Un día de la Fiesta Nacional, diferente


El viento nos empuja rumbo a Sicilia. Un viento de levante fresco, con 20 nudos de aparente, con el velero ligeramente escorado y nuestra ilusión de querer pasar un gran día de navegación. Hoy en el Arión almorzamos y comemos a abordo ya que el Armador nos regala con una travesía más larga.


Mientras la costa empequeñece cuando nos alejamos de tierra, es más una ilusión pensar que vamos a Sicilia que una realidad. Pero si continuáramos este rumbo durante varias jornadas Sicilia aparecería en el horizonte. Esa isla de las tres puntas como ya la definieron los griegos de la antigua Grecia. Estos la llamaron “Thrinakia, isla de los tres promontorios”. Como muchos lugares, Sicilia tiene su propia historia sobre su nacimiento místico. El símbolo de Sicilia es la Triscele. Este símbolo es una figura mitológica nacida de tres ninfas, con la cabeza de medusa, cuyos cabellos son serpientes entrelazadas a las espigas de cereal y tres piernas flexionadas que salen de su cuello y que la envuelven. La leyenda cuenta que estas tres criaturas vagaban por el mundo cogiendo lo que más les gustaba. Se encontraron con un lugar donde el cielo era especialmente limpio y el mar inmensamente azul. Bailaron contentas por su descubrimiento y lanzaron a ese mar las cosas bellas que habían recogido de otros lugares. Emergió del mar esta isla, proporcionado tres puntas a su tierra. Así nació Sicilia, la isla de las tres puntas.






Sentados cerca de la caña la tertulia recorre diversos temas, pero también hay tiempo para la reflexión, mientras el velero navega veloz mar a dentro. Por la amura de estribor quedó la isla de Tabarca, como un barco varado, como un gran submarino ó como lo que es, una isla pequeña muy cerca de la Península. 





Las olas han aumentado de tamaño al alejarnos de tierra. Observándolas desde la popa del velero veo con sorpresa que un enorme pez saca su cabeza de una de ellas y la surfea. Me sobresalto. No viene sólo. El mar burbujea. En manada, en familia, otros le acompañan. Cuando veo su aleta, exclamo llamando la atención del resto de la tripulación. ¡Son calderones!, una ballenas pequeñas. 

El calderón común ó ballena piloto de aleta larga (globicephala melas) es una especie de cetáceo odontoceto de la familia de los delfines. Es uno de los delfínidos más grandes del Mediterráneo. Tienen la cabeza globosa, con forma de caldero, de ahí su denominación. Son de color negro ó gris oscuro. Los machos suelen ser más grandes y robustos que las hembras pudiendo llegar a los 6 metros de longitud y a las dos toneladas y medio de peso frente a los 4 metros y una tonelada de las hembras.  Suelen ser vistos más a menudo en las aguas del Estrecho de Gibraltar, Andalucía y la Región de Murcia. Estos no se acercan mucho a nuestro velero, ni juguetean por la proa como hubieran hecho los delfines. Siguen su rumbo, sin descuidar su tiempo y su energía. Los hay de diversos tamaños. Consigo hacer una foto de una aleta cuando un@ de estos individuos emerge de las profundidades.


A más de 25 millas de tierra decidimos virar. Nuestro sueño de navegar rumbo a Sicilia se desvanece. Regresamos, aunque para esto tardaremos varias horas antes de llegar a puerto porque el viento ha caído. En nuestro horizonte, por popa, un mercante de contenedores rumbo al norte. Un pajarillo sigue nuestra eslora. Por pequeño que sea vuela y planea sobre las olas. Ha surgido de repente en medio de la inmensidad del mar, sin tierra a la vista. Nos da la vuelta entera, aterrizando poco después cerca de la rueda del timón. Parece extenuado. Nos acompañará hasta puerto, para después emprender el vuelo hacia tierra firme. Nadie de la tripulación sabemos que pájaro es este. Tiene el tamaño de un gorrión, pero no lo es. Desde casa consulto con un experto, Elías Gómis, y me dice que es una alondra común, una especie propia de Europa pero poco vista en Alicante, siendo más frecuente en zonas esteparias del interior. En invierno llegan a la Península Ibérica ejemplares migratorios como este.



Y a la Península volvemos nosotros con el Arión en una travesía ya inolvidable. Por lo contado aquí, por lo vivido a bordo con la camaradería propia de los hombres de la mar, por las buenas sensaciones de la navegación a vela dejándonos empujar por el viento, en silencio interrumpido con el rumor del mar y nuestras palabras. 



Llegamos al puerto de Alicante con una buena sensación, reparadora de los problemas cotidianos. Llegamos en este día de nuestra Fiesta Nacional del 12 de octubre. Esta fiesta de todos los españoles que nos recuerda lo tanto que nos une y lo nada que nos separa, esta fiesta de la concordia y la aspiración de seguir sumando juntos grandes cosas en nuestro presente y en nuestro futuro.



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