La Sagrada Familia de Gaudí, en Barcelona. Interior.

Si la Sagrada Familia de Gaudí es bella por fuera, por dentro es impresionante. Y monumental, además de ser una grata sorpresa. Porque hay iglesias que son hermosas por fuera pero no lo son tanto por dentro, como Il Duomo de Florencia, por poner un ejemplo.

La Sagrada Familia de Gaudí es una Basílica Católica que se comenzó a construir en 1882, y que aún se está construyendo con los planos e instrucciones que Gaudí dejó por escrito.

De estilo modernista, es uno de los monumentos más visitados de España, junto con el Museo del Prado en Madrid y la Alhambra de Granada.

Todo hecho con la simbología católica, con representaciones de la naturaleza como frutas, hojas, árboles, así como con  formas geométricas en ventanas o escaleras, sus columnas escalan el cielo para acercarse a Dios.

Con un sin fin de colores las vidrieras llenan de luces las naves de la iglesia. Las de la parte baja de las naves laterales tienen colores intensos. Las de las partes altas son de colores claros.  En la nave central tienen una combinación de cristales incoloros de diferentes texturas cuya luz del Mediterráneo  destaca la geometría de las bóvedas. Están terminadas las vidrieras del ábside, de la fachada de la Pasión, dedicados al agua, la luz y la resurrección, y las de la fachada del Nacimiento que hacen referencia a Cristo, a la pobreza y a la vida. En los ventanales de las naves laterales hay textos relacionados con las parábolas de Jesús.

Desde 1999 José Vilá i Grau, pintor y cristalero, es el encargado de la realización de las vidrieras. Sigue técnicas tradicionales de engarzar el vidrio entre varillas de plomo. Todo hecho según las directrices que Gaudí dejó escritas.

El conjunto, el arte, la capacidad de asombrar, la luz y el color, la monumentalidad, hacen del interior de la Sagrada Familia de Barcelona una joya extraordinaria de buen gusto.

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