un mañana ventoso

La tarde ya se fue. El color del cielo presagia un mañana ventoso. Desde antiguo, los más ancianos del lugar siempre han estudiado las señales que muestra la naturaleza para interpretarla. Cuando el cielo de viste de rojo, anuncia que al día siguiente va a soplar viento. Esos tonos rojizos, anaranjados quizá, dan personalidad a este atardecer que despide a un día que ya está todo hecho para que, pasada la noche, amanezca de nuevo. Dándome el aire en la cara, el mar rizado del puerto, con ese viento helado de invierno que no se va cuando casi aún no ha llegado a este tierra privilegiada de Alicante donde los inviernos son verdaderas primaveras.
Un barquito entra por la bocana al puerto, quizá con la bodega llena de esperanzas para repartir entre los suyos, quizá con unos peces para muchas cenas. Se balancea como una cáscara de almendra flotando en la superficie con el vaivén de las olas. Pero permanece firme en su sitio, dominando la situación, con rumbo cierto. Su capitán, la mirada al frente, aferrado al timón, ya vislumbra el muelle donde amarrará su barco. Y ya vendrá ese mañana ventoso, para salir a faenar de nuevo. Que nada gusta más a los hombres de la mar disfrutar del mar cuando el viento sopla con fuerza y llena las velas de aire mientras la roda del casco avanza allende los mares.

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