sábado, 28 de julio de 2018

Al Estado no se le chantajea

De un tiempo a esta parte, España vive sumisa en un cierto desasosiego con un proceso independentista en Cataluña que aunque frenado, no está resuelto; un movimiento populista que reivindica la ruptura del sistema con embestidas verbales permanentes contra la Monarquía española; un Gobierno con una minoría parlamentaria con la imperiosa necesidad de pactar hasta con el “diablo” si hace falta para sacar adelante sus iniciativas; un Partido Popular que tiene que crear a su nuevo líder después de la dimisión de Rajoy al perder la Moción de Censura en el Congreso de los Diputados; un Ciudadanos que - desde la caída de Mariano Rajoy - parece que ha perdido su centralidad; un realce de la ultraderecha que cada vez está más organizada; ....


Esta contagiosa incertidumbre mucho tiene que ver con el intento rupturista del separatismo catalán y la ausencia de una respuesta acertada desde el Gobierno de Rajoy con la falta de diálogo con el Gobierno de esa Comunidad Autónoma que de tenerlo hubiera evitado males mayores y que por no hacerlo se llegó a la aplicación de un tardío artículo 155 de la Constitución que, de aplicarlo antes, hubiera evitado la realización parcial de un referéndum ilegal en Cataluña con una efímera e inconstitucional declaración de independencia. Hoy un nuevo Gobierno intenta encauzar este desaguisado con “soluciones políticas valientes y audaces para Cataluña pero dentro de la Constitución”, en palabras del Presidente Pedro Sánchez, invitando a que sea el voto del pueblo catalán el que lo arregle, pero el voto de un nuevo Estatuto de Autonomía que los independistas rechazan. En el caso de realizarse esta votación “primero tendrá que aprobarlo con dos tercios la Cámara catalana, después aprobarlo por mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, para ser integrado en el sistema jurídico español como Ley Orgánica. ¿Se lo ha explicado alguien al Sr. Sánchez?. Si es que sí, repítanselo. Si es que no, apaga y vámonos”, comentaba Teresa Freixes - jurista especialista en Derecho Constitucional español - hace unos días en redes sociales.

Este ambiente es propicio para que oscuras intenciones quieran sacar tajada a favor de sus propios intereses. Y en este panorama entra en escena Corina, que fue amiga íntima del rey emérito, con unas grabaciones supuestamente realizadas por el comisario Villarejo en las que - sin mencionar al rey emérito - comenta ciertas actitudes que serían reprochables de ser ciertas.  No es la primera vez que lo hace, lo hizo incluso siendo Juan Carlos I rey de España. Entonces reivindicaba un imposible. que por serlo no consiguió. Me recuerda a Wallis Simpsong, ¿se acuerdan de ella?, la mujer del Duque de Windsor que quiso ser reina.

“Al Estado no se le puede someter a un chantaje por parte de nadie y cualquier vulneración de la legalidad lleva consigo la asunción de responsabilidades que se diluciden en un procedimiento judicial”. Así de categórica ha sido Margarita Robles, Ministra de Defensa del Gobierno del PSOE, después de trascender estas grabaciones en la prensa. Y así debe de ser, sólo faltaba lo contrario.

Como tampoco se puede aceptar el chantaje de los nacionalistas ó populistas contra el Gobierno de Sánchez y su dudoso apoyo parlamentario si no aceptan sus reivindicaciones. Esto augura el adelanto de las elecciones generales si gobernar fuese imposible. Poner palos en la rueda es muy fácil. Gobernar con el apoyo de sus aliados es mucho más difícil y requiere de seriedad y altura de miras.

En España vivimos al amparo de la Constitución española de 1978 con una Monarquía Parlamentaria como “forma política del Estado español”, una extraordinaria regla de convivencia que ha dado a España el mayor periodo de paz de su historia. Así tiene que seguir siendo. Y así se ha expresado en reiteradas ocasiones el Jefe del Estado el rey Felipe VI al decir que “son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante”, así como “subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España”.


Este artículo ha sido publicado con anterioridad en mi columna de opinión del periódico Alicante Press

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