancas marcan el camino de ida. Rojas, el camino de vuelta. Hoy está muy concurrido. Familias enteras, como la nuestra. Grupos de amigos. De todas las edades.





Ayer llovió. Anoche, el cielo amenazaba tormenta. Hoy un sol radiante. La tierra mojada. Algunos charcos, pero los senderos están transitables. La pinada limpia. Las rocas aún chorreando agua. Un viento gélido. Guantes. Bufandas. Plumíferos.
Poco después de la entrada, la primera sorpresa. "Mira Papá, un hombre con sombrero", dice Carlos. Para imaginar cosas, es único. Una gran roca se levanta delante de nosotros, buscando las nubes. El tormo alto. Poco después, tres inmensos barcos sortean las olas, la escuadra de barcos. Cruzamos la muralla por una puerta y vemos un perro foxterrier. Altos pinos son testigos de los visitantes que miran asombrados.

el tormo alto


la escuadra de barcos



el perro

Pasamos por un laberinto de piedras. Entre dos pinos, una cara de hombre de grandes proporciones. Retrocedemos en el tiempo y nos encontramos en el camino el puente romano. Al final de una calle, una foca haciendo equilibrios con una pelota. Muy cerca un cocodrilo con la boca abierta esperando tener una oportunidad para cazar una presa. A poca distancia, un estrecho callejón con altas paredes en varios niveles, llamado el tobogán. Como en la ciudad, hay mucho tráfico. Una aglomeración de personas. Nos vamos agrupando. Nadie avanza. Exclamaciones. Nos enteramos que las lluvias han producido en el punto más bajo del callejón un gran charco que hay que sortear pero no hay espacio. Todo el paso es el charco. La organización del Parque pone unas piedras, pequeñas islas en un océano, por las que cruzamos el charco dando pequeños saltos de una a otra. El primero en pasar recibe una calurosa ovación por los que esperamos. Las imprevisiones es mejor tomárselas con buen humor. Al final del callejón, una gran superficie de erosión pluvial, el mar de piedra, un mar embravecido con la espuma de las olas en forma de cresta, un mar picado. Estamos a mitad del recorrido.


el puente romano


una foca haciendo equilibrios con una pelota



el tobogán


Nuestra imaginación ha corrido deprisa, ayudada por los carteles anunciadores en cada escultura. Pero vemos otras formaciones, otras siluetas, que forman las rocas. De repente, entre los árboles aparecen dos grandes animales. Un cocodrilo y un elefante, peleándose, la lucha entre el cocodrilo y el elefante. Continuamos el sendero doblando a la izquierda. ""Mamá, mira, un hipopótamo, dice Myriam. Efectivamente. Una gran mole, un gran hipopótamo que nos mira desconfiado preparado a embestirnos en cualquier momento.

la lucha entre el cocodrilo y el elefante


el hipopótamo

Más adelante cruzamos un arco ojival, la puerta del convento. Siguiendo de frente y a la derecha, una gran plaza con unos enormes hongos y un teatro con un bello escenario. Otra vez a la izquierda, amplias calles. Una gran tortuga. Muy cerca, dos inmensos bloques pétreos asemejan una pareja de osos mirándose de frente. El recorrido toca a su fin pasando antes por los amantes de Teruel, dos miradas que casi se tocan. Un cruce de senderos y otra vez el tormo alto que nos hemos encontrado al entrar.



hongo



pareja de osos


los amantes de Teruel

Salimos del Parque, soñando. Cualquier roca que encontramos en nuestro camino tiene una forma particular. "Mira, mira, un dinosaurio muy grande", dice Carlos. "¿Dónde?". "Allí, ¿no lo veis?". La imaginación sigue despierta después de haber trabajado tanto. Una imaginación que se deja cautivar por el paisaje. Grandes pinadas, montañas rocosas.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Muy interesante he hecho un trabajo con esto

Entradas populares de este blog

40 años de democracia española

Alicante, la millor terra del món

Imperator Hispaniae