viernes, 10 de septiembre de 2010

Ares del Bosque

 

Mi amigo Juan me contaba que su abuelo era amigo de contar historias a la luz de la lumbre en invierno, de las estrellas en verano. Mientras los leños se retorcían, brincaban, crujían. Mientras estrellas fugaces iluminaban el cielo de la noche, su abuelo meditaba lo que iba a contar. Se acariciaba la barba, carraspeaba y comenzaba a narrar. A su alrededor, sus nietos. Embobados, escuchaban sus relatos con atención. En muchas de estas ocasiones era protagonista el caserío que le vio nacer, los bancales por donde jugaba, el riachuelo donde se bañaba en verano. Ares del Bosque es como se llamaba y se llama ese grupo de casas unifamiliares que se apiñaban y se apiñan alrededor de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles y junto a un gran caserón, del s. XVI, casa palacio del Marqués del Bosch, título nobiliario que fue y sigue siendo propietario de grandes extensiones de terreno en la provincia de Alicante.

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Como su abuelo, muchos se marcharon a otros lugares en busca de un mejor porvenir. Y se llevaron consigo el alma de este pueblo. Con sus pasos arrastraron las risas de las callejuelas de las mañanas dominicales después de misa. Sus rincones se fueron quedando mudos. Pero el terruño tira mucho y los que se marcharon, volvieron años después.  Y lo que parecía ser un pueblo condenado a desaparecer, floreció como las amapolas en los trigales de primavera. Sus calles se volvieron a llenar de murmullos, de cantos, de risas. Sus casas se poblaron de familias que se trajeron consigo los ecos del progreso pero respetando la tranquilidad de este pueblo de montaña.

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En este lugar, antaño ladera arriba, hubo un poblado morisco, del que quedan algunas ruinas. Posteriormente, se asentaron cristianos viejos que impusieron su religión, sus costumbres, sus tradiciones. En este lugar, hoy se refugian aquellos que huyen de las aglomeraciones de las ciudades, que buscan en el entorno rural el sosiego necesario donde calmar sus inquietudes.

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Ares del Bosque, un pueblecito coqueto y tranquilo entre el Puerto de Confrides y el Puerto Tudons de la sierra de Aitana, a 770 metros (snm) en la sierra de la Serrela. Frente a Alcolecha ó Benassau, depende de por donde se mire, hoy dependiente de este último municipio de la provincia de Alicante. Forma parte, a su vez, de la Comarca del Comtat, tiene unas 40 casas con 39 habitantes en invierno y cerca del centenar en verano. Un pueblecito por donde dejar correr el tiempo y la imaginación, recuperando las voces de nuestros mayores que recuerdan sus vivencias entre estas callejuelas.

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4 comentarios:

Quique dijo...

Nacer y vivir en pueblos como este aporta mucha paz, energía, etc. Pero en el mundo actual para poder sobrevivir nos vemos obligados a salir de estos pueblecitos tan encantadores, pero, si... la tierra siempre tira, y volver al lugar en el que te has criado siempre reconforta.

Pascual dijo...

Los que viviemos en la ciudad nos gustaría vivir en el campo, en pueblecitos como este. Comnprendo que la vida real y cotidiana de estos terruños es más difícl de lo que nos imaginamos. En cualquier caso, pueblecitos como este son encantadores y bien merece pasear por sus calles, respirar su aire, rememorar su historia, hablar con sus vecinos, ... Vivir un trocito de su devenir cotidiano. Un abrazo, Quieque.

fer dijo...

Qué casualidad! El domingo pasado estuve paseando por las calles de Ares. He pasado muchas veces junto a sus casas, por la carretera, pero hasta ese día nunca me había detenido a conocerlo de cerca. Tu artículo describe muy bien mis sensaciones por allí.

¿Todo bien?

Un saludo,

Fernando

argadea dijo...

Que sepas que tiene pàgina web desde hace cinco años.

Buen relato del pueblo.

argadea

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