lunes, 2 de octubre de 2017

Un triste día para olvidar

Ayer fue un día muy triste.

Como demócrata, ante el desafío independentista contra España con la celebración parcial de un referendum ilegal convocado de forma unilateral por el actual Gobierno catalán, al puro estilo dictatorial de otras latitudes. Un referéndum declarado inconstitucional por el Tribunal Constitucional español, realizado sin ninguna garantía por una minoría de la sociedad civil catalana.

Como amante de la paz, hubieron escenas dificiles de digerir. ¿Era necesario el uso de la fuerza?. La Policía Nacional y la Guardia Civil actuaron por mandato judicial ante la pasividad de los mossos en sus funciones para clausurar los colegios donde se iba a votar y para retirar las urnas. ¿Si los mossos hubieran cumplido su función como Policía Judicial nada de esto hubiera pasado?, ¿se hubieran evitado los choques entre los independentista y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado?. Seguro que hubiera sido diferente y es posible que no se hubieran dado escenas contra dichas fuerzas policiales donde los independentistas han tomado la desobediencia civil como bandera.

Como ciudadano del Estado de las Autonomías. Ayer se abrieron sendas heridas que tardarán mucho tiempo en cicatrizar.

Como español, de una España plural donde se respetan todas las singularidades de las Comunidades Autónomas, convencido que hay que buscar las vías  para aceptar el hecho diferencial de Cataluña, pero desde la Constitución española.

Espero que de ahora en adelante prime el sentido común entre nuestra clase política donde sea posible el diálogo, la negociación y el acuerdo, para llegar a puntos de encuentro necesarios para volver a la convivencia pacífica dentro del orden constitucional que todos los españoles deseamos. Que así sea.

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