lunes, 11 de febrero de 2019

Secuoyas en el Cortijo de La Losa




Algunas veces el tamaño sí que importa, ya verán muy pronto a que me refiero porque los protagonistas de nuestra excursión son los árboles más grandes del planeta. Pueden llegar a tener 100 metros de altura y 1.000 años de vida. Son las secuoyas. Las visitamos iniciando la marcha desde el hotel rural Collados de la Sagra (Puebla de Don Fabrique) en la carretera GR-100 hasta el Cortijo de la Losa por la carretera A-4301.








Las secuoyas sólo crecen de forma espontánea en el extenso Parque Natural de Yosemite en California (EEUU). Lo curioso es que no nos hemos ido a California a disfrutar de ellas. Que va, las hemos visitado en España.

Estas secuoyas son unos árboles singulares que han crecido y se han desarrollado muy lejos de su hábitat habitual. Pero ¿cómo llegaron al altiplano de la provincia de Granada, a los pies de la Sierra de La Sagra?.








A principios del siglo XIX se plantaron unas treinta secuoyas a ambos lados de la carretera y en lo que hoy se conoce como el Cortijo de la Losa que es propiedad de Alfonso de Bustos y Bustos, Barón de Bellpuig. Fue su bisabuelo, Rafael de Bustos y Castilla de Portugal, Ministro de Fomento de la reina Isabel II, quien trajo las semillas de secuoya para plantarlas en tierras de su propiedad. De las secuoyas que plantó, las mejor conservadas son las que están dentro del Cortijo al estar en un recinto privado al que sólo se puede acceder con permiso y acompañado de un guía turístico.








Al grupo de amigos que queremos saber más de este singular árbol nos acompaña Busta ó Bustamante, que es como llaman en la zona al guía turístico que nos permite el acceso y del que recibimos todo lujo de detalles de las secuoyas y de la finca en donde se encuentran estos árboles. Son 13 las secuoyas que hay dentro del Cortijo. Busta nos dice que es el ser vivo más grande, más alto y más longevo del mundo. Aquí la secuoya más alta tiene una altura de unos 50 metros y 150 años de vida. La de la base más gruesa tiene un diámetro de 7,10 metros: hace falta al menos 8 personas con los brazos extendidos para rodear el tronco al completo.





La finca del Barón donde están estas secuoyas tiene una extensión de 2.127 hectáreas que, en los últimos años,  ha reproblado de muflones, ciervos, gamos y cabras hispánicas hasta conseguir más del medio centenar de ejemplares convirtiendo a este Cortijo en uno de los mejores cotos de caza mayor de Andalucía. Busta dice que pocas veces se dejan ver los venados y que alguna vez un gran búho real ha volado desde su nido en una cota alta de una de las secuoyas ante el asombro y la sorpresa de los visitantes por el ruido que producen sus largas alas y la majestuosidad de su plumaje.

Si extraño parecía que pudiéramos ver estos árboles singulares en España, más curioso es el nombre que les ha puesto el argot popular: las mariantonias. Nadie hoy sabe descifrar desde cuando las llaman así ni quien les puso este mote, pero ahí queda dicho, caracterizando esa gracia natural del andaluz con el timbre de su acento y con la imaginación a la hora de poner los motes a las personas, a los lugares ó a las cosas. También se les llama wellingtonianas porque se cuenta que fue el Duque de Wellington quien introdujo las semillas de las secuoyas en 1839 en España.

Este bosquecillo de secuoyas y el de La Granja en Segovia son los únicos que hay en España y de los pocos que hay en Europa por lo que disfrutar de su vista es un lujo que nos ofrece la naturaleza.

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