martes, 23 de mayo de 2017

Morir de éxito




“Una cosa así, no me la merezco”, “esto no me puede pasar a mí”,  … Estas son algunas de las manifestaciones que hacen aquellos que mueren de éxito.

Morir de éxito es una de las experiencias más dolorosas para un emprendedor, ya sea en el sector empresarial, cultural ó social. Se muere de éxito cuando un proyecto con una proyección extraordinaria no cumple las expectativas del consumidor final y fracasa. También porque el proyecto evoluciona más rápido de lo esperado y no se sabe ó no se puede reaccionar a tiempo para aportar soluciones.

Nokia encabezaba la lista de ventas de las empresas del sector de teléfonos móviles pero no apostó por los smartphone como su competencia y se quedó fuera de esa lista. Algo parecido le pasó a Kodak, líder mundial en cámaras de fotos y en el revelado de calidad, al no apostar por las cámaras digitales, casi desapareció del mercado.

Para gestionar el éxito de forma adecuada es necesario que el líder se apoye en las personas de su equipo, en su grupo. Y todo desde la   humildad, la honestidad y la colaboración con el colectivo, aceptando las críticas constructivas y los consejos bienintencionados. Como dijo Mandela, “me gustan los amigos que tienen pensamientos independientes porque suelen hacerte ver los problemas desde todos los ángulos”.

Al sobrellevar el éxito se tiene que tener en cuenta que no se debe destacar más que la organización de la escala superior. Un jefe de sección, por ejemplo, no puede tener mejor coche que el del Director General de la empresa y aparcarlo junto a este para que todos los empleados de la empresa vean la diferencia. Hay que gestionar bien el triunfo pero no desde la arrogancia.

Cualquier proyecto, sea de la naturaleza que sea, no es conveniente confiarlo todo en la suerte, tiene que haber una base sólida respaldada, por ejemplo, desde la experiencia.

En una sociedad como la nuestra con una alarmante crisis de valores te puedes encontrar de todo, bueno y malo. En muchas organizaciones, por pequeñas que sean, la envidia, la mentira, la difamación gratuita, la puñalada trapera, son plato del día. En vez de hacer grande la organización con el concierto y la comunión de todos. Esto también puede hacer fracasar un proyecto que tenía una proyección extraordinaria y un amplio apoyo social.

En un mundo tan competitivo como el nuestro sólo falta que quienes tienen que sumar, resten; quienes tienen que contribuir al éxito de la organización, pongan palos en la rueda para impedirlo.

En cualquier circunstancia, seamos positivos y como dijo Groucho Marx en una ocasión: “esfuércese, póngase manos a la obra y haga que las cosas ocurran. No es fácil, pero si se aplica a su tarea y persevera, es asombroso ver como en una sociedad libre puede uno llegar a ser tan grande como uno quiere”.



Este escrito se escribió por primera vez en mi columna de Alicante Press, periódico digital, en este enlace

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