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domingo, 16 de diciembre de 2018

La Constitución de todos



El periodo constituyente del 78 fue apasionante. Después de una larga dictadura, se juntaron las ganas de libertad, de democracia, del reconocimiento de los derechos humanos y de tantos otros derechos. Y todo esto liderado por la Monarquía que, desde entonces, se erigió como promotora y defensora de esos valores. Este fue un paso tan importante que algunos republicanos vieron y ven en la Monarquía un modelo de Estado posible por encima de sus convicciones republicanas. Una Monarquía Parlamentaria encarnada por un rey representativo como motor del cambio que reina pero no gobierna.

En ese periodo constituyente de hace 40 años, una de las votaciones marcará una época y cuyo resultado pervive y pervivirá en el futuro. Ya verán, luego les cuento.

Una gran mayoría del pueblo español reconoce el gran valor que tuvo la Transición española en España. Solo una minoría lo niega, quizá porque aún no habían nacido y no fueron protagonistas de ese período tan trascendental en la historia de España. Una incongruencia, como los que niegan el cambio climático. Ya saben, hay gente para todo, que le vamos hacer. Tanto es ese valor que la Transición española es un modelo a imitar en el mundo cuando un régimen pasa - de forma pacífica - de una dictadura a una democracia. Negar esta realidad es negar una parte muy importante de la historia de España y negarse a sí mismo y esto hoy sólo lo hace Pablo Iglesias y algunos de sus seguidores. Allá ellos, cada vez están más lejos de la realidad.

España ha celebrado los 40 años de la Constitución de 1978 como se merece, por todo lo alto. Nunca mejor dicho. Con un manifiesto reconocimiento a sus actores principales: el rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Felipe González, entre otros. Junto a los llamados padres de la Constitución: Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, José Pedro Pérez Llorca, de UCD; Gregorio Peces-Barba, del PSOE; Jordi Solé Tura, del PCE; Manuel Fraga, de AP; y Miquel Roca, del Pacte Democrátic per Catalunya. Hicieron lo que algunos creyeron que era imposible, legislar aunando criterios con la generosidad de quienes renunciaban a parte de sus convicciones para hacer un texto que incluyera a los que pensaban diferente. Y a todos ellos hay que añadir el protagonismo del pueblo español, actor y destinatario de todo lo legislado.

Esta Constitución ha propiciado que en España vivamos durante el mayor periodo de paz y convivencia en democracia de la historia con una Monarquía Parlamentaria como modelo de Estado. Hoy el rey es el garante de la Constitución y, por tanto, de sus valores. Lo vimos en el fallido Golpe del Estado de 1981, con el procés de Cataluña de 2017 y después de la diu más efímera de la historia del mundo.

Hoy vivimos en libertad con una Constitución que da cabida a todas las ideologías, incluso a aquellas - como Podemos - que van contra el sistema, que quieren cambiar el modelo de Estado y pasar de la Monarquía a la República. Hoy no está este debate en la calle. Otros asuntos preocupan mucho más a la ciudadanía: el paro, la violencia de género, el modelo territorial, las pretensiones independentistas, … Quienes abogan por provocar la inestabilidad del Reino de España se olvidan que tuvieron su oportunidad en el periodo constituyente y perdieron, no se acuerdan de la votación que se realizó en el Congreso de los Diputados el 4 de julio de 1978. La enmienda 241 de Herbert Barrera de ERC al artículo 1 de la Constitución fue derrotada, solo votaron a favor 6 diputados frente a 317 del total del hemiciclo: fueron Emilio Gastón Sanz (Partido Socialista de Aragón), Enrique Tierno Galvañ (Partido Socialista Popular), Francisco Letamendía (Euskadiko Ezkerra), Ramón Trías Fargas (CiU), Arana Pelegrí (PDC) y el propio Herbert Barrera (ERC).

El texto definitivo de esta Constitución fue aprobada en referendum por el pueblo español el 6 de diciembre de 1978 por el 87 % de los votos. Fue la primera Constitución española aprobada en referéndum.

“Con la Constitución se recoge la aspiración de la Cororna de que la voluntad de nuestro pueblo quedara rotundamente expresada” - dijo el rey Juan Carlos el 27 de diciembre de 1978, día de su firma ante las Cortes - y añadió que “al ser una Constitución de todos y para todos, es también la Constitución del rey de todos los españoles”.  Sabias palabras que culminan con su propósito desde el principio, ser el rey de todos los españoles.

Hoy podemos tomar como propias esas palabras que dicen que “la Constitución española de 1978 es el gran pacto nacional de convivencia entre los españoles por la concordia y la reconciliación, por la democracia y por la libertad”, “es la primera que materializa la voluntad de integrar sin excluir; es la primera que no divide a los españoles sino que los une, que los convoca para un proyecto común y compartido; para el proyecto de una España diferente, de una España nueva: de una nueva idea de España”, “es el “mayor éxito colectivo contemporáneo de la historia de España”. Estas frases no son mías, son del rey Felipe VI manifestadas en las Cortes el pasado 6 de diciembre de 2018, cerradas con una larga y emocionada ovación de los asistentes.



Este artículo fue publicado con anterioridad en mi columna de opinión del periódico Alicante Press.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

El rey Juan Carlos I de España, protagonista



El rey Juan Carlos I de España, protagonista de la historia de España. Un protagonismo que los españoles estaremos siempre profundamente agradecidos. Pasar de la dictadura a la democracia sin derramamiento de sangre (salvo los actos de terrorismo por una u otra ideología), en un acto social trascendental de cambio de régimen. De la ley, a la ley, a través de la ley. Sin revanchismo con el pasado, mirando al presente y al futuro con entusiasmo.


Estos días celebramos en España 40 años de la Constitución española de 1978 aprobada en referendum por el pueblo español el 6 de diciembre de ese año. Es grato tirar de hemeroteca y ver el entusiasmo con que el pueblo español acudió a las urnas en libertad para votar una Constitución que ha marcado los últimos cuarenta años y seguro que marcará los años venideros. Es también aconsejable leer el Diario de Sesiones cuando el rey Juan Carlos I sancionó la Constitución ante las Cortes españolas el 27 de diciembre de 1978.


En un acto solemne como aquel se contenía la emoción, no por el miedo, sino por la ilusión. Las miradas de júbilo se centraban en una persona, el rey Juan Carlos I. No cabía dentro de sí por su alegría, aunque hubiera cedido sus poderes absolutos para que “la soberanía nacional resida en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” que manifiesta el artículo 1 de esta Constitución en su punto número dos.



Ante un silencio sepulcral, Antonio Hernández Gil, Presidente de las Cortes, empezó diciendo en su discurso previo a la Sanción de la Constitución por el Rey Juan Carlos:  “Vais a proceder, Majestad, a la firma de un importante documento político y legislativo. La crónica del acontecimiento irrumpe convertida ya en historia. El momento es emocionante y solemne desde sus preliminares. La emoción supera, incluso, a la solemnidad. … Nos reúne un deseo vivamente compartido. Su Majestad el Rey y las Cortes han querido que la Constitución, elaborada toda ella en el Parlamento, obtenga de él, en este emiciclo, la sanción que la erige en norma de conducta. Hay una recíproca voluntad de encuentro. La Monarquía, que no dudó en promover el tránsito del pueblo hacia la democracia, recibe de ella esta proclamación legitimadora; y, correlativamente, la democracia en cuanto ha dado lugar a un Estado de Derecho, recibe, a través de él, la configuración política de la Monarquía parlamentaria”.

La firma de la Constitución de 1978 por el Rey Juan Carlos fue acompañada por una fuerte ovación con los “aplausos respetuosos y prolongados de la gran mayoría de los Diputados y Senadores puestos en pie, como así mismo las personalidades y público que ocupaban las tribunas”, en expresión del Diario de Sesiones de las Cortes. 


Cuando cesaron los aplausos, el Rey inició su discurso diciendo que “... como expresión de los momentos históricos que estamos viviendo, y cuando acabo de sancionar, como Rey de España, la Constitución aprobada por las Cortes y ratificada por el pueblo español, quiero que mis palabras, breves y sencillas, sean ante todo de agradecimiento hacia los miembros y Grupos de estas Cámaras que han elaborado la norma fundamental por la que ha de regirse nuestra convivencia democrática”, añadiendo más adelante que “con la Constitución se recoge la aspiración de la Corona, de que la voluntad de nuestro pueblo quedara rotundamente expresada. Y, en consecuencia, al ser una Constitución de todos y para todos, es también la Constitución del Rey de todos los españoles”.


El Rey continuó diciendo que “Si yo en el mismo instante de ser proclamado Rey, señalé mi propósito de considerarme el primero de los españoles a la hora de lograr un futuro basado en una efectiva concordia nacional, hoy no puedo dejar de hacer patente mi satisfacción al comprobar cómo todos han sabido armonizar sus respectivos proyectos para que se hiciera posible el entendimiento básico entre los diferentes sectores políticos del país·.


Resaltando que “Pienso que este hecho constituye el mejor aval para que España inicie un nuevo periodo de grandeza”.

El Rey continuó con su discurso diciendo que “El día de mi proclamación tuve la ocasión de decir que el Rey es el primer español obligado a cumplir con su deber. Por esto, repito ahora que todo mi tiempo y todas las acciones de mi voluntad estarían dirigidas a ese honroso deber, que es el servicio de mi Patria”.


El discurso del Rey “fue larga y clamorosamente aplaudido por la gran mayoría de los presentes, puestos en pie”, según se recoge en el Diario de Sesiones de las Cortes de ese día.

Un gran acontecimiento que, con el 6 de diciembre, es justo de recordar y de mostrar estas fechas a las generaciones venideras, para que vean cómo se llegó con generosidad de todos a un amplio consenso entre personas de diferente ideología enfrentados dialecticamente en sus convicciones pero unidos por el sentido común y la altura de miras para, juntos, emprender el camino de la democracia española. Entre ellos, Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Miquel Roca, ... Una generación  de estadistas sin parangón en la historia de España.






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