Caí y Abel




El Mediterráneo sabe de muchas guerras. Por sus aguas ha pasado de todo. Desde las civilizaciones antiguas hasta nuestros días. La ambición de poder, la rivalidad y ese carácter bélico del que se cree más fuerte, ha dejado huella en sus riberas.

No hay día que pase que no haya que reivindicar la paz. Atrocidades, abusos, violencia desmedida, Caín y Abel personalizados en líderes de ayer y de hoy que no se dan tregua.

Cuando vemos las secuelas de la guerra, cuando vemos el desgarro, la rabia, la impotencia de las víctimas, de aquellos que han perdido a seres queridos ó los que lo han perdido todo de la noche a la mañana porque un misil ha reducido su casa a escombros, cuando vemos todo eso no podemos quedarnos quietos. Aunque tampoco podemos aplicar la ley del Talión, ojo por ojo, diente por diente. Esta forma de actuar no conduce a nada bueno.

¿Qué podemos hacer?. La respuesta ya nos la dio la madre Teresa de Calcuta al manifestar que “a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si faltara esa gota”.

Hay que motivar acciones para emprender la paz, hay que ponerse a andar sin olvidar, como dijo Gandhi, que “no hay camino para la paz, la paz es el camino”.

Una solución, la de Marco Aurelio, Emperador Romano, “la mejor venganza es ser diferente a quien causó el daño”, frase que bien puede aplicarse también a las pequeñas batallas, a las rencillas cotidianas.

No hay que tener miedo para reivindicar la paz, la convivencia pacífica. Hay muchas maneras de hacerlo: desde la palabra, desde los gestos, con la música, … El pasado 8 de abril, en el Gran Teatro de Elche, jóvenes músicos de diversas nacionalidades ribereñas del Mediterráneo participaron de un concierto de música clásica a favor de la paz del proyecto “Sinfonía Mediterránea por la paz”, organizado por el Distrito 2203 de Rotary Internacional a través de una Subvención Global de la Fundación Rotaria. No son ingenuos porque piensan que con conciertos como este están más cerca de hacer entre todos de este un mundo mejor. En este mismo sentido se expresa Daniel Barenboim, argentino-israelí, director de orquesta, y referencia mundial en la música clásica, cuando dice que sabe que “la música no va a resolver los problemas que hay en el mundo, pero sí sé que es muy útil para que se produzca la primera condición para el diálogo: la igualdad. En la orquesta todos somos iguales”. Daniel Barenboim y Edward Said, escritor palestino, fundaron la West-Eastern Divan Orquesta en 1999 para unir jóvenes de Israel, Palestina y otros países árabes para promover la convivencia pacífica y el diálogo intercultural.


Pascual Rosser Limiñana

Este arículo fue publicado con anterioridad en mi columna en Alicante Press, periodismo del siglo XXI. Lo tienes en este enlace

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