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domingo, 3 de agosto de 2025

Yepes, un tesoro monumental por descubrir en la provincia de Toledo

 


Entre los campos dorados de La Mancha toledana, en plena comarca de la Mesa de Ocaña, se alza un pueblo que guarda siglos de historia entre sus calles empedradas, iglesias majestuosas y casonas señoriales: Yepes. Puede que no sea uno de los nombres más conocidos del turismo de interior, pero precisamente ahí reside su encanto: descubrir Yepes es adentrarse en un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, y donde la monumentalidad habla por sí sola. Mi mujer y yo fuimos invitados por unos amigos y la verdad que fue un verdadero descubrimiento.


Yepes no es un pueblo cualquiera. Su historia se remonta a tiempos prerromanos, pero es en la Edad Media cuando se convierte en una localidad estratégica, al pasar a manos del Arzobispado de Toledo. Ese vínculo con la Iglesia se nota en cada rincón, especialmente en la arquitectura religiosa que marca su silueta. Y en el Renacimiento, la villa vivió su máximo esplendor, dejando un legado artístico y urbano que todavía impresiona a quienes la visitan.


Si hay un edificio que define a Yepes, ese es la Colegiata de San Benito Abad. Majestuosa, elegante y cargada de historia, es considerada una de las joyas renacentistas de Castilla-La Mancha. Diseñada por Alonso de Covarrubias, uno de los grandes arquitectos del siglo XVI, su fachada y su interior son un viaje a lo mejor del arte toledano. Entrar en ella impone, emociona y despierta la curiosidad por lo que fue Yepes en su época dorada. Sus naves, de altas columnas, llaman la atención.





Su retablo mayor detrás del altar en la nave principal es el broche de oro a todo el templo. Es de estructura clásica. En él hay seis lienzos de gran tamaño sobre la vida de Cristo: la adoración de los pastores, la adoración de los Reyes, la flagelación, el camino del calvario, la Resurrección y la Ascensión; y otros de pequeño tamaño con imágenes de santos; obras del mejor discípulo de El Greco, Luís Tristán, fechados en 1616.





El casco histórico conserva parte de las murallas y puertas medievales de acceso a la población, y pasear por sus calles es descubrir una villa llena de secretos: plazas porticadas, escudos nobiliarios, hospitales antiguos como el de San Nicolás o conventos como el de San José. Tuvo cuatro conventos y un monasterio, nada menos. Cada rincón tiene una historia, cada piedra una leyenda.






Conviene destacar su plaza porticada de forma rectangular donde se desarrollan desde antaño celebraciones y espectáculos. Hay tres inmuebles que la definen, además de sus pasos porticados con dinteles y arcos de medio punto, según el edificio que soportan. Ya verá. La preside el actual centro de poder, el Ayuntamiento, frente a la Colegiata. En uno de sus lados hay un edificio largo que fue el Palacio del arzobispo toledano Alfonso Carrillo de Acuña. En él este arzobispo falsificó la bula papal que permitió el matrimonio entre los Reyes Católicos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Posteriormente los Reyes Católicos consiguieron la bula papal oficial, eran tiempos convulsos y no podían esperar a la buena. En el siglo XVIII se reformó para hacer 19 viviendas añadiendo balcones y áticos abuhardillados.








Después de caminar por el pueblo, nos sentamos en la terraza de un bar junto a algunos de los arcos de este palacio, para tomarnos un aperitivo antes de la ir a comer a un restaurante singular, en seguida se lo cuento.


Destaca también en Yepes el rollo donde en siglo XV exponían y ajusticiaban a los delincuentes. No se encuentra hoy en la ubicación original, sino extramuros frente a la puerta porticada de Ocaña, puesto en valor junto a un jardín. Es de estilo gótico y está adornado con perlas isabelinas.




Yepes es también tradición, cultura viva y sabor. Sus celebraciones religiosas, como la Semana Santa, son muy reconocidas en la provincia. Y su gastronomía, con los productos manchegos como protagonistas, hace las delicias de los visitantes. Además, su entorno forma parte del imaginario cervantino, y algunos estudiosos lo relacionan incluso con el paisaje de Don Quijote.


No me olvido, le cuento ahora nuestro destino gastronómico que elegimos en esta localidad. Se ubica en lo que fue la casa nobiliaria de D, Pedro Flores de la Oliva, que pertenecía al Santo Oficio. Se construyó en el siglo XVI. Está en la calle Calvo Sotelo. Toda la casa se organiza alrededor de un patio central. Lo que eran habitaciones hoy son salones comedor cada uno con su personalidad.  El restaurante se llama La Casa Grande, “donde la tradición y la cocina se encuentran” y donde disfrutamos de sus viandas.




Visitar Yepes es una experiencia que combina belleza monumental, historia profunda y autenticidad. Es uno de esos pueblos que no salen en todas las guías, pero que, una vez lo conoces, se queda en la memoria.


Si te gusta el turismo rural con alma, si disfrutas de los pueblos que cuentan su historia sin alzar la voz, Yepes te espera. Ponte calzado cómodo, prepara tu cámara y déjate llevar por el encanto de este rincón toledano.


Este es el enlace de la web de su Ayuntamiento

viernes, 18 de julio de 2025

Pedraza, historia y tradición en el corazón de Castilla

 


Pedraza es una de las villas medievales mejor conservadas de España, situada en la provincia de Segovia. Bien merece una visita, en breve verá por qué. A nosotros nos encantó, nunca mejor dicho.


Su origen se remonta al periodo romano, aunque fue en la Edad Media cuando alcanzó su máximo esplendor. Declarado conjunto monumental en 1951, Pedraza conserva intacto su trazado urbano, rodeado por una muralla casi completa, con un único acceso: la Puerta de la Villa.




Si va en coche, puede pasar bajo su arco de medio punto y atravesar todo el pueblo para dejarlo en el extremo contrario en un parquing al aire libre cerca del castillo. A partir de aquí recorra esta población andando, es lo que hicimos nosotros. El paseo lo merece, con sus calles empedradas y estrechas, escenario hoy de películas y anuncios publicitarios como la serie sobre Isabel la Católica o Águila Roja; ayer de intrigas, ambiciones y testigo de la vida social de una población próspera, hasta que fue perdiendo su importancia. A mediados del siglo XX recuperó protagonismo, la salvó el turismo, y hoy es una localidad muy visitada, con diversos hoteles y casas rurales para pasar la noche.


Su plaza porticada, su trazado y sus casonas blasonadas han hecho de Pedraza un enclave de gran valor arquitectónico y turístico. Pero es su castillo, imponente en el extremo del caserío, el que domina la historia local. Entre sus muros han pasado grandes cosas, por ejemplo, fue residencia (por no decir cómoda cárcel) de los hijos del rey Francisco I de Francia, Enrique de 7 años y Carlos de 4, al darlos su padre como garantía mientras cumplía sus compromisos después de ser derrotado y apresado por el emperador español Carlos V al ganar este la batalla de Pavía en 1525. Estos infantes franceses estuvieron retenidos como rehenes en este castillo de 1529-1530, hasta que España y Francia firmaron otro acuerdo de paz. Una sala de esta fortaleza conmemora esta estancia principesca.






El Castillo de Pedraza, reconstruido en el siglo XV por la familia Velasco, condes de Castilla, fue clave en la defensa del territorio. Sus muros han sido testigos de guerras, alianzas nobles y periodos de abandono.


En el siglo XX, fue adquirido y restaurado por el pintor Ignacio Zuloaga, quien lo convirtió en residencia y taller. Hoy alberga un museo con obras del pintor y de su familia, dándole una segunda vida cultural y artística.


En el interior se celebran conciertos, eventos culturales y visitas guiadas, siendo foco de atracción turística. Cuando lo visitamos a principios de mayo, estaba cantando Koke Alzaga con su guitarra.






El castillo, además, ha sido y sigue siendo un símbolo de identidad local, orgullo para sus vecinos y emblema de la resiliencia de una villa que ha sabido mantenerse fiel a sí misma.


Con apenas unos cientos de habitantes estables, Pedraza vive un fuerte resurgir gracias al turismo, especialmente durante eventos como los Conciertos de las Velas cuando se apagan todas las luces del pueblo y se iluminan las calles solo con velas. Estos se celebran los primeros dos sábados de julio. Es un ejemplo de cómo el respeto por la historia puede integrarse con la vida contemporánea.





Su ubicación estratégica la convierte en punto de partida ideal para actividades de naturaleza: rutas de senderismo, visitas a las Hoces del Duratón, observación de aves o excursiones a otros pueblos con historia como Sepúlveda o Riaza.




En frente del centro urbano de Pedraza, en el barrio del arrabal está la Casa de Interpretación del Águila Imperial. Precisamente desde las almenas del castillo vimos una volar cerca de sus murallas. Con sus alas desplegadas planeando al viento nos pareció majestuosa. También, pero de otra manera, las cigüeñas, volaron más cerca sobre nuestras cabezas con un vuelo espectacular.


Ya ve, todo convierte a esta villa en un destino inolvidable. Se la recomiendo.

 

viernes, 8 de abril de 2022

En Homenaje a la Semana Santa alicantina

 


Alicante homenajea a su Semana Santa, declara Bien de Interés Turístico Nacional, y lo hace de forma gráfica con 40 fotografías de gran formato distribuidas en 20 paneles y colocados al aire libre en la plaza del Ayuntamiento.


Con ellas se homenajea a las Hermandades y Cofradías de la Semana Santa de Alicante, y también a todos los que les acompañan en las procesiones de una u otra manera como parte integrante de cada una, los que lo hacen por devoción o por tradición, incluso quienes asisten por curiosidad. Es una representación religiosa de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo que forma parte de nuestra cultura.




Las cuarenta fotografías, unas en horizontal, otras en vertical, la mayoría en color, y algunas en blanco y negro, son muy buenas, originales de estos 10 fotógrafos: Concha Beneito, Fede Cano, Sergio Girón, Jose Miguel Prieto, Ubaldo Aracil, Pedro Ruiz Moles, Julio Marín, Cuco Vidal, Akra Imagen Fotógrafos e Iván Reinosa. Estarán expuestas hasta el 17 de abril, Domingo de Resurrección. Durante la noche estarán iluminadas hasta las 2 de la madrugada.




Se muestran imágenes previas a las procesiones y durante estas, desde planos difíciles, con panorámicas especiales, en el interior de las iglesias, de las imágenes titulares, … Seguro le llamará la atención.


Es una iniciativa de la Concejalía de Fiestas, en colaboración con la Junta Mayor de Hermandades y Cofradías. Se ha instalado en la plaza del Ayuntamiento porque es una de las más emblemáticas de la ciudad y por ser el lugar donde se encuentran los pasos de la Virgen de la Alegría y  del Cristo Resucitado en la mañana del Domingo de Resurrección.  




domingo, 7 de octubre de 2018

plaza Mayor de Ocaña




Una tarde dominical. Unos niños con su ropa de domingo jugando en el escenario situado a los pies del Ayuntamiento. Una gran plaza, punto de encuentro, lugar de reunión y de exclamación. Las terrazas de las cafeterías llenas de parroquianos, las de un lado y las del otro. Una plaza provinciana y pueblerina con mucho encanto.


El origen de esta plaza fue la que había en el trazado urbano medieval de Ocaña, de  planta irregular. En 1777 se decide construir una nueva plaza Mayor siendo el proyecto del arquitecto Francisco Sánchez.

A finales del siglo XVIII se terminaron las obras de la fachada oeste sonde se ubicó la Casa Consistorial. Se hizo con fondos públicos de la Villa, dato importante porque no fue así en todos sus lados. Ya verán. La fachada norte se hizo gracias a un préstamo a censo que hizo la Villa de Yepes a la de Ocaña, redimido por el Gobierno cuando se verificó su venta como Bienes del Estado. La fachada sur, conocida como de la Virgen, fue costeada con Fondos de la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de esta Villa, también vendida como la anterior.


La fachada este, donde se encontraba la cárcel, tardó más en construirse. Primero lo intentaron los padres dominicos pero no lograron su objetivo (1834). Posteriormente, el Ayuntamiento tomó la iniciativa con fondos de la Villa y aunque aprobado el proyecto del arquitecto Mariano Sánchez (1869) con la cantidad de 158.759 reales con 10 céntimos, fue rescindido el contrato y no se construyó. Finalmente, esta bella plaza Mayor se terminó en 1961 con motivo de la Coronación de la Virgen de los Remedios, patrona de la Villa.


De planta ligeramente rectangular aproximándose al cuadrado, tiene 55 por 52,5 metros, sus fachadas tienen una gran armónica simetría. Tienen cuatro alturas. La planta baja, con soportales, tiene arcos de medio punto de ladrillo: 18 arcos en los lados mayores y 17 en los menores. En los dos pisos hay balcones remarcados con una cornisa de origen toscano. En el tejado se ubican unas buhardillas, a eje de balcones y arcos.


En la plaza destaca la Casa Consistorial. En su fachada consta una inscripción que narra el inicio y la finalización de este edificio “reinando el rey Carlos III”. Tiene tres balcones volados en la primera planta, con barandilla única de hierro, y en la parte superior otros dos balcones que tienen en su centro un escudo labrado en piedra con las armas de la Villa con una corona ducal encima y sujetado con dos leones. En el tejado hay una torrecilla con el reloj.



En 1981 se inician los trámites para declarar la plaza como Monumento Histórico Artístico Nacional. El 18 de junio de 2002  se declara Bien de Interés Cultural con la categoría de conjunto histórico. el 31 de mayo de 2006 se celebró la terminación de las obras de restauración de esta plaza: fachadas, pilares y arcos, así tiene esta imagen tan espléndida. Así está catalogada como entre las cinco mejores de España en su puesto tercero después de Madrid y Salamanca.


Muchos son los acontecimientos sociales, culturales e históricos, además de torneos, corridas de toros y otros festejos populares, que se han desarrollado en esta plaza. Por citar uno, aquí tuvo lugar la proclamación de la Constitución de 1812 por Enrique José O´Donell, Conde de la Bisbal, en 1820 ante el regimiento Imperial Alejandro.


Es una plaza preciosa que merece la pena visitar y disfrutar de su hermosura sentado en una de las sillas de las terrazas de los pocas cafeterías que hay en la misma mientras te tomas un refresco. Y es que esta plaza es grande, en su sentido más amplio, pero es pequeña la localidad que la alberga. Buena suerte tienen sus parroquianos de disfrutar de esta maravilla.


Ocaña es un municipio español de la provincia de Toledo, en la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha.

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